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Archivo mensual: noviembre 2009

¡Que vivan los estudiantes!

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El 28 de septiembre, cuando le dieron la libertad condicional a Julio César Rivas, escribí está nota en mi face book. Hoy quiero compartirla en el blog porque creo que, a tres días de iniciada una nueva huelga de hambre por los valientes jóvenes venezolanos, está completamente vigente lo que allí planteé.

Liberan a Julio Rivas y en lugar de huir, se

suma a la huelga de hambre

El lunes, 28 de septiembre de 2009 a las 23:18

Los estudiantes en huelga de hambre liberaron a Julio Rivas. Una libertad condicional es cierto, pero que constituye un gran triunfo para el movimiento estudiantil y para el país democrático. Me imagino a los

De la cárcel a la huelga

representantes de la Organización de Estados Americanos enviándole mensajitos al gobierno venezolano y explicándole que no podrían seguir haciéndose la vista gorda ante la presencia de más de 30 jóvenes apostados a las puertas de la Organización en Las Mercedes y que se requería que el régimen tomara alguna medida para que los jóvenes abandonaran la huelga sin que la OEA tuviera que atender a sus solicitudes.

Así que al gobierno, que siempre pretende sacar partido de las adversidades, se le ocurrió que entregándole a los estudiantes a Julio Rivas, estos levantarían la huelga de hambre y, seguramente, Julio huiría del país después de haber probado por unos días como puede ser la vida en una cárcel en Venezuela.

Con lo que no contó el gobierno fue con los cojones de Julio, y me perdonan la expresión, pero es que no puede dársele otro calificativo a la decisión del joven estudiante de salir corriendo de la cárcel, no para irse del país y escapar de un gobierno que lo persiguió, sino para llegar a la sede de la OEA y sumarse a la huelga de hambre de sus compañeros.

Sólo un hombre con un par de bolas bien puestas es capaz de asumir esta posición y decir que no descansará hasta que la OEA envíe una comisión de los Derechos Humanos para que se apersone en el país y que constate la situación de los DDHH en Venezuela y, en especial, la de los presos políticos de este gobierno.

Al liberar a Julio Rivas, el gobierno, lejos de bajar las tensiones y conseguir que la OEA no se pronuncie ante la situación de violación de los derechos humanos en el país ha hecho que el movimiento estudiantil se cohesione aún más y que continúen con su lucha hasta que la Organización tome una posición definitiva como lo ha hecho en el caso de Honduras, país sobre el que siempre se está pronunciando.

Julio César Rivas

Julio Rivas le está dando una clase magistral de política a ese montón de pseudo líderes que hay en el país, tanto del oficialismo como de la oposición, que parecen haber aprendido de política en un manual de 25 mil palabras. Con un discurso sencillo y contundente ha demostrado estar más claro que la mayoría de los que hasta ahora salen a vociferar contra el gobierno.

Por supuesto, Julio no es más que la cara visible en estos momentos de la juventud venezolana, él junto con los estudiantes en huelga de hambre en Caracas, Anzoátegui, Aragua son un símbolo y una muestra de que en Venezuela sí hay gente brillante con la que construir un mejor país. Hoy me he sentido orgullosísimo de los jóvenes venezolanos, ellos me han hecho recuperar la esperanza y han demostrado que en Venezuela sí tenemos futuro y gente con la cual construir el país que todos anhelamos.

¡¡¡QUE VIVAN LOS ESTUDIANTES!!!

Ciudadanos invisibles

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El caso del señor Franklin Brito, es emblemático en estos momentos. El se ha convertido en el icono de la invisibilidad del ciudadano venezolano.
Estos últimos días no he podido dejar de preguntarme hacia dónde miran los que trabajan en la OEA

Franklin Brito: casi 4 meses en huelga de hambre - (foto: Luis Brito)

cuando entran o salen del edificio? ¿Qué hacen los representantes del gobierno cuando ven en los noticieros o en la prensa las informaciones sobre el caso de Franklin Brito? ¿Puede un ser humano en las condiciones en que está este señor pasar desapercibido?

Es impresionante como en Venezuela los ciudadanos nos hemos convertido en seres invisibles para la justicia. Es verdad que la justicia debe ser ciega, pero en nuestro país es sorda y muda también. En muchos casos, mira con un solo ojo a la hora de dictar sentencia.
 
