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Archivo mensual: enero 2010

Fotos de Mérida, luego de varios días de protestas y violencia

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Ventanales de casas particulares destruidos, huellas de objetos quemados en el pavimiento como evidencia de una protesta, vehículos particulares incendiados o con sus cristales rotos, cartuchos de proyectiles detonados y presencia militar en las principales calles y avenidas de la ciudad de Mérida en Venezuela, fue lo que la cámara aficionada de Bibiana Balestrini logro captar al salir el 27 de enero de 2010 para verificar el estado de destrucción en que ha quedado sumida la ciudad luego de varios días de protestas y enfrentamientos entre estudiantes y fuerzas represivas del estado y, también, resultado de la acción del movimiento tupamaro, cuyos integrantes salieron a incendiar la ciudad en venganza por la muerte de uno de sus seguidores.

Esta secuencia de fotografías que me cediera Bibiana Balestrini para el blog, corresponden a la mañana del día 27, como dije. Ese mismo día, en horas de la tarde, la ciudad de Mérida se vio sumida una vez más en terribles hechos de violencia, cuando el grupo tupamaro, luego de enterrar a su compañero, secuestró un camión que transportaba bombonas de gas, sembrando el terror entre los habitantes pues amenazaban, como de hecho hicieron, con incendiar el camión y hacer explotar las bombonas en diferentes zonas de la ciudad.

La violencia dejó como resultado dos Guardias Nacionales gravemente heridos, que se suman a la gran cantidad de heridos tanto por perdigones como por efectos de gases lacrimógenos y excesivo uso de la fuerza por parte de los organismos represivos del estado. Todo esto agravado por la muerte de dos jóvenes quienes perecieron durante los primeros días de protestas en la entidad andina.

P.S Revisando en you tube me encontré este video sobre la actuación vandálica de la policía en Mérida: http://www.youtube.com/watch?v=ZUu5ikmts5A

“¿Quién dijo que todo está perdido?”

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Hoy, tuve una de esas experiencias que lo reconcilian a uno con el país y con el género humano en general cuando me acerqué al centro de acopio de la Cruz Roja en Maracaibo para llevar un pequeño donativo  para ayudar a las víctimas del reciente terremoto de Haití.

Los voluntarios de la Cruz Roja en Maracaibo tienen días recibiendo donativos para el pueblo de Haití

Eran cerca de la una y media de la tarde y, después de comprar agua, fórmulas lácteas para bebés y algunas compotas, me acerque hasta la sede de la institución en Veritas para entregar el donativo.

El calor era sofocante, sin embargo, los voluntarios en la Cruz Roja  a pesar de estar sudorosos y cansados, y contar sólo con algunos ventiladores para mitigar los cerca de 40 grados centígrados de temperatura, recibían con una sonrisa a todos los que en ese momento queríamos contribuir en algo con el sufrido pueblo haitiano.

Mientras el presidente Chávez en su programa dominical se refería a Haití para destacar la intención de Estados Unidos de “aprovechar” la tragedia para “ocupar militarmente” la isla, como lo dijera también el presidente nicaragüense Daniel Ortega, días antes, un grupo de jóvenes venezolanos, sin prestar oídos a manipulaciones políticas, estaba allí, en el centro de acopio, haciendo trabajo voluntario para ayudar a las víctimas, sin esperar mayor recompensa que el agradecimiento del pueblo haitiano y la satisfacción de una labor humanitaria cumplida.

Ver a estos venezolanos sudorosos y sonrientes, y observar la cantidad de productos donados por los

Alimentos no perecederos, medicamentos e insumos médicos, agua, entre otros productos se han reunido para se enviados desde Venezuela a Haití

zulianos para la causa de Haití, me hizo pensar en la grandeza de nuestro pueblo y el profundo sentido humanitario del venezolano que, a pesar de no estar viviendo los mejores momentos, no escatima esfuerzo, tiempo ni dinero a la hora de ofrecer su ayuda a los más necesitados.

Entonces, recordé la canción de Fito Páez que dice “Quién dijo que todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón” y me sentí orgulloso de haber nacido en Venezuela, un país donde su gente está dispuesta a ofrecer su corazón, su trabajo y su esfuerzo para ayudar a sus hermanos.

