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Volver a la infancia con una Paradura de Niño

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Cuando era un niño, una de las maneras que mis hermanos encontraban divertida de hacerme rabiar hasta las lágrimas era diciéndome que me meterían en la escuela de música a estudiar violín.

Yo pataleaba, lloraba, chillaba, berreaba, gritaba que ¡NO! y llegaba casi al histerismo, hasta que alguno se compadecía de mi furia y me decía que eran mentiras, que era solo una mamadera de gallo. Yo sollozaba y poco a poco lograba tranquilizarme.

Como comprenderán, al ser el menor de 13 hermanos, siempre a alguno, en

cualquier momento de aburrimiento, se le podía ocurrir la jugarreta y yo, más que ingenuo, medio bobo, volvía a montar el show, hasta que se compadecían y, entre carcajadas, me aclaraban que todo era un juego.

Esta broma, como muchas otras con las que se divertían mis hermanos, tenía su época del año en que se hacía con más frecuencia. Por ejemplo, en Semana Santa, el juego consistía en que yo era Jesús al momento de la resurrección. Para tal efecto, me ubicaba detrás de un muro, agachado debajo de una ventana y alguno de mis hermanos debía decir:

-Gloria a Dios en las alturas.

En ese momento, yo, con mis brazos extendidos hacia arriba, emergía detrás del muro, lentamente, como había visto que lo hacía María Montilla, encarnando el papel del Jesús resucitado en la iglesia de La Parroquia, todos los sábados de Gloria a las doce de la noche.

Siempre, irremediablemente, alguno de los presentes se encargaba de hacer alguna broma que me saboteaba el juego, me hacía reír o rabiar y, cómo Sísifo,

En mi familia, los niños son los protagonistas de las paraduras

el acto debía comenzar otra vez. Así podían pasar horas, ellos prometiendo que esta vez si me dejarían hacerlo bien y con seriedad y yo agachándome detrás del muro para la actuación.

En una oportunidad, recuerdo, lo hicimos en un pipote inmenso que acababan de comprar para la basura en el que cabía yo completico y, como tenía tapa, se prestaba para que al momento de decir el Gloria, yo lanzara la tapa con estruendo y saliera en mi acto de resurrección.

Pasamos horas en el juego. Una de las bromas que consiguieron en esa oportunidad mis hermanos para sabotear, fue sentarse sobre la tapa del pipote de modo que, cuando decían “Gloria” y yo intentaba salir, el peso sobre la tapa me impedía emerger. Me desesperaba, lloraba y, bajo la promesa de “Esta vez sí”, volvía al pipote y se repetía la historia hasta el tedio…

La amenaza de ponerme a estudiar violín ocurría, por lo general, para los días de enero, cuando en Mérida se celebran las Paraduras de Niño, ceremonias en las que la música se acompasa, principalmente, al ritmo del violín, para conmemorar el pasaje bíblico según el cual el niño Jesús se perdió a los doce años en Jerusalén y fue hallado a los tres días en el templo.

De niño detestaba el sonido del violín en las paraduras

¡Cómo detestaba ese sonido destemplado que salía del roce del arco contra las cuerdas! Era como un llanto de gatos metidos en un saco. Me imaginaba obligado a estudiar violín y sacando esas melodías con el instrumento y enfurecía.
Con el tiempo, aprendí a apreciar y disfrutar la hermosa música que puede salir de las cuerdas del violín bien ejecutado, pero el recuerdo del destemplado instrumento durante las paraduras se ha mantenido clavado en mi cerebro como una tortura.

Este año, a principios de enero, tuve oportunidad de volver a escuchar, después de muchísimos años, las notas del violín en una paradura pero el sonido que detestaba se volvió nostalgia, y el odio que recordaba tenerle trasmutó en ternura. El violín ahora suena como una plegaria desgarrada, como una sentida oración, una petición, un ruego que en las palabras del rosario dice:

“Niño bendito, divino y glorioso,

haz que mis penas se conviertan en gozo”

Cuando los músicos en casa de Elba Toro, en Zumba, una pequeña urbanización de Mérida, comenzaron a ensayar las canciones de la paradura y sonaron los primeros acordes del violín, volví a tener 10 años y las imágenes del 2012 se mezclaban con aquellas en mi cabeza de niño, cuando recorríamos las calles de La Parroquia tocando de puerta en puerta al ritmo del villancico:

“-Tuntún,
-¿quién es?
-Gente de paz. Ábranos la puerta
Queremos entrar”.