Es vox populi como en los tribunales se tarifan sentencias, al punto de haber jueces en el país a los que llaman “tarifa plana” pues todos los abogados saben cuál es el monto a pagar para obtener una sentencia que les sea favorable.
 
Los abogados dignos y honrados se ven en muchos casos de manos atadas ya que se sienten impotentes ante los desmanes que se cometen en los tribunales de la República, sin contar con lo que sucede en registros y notarías. Algunos amigos, profesionales de las leyes, me han llegado a decir que están tan asqueados, que les provoca abandonar su profesión y montar un negocio o cualquier actividad que les permita obtener lo necesario para vivir.
 
El caso del señor Franklin Brito es emblemático en estos momentos. El se ha convertido en el icono de la invisibilidad del ciudadano venezolano. La justicia y  las instituciones en general pasan por su lado sin siquiera mirar, como quien pasa ante un animal muerto en la calle.
 
Más de un lustro lleva luchando Brito por obtener justicia en su caso, ha pasado por diferentes protestas, desde coserse la boca o cortarse el dedo meñique, hasta la actual huelga de hambre que ya dura casi cuatro meses frente a la sede de la Organización de Estados Americanos, en Caracas.
 
Al observar las fotos del señor Brito, se puede ver como no solo ha perdido peso y masa muscular sino que

Pica en la foto para más información

en estos cuatro meses ha envejecido como 30 años. Sin embargo, su caso sigue igual que cuando comenzó su protesta. Al día de hoy, sigue siendo un ciudadano invisible para la justicia.

 
Invisible, como lo son los presos políticos que ven como los días se van convirtiendo en meses y estos en años, tras las rejas sin que se les termine de realizar un juicio y dictar sentencia. Las audiencias en estos casos se suspenden una y otra vez con excusas que nadie cree de sólo absurdas que son.
 
Solamente las voces de los familiares de los procesados, las protestas de algunos ciudadanos y el eco que generan en algunos medios de comunicación hacen que todos estos venezolanos, que esperan por una “pronta y oportuna” justicia, no sean olvidados porque pareciera que para el sistema de justicia del país no existen o son venezolanos de tercera categoría.
 
Me he referido a estos casos porque actualmente son emblemáticos, pero todo esto se suma a la corrupción en el sistema judicial, a las condiciones infrahumanas en las que viven los presos de las violentas cárceles venezolanas, donde, en muchos casos, los reclusos mueren en los motines que allí se producen. Otros, siendo inocentes pasan años tras las rejas sin que siquiera les den una indemnización una vez que salen absueltos y algunos culpables pasan más años encerrados que los que al final dictamina su sentencia.
 
¿Si a pesar de los años transcurridos en los casos de Franklin Brito y de los presos políticos,  la justicia

Pica en la foto para entrar al blog curioseandito para ver el caso

no les ha dado una respuesta y solución definitiva, casos que han llenado centimetraje y horas de transmisión en los medios de comunicación, qué puede esperarse para los miles de ciudadanos anónimos que se encuentran tras las rejas esperando por una sentencia oportuna y justa?

 
¿Cómo puede un país insertarse en el Siglo XXI si vemos como el sistema de  justicia es manejado como en el XVIII?
 
Es incomprensible como en Venezuela el jefe del poder ejecutivo le da órdenes a través de la televisión a los representantes de la Fiscalía General de la República y del Tribunal Supremo de Justicia sin que estos tengan el más mínimo gesto de dignidad para exigirle al Presidente que respete la separación y autonomía de los poderes del Estado. Dejan así en evidencia su sumisión al primer mandatario sin el más mínimo pudor.
La justicia manejada de esta forma no es justicia. Para que se merezca este apelativo tiene que ser independiente, oportuna y justa.

TWITTER: COMO LA VIDA MISMA

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El sábado 14 de noviembre, mientras revisaba mi timeline de Twitter que, para quienes no están familiarizados con esta red social, viene a ser la pantalla en donde aparecen todos los comentarios publicados por las personas que yo sigo, junto con los míos, tuve la sensación de que estaba viendo, a través de una pequeña pantalla, al país en su conjunto.

Mientras algunos twitteros discutían sobre la situación política del país, con comentarios desde los más conciliatorios hasta los más radicales, otros hablaban acerca de su situación personal en ese momento y otros lo hacían sobre sus aficiones o sobre su trabajo.

