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Venezolanos ante las críticas

Nunca ha dejado de asombrarme (y de molestarme) la poca tolerancia y la  hipersensibilidad que tenemos los venezolanos ante la crítica. Cuando alguien nos critica o corrige algo siempre tendemos a tomarlo como un ataque personal. Nos ofendemos, no cabreamos, nos tornamos hostiles, levantamos la voz, chillamos. Si es por escrito respondemos de manera ruda y en todos los casos sale a lucir nuestra prepotencia y buscamos la forma de justificar nuestras pifias achacándolas a causas externas a nosotros mismos. Tendemos a mirar a los lados para ver a quién le podemos endilgar la culpa de nuestro error.

Cada vez que me pasa algo parecido por criticar o corregir a alguien, no puedo evitar recordar una anécdota que me contaba una querida amiga de cuando ella y su hermana eran niñas. En una oportunidad su hermanita dijo algo sobre un “cupitre” y mi amiga la corrigió:

-No se dice “cupitre” se dice “pupitre”.

Su pequeña hermana ante semejante corrección, adoptó la pose de la sabihonda ofendida,  levantó su dedo índice y lo batía al aire mientras contestaba, agarró todo el aire que pudo en sus pulmones, hinchó el pecho  y con ojos que echaban chispas por la soberbia le espetó, acentuando cada sílaba:

-SE ESCRIBE PU-PI-TRE, PERO SE PRONUNCIA CU-PI-TRE.

Siempre me ha parecido que esa anécdota infantil ilustra perfectamente la forma como los venezolanos reaccionamos ante las críticas. No podemos bajo ningún concepto asumir una actitud humilde ante quienes tienen a bien hacernos una observación, siempre tratamos de leer entrelíneas cuál es la segunda intención que se esconde ante la crítica o la corrección, qué daño solapado se encuentra tras la observación e, incluso, no somos capaces de agradecer el gesto de quien se ha tomado la molestia de ver, leer o escuchar lo que hemos hecho y de buena gana nos quiere hacer ver un error. Reaccionamos como niños ofendidos.

Hace poco conseguí por internet un interesante artículo en un blog de un reconocido escritor a quien siempre he admirado y con cuyos planteamientos en muchas oportunidades he coincidido y, al terminar de leerlo, me tomé el atrevimiento de contactarlo por correo electrónico para corregirle un error ortográfico que tenía el texto y que me pareció le podía quitar credibilidad a lo escrito y no permitir que el artículo cumpliera su cometido pues daba interesantes consejos a unos jóvenes políticos del país, quienes se podrían agarrar del gazapo para desatender lo importante y menospreciar el consejo.

Pues bien, no habían pasado 3 minutos cuando recibí esta respuesta:

“Golcar: Conozco el castellano; estas cosas ocurren en el diarismo.

Siempre me abisma que haya gente atenta cazar gazapos pero, igual, agradecido.”

A mí me pareció un poco hostil su manera de responder, sobre todo tomando en cuenta que mi correo no contenía ninguna muestra de rudeza, de hecho en él le expresaba mi acuerdo con su postura y planteamiento y, de refilón, le recomendaba corregir el gazapo. Entonces le contesté:

“Así es. Y generalmente ocurre en los momentos menos oportunos. En el blog lo podrás corregir sin problema, si ya salió en el diario, no. Ojalá y dentro de las malcriadeces que están demostrando ellos, no se agarren del gazapo para no atender un buen consejo que les dan o desmerecer un excelente texto.
En realidad, no soy “cazagazapos” pero cuando los veo nada me cuesta hacer la corrección, cosa que sé agradecer cuando sucede con mis escritos. Saludos.
Golcar Rojas”

Inmediatamente,  bajó la guardia, entendió que mi intención no era hacer daño y me respondió:

“Tienes toda la razón. Y, como adviertes, hay que estar atento porque, por un gazapo, desnaturalizan lo que quisiste decir.

Celebro entablar correspondencia.

Un saludo cordial”.

Generalmente, cuando hago alguna observación lo hago de manera privada, tratando de que quede entre la persona interesada y yo pues no tengo intención de “lucirme”, solamente que, cuando algo me parece que vale la pena, me gusta que quede perfecto para que pueda ser mejor apreciado. De hecho, si lo que veo me parece una real porquería, sencillamente lo desecho y no me molesto en corregir nada.

Algo similar me sucedió con una no sólo admirada periodista sino talentosa escritora a quien he aprendido a querer a través de twitter, pues su calidez y humanidad traspasa las pantallas que nos separan en el mundo cibernético y uno llega a sentirla tan próxima como a una hermana.

Ella publicó en su espacio en la web un excelente artículo que tenía algunos gazapos sin importancia y un error de concordancia que sí me pareció un poco más serio y que merecía ser corregido. Por mensaje directo se lo hice saber y su respuesta inicial fue similar a la contada con el escritor, me respondió palabras más, palabras menos, que los primeros errores mencionados eran simples problemas de “tipeo” y que lo otro estaba bien porque este texto lo había corregido fulano de tal, un intachable y renombrado profesor de Castellano.

Traté de bajar el tono, le expliqué mi opinión al respecto y al final tuvimos un agradable intercambio de ideas y desarrollamos una interesante y productiva amistad 2.0.

Creo que esos dos ejemplos sirven para ilustrar cuál tiende a ser la primera reacción que tenemos los venezolanos ante la crítica. Nos ponemos a la defensiva y tendemos a ofendernos incluso. En algunos casos, la reacción es simplemente no responder a la observación, como sucedió hace unos días con otra reconocida y admirada periodista a quien osé hacerle observaciones en un excelente texto y, en otros casos, pocos por cierto, agradecen instantáneamente el gesto y se apresuran a hacer la corrección cuando es posible, como aconteció con un joven y brillante escritor quien, además de agradecer la observación me preguntó acerca de alguna duda que la misma le generó.

Cuando veo programas de televisión o leo críticas en diferentes medios de países como España, Francia, Italia o Estados Unidos y veo que la gente llega a tener acaloradas discusiones y se lanzan fuertes críticas, observaciones que van mucho más allá de un simple error ortográfico o mala tecleada de letra y, al final, todos siguen tan amigos, se escuchan y aceptan las posiciones del otro aunque sean opuestas sin tomárselo como algo personal o como una ofensa e, incluso se agradecen humildemente las correcciones, me pregunto ¿por qué no podemos llegar los venezolanos a ese nivel de tolerancia?

Si observan con detenimiento este post, se darán cuenta que es una especie de “mea culpa” que espero me sirva de exorcismo pues, desde el comienzo, hablo en primera persona plural, escribo de “nosotros los venezolanos”. Sí, yo también, a pesar de innumerables y sostenidos esfuerzos y ejercicios de tolerancia para que no sea así, tiendo a tener reacciones como las que describo arriba, cuando me critican o corrigen. Entonces, la cólera me invade, siento una profunda rabia, quiero ser de sangre fría para asumir mis pifias, tener la humildad necesaria para agradecer las observaciones y detesto reaccionar de esa forma que me hace sentir tan troglodita, tercermundista y subdesarrollado.

Este es mi candidato

¿Existirá mi candidato?

Hace unos cuantos días ya, dije de manera muy resumida en las redes sociales, que yo ya llegue en política a un nivel en el que sinceramente votaría por aquel candidato que se parara frente a un micrófono y dijera:

“¿Ustedes saben cómo es la cosa? Yo no tengo ni la más remota idea de cómo vamos a hacer para sacar el país del estado de deterioro tanto físico como ético en que nos lo está dejando esta “revolución” pero tengo la voluntad y la valentía para intentarlo, si ustedes me acompañan para lograrlo. ¡Vamos a echarle bolas juntos!”.

Y es que, de verdad, los discursitos de que la educación tiene que ser para todos por igual, que la salud es un derecho humano consagrado en nuestra Constitución, que hay que derrotar la inseguridad porque no puede ser que la gente esté más presa en sus casas que lo que lo están los presos en los recintos carcelarios de donde muchos salen y entran o meten y sacan a su voluntad, que hay que desarmar a la población porque no puede ser más fácil tener un arma que comprar un kilo de leche, cada vez me suena más hueco, vacío, politiquero y sin sentido.

