El caso del señor Franklin Brito, es emblemático en estos momentos. El se ha convertido en el icono de la invisibilidad del ciudadano venezolano.
Estos últimos días no he podido dejar de preguntarme hacia dónde miran los que trabajan en la OEA

Franklin Brito: casi 4 meses en huelga de hambre - (foto: Luis Brito)
cuando entran o salen del edificio? ¿Qué hacen los representantes del gobierno cuando ven en los noticieros o en la prensa las informaciones sobre el caso de Franklin Brito? ¿Puede un ser humano en las condiciones en que está este señor pasar desapercibido?
Es impresionante como en Venezuela los ciudadanos nos hemos convertido en seres invisibles para la justicia. Es verdad que la justicia debe ser ciega, pero en nuestro país es sorda y muda también. En muchos casos, mira con un solo ojo a la hora de dictar sentencia.
Es vox populi como en los tribunales se tarifan sentencias, al punto de haber jueces en el país a los que llaman “tarifa plana” pues todos los abogados saben cuál es el monto a pagar para obtener una sentencia que les sea favorable.
Los abogados dignos y honrados se ven en muchos casos de manos atadas ya que se sienten impotentes ante los desmanes que se cometen en los tribunales de la República, sin contar con lo que sucede en registros y notarías. Algunos amigos, profesionales de las leyes, me han llegado a decir que están tan asqueados, que les provoca abandonar su profesión y montar un negocio o cualquier actividad que les permita obtener lo necesario para vivir.
El caso del señor Franklin Brito es emblemático en estos momentos. El se ha convertido en el icono de la invisibilidad del ciudadano venezolano. La justicia y las instituciones en general pasan por su lado sin siquiera mirar, como quien pasa ante un animal muerto en la calle.
Más de un lustro lleva luchando Brito por obtener justicia en su caso, ha pasado por diferentes protestas, desde coserse la boca o cortarse el dedo meñique, hasta la actual huelga de hambre que ya dura casi cuatro meses frente a la sede de la Organización de Estados Americanos, en Caracas.
Al observar las fotos del señor Brito, se puede ver como no solo ha perdido peso y masa muscular sino que

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en estos cuatro meses ha envejecido como 30 años. Sin embargo, su caso sigue igual que cuando comenzó su protesta. Al día de hoy, sigue siendo un ciudadano invisible para la justicia.
Invisible, como lo son los presos políticos que ven como los días se van convirtiendo en meses y estos en años, tras las rejas sin que se les termine de realizar un juicio y dictar sentencia. Las audiencias en estos casos se suspenden una y otra vez con excusas que nadie cree de sólo absurdas que son.
Solamente las voces de los familiares de los procesados, las protestas de algunos ciudadanos y el eco que generan en algunos medios de comunicación hacen que todos estos venezolanos, que esperan por una “pronta y oportuna” justicia, no sean olvidados porque pareciera que para el sistema de justicia del país no existen o son venezolanos de tercera categoría.
Me he referido a estos casos porque actualmente son emblemáticos, pero todo esto se suma a la corrupción en el sistema judicial, a las condiciones infrahumanas en las que viven los presos de las violentas cárceles venezolanas, donde, en muchos casos, los reclusos mueren en los motines que allí se producen. Otros, siendo inocentes pasan años tras las rejas sin que siquiera les den una indemnización una vez que salen absueltos y algunos culpables pasan más años encerrados que los que al final dictamina su sentencia.
¿Si a pesar de los años transcurridos en los casos de Franklin Brito y de los presos políticos, la justicia

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no les ha dado una respuesta y solución definitiva, casos que han llenado centimetraje y horas de transmisión en los medios de comunicación, qué puede esperarse para los miles de ciudadanos anónimos que se encuentran tras las rejas esperando por una sentencia oportuna y justa?
¿Cómo puede un país insertarse en el Siglo XXI si vemos como el sistema de justicia es manejado como en el XVIII?
Es incomprensible como en Venezuela el jefe del poder ejecutivo le da órdenes a través de la televisión a los representantes de la Fiscalía General de la República y del Tribunal Supremo de Justicia sin que estos tengan el más mínimo gesto de dignidad para exigirle al Presidente que respete la separación y autonomía de los poderes del Estado. Dejan así en evidencia su sumisión al primer mandatario sin el más mínimo pudor.
La justicia manejada de esta forma no es justicia. Para que se merezca este apelativo tiene que ser independiente, oportuna y justa.
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Pingback: Franklin Brito: in memoriam | infoCIUDADANO
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