De esta forma, mi timeline pasaba de un comentario sobre los presos políticos a otro sobre lo que querían comer o estaban comiendo. Unos se concentraban en el partido de béisbol y otros en la corrida de toros que se llevaba a cabo en la Monumental de Maracaibo. Más tarde, otro grupo seguía con atención un encuentro de boxeo que se desarrollaba en algún sitio, llegando incluso a hacer sus predicciones sobre cuál de los dos boxeadores derribaría al otro.

Una twittera se quejaba por su imposibilidad de dormir debido a una fiesta que tenían los vecinos, otra 1255400769_poolbirdacerca de la migraña que se le empezaba a manifestar, mientras que otros se enfrascaban en una profunda discusión acerca de los líderes estudiantiles y el papel que deberían jugar en la política actual del país.

Todo esto se desarrollaba al mismo tiempo. Algunos miembros de la red indagaban sobre la presencia de la cantante colombiana Shakira en una fiesta en Valencia y unos cuantos políticos se dedicaban a defender sus puntos de vista acerca de la unidad de los factores de oposición para enfrentar la situación actual del país y, específicamente, para encarar las elecciones de Asambleístas del año que viene.

PASA EN LA VIDA, PASA EN TWITTER

Mientras mi vista recorría la pantalla del computador, podía ver cómo la vida diaria real se reflejaba en los comentarios de los usuarios.

En mi tienda de mascotas siempre me ha llamado la atención cómo cada cliente que llega tiene su propia historia que contar y sus conflictos personales qué atender.

Allí llega la señora que se preocupa por la situación política del país, que vive obsesionada con lo que el presidente dice y hace, al punto de parecer obsesiva. Pero también llega el señor al que la política no le interesa para nada y que no tiene ni la más remota idea de lo que haya podido hacer o decir el primer mandatario.

Entra un cliente y sale otro. Llega quien está preocupado porque algún representante de un organismo oficial lo acaba de matraquear, y llega el que comenta sin ningún pudor que se está enriqueciendo con la corrupción.

Allí encuentro a la señora que sufre con el abandono de los animales y de los niños en la calle, y la chica que pasa por un lado de ellos sin siquiera notar que existen. El estudiante que está dispuesto a dar su vida por la libertad y el muchacho al que no le interesa nada más que el bonche del viernes o el viaje a la playa.

Ese sábado, la vida 2.0 (twitter) se me iba entremezclando con la vida 1.0 (la de carne y hueso) y podía sentir cómo la primera no era más que una proyección de la segunda. Y me pareció que twitter es “como la vida misma”.

Twitter es como un espejo en el que se refleja el país. Allí no falta quien haga publicidad sobre algún evento espanil homepageo producto, quien se dedique a hacer chistes sobre la actualidad o los que descargan contra el gobierno o la inseguridad. Es como una plaza pública en la que se encuentran los ricos y los pobres, los de izquierda, de centro y de derecha, los artistas y los políticos, los periodistas y los dueños de medios. Todos de igual a igual. Allí cualquiera puede interactuar con personas que en la vida real jamás se hubiera podido imaginar siquiera saludar.

Algunos personajes son más accesibles que otros, unos son más amables y otros bastante displicentes. Están los que responden a todos los comentarios que les hacen y siguen a un gran número de personas, que a su vez los siguen a ellos, y están los que tienen miles de seguidores y siguen a unos pocos, los que llamarían en algunos casos “twitterdivos”, que en muy pocas ocasiones responden a los comentarios de sus seguidores y sólo retransmiten, se comunican e interactúan con otros twitterdivos.

Por supuesto que estas reflexiones no pretenden ser un tratado científico sobre el tema. No tengo la menor boton_43duda de que se desarrollarán o ya se están desarrollando investigaciones en el campo de la sociología y de la comunicación que podrán dar cuenta de si mi percepción es correcta o no. La relación del mundo 2.0 con el mundo 1.0 es una fuente inagotable para la investigación de las ciencias sociales.

Por lo pronto yo me quedo con la sensación de que “Twitter es como la vida misma” y con la impresión de que tal vez alguien ajeno a la realidad venezolana que se acerque al timeline de cualquier twittero del país podría pensar que en Venezuela estamos todos un poco desquiciados.

20 AÑOS NO ES NADA

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Casi veinte años después de mi intenso viaje de ocho días a La Habana, me desconcierta ver cómo a pesar de haber desaparecido la Unión Soviética y caído el Muro de Berlín,  la situación en la isla no ha cambiado significativamente.