Fue realmente emocionante ver como ese grupo de voluntarios en la Cruz Roja se llenaba de orgullo al mostrar todo lo que en pocos días se había podido reunir para enviar a Haití, gracias a la colaboración del venezolano, productos que sin duda alguna podrán ayudar a paliar la grave situción vivida por los sobrevivientes del terremoto.

Al picar en esta foto podrás escuchar

En momentos así, uno se da cuenta que mientras haya un solo venezolano con estos sentimientos de solidaridad “no todo está perdido” y la situación actual de Venezuela no puede ser más que una coyuntura más y que los habitantes de esta hermosa tierra que están dispuestos a “ofrecer su corazón” lograrán que superemos esta crisis y cuantas crisis estén por venir. Los jóvenes voluntarios de la Cruz Roja de Maracaibo son la mejor muestra de esto.

Hacer turismo en Venezuela es una ironía

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Luna llena del 31 de diciembre en Adícora (Foto: Cristian Espinosa)

Salir y recorrer lugares de Venezuela en plan de turista le permite a uno percatarse de dos verdades contundentes: Una, que Venezuela es grande, es bella y es rica en recursos naturales e históricos que le permitirían desarrollar una gran industria del turismo.

Y dos, la poca atención, por no decir ninguna, que los gobiernos local, regional y nacional le prestan al sector turismo y el estado de abandono en que se encuentran la mayoría de los pobladores de las regiones potencialmente turísticas.

El 31 de diciembre me fui a recibir el 2010 en Adícora, pueblo costero del estado Falcón. Fueron cinco días de descanso para desconectar de la estresante cotidianidad que se vive en el país y cargar pilas para iniciar un año que, de antemano suponemos, no será fácil para los venezolanos.

En los abandonados pueblos venezolanos, la única acción del gobierno que se evidencia es la propaganda en vallas y grafittis

El lamentable estado de las carreteras del país es deprimente, no hay más de cinco kilómetros seguidos en los que el asfaltado no presente huecos. No hay señalización y, entre los huecos y la cantidad de policías acostados que se encuentran a lo largo del camino, hacen que un viaje que podría realizarse en dos horas y media se prolongue por cuatro horas de infierno y susto.

Después de hacer la carrera de obstáculos que significa la carretera de Maracaibo a Adícora, uno llega al que alguna vez fue un hermoso pueblo playero para el disfrute de turistas y temporadistas.

Las calles del pueblo están aún peor que las de la carretera, no hay una sola que cuente con el asfaltado en buen estado y la basura está presente en ellas como muestra de la desidia y abandono en que vive la localidad.

Es verdad que en esta oportunidad se notó un poco más de limpieza, producto del esfuerzo de la comunidad que está comprendiendo que si quiere tener y aumentar la presencia del turismo que le deja ingresos económicos, deben tomar ellos mismos medidas y no esperar nada de los gobiernos. Lo mismo sucede con la playa de cuya limpieza se encargan las personas que alquilan toldos a la orilla, pues el servicio no lo presta el ente municipal que lo debería tener a su cargo.

Playa de La Vela de Coro, Falcón (Foto: Cristian Espinosa)

Durante los últimos cuatro años he ido a Adícora en varias oportunidades. Esta vez, como lo dije antes,

encontré una leve mejoría en la limpieza del pueblo, comparado con el basural que abundaba anteriormente por todos lados y también noté mejoría en el servicio eléctrico, no sé si producto de la nueva planta eléctrica inaugurada el año pasado, o porque en esta visita encontré muchos menos turistas. Sin embargo, hubo varios bajones de electricidad que hicieron que se dañara la nevera de la casa en que estaba instalado.

Creo que la mejoría en la electricidad se debe principalmente a la ausencia de turistas pues, en el viaje anterior, ya la planta estaba en funcionamiento y los apagones se producían a diario por más de dos horas, sin contar las constantes subidas y bajadas del flujo de la corriente eléctrica.

El suministro de agua potable es otro tormento que viven los habitantes de la localidad. Pasan hasta más de dos días sin que el líquido llegue por las tuberías. Afortunadamente, la casa que alquilamos cuenta con un buen tanque de almacenamiento que le permite a uno no sufrir la escasez del agua.