Es que algunas paraduras de niño eran una verdadera fiesta patronal y la procesión buscando al niño de casa en casa alcanzaba una gran multitud que caminaba con velas encendidas por las calles del pueblo hasta encontrar la imagen del Divino Niño en alguna vivienda y ponerla sobre un pañuelo de lino blanco que sería asido en cada una de sus puntas por los cuatro afortunados padrinos escogidos para la ocasión quienes, con una mano sostenían el pañuelo y, con la otra, un cirio grande encendido para encabezar el regreso del niño a su puesto en el pesebre.

A partir de ese día, la imagen del Niño Dios permanecería parada en su portal hasta el momento en que se levanta el pesebre que, en algunos hogares, no se quita hasta el 2 de febrero, día de La Candelaria y cuando, oficialmente, termina la época de navidad.

Ya la noche anterior, en mi casa de La Parroquia, en la intimidad de la familia

Buñuelos en miel, vino Pasita y bizcochuelo son platos típicos de la Paradura

(se pueden imaginar lo que significa “intimidad de la familia” en una casa de 13 hermanos y como setenta sobrinos y sobrinos-nietos con esposos, esposas y uno que otro primo o amigo invitado), habíamos realizado nuestra sencilla paradura que sólo consiste en rezar el rosario, pasear al niño por la casa, besar los pies de la imagen en señal de adoración, retornarla a su pesebre para que permanezca de pie y luego compartir un vaso de vino pasita -es el que se usa para la ocasión-, bizcochuelo y buñuelos de harina de trigo, de maíz, yuca, auyama y apio sumergidos en miel especiada con clavitos de olor.

Pero la paradura en casa de Elba es más grande. A su casa llega un gentío y para la celebración contratan músicos que se dedican especialmente a estas fiestas y que son contactados desde los primeros días de octubre si se quiere contar con ellos pues, de dejar la contratación para más tarde, se corre el riesgo de que no tengan fechas disponibles.

Elba Toro, orgullosa y cariñosa matrona.

Un beso al Niño Jesús en señal de adoración

Esta paradura la hacen en la mañana y mientras iba camino a la casa de Elba recordaba que, cuando yo era pequeño, ir de mi casa en La Parroquia a la de ella en Zumba, era toda una aventura. Era un paseo a través de monte y cañaverales, por caminos de tierra en los que nos podíamos extraviar, o ser sorprendidos por animales o fantasmas, o ser robados por brujas…

Hoy, se trata solo de atravesar unas cuantas calles asfaltadas pasando por urbanizaciones colmadas de casas a ambos lados de la vía. En cuestión de máximo cinco minutos uno se encuentra en aquella casa a la que hogaño organizábamos paseos para hacer sancochos y bajar a la orilla del río.

Con mis ojos llenos de niñez, llegue con mis familiares a casa de Elba, contemplé el bello pesebre de papeles de colores con tres nacimientos y luces intermitentes. Saludé a la hermosa, simpática y orgullosa dueña de casa quien logró con su trabajo y esfuerzo levantar un hermoso hogar en cuyos terrenos algunos de sus hijos construyeron sus casas. Cariñosa, recordó viejos tiempos de cuando ayudaba a mi mamá. Me hizo el honor de nombrarme padrino de uno de los 3 niños del pesebre. Nos brindó de su vino y bizcochuelo. Nos deleitó con sus sabrosas hallacas. Y, sobre todo, con su fiesta y su música de violín, guitarra, cuatro y charrasca, me regaló, una vez más, mi infancia.