Parece que el tango tiene razón “20 años no es nada”.  Así lo confirman las noticias que nos llegan a diario sobre las condiciones precarias que viven los cubanos, tanto en lo relacionado con lo material como en lo relativo a los derechos y libertades individuales.
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Yoani Sánchez fue agredida física y verbalmente

Lo relatado por la bloguera Yoani Sánchez en su blog Generación Y y en diferentes entrevistas a escala mundial demuestra que la situación de los derechos humanos en Cuba sigue siendo un tema de primer orden.

Al poco tiempo de llegar de mi viaje, me enteré por la prensa que Cuba comenzaba a sufrir un nuevo régimen especial.  Es decir que, aunque me pareciera increíble, las condiciones de calidad de vida de los cubanos empeoraban. Me atormentaba la idea de que los amigos especiales que había conocido allá tuvieran que sufrir más miseria de la que ya vivían.
Les escribí varias cartas preguntando cómo se encontraban y, desafortunadamente, nunca recibí respuesta. Parece que las misivas fueron consumidas por el voraz apetito controlador de la revolución.
Años después, encontré en un festival internacional de teatro a un cubano  y se me ocurrió preguntarle si conocía a alguno de los muchachos del Mella. Me alegró saber que Fidel y Julio habían podido salir de la isla y se encontraban en Miami y que parecía que Alejandro también lo había logrado.
Desde Venezuela, lo único que podíamos hacer era recoger unas cuantas prestobarbas, jabones de baño y artículos por el estilo y enviárselos con cualquier amigo que viajara a Cuba.
En esa época comenzamos la cruzada de los cabitos de vela, pedíamos restos de velas y velones a todos los que conocíamos y los enviábamos, pues los cortes de electricidad en Cuba eran cada vez más largos y frecuentes debido al estricto racionamiento que imponía ese régimen especial.

DIEZ AÑOS SON MUCHO

Claro, en estos veinte años la situación de los cubanos no ha cambiado, pero la de los venezolanos sí.
Las historias de escasez y sufrimiento que en el 91 me parecían tan lejanas, ahora se han hecho cotidianas para los venezolanos. Nosotros ya sabemos lo que es hacer una cola de 2 o 3 horas, a pleno sol, para comprar un kilo de leche o de azúcar, máximo dos. Nos hemos hecho expertos en escudriñar con la vista las bolsas de que quienes salen de abastos y supermercados para ver si llevan papel toilette o aceite de maíz y correr a ver si nos han dejado un paquete o un litro para comprarlo.
foto de Luis

Venezuela se desangra (Foto cortesía de Luis Brito)

El país se nos desangra por la delincuencia y la ineptitud del gobierno. Ahora, las velas tenemos que guardarlas para nosotros porque los cortes de electricidad son a diario, sin mencionar el caos con el agua. Con zonas del país que pasan hasta 15 días sin que les llegue el vital líquido.

A esto, el gobierno nos responde, como buen seguidor de Fidel, que la culpa de todo es de nosotros, de la gente que consume sin control y nos ofrece cada vez más restricciones y amenazas, llegando a proponer, incluso un límite para el consumo eléctrico, so pena de corte si se excede en él.
Con el mayor de los cinismos nos recalca que ser rico es malo y eso me recuerda como el guía turístico en Cuba decía que el chocolate es dañino para los dientes y, así, daba por sentado que estaba bien que los cubanos no pudieran consumirlo.
O sea, el gobierno justifica la desidia con la que nos ha tratado en 11 años diciendo que la culpa es del pueblo y del incremento del consumo. Jamás ha asumido su responsabilidad por no planificar, invertir ni prever ese incremento.
En cualquier país que no se invierta en infraestructura en una década, la calidad de vida y de los servicios públicos tiene que resentirse.

DIRECTO AL MAR DE LA FELICIDAD

Otro punto que cada vez nos acerca más al “mar de la felicidad” es el tema de la pérdida de libertades y derechos de los venezolanos. En el país actualmente se cuentan varias decenas de presos políticos, más de 30 emisoras de radio cerradas y canales de televisión y radio que se autocensuran para no correr la misma suerte.
Justamente, el día en que Yoani denunciaba el secuestro y maltrato físico y verbal a que fue sometida por el régimen cubano, junto a su esposo y otros blogueros cubanos, en Maracaibo se denunciaba la golpiza que sufrió un camarógrafo de un canal de televisión que cubría la toma del Ateneo de San Francisco por simpatizantes del gobierno chavista.
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Toma violenta del Ateneo de San Francisco

Esta toma violenta de la institución cultural se desarrolló el mismo día en que se iniciaría allí el VI Festival Internacional de Títeres con participación de agrupaciones nacionales e internacionales. La impudicia de este gobierno es tal, que ya ni la presencia de personalidades extranjeras lo detiene en su afán de persecución y control.