Que Venezuela no puede seguir dependiendo de la renta petrolera, que “hay que sembrar el petróleo”, que tenemos que diversificar la economía y convertirnos en país productor del campo porque en esta “tierra de gracia” uno siembra una piedra y al día siguiente hay dos, que el turismo tiene que ser desarrollado para que se constituya en una de las principales fuentes de ingresos de divisas aprovechando todas las maravillas naturales con las que Dios dotó a este privilegiado país, que el contrabando de extracción y la corrupción tienen que ser atacados de manera “contundente”, que los militares tienen que estar en los cuarteles, que la inflación tiene que ser controlada y los pobres tienen que tener oportunidades de empleo para superar su pobreza y ese largo etcétera cargado de frases hechas y lugares comunes que vengo oyendo desde que estudiaba cuarto grado de primaria y cada día tiene menos significado para mí que puedo decir que ya cuento con cerca de 40 años oyendo la misma cantaleta.

Cuando oigo que los candidatos a las primarias de la oposición y el mismo Chávez que termina convirtiéndose con frecuencia en su propia oposición salen con tonos airados a dar discursos con esa retahila que le escuché a CAP, a Luis Herrera, a Caldera, a Lusinchi y a Chávez (por nombrar sólo a los que llegaron a presidente y sin contar a los otros candidatos) me parece que lo que escucho son las letanías de un rosario al que nadie le para bolas y al que todos responden con gritos y aplausos como quien contesta “Ruega por él” sin haber siquiera escuchado de qué va el rosario.

Lo que hay que hacer lo vengo oyendo desde que tengo uso de razón, pero lo que nunca nadie ha logrado decirme, y mucho menos en una campaña electoral, es cómo lo va a hacer. ¿Cómo va un nuevo gobierno a hacer para controlar la delincuencia, cómo va a desarmar a la población, cómo va a hacer para que los derechos a la educación, al trabajo, a la vivienda y a la salud dejen de ser letra muerta en la Constitución? ¿Cómo va a hacer para controlar las mafias corruptas que se han enquistados en todos los niveles de la administración pública? ¿Cómo va a hacer para quitarle los aportes a esos consejos comunales cuyos directivos en la actualidad se están forrando de billetes en los barrios del país sin que esa gente, que en muchos casos son verdaderas mafias, salga a incendiar el país reclamando el dinero fácil al que se han acostumbrado? ¿Cómo se depurará, se hará eficiente e independizará un poder judicial en el que hay jueces conocidos por todos a los que llaman “tarifa plana” por las coimas que cobran para sentenciar, entre otros vicios que aquejan al sistema de justicia en Venezuela?

Es que, de verdad, lo que tendrá que enfrentar un nuevo gobierno en Venezuela no es nada fácil. Los vicios y corruptelas se han ido enraizando en todos los niveles de la población y del Estado y ponerle un parado a eso puede ser lanzarle el fósforo al verdadero barril de pólvora en que estamos viviendo.

Hacer que la industria petrolera vuelva a funcionar con óptimos niveles de excelencia va más allá de discursos que proponen que el talento que se fue regrese porque, ¿Qué se va a hacer con toda esa cantidad de gente que hoy malmaneja la industria para poder reingresar a quienes estén dispuestos a volver?

En fin, que no quiero seguir oyendo discursos caza bobos de boca de los candidatos en campaña, incluido el presidente Chávez. Tanto él como los precandidatos de oposición no han podido, por ejemplo, controlar la inseguridad y depurar los cuerpos policiales y militares que están bajo su tutela, entonces no me puedo calar más que salgan a decir que la seguridad será “prioridad” en sus gobiernos y que la combatirán, sin que me expliquen cómo lo van a hacer si en los años que tienen en el poder no lo han ni siquiera intentado. Por todo eso, a sabiendas de que lo que digo no es lo “políticamente correcto” ni lo aconsejable en una campaña electoral,  y porque sé que no será fácil ni rápido recuperar al país, a estas alturas, ya lo que pido de un candidato para darle mi voto es sinceridad, honestidad y valentía. Que me diga:

“Amigo, no tengo idea de cómo hacer para levantar este país en ruinas, pero vamos a echarle bolas juntos”.

“Lucía” la pelota de @Porlagoma

Debo confesar que cuando me entregaron el libro “Lucía: la pelota que quería llegar al salón de la fama” me llevé una gran decepción. No lo pude ir a comprar yo por cuestiones de tiempo y una amiga me hizo el favor de traérmelo. Ansioso´, saqué el delgado libro de la bolsa con el logo de la librería Tecniciencia y ¡el alma se me vino al suelo!

Hacía varios meses había conversado vía Twitter con @porlagoma, como se conoce en la red social del microblogging a Mari Montes, la autora del cuento, sobre la publicación de su historia con ilustraciones de EDO y unas líneas finales a cargo de Omar Vizquel y, desde entonces, mantenía una gran expectativa al respecto, deseando poder tener en mis manos esa edición que, por lo hablado con la autora, me prometía una particular experiencia sobre el béisbol, deporte que, como todos los demás, nunca me ha interesado, pero sobre el que he aprendido a leer y disfrutar de esas lecturas gracias a la fluida y rítmica pluma de Mari en su columna especializada de Runrunes Web.

Extraje el libro de la bolsa y me desilusionó la edición a primera vista por lo austero de la publicación. Pasta de cartulina y hojas del papel más económico que hay en el mercado. Yo esperaba una pasta dura, con hojas con el brillo del satén que harían ver las excelentes y divertidas ilustraciones de EDO aún más atractivas.

No obstante mi desencanto, tomé el delgado libro, lo hojeé y ojeé y me dispuse a leer esas líneas que, según recuerdo haber leído en un tweet, tuvieron su origen en las historias que Mari les contaba a sus hijos.

Empecé a leer y ya no pude parar hasta terminarlo, hasta la última línea escrita en el epílogo a cargo de Omar Vizquel.

La historia de la pequeña pelota, desde su nacimiento en las manos de Alvaro en Costa Rica, hasta ver cumplido su ciclo de vida, me atrapó como sólo la pluma de la Montes sabe hacerlo sobre temas tan ajenos y distantes a mis intereses como el béisbol.

Y es que el cuento de Lucía posee ese ritmo especial que Mari le imprime a sus crónicas de béisbol y está impregnado de la pasión que en ella despierta ese deporte y del amor profesado a sus hijos.

“Lucía: la pelota que quería llegar al salón de la fama” es una historia de aspiraciones y sueños, como los que deben tener todos los niños que alguna vez agarran un palo y unas tapas de refresco para jugar en sus barrios o los de los jóvenes que se inician en el deporte con la expectativa de alcanzar grandes logros y desarrollar una exitosa carrera.

El cuento, que inicia con la creación de Lucía en las amorosas manos de Alvaro, nos lleva, a través de culminantes momentos del béisbol de grandes ligas, a iniciar una travesía aventurera, a emprender un viaje de ensoñación por un torrente de emociones, aspiraciones y vivencias que, aunque muy humanas, Mari se las ingenia fabulosamente para hacernos creer que una bola hecha a base del mejor cuero, del más robusto alcornoque y el más fino hilo encerado, pueda sentir.

La historia de Lucía nos invita a soñar y a perseguir los sueños, pero también nos enseña que, a veces, aunque la vida no nos conceda el favor de alcanzar lo soñado, podemos obtener triunfos que a simple vista pueden parecer muy insignificantes pero, a la larga, serán los que más satisfacciones nos den. Es como cuando dicen: “Si Dios no te concedió lo que pediste, es porque tiene mejores cosas reservadas para ti en la vida”.

Lucía no alcanzó su sueño de llegar al Salón de la Fama, pero entendió que su destino era mucho más satisfactorio que reposar de por vida en una estantería de Cooperstown y se sintió plena y satisfecha.