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  1. Bibiana Balestrini de Osorio

    No había podido entrar con el debido tiempo para comentar esta post que me entretuvo mucho y del cual (como aún los recuerdo chiquitos porque son apenas mayores que yo) me he reido muchísimo… Una nostalgia divertida,porque además de inmediato veo a la abuela diciendo NO ME JOPLE! cada vez que hacían alguna de esas travesuras, etc… Conrespscto al comentario de Zole, creo que las paraduras perdurarán porque es la única celebración a la que uno va, ora, come y bebe y no tiene que llevar regalos,jajajaja y por lo general las casas que r3ealizan esas grandes paraduras, o tienen una gran tradición o tienen promesas, lo cual nos hace tener la esperanza de que perdurarán en el tiempo.
    Por otro lado es una belleza poder disfrutar de tu blog siempre enriquecedor.

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  2. Pingback: Volver a la infancia con una Paradura de Niño | infoCIUDADANO

  3. Golcar, q belleza de relato, nunca he ido a una paradura del niño, pero por algún motivo me llenaste de nostalgia!!

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  4. Zoleiva Rojas de Santos

    Bello, hermoso, que recuerdos y que nostalgia, lamento mucho que no pude asistir, sin embargo con este post reviví mi asistencia a tantas paraduras: Doña María, las Torres, las Marquina, las Uzcategui, (que los menores tal vez no recuerdan) y en Zumba donde se hacían muy buenas. Dios quiera y esta tradición se conserve a través del tiempo. Por supuesto no podemos olvidar las que nos hacía mi abuelo Jesús María, que eran exclusivas para los nietos y donde se celebraba con galletas María rellenas con diablito y tomábamos colita Cold Point. AHHHHHH y además las hacía en agosto o septiembre porque el no quitaba el pesebre y nos tenía todo el año preguntando ¿abuelo y cuando vamos a parar el Niño Jesús?

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  5. Beatriz de Thielen

    Gracias Golcar por el honor de ser invitada a tu hermosa página. He tenido una agradabilísima sorpresa ante la riqueza de tu amorosa y expontánea evocación de las vivencias de tu niñez. Has hecho realmente un relato bello, lleno de ternura y digno de ser disfrutado. Estoy gratísimamente sorprendida y conmovida por la riqueza y la sensible fluidez de tu descripción que no tiene nada que envidiarle a la narrativa fascinante de cualquiera de los muchos buenos escritores esparcidos en la bolita del mundo!!! Semejantes vivencias explican tu naturaleza agradable, sencilla y sensible. Dios te bendiga siempre y ojala algún día pudiéramos disfrutar un libro completo escrito por ti. Tienes madera de escritor muchacho! Aprovéchala!!!Cariños. Beatriz

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    • Beatriz, gracias por tu generoso comentario. Las puertas de este blog estarán siempre abiertas para recibirte con gusto. Aquí encontrarás algunas cosas bonitas, otras no tanto. Unas mejor escritas que otras pero siempre receptivas a que las enriquezcas con tus comentarios. Eres bienvenida.

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  6. Yandira Rojas

    Golcar la omisión de cómo fue que se te dio por escenificar la resurrección fue problemas de memoria o a propósito?, no se acuerda que lo llevamos a la iglesia y en el momento de la resurrección con el estruendo de los redoblantes de los judíos casi se nos desmaya? no me acuerdo si eramos la Negra Ana Ida o Yajaira y yo? la cosa es que nunca en la vida fuiste tan blanco te sacamos casi desmayado nosotras muy asustadas pero cuando vimos que no era grave lo agarramos para la mamadera de gallo….. Otra que se te olvidó fue que ibas a convertir en el violinista oficial de las visitas de nuestros novios….
    epa y Tomás lo vieron el día de la paradura?

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    • Eran Ana Aída y tu, Yandy, pero esa anécdota la dejé para otra oportunidad porque de ponerla aquí la gente que me lee y no me conoce personalmente podría darse cuenta que soy más pendejo de lo que dejan ver mis escritos y que la cosa me viene desde pequeño. Violinista de sus novios fui siempre, aunque sin violín, y de Tomás, como dicen aquí los maracuchos, “si lo véis no lo conocéis”. Pasó a mejor vida hace un tiempito pero dejó una chorrera de cachorros regados por todo el país.