Aunque, aparentemente, los venezolanos aún tenemos libertad para salir del país, cada día el sistema nos pone más trabas al momento de querer acceder a las divisas para tal fin. Al punto que ahora debemos pedir permiso para viajar con dólares oficiales y hacer declaraciones juradas.
No estamos lejos de vernos en la situación de cubanos como Yoani, que tiene tiempo tratando de asistir a las ceremonias de los múltiples premios que le han otorgado en diferentes países, sin poder hacerlo pues, el castrismo, sin explicación alguna, no le permite salir de la isla.
Mientras Venezuela se desangra por la inseguridad, la corrupción, la expropiaciones y amenazas a la propiedad privada y la Asamblea Nacional aprueba leyes que allanan el camino para futuras acciones contra los derechos de los ciudadanos y de esta forma darle apariencia de legalidad a sus abusos, los venezolanos, impotentes, sentimos como el tsunami del mar de la felicidad nos arrolla, y nos equipara cada día más con la Cuba de Fidel.

Crónicas de Cuba VIII

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Varadero, La Vigía, el Tropicana

En mi último día en Cuba tenía programado un viaje a las famosas playas de Varadero. Me paré tempranito y subí al autobús que nos habían asignado para que nos llevara al sitio.

El transporte era un pullman full equipo, con aire acondicionado y asientos reclinables. Nada que ver con las destartaladas ”guaguas” atestadas de gente que había visto transitar por La Habana y que constituían el medio de transporte público de los cubanos.
Junto a mí se sentó una chica de Caracas que iba comiendo un Toblerone de los que no crecen más. Me impresionó ver la cara del moreno que fungía como guía turístico en el bus. Sus ojos parecían salirse de las órbitas viendo el chocolate de la chica. Esta se dio cuenta y, muy amablemente, le ofreció un trozo al muchacho.
En un principio, el guía intentó decirle que no, que a él no le gustaba el chocolate porque era muy dañino para la dentadura y producía caries, pero su salivación pudo más que su convicción y le aceptó un pedacito, comiéndolo con tanta ansiedad que de verdad no supe si lo disfrutó.
Ese era uno de los logros de la revolución: convencer a los cubanos de que sus carencias eran más bien beneficios, al punto de decir que el chocolate no lo consumían, no porque no tuvieran acceso a él, sino porque era perjudicial.
El paisaje del trayecto hacia Varadero era realmente hermoso pero nada comparado con la arena blanca y ese mar azul que nos recibió en el lugar. Verdaderamente, es una playa espectacular y entre palmeras pasamos el día tranquilo y con unos cuantos chapuzones en esas cálidas aguas.
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La espectacular playa de Varadero