Al terminar de leer el cuento, me quedó el buen sabor de haber recorrido unas excelentes líneas escritas para niños, pero con un respeto y una calidad tal, que cualquier adulto lo encontrará fascinante y entretenido.
La decepción inicial se transformó en emoción y admiración. Entendí que esa economía en la edición la hará accesible a todos los bolsillos, ya que es una obra que merece ser leída y disfrutada por todos: por los fanáticos del béisbol, por legos en la materia como yo y por los que no se interesan por ese deporte porque, a todos, les dejará una estimulante lección qué aprender y un grato momento de esparcimiento y distracción.

Comprendí que la calidad del papel no es importante cuando lo que se lee está escrito desde el amor a los hijos y la pasión que inspira un deporte. Sin embargo, sé que el destino del cuento de Mari Montes está escrito, como lo está el de Lucía su pelota estrella y protagonista de la historia y, cualquier día, podré tener en mi mano una edición de lujo, con pasta dura y paginas satinadas, como se merece una buena historia para niños como esta con tan maravillosas y divertidas ilustraciones.

Camino a New York

Mientras voy en el avión de Miami a New York, mirando por la ventanilla las nubes blancas abajo y, mucho más abajo aún, las ciudades, pienso en que hay momentos en la vida en los que todo parece conspirar para que las cosas salgan lo mejor posible.
Hace más de 25 años que no pisaba suelo norteamericano y, de verdad, nunca pensé que lo volvería a hacer luego de que hacer 15 me negaran la visa para entrar.
Sin embargo, decidí probar suerte una vez más, porque el deseo de visitar a la familia y conocer los nuevos miembros se fue haciendo más fuerte cada día. Así que en enero de 2011 decidí llamar para hacer la cita en la embajada de USA y empezar el vía crucis que constituye para cualquier venezolano obtener visa de turista americana.
Desde el mismo instante de la llamada ya parecía que todo fluiría mucho mejor de lo esperado y pronosticado. La voz, al otro lado de la línea me instó para que asistiera al día siguiente a la embajada para hacer el trámite.
-¡No! Respondí alarmado. -No puedo estar mañana allá con todos los requisitos porque vivo en Maracaibo y no tengo nada listo aún. Por favor, deme una cita para dentro de unos meses.
Así fue y el 26 de marzo me fui a Caracas en el primer vuelo para ver si corría con suerte.
El viaje fluyó como pocas veces sucede. Llegué a la embajada y, contra todo lo predispuesto que me encontraba, desde el instante en que pisé el lugar todo parecía estar a favor y no exagero al decir que la empleada de la embajada, que le había negado el documento a las dos personas que me precedieron, parecía estar ansiosa por aprobar el mío. Prácticamente no me solicitó ninguno de los papeles que llevaba, solo 3 o 4 preguntas y con una sonrisa me informó que estaba aprobada.
-¡Bueno, es mi día de suerte! Pensé
Luego, vino todo el engorroso trámite que significa para los venezolanos obtener 2500 dólares para compras con tarjeta de crédito y 500 de efectivo. Cargar la página, actualizar datos, llenar planillas, pelear con la mala conexión que en general ofrecen las operadoras de internet en el país. Verificar que la información sea la que piden en ese momento pues los requisitos los cambian de un momento a otro sin aviso y sin protesto. En fin, todos los que han pasado por eso saben de qué estoy hablando. Lo cierto es que, contra lo esperado y al contrario de lo que les ha pasado a muchos que tienen que viajar sin que sus cupos estén disponibles, para la fecha de mi viaje todo estaba resuelto, el efectivo en mi bolsillo y mis tarjetas activadas.
Finalmente, vino el madrugonazo para llegar al aeropuerto internacional de La Chinita en Maracaibo antes de las 5 de la mañana. En realidad, no tuve que madrugar pues me levanté de la cama antes de que el sueño acudiera en mi auxilio.
Las expectativas, según todos me contaban, eran de terror. Un “cogeculo” como le decimos en criollo. Todos me aseguraban que el despelote a esa hora en el aeropuerto era de terror y que los Guardias Nacionales parecían querer morder.
Nada que ver. El aeropuerto medio vacío, los Guardias muy amables, no solo estaban de buen humor sino que ni siquiera asomaron la posibilidad de querer matraquear. La nota discordante la puso una gordita de inmigración que cuando vio que mi pasaporte vencía el día del regreso me dijo:
-¡Ay, a lo mejor no lo dejan entrar a Estados Unidos! Este pasaporte está por vencerse.
-¡No diga eso! Dije haciendo un mohín y diciendo ¡zape!
-Bueno, es mi deber advertirle porque ellos piden que tenga mínimo 6 meses de vigencia que es el tiempo que legalmente se puede estar allá.
-¡Cancelado! Dije y seguí mi camino.
Ya la mitad del vía crucis había trancurrido y podía decir que hasta, ese momento, había salido ileso.
El avión salió a tiempo y en las casi tres horas que dura el vuelo Maracaibo-Miami no hice más que comerme el coco con los cuentos que sabía de las oficinas inmigración en Miami. Que si la preguntadera para ver en qué uno miente, la revisión del equipaje, la posibilidad de que lo lleven a uno al “cuartico”. En fin, en el avión anticipaba el sufrimiento.
Nada que ver. Todo fluyó una vez más. Me sellaron la entrada y directo a tomar la conexión hacia New York.
Aquí si hubo un pequeño contratiempo. El vuelo salió con más de una hora de retraso debido a una tormenta tropical que azotaba a las Carolinas y que hizo que colapsara el aeropuerto de New York.
Hora y media después, ya estaba de nuevo en el aire y, pese al temporal anunciado, por la ventanilla del avión se colaba un radiante sol, el cielo era azul despejado y el mar azul verdoso se distinguía bajo las nubes.
Ya llegando a New York, el cielo se puso espeso, el avión comenzó a descender y se interno a una intensa y enorme nube gris que hacía parecer el ala blanca de la aeronave como una escultura de Barrios.
Descendimos más y bajo nosotros sólo se veía agua. A ratos, el avión volvía a sumergirse entre nubes que se deslizaban y se veía cada vez más cerca el agua. Hasta que por fin, la nave tocó tierra y bajo la lluvia aterrizo en New York.

Nota: estas entradas sobe mi viaje a NY están siendo escritas y enviadas desde el teléfono y sin corregir, así que pido disculpas a los lectores por las posibles fallas.

Las elecciones fueron una fiesta… Hasta que me convertí en Ni Ni (y III)

Parte 3 de 3

Una vez más,

me taparé la nariz para poder votar

Imagen tomada de un tweet de @Gabothoven

Hay en los políticos venezolanos, tanto del oficialismo como de la oposición, una marcada inclinación a continuar ejerciendo la política de la misma forma como se hizo en el período de la cuarta república y que se ha continuado y empeorado durante la denominada quinta república. Esa particular visión que parece enfrentar al elector en términos de estadística y conteo de votos sin tomarlo en cuenta como ciudadano activo y con poder de decisión. Por otro lado, es evidente que los políticos no han entendido que la gente pide a gritos un nuevo político, uno que en verdad tenga vocación de servidor público, que sirva de modelo de ciudadanía y que esté dispuesto a ejercer el poder de una manera respetuosa, eficiente, honesta y digna. Es decir, queremos ser CIUDADANOS, liderizados y gobernados por CIUDADANOS.

Pero la tendencia de hacer las cosas igual esperando resultados diferentes que ha caracterizado al gobierno de Chávez, parece cundir también en la oposición, con lo cual, bajo la excusa de que “lo hacemos porque así lo hicieron o hacen los otros”, quienes ostentan cargos de gobierno cometen los mismos abusos, los mismos atropellos, las mismas discriminaciones y violaciones de derechos por las que, un pueblo cansado en 1998 le dio su voto a un golpista con la esperanza de que el poder sería ejercido desde una perspectiva diferente, desde la óptica de que lo que se hacía mal, sencillamente no se podía seguir haciendo.

