Parte 2 de 3
Y me volví Ni Ni
Nos acercamos a un nuevo evento electoral y la situación no es muy diferente a lo que ha venido sucediendo conmigo en los últimos años. No consigo un candidato que sienta que me representa. No me identifico con el discurso de ninguno de los precandidatos de la unidad y siento que a pesar de todo lo acontecido en el país y de la situación crucial en la que nos encontramos, ni los partidos políticos ni los líderes que los componen han aprendido nada. Siento que siguen haciendo la misma política que siempre ha hecho con las mismas intenciones de siempre y, por supuesto, con los mismos resultados.
Trato de pensar qué es lo que hace cada día me sienta más NI Ni. ¡Ojo! No un Ni Ni de esos que dicen “NI ME IMPORTA NI ME INTERESA”, más bien, me ubico en el grupo de NiNis que dicen: “NO ME IDENTIFICO NI CON EL GOBIERNO NI CON LA OPOSICIÓN” porque en el fondo, siento que lo que ambos ofrecen y prometen es exactamente más de lo mismo, con algunas importantes aunque muy pequeñas y sutiles diferencias.
Le doy vueltas a la cabeza, me devano los sesos tratando de adivinar a qué se debe esta apatía ante las ofertas electorales, a qué se debe este profundo “niniísmo” que me embarga ¿Por qué a mis 46 años, ya casi 47, me sigo sintiendo como un rebelde sin causa, como un adolescente que no se puede conformar con lo que le ofrecen?
Entonces, oigo que María Corina Machado insiste en utilizar las palabras “decente” y “decencia” en su discurso electoral y siento como si me dieran un mazazo en la cabeza. Allí está la raíz del asunto, en la división, en la constante separación a que nos han sometido por años a los venezolanos. Políticamente se le ha sacado el máximo provecho al partir el país en dos toletes: Pobres y ricos, demócratas y fascistas, decentes y vulgares, oligarcas y pueblo, pitiyanquis y procubanos, escuálidos y chusma… Y aquí, una vez más, me siento Ni Ni. Encuentro que no tengo ubicación en ninguno de esos dos grupos extremos y, sospecho, que a una gran mayoría le acontece lo mismo.
Parece que aquella primera elección popular, universal, directa y secreta, que se hiciera en nuestro país en 1944 para seleccionar la Reina del Deporte marcó a perpetuidad nuestra manera de hacer política.
En aquel año 44 competían por el título de belleza, Oly Clemente y Yolanda Leal y, en el fragor de la campaña, a alguien se le ocurrió acuñar la idea de slogan de campaña que rezaba:
“Oly Clemente, para la gente decente y
Yolanda Leal, para la gente vulgar”
A partir de ese momento, Oly se erigía como representante de las clases adineradas del país y Yolanda abanderaba a la gente pobre. Ese es el discurso separatista, divisionista de los venezolanos que, hasta el sol de hoy se ha impuesto en el ámbito electoral. Así se configuró la Venezuela políticamente escindida en dos mitades: Ricos y pobres. Decentes y vulgares.
Esa división también se patentiza en la imagen que ofrecen los partidos políticos. Acción Democrática se comienza a perfilar, más que como un partido socialdemocráta, como un partido popular y de los pobres, ante la ciudadanía y Copei desdibuja un poco su origen demócrata cristiano para convertirse en el partido de la gente adinerada y elitista. La separación esta alcanza hasta a los medios de comunicación y así, RCTV adquiere una imagen populachera y “sube cerro” y Venevisión la de “canal de la gente con clase”.
Esta polarización llega a su máxima expresión en 1998 cuando las opciones que nos ofrece el panorama político son: Un ex Miss Universo, rubia y de nariz respingada de hablar suave y elegante. Un empresario oligarca de la rancia y clasista sociedad carabobeña y un exgolpista, exmilitar del interior del país, de extracción humilde, con una cara morenita huesuda como la de tantos que habitan en las barriadas pobres de nuestro país.
El resultado es harto conocido por todos y los efectos de esa manera de hacer política los hemos padecido todos los venezolanos. La injusticia y la desigualdad acumulada durante los años de la cuarta república, la forma de asumir a los venezolanos como meros votantes sin considerarlos ciudadanos con derechos y deberes, el engaño al que por años sometieron los políticos a los ciudadanos, nos han traído a donde estamos. Y lo peor es que las condiciones de desigualdad y menosprecio en lugar de amainar y superarse, se han afianzado, radicalizado y profundizado.
En el camino, fuimos quedando muchos venezolanos que en la actualidad nos sentimos desamparados, irrespetados, embaucados, engañados, defraudados. Un gran porcentaje de habitantes que sólo aspiramos a ser tratados como ciudadanos, con gobiernos responsables ejercidos por ciudadanos políticos, conscientes de su responsabilidad como líderes y que estén dispuestos a hacerle frente a ese liderazgo, sin que quepa la más mínima posibilidad de decepción entre quienes les depositan su confianza.
La oferta electoral, hasta el momento, según mi modo de ver, no contiene ni un atisbo de eso a que aspiramos gran cantidad de venezolanos. Por el contrario, el ejercicio del poder de la oposición en alcaldías y gobernaciones parece demostrar que, efectivamente, los políticos no han aprendido nada en estos dramáticos 12 años. Desde sus puestos de mando demuestran cotidianamente que el poder lo siguen ejerciendo de la misma forma que lo han hecho siempre, con la misma irresponsabilidad y el mismo menosprecio por sus votantes. Siguen siendo políticos a la vieja usanza antes que ciudadanos y nos tratan como a borregos votantes en lugar de cómo ciudadanos.