Cerca de la hora del almuerzo, llegaron Fidel y Julio. Ellos me habían advertido que si podían se acercarían hasta Varadero pero yo pensé que no lo harían.
Como a la una de la tarde, decidimos almorzar en el restaurante del complejo turístico. Un amigo venezolano y yo invitamos a Julio y a Fidel para que comieran con nosotros.
Al sentarnos a la mesa, se nos acercó el mesonero y mirando con cierto desden a los cubanos nos preguntó qué deseábamos. Le explicamos que queríamos almorzar y, despectivamente, preguntó que si “ellos” también comerían. Yo notaba la incomodidad de los muchachos pero evité hacer ningún comentario.
-¿Ellos son cubanos? -preguntó, siempre dirigiéndose a mí, como si ellos no estuvieran allí. Le dije que si, que si había algún problema.
-No, no hay ningún problema -comentó con una mueca que pretendía ser una sonrisa- Sólo que lo que ellos consuman tienen que pagarlo con divisas como lo de ustedes y no con pesos cubanos.
Me mordí la lengua para no explotar y le expliqué que ellos eran invitados nuestros y que pagaríamos nosotros.
Los cuatro pedimos lo mismo, pescado frito con ensalada y arroz. El mesonero se fue a hacer el pedido y nosotros buscamos, inmediatamente, un tema de qué conversar para no referirnos al mal rato que acabábamos de pasar.
Yo no podía creer lo que vi cuando llegaron con la comida. Traían los cuatro platos servidos y, cuando los distribuyeron, noté que el mesonero  nos ponía los dos platos más abundantes al amigo venezolano y a mí. Mientras que los destinados a los cubanos eran casi la mitad de la ración. A ellos les pesaron el servico, según supe después.
Otra vez me mordí la lengua, tomé mi plato y lo cambié por el de Fidel y el amigo cambió el suyo por el de Julio.
Miré al mesonero y con el tono más irónico que conseguí le dije: “No tenemos mucha hambre. Esta mañana comímos demasiado en el desayuno”.
El tipo torció los ojos, les lanzó una mirada fulminante a los muchachos y torciendo la boca se retiró.
Una de las cosas que más rabia me daban en Cuba, además de las injusticias y limitaciones impuestas por el régimen, era la prepotencia y patanería de algunos empleados de menor rango en hoteles y restaurantes para con sus conciudadanos.
Se me parecían a esos policías rasos de barrio que se las tiran de guapos y apoyados y disfrutan haciendo sentir a sus semejantes como seres inferiores, presumiendo de un poder que en realidad no tienen.
Comimos y disfrutamos y ya pasadas las dos de la tarde me despedí de Fidel y Julio. Comenzamos el trayecto para ir al poblado de San Francisco de Paula, donde visitaríamos la finca La Vigía, el lugar de residencia en Cuba del escritor Ernest Hemingway y que había sido convertida en museo.
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Finca La Vigía, casa de Hemingway en Cuba

La casa, donde el escritor norteamericano escribió “El viejo y el mar” y donde terminó de escribir  “¿Por quién doblan las campanas?” era conservada tal y como la dejo el premio Nobel en su último viaje.
Curioseamos lo que permitían, pues sólo se podía observar desde afuera a través de puertas y ventanas, y regresamos a La Habana, a prepararnos para el Tropicana en la noche.
El cabaret resultó bastante decepcionante. Como todo en la isla, el espectáculo también estaba detenido en el tiempo. Buenos bailarines, con buena técnica y excelentes cantantes. Pero el vestuario, la escenografía, la iluminación y efectos eran bastante mediocres. Todo muy deteriorado, al punto de verse los rotos de las medias de malla de las bailarinas y los descocidos de los trajes. Todos parecían ser los utilizados 40 años antes.
El Tropicana no fue el mejor cierre para el viaje, con el agravante de que cuando intenté invitar a los amigos cubanos para que me acompañaran me informaron que ellos no podían asistir al cabaret sino en los días en que estipulaba el gobierno. Los nacionales tenían días destinados para ir al espectáculo. De otra forma, se les hacía cuesta arriba disfrutar del show y, en caso de que los dejaran entrar conmigo, pues tendrían que cancelar la entrada en dólares.
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Cabaret Tropicana

Esa noche me fui a dormir con un amargo sabor en la boca. No podía conciliar el sueño. Repasaba una y otra vez todo lo que había vivido en esos ocho días en Cuba. Las imágenes venían a mi mente como en una película. Me preguntaba si algún día regresaría a La Habana y si podría mantener la amistad con los muchachos que me enseñaron la otra vida de la isla. Con estas cavilaciones, el cansancio me venció y me dormí. Al día siguiente debia emprender el viaje de regreso a Venezuela.

Crónicas de Cuba VII

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“TROPICOLLAGE”

Lo primero que hice al llegar al hotel, después del recorrido por La Habana Vieja, fue entrar a la tienda de Intur a comprar los cassettes para los muchachos y el pote de mantequilla de maní más grande que encontré, pues uno de ellos me había dicho que siempre la había querido probar y me pareció una buena idea que la compartiéramos después de cenar.

 Eugenio me buscó en el hotel y llegamos a casa de Fidel como a las 8 y media de la noche. Allí estaban ya Verónica, Julio y el anfitrión.

La casa era de los años 50, deteriorada por falta de mantenimiento, humilde pero limpia. Tenía unos muebles viejos con tapicería descolorida y un equipo de sonido portátil en la sala que le permitía a Fidel satisfacer su pasión por la música.

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Después del paseo por La Habana Vieja, fui a casa de Fidel

Minutos después de llegar,  los muchachos pusieron un cassette con música de Carlos Varela, explicándome que era un cantautor de la nueva trova que se estaba atreviendo a hacer música de protesta, con una profunda crítica al sistema cubano.