Evidentemente, el Chavismo no entendió ese mandato y empezó a cometer contra la ciudadanía todos los atropellos por los que justamente, en protesta, el pueblo los llevó al poder.  Pero, lo más lamentable, es que los actuales representantes de la oposición no parecen haber entendido tampoco y se empeñan en cometer los mismos errores del chavismo continuando así con la cadena de fallas y desaciertos que ya parece un sinfín.

Los venezolanos no queremos que se superen unas injusticias cometiendo nuevas injusticias, ni atropellar para enmendar atropellos. A eso me refiero cuando digo ejercicio ciudadano del poder, asumir que no se puede pretender que lo que es inmoral, corrupto y violatorio, deja de serlo cuando lo cometo yo. Lo que es deleznable desde un lado lo es y seguirá siendo desde el otro. No pretendan justificar villanías con la excusa de que los otros eran más villanos. De eso, ya estamos hartos.

Por todo esto, para mí, los procesos electorales hace mucho perdieron el carácter festivo y divertido que tenían en mi niñez y adolescencia. He ido a votar porque sigo creyendo en el voto y, disciplinada y diligentemente, iré a votar en las elecciones de 2012 por el candidato que surja del proceso de primarias, a pesar de que considero que con esta oposición jamás saldremos de este régimen ni superaremos los graves problemas que nos aquejan.

Confiaré en que la intervención divina nos favorezca en nuestra liberación. Votaré, una vez más, contra el régimen; no a favor de un candidato. Pero seguiré guardando bajo el brazo todas las facturas que les tenemos a los políticos y que tengo fe, algún día, podremos cobrar. Ese día en que podamos votar no por “gente decente” o por “gente vulgar”, sino por ciudadanos en ejercicio político elegidos por otros ciudadanos en ejercicio de un derecho civil pensado y razonado.

Votaré por el candidato de la unidad, marcando a manera de protesta esa tarjeta “unitaria” que de forma bastante engañosa ha surgido del seno de la Mesa de la Unidad.

Engañosa, sí. Porque cuando una gran parte del país les pedía a los partidos políticos una muestra de desprendimiento, una señal de que en verdad están pensando más en el bienestar del país y en mejorar las condiciones de vida de la población que en sus propias apetencias políticas,  una pista de que en verdad están leyendo al país; como una forma de estar bien con Dios y con el diablo, nos ofrecen una tarjeta “unitaria” cuando lo que se pedía era una tarjeta “única”.

Aspirábamos a una sola tarjeta que nos demostrara que ellos no están sólo esperando la medición para luego salir con sus números bajo el brazo a exigir la cuota de poder que asumirían les corresponde de acuerdo a la cantidad de votos que aportaron al triunfo, convirtiéndose, una vez más, en tranca en lugar de puente.

La “ingeniosa” idea para calmar los anhelos de unidad fue incluir una nueva tarjeta, pero manteniendo las tarjetas de cada partido. Pues bien, que esa tarjeta se convierta en el voto protesta, el voto de los que no estamos de acuerdo con el régimen, pero tampoco estamos conformes cómo se maneja la oposición. Que votar marcando esa tarjeta signifique una advertencia a los partidos políticos de que no nos están engañando,  que los tenemos en la mira y que, tarde o temprano, tendrán que responder. Porque ya estamos hartos de que los políticos volteen la tortilla y al final nos hagan sentir que la culpa de sus ineficiencias, ineptitudes es incapacidades son de los ciudadanos que no hacemos lo que tenemos que hacer. ¡Hasta el problema de la inseguridad, ahora pretenden hacernos ver que es responsabilidad de los ciudadanos y así se lavan las manos y escurren el bulto quienes tiene esa responsabilidad por mandato de la Constitución!

Es cierto que cada uno de nosotros tiene un rol qué cumplir en el país pero al revisar los resultados, creo que la balanza se inclina a favor del ciudadano que trabaja todo el día para sobrevivir y no a favor de los políticos que hasta los momentos no han cumplido con su mandato.

Los ciudadanos de este país, en estos momentos, quisiéramos de parte de los líderes de oposición muestras de que están conscientes de que Venezuela exige una manera diferente de hacer política y de ejercer el poder.  Que están dispuestos a poner de lado sus apetencias particulares en favor de un gobierno de transición que siente las bases para implantar un nuevo sistema político en el que, cada partido, volvería a luchar por sus ideales particulares pero que, hasta entonces, permanecerían, durante la etapa de transición, apoyando al gobierno unitario en la reconstrucción del país.

Por como pinta el panorama hasta ahora, a menos que suceda un milagro y surja un candidato nuevo que me convenza, en el 2012, una vez más, me acercaré con recelo a las urnas electorales, me taparé fuertemente la nariz y marcaré la tarjera “Unitaria”, en espera de tiempos mejores.

Las elecciones fueron una fiesta… Hasta que me convertí en Ni Ni (I)

Primera parte de 3


La Fiesta electoral

Mis primeros recuerdos de eventos electorales provienen de cuando tenía ocho años de edad. Se acercaba el año 1973 y, con él, las elecciones en las cuales los principales contendores eran: Lorenzo Fernández por el partido socialcristiano COPEI y Carlos Andrés Pérez por el partido Acción Demócrática, la popular AD.

Cierro los ojos y me veo recorriendo las calles de La Parroquia en Mérida, con un tarro de pega hecha a base de almidón y afiches de CAP bajo el brazo. Empapelando mi pueblo natal a eso de las 11 de la noche con la propaganda del candidato de mi madre, adeca de toda la vida, activista y luchadora por su partido. Varias alegres noches transcurrieron en esos días de pegadera de afiches y distribución de banderines junto con mis hermanas y unos cuantos amigos. Para nosotros era un divertido juego.

Después, la alegría del triunfo. Mi madre contenta, celebrando. Las elecciones en esa época eran una fiesta, al menos así las recuerdo.

Se acercaba el año 1978 y ya la fiesta electoral de nuevo comenzaba. Otra vez llegó el tiempo de pegar afiches y jugar a hacer política. En esta ocasión, nuestro candidato era Luis Piñerúa Ordaz, con aquel pitico que tanto nos divertía al hacerlo sonar y escuchar como las notas parecían decir con tono claro y agudo: “Pe-ñe-rú-a”.

Noches de reuniones de mi mamá en la sede del partido, planificando acciones para, al salir de allí, empezar inmediatamente a ejecutarlas y yo acompañándola en todo momento.
El candidato por el partido COPEI y que resultaría vencedor en la contienda, era Luis Herrera Campíns. Me traslado en el tiempo y aún puedo ver a mis hermanas Moreida y, sobre todo, a Oraima que era más furibunda en eso de la política, recostadas a la pared del porche de la casa con caras compungidas, a punto de llanto cuando nos llegó la noticia de que el copeyano era el ganador. No recuerdo para nada haber notado esa tristeza en mamá, me parece que para ella era solo un traspié más en la lucha política. Un contratiempo que al día siguiente estaría olvidado y que para las siguientes elecciones se encontraría completamente superado.

Esas elecciones nunca las podré olvidar. Por primera vez en mi vida pude pasar la noche entera viendo televisión, una película tras otra pues, en esos días electorales era el único momento en que las televisoras no finalizaban sus transmisiones a las 12 de la noche. Debo haber visto cerca de siete películas transmitidas por RCTV que era mi canal favorito, sin cortes comerciales, solo con algunas interrupciones para informar sobre el evento electoral. A las seis y media de la mañana, cuando el sol empezó a clarear, salí de la casa para hacer un recorrido a pie por los centros electorales que me quedaban cerca, con una sensación indefinible de emoción, alegría, desconcierto y cansancio. Ese fue, sin duda, un gran día en mi adolescencia.