Hace poco, tuve oportunidad de comprobar en carne propia lo anterior cuando, en ocasión de solicitar atención para una escuela de jóvenes con capacidades diferentes de aprendizaje, le dirigí al gobernador Pablo Pérez, actual precandidato de la oposición para las elecciones de 2012, varios mensajes, vía twitter, a su cuenta @PabloPerezOf. Al sol de hoy, ni siquiera un saludo han respondido en esa cuenta, y la Escuela Laboral que se encarga de capacitar a esos jóvenes de escasos recursos para que aprendan un oficio que les permita obtener un trabajo digno que les posibilite una mínima automanutención y un máximo de satisfacción, sigue en las mismas condiciones en las que se encontraba antes de yo tratar de llamar la atención del gobernador.
Esos jóvenes no pueden recibir sus clases porque el techo de la institución se está derrumbando y, cuando llueve, las paredes de la edificación dan corriente. Hasta el momento, no han recibido atención ni de parte del Ministerio de Educación ni de la Gobernación. Meses y años preciosos para la formación de estos jóvenes se están desperdiciando ante la mirada indiferente del los gobiernos nacional y regional.
En la oportunidad en que comencé a hacer las denuncias vía twitter, tuve la suerte de que @Radardebarrios retuiteará uno de mis tuits. Inmediatamente, una tuitera, evidentemente miembro del gobierno regional, replicó diciendo que ya la Gobernación estaba tomando medidas al respecto y que el caso se encontraba en estudio por un ingeniero del gobierno regional y que estaban investigando de quién eran los terrenos.
Averigüe a quién pertenecía el terreno y, cuando se lo dije, ella respondió que efectivamente era del Estado. Ante mi insistencia diciendo que la situación era de emergencia y que por favor le den una mano a esa escuela, ella ripostó, empezando a escurrir el bulto, que eso es del Ministerio de Educación y que a la Gobernación se le hacía muy difícil intervenir en terrenos que son del gobierno nacional.
Entonces, le dije: “¿por qué la Gobernación no les ubica una nueva sede para la escuela?” Insistí en que, de verdad, esos jóvenes la necesitan y sus madres no saben qué hacer para poder trabajar y atender a sus hijos en los horarios en que deberían estar en la escuela. La funcionaria comenzó a hablar de los recursos que no llegan y que les niegan desde el gobierno central y toda la serie de excusas a las que nos tienen acostumbrados.
Finalmente, todo terminó cuando ella me dijo que ya quedaba de parte de esos padres ir a protestar ante el Ministerio de Educación para que le solucionaran el problema. O sea, después de muchas vueltas y rodeos, todo acaba en achacarle la culpa a los ciudadanos que sufren la situación y que se supone deberían ser atendidos por los gobernantes.
Ahora resulta que todo parece resumirse a que “no nos dejan trabajar”, “no nos bajan los recursos”, “estamos de manos atadas”, “salgan ustedes a protestar y a defender sus derechos porque yo no puedo hacer más nada”…
En esos momentos la sangre me hierve porque quienes votamos por esas personas que se escudan en pretextos para no cumplir con su deber, lo hicimos confiando en que tendrían el guáramo suficiente para enfrentar las dificultades y conseguirles soluciones.
Ellos en campaña daban inflamados discursos diciendo que iban a ganar y a cobrar y ofrecían gobiernos diferentes. Ahora no puede escudarse tras la excusa de “no me dejan”. Quienes se postularon a esos cargos sabían tan bien como todos nosotros, que el camino estaría lleno de espinas y que las trabas y saboteos se presentarían. Lo menos que se esperaba era que tuvieran algún plan B para poder desarrollar su trabajo a cabalidad. Si no era así, no han debido postularse y dejar que alguien más capacitado asumiera el cargo. Los votamos para que nos representaran, para que si había que salir a dar una pelea ellos estuvieran al frente, no para que nos mandaran a nosotros a protestar y a hacer algo que debería ser iniciativa de ellos y, en todo caso, llamarnos a que los apoyemos en su lucha. Pero ellos al frente.
Hace poco, en mi trabajo, estaba encendido el televisor y transmitieron una propaganda del gobernador zuliano en la que dicen que es un gobernante cercano a la gente. Una trabajadora humilde, al ver la propaganda, montó en cólera porque, según contó, en una oportunidad trató de acercársele en su barrio a Pablo Pérez para entregarle un papelito con una solicitud y su paso fue cortado de manera violenta y con fusiles en mano por guaruras del gobernador. Ella, rabiosa, defraudada, humillada e impotente ante semejante muestra de fuerza, dio media vuelta y se fue con su papel en el bolsillo.
Sé por conversaciones con amigos de otros sitios y por lo que leo en los medios, que esta situación no es exclusiva del Zulia. De casi todos los sitios gobernados por opositores al presidente se escucha el mismo tipo de quejas. No han solucionado, ni siquiera contenido, la inseguridad, al contrario, aumenta a diario y la situación de deterioro y abandono en que se encuentran las ciudades y los estados es evidencia de que no están cumpliendo con su mandato.
¿Que no es fácil? Eso lo sabían desde antes de llegar allí, ahora tienen que demostrar que se merecen el puesto que con nuestro voto han alcanzado.
La excusa de los recursos es valedera hasta cierto punto, porque ¿cómo es que no les llegan recursos para las obras importantes como el asfaltado de calles y mantenimiento de vías y edificaciones y sí les llegan o consiguen para las multimillonarias campañas publicitarias que desarrollan en prensa, radio y televisión?
En ocasión de la denuncia sobre la situación de infraestructura de la Escuela Laboral, lo que más me irritó fue ver una valla publicitaria en la que Pablo Pérez aparece abrazando a un niño con Síndrome de Down. De hecho subí la foto y le dirigí varios tuits con ella. Pero nada, su silencio, aún me aturde.