-¿Te acuerdas del “tropicollage” que te hablamos en el Mella?, me preguntó Fidel, y se dispuso a poner una canción con este título en la que se cuenta la historia de un turista que llega a La Habana, va a Varadero, al Tropicana, se hospeda en el Habana Libre y  se marcha de Cuba, creyendo que con ese recorrido ya conoció el país.

Se fue en Habana autos,/ rumbo hasta Varadero/ apanado en arena./
Fumándose un habano,/ se tiró algunas fotos/ recostado a una palma./
Volvió al Habana Libre/ alquiló un tourist taxi/ para ir al Tropicana/
Después al aeropuerto/ y así se fue creyendo/ que conoció La Habana./
Ese tipo pagó la cuenta/que le estaban sacando./ Pero en la polaroid de su cabeza lleva/
Tropicollage, collage collage, tropicollage…

Varela había comenzado a componer en 1978 y grabó su primer álbum ”Jalisco Park”, en 1989. Sólo dos años antes de mi viaje a Cuba y, justamente, en el 90 el año en que visité la isla, se realizó la grabación de Carlos Varela en Vivo. Es ese el disco que me mostraron en casa de Fidel y que ya se estaba convirtiendo en objeto de culto para los cubanos que tenían serias diferencias con el régimen político de la Isla.

Escuchamos toda la grabación mientras ellos me explicaban como, por ejemplo, Guillermo Tell es una canción en la que se critica, con metáforas, la larga permanencia de una persona en el poder, haciendo alusión directa a Fidel.

En este tema, el hijo de Guillermo Tell ya ha crecido y  le dice a su padre que ya está cansado de ponerse la manzana en la cabeza para que demuestre su puntería.
Ya llegó la hora de que el padre le ceda la ballesta a su descendiente y que le permita probar su valor apuntando a la manzana que su progenitor deberá sostener en la cabeza.
Esa canción es un grito lanzado al gobierno para que dé paso a nuevas generaciones, y les permita tomar las riendas de la vida del país.

MEMORIAS

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Carlos Varela, Cantautor de la Nueva Trova

Este es el título de una de las canciones del disco de Varela en la que un hombre rememora su vida en el régimen cubano, comparando como creció con Elpidio Valdez en lugar de superman y con un televisor ruso. Así dice:

 ”No tengo mucho más de lo que puedo hacer y a pesar de todo lucho. No tuve Santi Claus ni árbol de navidad, pero nada me hizo extraño. Y así pude vivir, teniendo que inventar los juguetes una vez al año”.
Cuando escuché esta canción me percaté que era diciembre y por ningún lado de La Habana había algo que le recordara a uno que era época de navidad. Lo más aproximado a un adorno navideño que vi, fue un florerito de vidrio en el centro de una mesa en el restaurante del hotel con una flor plástica y un pequeño lazo hecho con cintas rojas y verdes y atado con un cascabel dorado.
La velada en casa de Fidel fue muy tranquila y agradable. Comimos una ensalada de lechugas y huevos rellenos que era, sin duda, lo mejor que nos podía ofrecer el anfitrión, haciendo un hueco en su libreta de racionamiento.
Después de tantos días comiendo la misma comida en el hotel, de verdad que la cena en casa de Fidel me supo a gloria. Tal vez no fue la comida en sí, sino la compañía y la alegría que me producía estar con esta gente sencilla que estaba buscando cómo superar todos los obstáculos que la vida les presentaba.
Les robé un cassette de los que les llevaba de regalo y le pedí a Fidel que me grabara el disco de Carlos Varela. Esas canciones junto con el film El Fanguito, me permitían predecir que, mientras hubiera creadores que se atrevieran y gente como con la que compartía esa noche, no todo estaba perdido para los cubanos y que algún día su pesadilla terminaría.
Nos despedimos como a las 3 y media de la madrugada. Yo debía descansar un rato pues ya estaban corriendo mis últimas horas en Cuba y al día siguiente iba para Varadero en la mañana temprano, en la tarde pasaría por la casa de Hemingway que la habían convertido en museo y permanecía exactamente igual a como estaba al momento de morir el escritor y, en la noche, al Tropicana. O sea que mi último  día en la Isla prometía ser movido y emocionante.
Nota: al picar en las fotos se podrán ver videos de Carlos Varela

Continuará…

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