Así llegamos al año 1983 y, por primera vez, tengo la emoción no sólo de poder votar, ¡mi primer voto!, sino de ser miembro de una mesa de votación. Nada podía ser más perfecto para este joven que se crió entre activistas políticos. La batalla la daban Jaime Lusinchi por AD y Rafael Caldera por Copei. Yo, contrariamente a lo que se podría pensar, en esa oportunidad, aunque representaba en la mesa al partido blanco, ¿o a URD?, no recuerdo con exactitud, decidí votar naranja y, feliz, estampé el sello sobre la tarjeta del Movimiento Al Socialismo, MAS, abanderado por Teodoro Petkoff.

Sin tener muy claro por qué, a esa edad ni AD ni Copei parecían corresponderse muy bien con mis aspiraciones y con lo que yo esperaba para el país, me parecía que Petkoff podría corresponderse más con esos ideales de igualdad y justicia tan anhelados y, a sabiendas de que no tenía chance de ganar, le di mi voto. Ganó Lusinchi.

Candidatos de 1998

A partir de allí parece haberse desarrollado una especie de maldición. Creo no haber votado ni una sola vez por un candidato ganador. No recuerdo con nitidez por quien voté en 1988 cuando gano CAP su segunda presidencia contra Eduardo Fernández, sé que no fue por ninguno de los dos porque desde entonces no me he sentido identificado con ningún candidato.

El único año que no ejercí mi derecho al voto fue en 1993, porque me encontraba ya viviendo en el Zulia, trabajando en la campaña de Lolita Aniyar para la Gobernación y no tuve tiempo de hacer el cambio de residencia ante el CNE. ¡Qué ironía! Para una vez que iba a depositar un voto ganador, al menos para la gobernación, no pude sufragar.

Llegamos a las elecciones de 1998 y el panorama electoral está conformado por un empresario de rancio abolengo, Salas Römer, una ex Miss Universo, Irene Saez, y un teniente coronel, exgolpista, Hugo Chávez Frías. Ninguna de las opciones se me hacía la más mínima gracia, no se acercaban ni siquiera un poco a lo que yo quería para Venezuela, pero la que menos me hacía gracia, era la de Chávez. Siempre juré que me cortaría la mano antes que darle un voto a un militar. Me tapé la nariz y con una profunda sensación de asco y de impotencia, le di mi voto al empresario carabobeño. El tiempo y el ejercicio del poder autoritario y facho del teniente coronel parecen haberme dado la razón.

Pero la seguidilla de votos asqueados no terminó allí. En cada proceso electoral que ha venido desde entonces, para todos los efectos, me he dedicado a votar en contra de, tapándome cada vez más fuertemente la nariz, pero seguro de que debo hacerlo, de que no puedo desperdiciar la oportunidad de manifestar mi opinión y mi disconformidad a través del voto.

Continúa…

De repente, un candidato nuevo

 

Foto de Mayela Barragán en el Cuartel Simón Bolívar del Municipio Vargas

De repente, como quien lo hace sin pensarlo, en una especie de arrebato inspirador, viene Chávez y de un sopetón nos cambia todas las señas.

Primero modifica el slogan que lleva más de 10 años imponiendo en el país, las célebres palabras: “Patria, Socialismo o Muerte” que arbitrariamente imprimieron en fachadas de edificios de ministerios, oficinas de Pdvsa y de cualquier dependencia de la administración pública. Ese slogan que a grito templado obligaban a vociferar en cuanto mitin y templete organizaba el comandante, de la noche a la mañana, pasó a ser algo así como “Patria, socialismo y viviremos” o “Patria, socialismo y victoria. Viviremos y venceremos” o algo por el estilo porque parece que aún no tienen muy claro cómo terminará siendo el grito de campaña electoral.

Después, escoge nada menos y nada más que un viernes para aparecer vestido de amarillo ante el país. Si, justamente en viernes, día muy simbólico para los empleados de la administración pública pues, desde hace muchos años han sido obligados, por órdenes superiores, a vestir sin excusa alguna sus franelas y camisas rojas rojitas cada último día laboral de la semana. ¡Cuántos amigos míos no han expresado sus quejas por la humillación que sentían al verse obligados a vestir la “revolucionaria” franela roja!

A simple vista, pareciera que todo forma parte del “cómo va viniendo vamos viendo” del que se muestra tan devoto este régimen, pero, cuando uno se detiene a observar los hechos y las palabras que dice el presidente, así como la imagen que nos presenta ahora, no se puede menos que pensar que todo forma parte de un plan bien orquestado para hacer ver al país que quien se postula para la presidencia en las elecciones del año que viene no es el mismo hombre que lleva más de 12 años gobernando.

Si echamos atrás la cinta, recordamos que hace unos meses comenzó el show del absceso pélvico del presidente. El país asistía a una especie de novela de suspenso por entregas en las que, a cuenta gotas y siempre manipulando la información  a conveniencia, luego de casi un mes de especulaciones, medias verdades y completas mentiras, por fin, nos dicen que Chávez tiene cáncer.

Al sol de hoy, no se sabe con exactitud qué tipo de cáncer padece (o padecía, según se empeña en decir ahora) el mandatario. Por ningún lado hemos visto un parte médico autorizado que dé cuenta del diagnóstico y de la prognosis de la enfermedad. Sabemos lo que al presidente le ha dado la gana decirnos, ni más ni menos.

Pasan los meses y un buen día nos anuncia que ¡oh, milagro! Está curado. No se han conseguido más células cancerígenas en su cuerpo. Prácticamente, ha vuelto a nacer.

A estas alturas, ya las especulaciones sobre su padecimiento sobrepasan los límites del realismo mágico o lo real maravilloso. Unos piensan que todo fue un invento ideado por el G2 cubano para manipular políticamente a la población con el sentimiento de lástima que inspiraría verlo y saberlo vulnerable y mortal y, otros, aseguran que su cáncer ya está bastante avanzado y que no tiene vuelta atrás. Yo, la verdad, ya no sé ni qué pensar al respecto y tampoco es que me quite el sueño. Lo que tengo claro es que, sea cierto o no el show del cáncer, la enfermedad le ha rendido sus beneficios políticos y, según parece, hasta logró remontar en las encuestas.

Entonces tenemos a un hombre que estuvo al borde de la muerte, que milagrosamente logró superar un cáncer en tiempo récord y que ese milagro no sólo fue médico sino que, aparentemente, obró como si le hubieran metido la mano por la boca y lo hubieran volteado del revés.

Ese es el hombre que un viernes que se suponía de rojo,  apareció, por la mañana, vestido de amarillo y diciendo algo así como “¿Qué vaina es esa de estar siempre de rojo? ¿A quién se le ocurriría semejante estupidez de uniformar de rojo al país cuando hay tantos colores tan bonitos como el amarillo? Y, por la noche, vestido de negro para, a los pocos minutos, arroparse con una bandera tricolor que “por casualidad” le habría enviado una camarada con sus felicitaciones por el reciente cumpleaños y los deseos de total recuperación.

Este nuevo hombre, el nuevo candidato a la presidencia, no es rojo rojito, es multicolor y parece necesitar del cobijo de toda Venezuela para terminar de superar su fatal aunque ya curada enfermedad. Esa misma que lo hizo renacer convertido en un hombre nuevo. Del viejo Chávez sólo queda un punto rojo que se asoma en los pliegues del cuello de la camisa, muestra de que, en el fondo, sigue siendo el mismo.

Entonces, el hombre renacido aparece y habla de los males de los gobiernos anteriores y, como quien no quiere la cosa, dice “Cuando ellos aquí gobernaban, votaban los muertos, había personas con 20 cédulas. AD y Copei tenía máquinas de hacer cédulas…” O sea, sin querer queriendo (tan Chavo del Ocho como el “Vivir Viviendo”), habla justamente de los males de la cuarta que durante los 12 años de su V se han mantenido y agravado y de los que se le acusa en estos momentos desde la oposición. En una admirable pirueta, sus 12 años pasan a formar parte del gobierno anterior y este hombre nuevo, renacido del cáncer viene a prometernos, una vez más, acabar con tanta atrocidad.

Con esa carambola se erige en su propio opositor pues, aparece ratificando su candidatura para el 2012  y diciendo: “¡Ojalá haya una oposición seria!”.  Y agrega, “A uno le gusta tener un buen contendor, por respeto a uno mismo. ¡Ojalá salga alguien!”.