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    • Lala de Balestrini

      Jajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja

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    • Lala de Balestrini

      jajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja

      Responder
  7. Ligia Isturiz @seleccionada

    Hermosa postal de la navidad andina, tal vez en vías de extinción , Nunca he sido testigo de este evento de La Paradura del Niño, pero he leído y oído testimonios de una rama familiar vinculada a la región, Tu post , Golcar, es digno de figurar como segmento en una novela venezolana, gracias a esa narrativa tuya, a veces altamente lograda. Hoy, un claro buen ejemplo de esa vena literaria tuya que en otras ocasiones te he celebrado. Aporte, además, que le haces a la vigencia de la tradición y costumbre de tu natal geografía. Buen comienzo, inspirado y rico en .ternura, remebranzas y vivencias que nunca abandonen tu memoria .

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  8. Lala de Balestrini

    Jajajajajajajaja, muy bueno, empecé a leer y me trasporté, ví a Golcar pequeño con las pataletas y furioso por lo de las clases de violín y nada tan bueno como lo de la resurección jajajajajajaja cuando se quedaba encerrado en el pipote y empezaba a dar patadas y gritos, pero son ahora recuerdos tan hermosos remontarnos a la casa materna con ese muchachero unos mas malos que otros y siempre embromándonos en los mas pequeños, (yo soy de las mayores) pero siempre jugando, echando bromas y alabado sea Dios sin problemas familiares, La paradura donde Elba yo nunca había ido a pesar de siempre ser invitada, pero la hacían el 1º de enero a las 8 a.m. y se podrán inmaginar ese día a esa hora pues uno está mas muerto que vivo, pero éste año como la hicieron el 7 de enero a las 10 y 1/2 pues ya fue otra cosa y pudimos asistir en compañía de Golcar que fue de paso el acontecimiento del año porque ellos tenían años que no lo veían y estaban todos chochos de verlo y no hallaban que hacer con él y hasta lo nombraron padrino y por supuesto él también chochísimo con su nombramiento, disfrutamos de la paradura, del biscochuelo y vino y unas hallacas espectaculares que tenía mis años que no las comía y junto a los hijos de Elba recordamos los tiempos donde ellos practicamente vivían con nosotros en nuestra pequeña casa pero graaaaande donde cabíamos todos sin discriminaciones de ningún tipo.

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  9. Sencillamente hermoso este post, Golcar!

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  10. Chamo, como siempre, muy bueno tu blog. Me transportaste a Merida y sus tradiciones, solo que mis recuerdos se fueron al campo de San Jacinto, en las montanas detras de la Cuesta del Teleferico, y a los familiares de mi mama que viven en El Espejo. Como olvidar esas tradiciones religiosas muy meridenas,….la Semana Santa, los bunuelos de yuca, los 7 platos,….las Paraduras de Nino con sus bizcochuelos y el vino pasitas. Muchos recuerdos, muchas fiestas, y me hiciste reir mucho con los cuentos de la resurreccion. Saludos chamin, y que disfrutes de tiempo este ano para que continues agradandonos con tus escritos.

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  11. COMO DE COSTUMBRE BELLO Y BUENO TU BLOG, GRACIAS HERMANO POR REGALARNOS TAN BELLOS RECUERDOS, ME HE REÍDO MUCHÍSIMO CON LOS CUENTOS DE LA RESURRECCIÓN Y LA TOCADA DE VIOLÍN, SI NOS HUBIERAS HECHO CASO, HOY FUERAS UN FAMOSO VIOLINISTA O POR LO MENOS VIOLINISTA DE PARADURAS. HAY QUE HACER LA ANOTACIÓN, DE QUE EN CASA DE ELBA SIEMPRE HACÍAN LA PARADURA EL 1RO. DE ENERO A LAS 8AM. Y COMO NOSOTROS NO ÍBAMOS (SOMOS PARIENTES DE ELLA) PUES EL TRASNOCHO DE AÑO NUEVO NO NOS DEJABA, DECIDIERON CAMBIARLA PARA EL 7 A LAS 10 AM PARA QUE NO TUVIÉRAMOS EXCUSAS. HONOR QUE NOS DISPENSAN ELBA Y SU PROLE QUE TAMBIÉN SON BASTANTES

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