En esta visita al estado Falcón, salimos en varias oportunidades a recorrer algunos lugares turísticos

Iglesia del siglo XVII en Moruy, estado Falcón

promocionados en volantes repartidos por las oficinas de turismo de la región. Volantes en los que más importante que la información sobre los sitios es la propaganda que hacen de los entes gubernamentales. Allí recomendaban visitar el pueblo Moruy y hacia allá nos dirigimos para conocer la iglesia del siglo XVII que se promocionaba.

La vía al pueblo, como todas las vías del estado, está plagada de huecos. Moruy es una pequeña localidad y, como pudimos constatar, la antigua iglesia es el único atractivo turístico que tiene y, para rematar la decepción, se encontraba cerrada. Nos conformamos con verla por fuera y tomar algunas fotos para agarrar rumbo al pueblo de Santa Ana, donde se indicaba que encontraríamos otra iglesia, en esta oportunidad del siglo XVIII.

La iglesia de Santa Ana también estaba cerrada, con la suerte que al preguntar a un lugareño nos indicó que le podíamos pedir a Coromoto, la señora que guarda la llave del templo, que nos lo abriera para poder

Templo de Santa Ana, edificación del siglo XVIII en Falcón

admirar su antiguo y hermoso altar mayor y la arquitectura típica de las iglesias coloniales. Hablamos con la señora y, muy amablemente, nos prestó la llave para que nosotros mismos abriéramos la iglesia, la contempláramos y luego echáramos cerrojo nuevamente y se la devolviéramos.

Así es el turismo en nuestro país.

En otra oportunidad fuimos a conocer el santuario dedicado a la Virgen de Guadalupe. Tuvimos suerte y el lugar se encontraba abierto. Eso sí, sólo la iglesia, ni pensar en conseguir un lugar

donde tomarse un café o un refresco. El recorrido turístico consistió en visitar el santuario

y salir para visitar La Vela de Coro,

Santuario dedicado a la Virgen de Guadalupe

pueblo declarado patrimonio cultural y en el

que se podía encontrar algún lugar donde

tomarse algo y comer algún bocadillo. Su

antigua iglesia también se encontraba cerrada y

en esa oportunidad no hubo quien nos prestara

la llave para visitarla.

De esta forma transcurrieron los días de

turismo y descanso en el estado Falcón.

Regresando después de cada paseo a Adícora

para disfrutar de sus cálidas y tranquilas aguas, con la sensación de que tenemos más de treinta años

esperando que se desarrolle el turismo y con la certeza de que cada vez ese desarrollo está más lejano.

La Vela de Coro, Falcón

Me preguntaba en cada salida si los gobiernos regional y nacional estaban al tanto de que estos pueblos abandonados existen y que constituyen un inmenso potencial para implementar una pujante industria del turismo. La respuesta la conseguía a cada instante, cuando tropezaba con vallas publicitarias del presidente y con grafittis en las paredes de los pueblos en los que se proclamaba la devoción al primer mandatario. Evidentemente, sí saben que están allí, pues se ve que en épocas de campañas electorales se hacen sentir. Sencillamente no les importan ni el turista que va a visitar esos pueblos, ni sus habitantes que viven en el más completo abandono.

¿Cómo podemos ofrecer a los extranjeros una Venezuela como destino turístico si el país no cuenta con los más básicos recursos para satisfacer las necesidades de sus habitantes? ¿Qué extranjero que se atreva a superar el miedo que le deben producir las noticias de los altos índices de inseguridad de Venezuela y venga a hacer turismo, va a regresar luego de ver que no se le ofrecen las más básicas comodidades?

Fueron cinco días de descanso y de contrastes. Cinco días para re-conocer lo hermosa que es Venezuela y palpar lo injusto del abandono al que la tenemos condenada. Cinco días para verificar, una vez más, la mala calidad de vida que tenemos los venezolanos y a la que pareciera que nos acostumbramos. Salimos a hacer turismo pasando penurias, sufriendo la mala calidad de los servicios públicos y la escasez de productos de todo tipo y, sin embargo, regresamos diciendo lo “rico que lo hemos pasado”. ¡Qué ironía!

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