¿Quién mejor que él mismo para hacerse oposición? Eso sí, siempre desde la perspectiva de que quien se presenta a la contienda electoral es el hombre nuevo, el que renació luego de estar al borde de la muerte. Seguramente, para este fin, le servirá perfectamente el perder el pelo, tema sobre el que viene insistiendo con frecuencia y sobre el que dijo. “Estoy en quimioterapia, cuidándome las defensas, los glóbulos rojos. El cabello empieza a aflojarse un poco…”. Así, un hombre calvo, en contraposición al anterior del tinte renegrido, completará el “extreme make over” que le dará paro a su nueva imagen.

Cómo relacionar a este candidato calvo, vestido de amarillo o de cualquier otro color menos el rojo, reflexivo y bonachón como consecuencia de la terrible enfermedad sufrida y que le mostró sus errores, este hombre que con voz humilde dice “¡Viviremos!”, el del “espíritu nuevo” que se arropa bajo el manto del tricolor nacional, con aquel revolucionario del verbo encendido, siempre vestido de rojo o de militar, que vociferaba a todo pulmón “¡Patria, Socialismo o Muerte!”.

Cárceles, propaganda y revolución

Sábado 16 de julio de 2011, luego de dormir una corta y reparadora siesta después de llegar del trabajo, aburrido y sin más nada qué hacer, enciendo el televisor con la esperanza de conseguir algún programa interesante o, por lo menos, entretenido qué ver. Comienzo a hacer zapping, recorriendo los canales y, cuando paso por el 6, dial en el que se recibe la señal del canal del gobierno, VTV, observo que está por terminar una de esas propagandas de la Misión Vivienda con las que atosigan en cada corte de la programación y con las que pretenden darle visos de realidad a ese engaño ideado para mantener a sus seguidores enganchados a una esperanza.

Me quedo un poco absorto pensando en la capacidad de engaño con la que cuenta el régimen y la propaganda de la Misión Vivienda da paso a una promoción, que en el fondo no deja de ser otra propaganda como toda la programación de ese canal, en la que invitan a ver un programa sobre el problema carcelario en Venezuela.

“¡Caramba! -me digo-, parece que por fin el régimen se va a dignar a darnos información acerca de lo ocurrido en El Rodeo I y en el Rodeo II”.  Me quedo pegado al canal de propaganda del gobierno para averiguar de qué irá el programa. De puro iluso que soy, espero que en la promoción me digan que van a hablar con seriedad sobre cuántos reos murieron en los recientes hechos acontecidos en ambos penales y, cuántos y quiénes escaparon en una huída que parece llevada a cabo por un prestidigitador. Veo la propaganda para ver si en el programa anunciado dirán cómo entraron a los penales las armas, la droga y el dinero allí encontrados, si mostrarán a los responsables, a quienes negociaron para hacerse de la vista gorda mientras las mafias se apoderaban de los penales y un puñado de PRANES decidía quién entra y quién sale, quién tiene derecho a comer y a vivir o cuánto tienen que pagar para tener esos derechos. Supongo que me explicarán cómo desde las cárceles se planifican robos, extorsiones y secuestros y que hablarán sobre las medidas que el gobierno va a tomar para poner fin a tanta infamia y tanto terror que se vive dentro de las penitenciarías donde los PRANES mandan, donde se observa cómo entran y salen mafiosos con armas de todos los calibres ante la mirada cómplice de los guardias y como, en algunos casos, esas mafias deciden quién es el director y quién no puede serlo.

Pongo cuidado a la promoción y me doy cuenta que nada más lejos de lo que yo esperaba. El programa anunciado no es más que una pieza más de propaganda del régimen en la que, como de costumbre, echarán toda la culpa de lo sucedido a los años de democracia de la cuarta república. Como si el gobierno del Presidente Chávez se acabara de juramentar, el programa sólo se centrará en cómo era el sistema penitenciario en esos años, desempolvarán imágenes, testimonios, informaciones y declaraciones que mostrarán cómo el infierno carcelario es hijo de los gobiernos de Caldera y Carlos Andrés para atrás, pasando por los de Lusinchi y Luis Herrera. Para los realizadores del programa es como si no hubiesen pasado 12 largos años de este gobierno. Según la propaganda vista, parece que el programa dirá que es insólito lo que ocurre en las cárceles, como lo dijera hace poco el propio presidente de Venezuela en unas declaraciones en las que pretendía hacer creer que se acababa de enterar de la situación penitenciaria.

Al terminar de ver la propaganda pienso: “Qué capacidad tan impresionante tiene este régimen para escurrir el bulto, para evadir sus responsabilidades en todo lo que sucede actualmente en el país” y desvarío pensando cómo podría haber sido este gobierno si la capacidad y creatividad para idear propaganda la hubieran puesto al servicio del desarrollo del país.

¡¡12 años!! Ya casi 13, y todavía pretenden hacernos creer que la culpa es del gobierno anterior. Este Régimen le quitó a las gobernaciones su competencia en las cárceles porque se suponía que iban a remediar todo lo que allí ocurría. Es decir, desde un principio estaba al tanto de lo que allí pasaba y se mantenía al tanto de cómo todo eso fue empeorando a medida que la “revolución” avanzaba y se afianzaba. Cuando Chávez asumió la presidencia de la república, esos jóvenes de 22 o 23 años que hoy son los PRANES de la penitenciarías tenían apenas 10 años, eran unos niños, y los Guardias Nacionales que están encargados de la custodia de los centros carcelarios y que negocian para permitir la entrada de armamentos de guerra, armas blancas, alcohol y drogas a esos centros también eran niños de quizás unos siete u ocho años. Es decir, esos jóvenes que han sembrado de horror las cárceles del país, son los hijos de esta “revolución”, son el “hombre nuevo” que nos han prometido desde el inicio del régimen el presidente y sus colaboradores.

Termina la propaganda y me convenzo que nunca este gobierno asumirá sus responsabilidades, seguirá con su eterna cantinela de la cuarta república a pesar de que la quinta ya pasa de los doce años. Cambio una vez más de canal a sabiendas de que nunca sabremos la verdad de lo ocurrido en los penales, no sabremos qué reos murieron y qué reos lograron escapar y con seguridad nunca veremos a los responsables de lo sucedido pagando por lo que hicieron.

Haciendo zapping llego a un canal en el que están dando “Alicia en el país de las Maravillas” y allí me quedo, absorto, viendo la película.

¿Fiesta Bicentenaria o lanzamiento de candidatura?

Foto tomada del portal de Correo del Orinoco

La celebración de los 200 años de la Independencia de Venezuela ha debido ser una fiesta de TODOS los venezolanos. El Bicentenario pudo haber sido una extraordinaria oportunidad para convocarnos a celebrar unidos en un solo país, sin embargo, gracias al narcisismo y personalismo del régimen que estamos padeciendo, los actos conmemorativos sólo contribuyeron a profundizar la brecha que separa a Venezuela en dos toletes que día a día se van haciendo más irreconciliables.

Lo que era la celebración de una fecha patria, terminó siendo un acto de lanzamiento de un candidato para la campaña electoral que “el superhombre” aprovechó para, una vez más, manipular con su enfermedad y pretender que los venezolanos le devuelvan y agradezcan con lástima el “inmenso sacrificio que está haciendo al poner en riesgo su salud y su vida en pro de la patria”.

Así, nos mostraron un desfile de soldados y armamentos, los mismos con los que soterradamente nos amenazan al decir que la “revolución es paífica pero está armada” y nos regalaron un acto cultural en el que cada dos por tres se hacía referencia a la imagen de El Supremo con un eslogan que decía “Pa´lante comandante¨  al tiempo que  azuzaban a los presentes para que a coro vocearan la consigna.

Pero lo que más patético me pareció fue que los artistas allí presentes se prestaran para ese acto político. No podía dejar de preguntarme qué necesidad tenían Dudamel, Patricia Velásquez, Iván Tamayo y Daniel Alvarado, entre tantos otros cuyos nombres se me escapan pero que con su presencia y silencio convalidaban lo que allí sucedía, de prestarse para semejante bochorno.

En el caso de los artistas cabrían varias posibilidades:

Uno, que sean afectos al régimen y que estuvieran plenamente conscientes de que su actuación estaba siendo utilizada para apoyar a Chávez y a sus aspiraciones electorales, cosa perfectamente válida ya que a lo largo de la historia muchos han sido los casos de talentosos artistas que prestaron sus creaciones e imagen para apoyar regímenes despóticos y autoritarios.

Dos: que quienes estaban actuando allí desconocían que el acto terminaría siendo un evento político y la imagen de Chávez y la consigna los agarró por sorpresa, en cuyo caso demostraría una ingenuidad tal que rayaría en la idiotez y que podrían haber remediado levantando su voz de protesta diciendo que ellos estaban allí celebrando una fecha que era de todos los venezolanos y no para apoyar ni al presidente ni a su campaña, por lo cual exigían que esas imágenes y consignas fueran eliminadas del acto o de lo contrario no continuarían con sus actuaciones.

Tres: que sabían a lo que se prestaban y que lo hicieron porque les pagaron para eso sin importarles las connotaciones políticas que el acto tendría, con lo cual se estarían comportando peor que prostitutas pues las putas tienen la posibilidad de escoger a sus clientes y decidir con quien se acuestan o no.

Yo soy de los que ha defendido que los creadores tienen derecho a recibir del Estado (no del gobierno) subvenciones independientemente de sus posiciones políticas. Por eso nunca he criticado a quienes estando del lado de la oposición han recibido financiamiento estatal para la realización de sus obras, como en el caso de algunos directores de cine que han hecho sus películas en La Villa del Cine, o productores de televisión y radio que con todo el derecho que les da el ser venezolanos han obtenido financiamiento de Conatel para la realización de cortometrajes de video o micros de radio. Eso lo considero válido ahora, como lo consideré válido en la cuarta república cuando muchos de los actuales “revolucionarios” recibieron dinero del Estado (para ese entonces en manos de los “asquerosos” adecos y copeyanos), pero considero imperdonable que las personas vendan sus ideales y convicciones para poder gozar de una tajada de dinero.

Me parece válido y oportuno, por ejemplo que los artistas utilicen los espacios del estado como  La Estancia de Pdvsa o las salas del Teresa Carreño o de la Universidad de las Artes para presentar sus obras. En mi post “Auch! Una obra de teatro, un país, un dolor…” lo dejé claro. Esos espacios no son de Chávez, son de los venezolanos y se mantienen con el dinero de todos los venezolanos, pero que un creador acepte que su obra sea modificada o manipulada y permita que se le exija directa o indirectamente hacer propaganda al gobierno para poder recibir el subsidio o el espacio para presentar su producción, me parecería deleznable.

Nunca apoyé a quienes criticaron las actuaciones que Dudamel hacía en eventos oficialistas porque consideraba que él es un exitoso y talentoso artista venezolano que representa a todo el país y que como tal ofrecía sus conciertos para seguir dejando en alto el nombre de Venezuela. Por el contrario, siempre me opuse a esas críticas. Pero lo que sucedió el 05 de julio tuvo una intención y una connotación muy diferentes. Con ese show se pretendió lavar la cara al régmen. Ante nuestros asombrados ojos, la fiesta Bicentenaria se convirtió en un evento político de apoyo a la personalidad del caudillo. Resultó ser el broche de oro con el que se cerró un mes de manipulaciones, burlas, medias verdades y absolutas mentiras en torno a la salud de Chávez que, al día de hoy, aún no sabemos a ciencia cierta de qué se trata la enfermedad y cuáles puedan ser las expectativas y que le ha servido al mandatario para apelar a los sentimientos de lástima que podrían cohesionar a sus seguidores en torno suyo. Fue su lanzamiento para la campaña electoral.

Quienes se presentaron en los actos del Bicentenario con su silencio avalaron lo que allí sucedía. Algunos dicen que el arte está por encima de la diatriba política y de colores partidistas, podría ser, aunque no estoy muy convencido de que necesariamente el arte no pueda ser comprometido, pero eso sería otra discusión. Suponiendo que tengan razón y que no se debe mezclar el arte con lo político, entonces, quienes allí estaban actuando son los primeros que han debido decirlo. Tendrían que haber protestado al ver que su arte estaba siendo bañado de tinte político a favor de un régimen y no salir sonrientes a recibir los aplausos de un público que al mismo tiempo de aplaudir gritaba “Pa´lante Comandante”. Como bien dijo Bolívar: “El talento sin probidad es un azote”.

Mi sobrino-ahijado, yo y el cáncer de Chávez.

Gabriel Gerardo Rojas Pérez, Gabo, tiene 18 años, es guapo, chispeante y alegre, siempre con el chiste a punto, le gusta el fútbol, la música, la historia y la geografía. La vida no nos ha permitido compartir personalmente tanto como quisiéramos, pero las redes sociales y los avances tecnológicos de las telecomunicaciones se han encargado de remediar ese distanciamiento real y lo ha compensado con una fluida comunicación virtual. Gabo no sólo es mi sobrino, sus padres me dieron la dicha de nombrarme su padrino de bautismo así que los vínculos afectivos podríamos decir que vienen multiplicados por dos.

Cuando el presidente Chávez salió a informar en un video transmitido en cadena nacional de medios que padecía cáncer, lo que desde muchos días antes conocíamos a través de informaciones filtradas, de bastantes especulaciones y muchos inventos, comenzaron a surgir a través de las redes sociales como Twitter y Facebook y por los mensajes del pin de Blackberry una serie de comentarios sobre el padecimiento de Chávez. Estas burlas, tal vez debido a la historia particular de Gabo, que ha crecido en el seno de una familia en la que varios miembros han tenido que luchar contra el cáncer (lucha que no siempre resultó victoriosa como en el caso de sus abuelas, mi mamá una de ellas, que murieron víctimas de ese padecimiento), lo llevaron a escribir una sentida carta en la que expresa su punto de vista sobre la situación.

Algunos mensajes transmitidos por sus contactos, entre los que me incluyo,  eran meramente informativos y muchos otros en son de chistes y burlas sobre lo anunciado por el mandatario en una especie de catarsis colectiva mediante la cual muchos queríamos, en algunos casos, desahogarnos y, en otros, poner al descubierto y desenmascarar tanto a Chávez, quien pretendió por largo tiempo ocultarle al país la verdadera situación de su salud, como a sus acólitos que no cesaron de decir mentiras, contradicciones y verdades a medias acerca del estado de salud del mandatario. Y que, al día de hoy, continúan mintiendo y manipulando a la población con mensajes y videos que más que informar sobre la situación tienden a confundir.

Lo más sencillo y claro sería que los médicos que tratan al presidente den un parte serio y claro en el que informen cuál es la verdadera situación del paciente, de qué tipo de cáncer se habla y en qué estadio se encuentra, así como cuáles son las expectativas que, desde el punto de vista científico, se pueden tener. Pero, por el contrario, lo que a simple vista parece estar sucediendo, es que están utilizando la enfermedad del presidente para manipular políticamente y sacar partido electoral de la situación.

Los mensajes y chistes, entre los que figuran algunos escritos por mí, fueron el detonante para que Gabo escribiera el texto que transcribo a continuación y esa carta fue el punto de partida para una interesante discusión que sostuvimos por el pin del Blackberry en horas de la madrugada y que también incluyo en este post porque considero que puede servir para que muchos tengan un poco más claros los sentimientos que la situación actual de Chávez pudieran estar generando.

LA CARTA DE GABO

Primero, y antes que mi opinión sea juzgada, quisiera aclarar que aquí no estoy pidiendo compasión, ni lástima ni mucho menos “Pobrecito el Presidente” porque mucho que nos ha jodido pero, principalmente, porque esas expresiones son vetadas en mi núcleo familiar desde el momento en que uno aprende a hablar.

Recién salida del horno la noticia del Tumor Cancerígeno “sufrido” por el presidente de la República de Venezuela, Hugo Chávez, empezaron a salir los comentarios de costumbre con respecto al caso. Algunos serios, otros informativos, pero en su mayoría humorísticos y de celebración. Por suerte, la vida me ha dado la oportunidad de forjar amistades de más de 120 nacionalidades, de las cuales más del 90% al decirles: Soy Venezolano, la primera reacción que me daban era una gran sonrisa y de una vez juzgarme como una persona muy alegre y feliz. Ahora, ¿Con qué moral le digo yo a cada uno de ellos que vengo de un país donde
más de ¼ de la población le desea la muerte a alguien? Sí, me da tristeza ver al nivel que hemos llegado los venezolanos, burlándonos y celebrando una enfermedad por la que todo el mundo se ha unido para combatirla. Es correcto, digo hemos, porque esas reacciones las he visto en mi familia, amigos, cercanos
e inclusive ex – amantes;  entonces me toca incluirme debido al famoso refrán “dime con quién andas y te diré quién eres”.

El Cáncer es una enfermedad que debilita las defensas y deja al cuerpo expuesto a que cualquier simple enfermedad como una gripe común dé la estocada final. Es una enfermedad que mata lento y con bastante dolor, dañando a la persona poco a poco hasta que esta ya no puede más. Es correcto, hay tratamientos como la quimioterapia y radioterapia;  los dos acaban con el cáncer,  pero también con todo lo que consiguen a su paso. Sólo personas con mucha voluntad de vivir y más duros que un tronco son capaces de aguantar ese tratamiento. La quimioterapia (siendo la más eficiente) consiste en administrar sustancias químicas
como carboplatino y taczol al organismo. Estas sustancias entran el cuerpo y si la persona aguanta en promedio de 8 a 12 tratamientos con intervalos de unos 10 y 25 días entre sesión y sesión, arrasan con las células cancerígenas del órgano tratado, pidiéndole a Dios que no les haya dado tiempo de expandirse a
otros órganos. Pero estas sustancias no son selectivas, es decir, no saben diferenciar entre el bien y el mal, por consecuencia,  acaban con los glóbulos blancos, plaquetas, melanina (pigmentos de la piel y cabello), bajan la hemoglobina, entre otros efectos secundarios que no puedo recordar en este momento. En palabras un poco más coloquiales, la persona pierde gran cantidad de sus defensas, se le cae el cabello, la piel se arruga y se pone áspera, las uñas se debilitan, se pierde la sensibilidad en los dedos, los labios se resecan, se debilitan algunos músculos e inclusive, afecta el ánimo de la persona, desde depresión hasta cólera pasando por angustia. Una vez completado el proceso, se hace un examen más, verificando que no queden más células cancerígenas, de ser positivo, más quimioterapias serán aplicadas, de ser negativo, al paciente le tocara ir
regularmente (aproximadamente cada 4 meses) a un control médico para asegurar que su cuerpo sigue limpio; es decir, cada 4 meses, la angustia llega no solo al paciente, sino a sus familiares también. Los familiares, esos sufren casi igual que el paciente, ellos tratan de ayudarle, desde llevarle frutas como
ciruelas para la recuperación del organismo hasta rezar y hacer promesas al Barbudo (como con cariño me refiero a nuestro Padre Dios) por la salud del paciente. Aquellos que sobreviven al cáncer, lo hacen luchando por una causa, por ejemplo, la de una madre de criar a sus hijos, no abandonarlos, que a pesar de tener un padre dispuesto a todo, ella no querer dejarle la tarea a él solo, por querer estar en la graduación de su hijo, de apoyar a su hija menor cuando su primer novio la deje o simplemente ayudar a su hermano menor, que considera su hijo mayor a encontrar de nuevo el camino. Hay muchos ejemplos de gente que lucha contra el cáncer e inclusive ejemplos más heroicos que el que acabo de “inventar” más arriba.

Una vez aprendido lo que es el cáncer, les pregunto, ¿Siguen celebrándolo, deseándolo, alegrándose y burlándose del Cáncer? O mejor dicho ¿Se van a burlar de aquellas personas que perdieron la batalla? ¿O de aquellos que la ganaron pero a un costo muy alto? Mejor aún ¿Seguirán burlándose de aquellos que aún siguen en la lucha? Por supuesto, esta pregunta va para ambos lados, le pregunto yo al Señor Presidente si con esos jueguitos de demostrar que es un héroe y que es invencible, ¿Seguirá burlándose de la gente que lucha a diario por sobrevivir?

Yo soy de los primeros que celebraré la salida del presidente en el 2012 y haré todo lo posible por pertenecer a la generación que recoja los escombros dejados por el gobierno de turno. Pero algo que no le deseo es la muerte a nadie y, mucho menos de esa forma, porque sé lo que una persona pasa cuando padece una enfermedad de esa categoría. Por supuesto, también quiero que se haga justicia por los daños que ha hecho el Presidente actual de la Republica Bolivariana de Venezuela, pero cuando hablo de justicia, hablo de la justicia creada por la humanidad, de la que empezó con Hammurabi, cambió con los griegos, modificaron
los romanos y hasta hoy en día se sigue usando y perfeccionando para castigar a los que obran en contra de los Derechos Humanos.

Para concluir, quiero decir que desde niño me ha apasionado bastante la historia y la geografía mundial. Desde que aprendí a leer estoy leyendo sobre grandes personajes históricos como, Francisco de Miranda, Simón Bolívar, Napoleón Bonaparte, Rodrigo Díaz de Vivar, Guillermo El Conquistador, Saladino, William
Shakespeare, Baludino IV, Isabel I, Juana de Arco, Macchiavello, Leonardo da Vinci… Y puedo continuar hasta la semana siguiente diciendo nombres. Como llamamos nosotros en esta vida “de casualidad”,  cuando el presidente Hugo Chávez parte para La Habana para ser tratado por un “absceso pélvico” me estaba leyendo por primera vez la historia de Nelson Mandela.

Invito a todos aquellos que viven con un rencor tan inmenso que les hace celebrar dicha enfermedad a leer sobre Madiba y analicen cómo con rencor no se puede vivir y mucho menos gobernar. Como un hombre unió a un país, aplicando justicia de la humana e inclusive se apoyó en un deporte de blancos para lograr la hazaña. O mejor aún, como en su historia se demuestra que un país no puede emerger cuando 52% de la población tira para un lado y el otro 48% tira para el lado opuesto.

LA CONVERSA

Yo: Ahijado, está muy bueno lo que escribió. Pero hay que entender que cuando uno se alegra por lo que le está pasando a Chávez no lo hace porque le pase a él como ser humano sino a lo que ha representado para todo un país. La descripción inicial que haces de lo que es el cáncer se puede perfectamente extrapolar y observar que eso que hace el cáncer con el ser humano es lo que Chávez ha venido haciendo con todo un país. El ha sido como una enfermedad que mata lento y con bastante dolor, ha dañado a muchas personas poco a poco hasta que estas ya no han podido más. Familias enteras se han separado por su culpa y han sufrido y siguen sufriendo como quien tiene una enfermedad terminal. Por eso, cuando te pregunten ¿cómo es posible que tu país se alegre porque alguien sufre de cáncer, diles que no es por el ser humano en particular sino por lo que ha significado para toda una población. Si a Hitler, Pinochet, Gadhafi, Mugabe o cualquiera de esos
sanguinarios dictadores se los lleva un cáncer yo me alegraría también y lo celebraría. Como se celebró en España y aquí en Venezuela la muerte de Franco. No se celebra la muerte de un ser humano sino el fin de un régimen. Creo que no podemos permitirnos olvidar ni obviar lo que esos déspotas, incluidos Chávez y Fidel, han significado para tanta gente que ha sufrido tortura, persecución, emigración y todo lo que los regímenes autoritarios traen a los seres humanos que los sufren. ¿Qué Dios se encargue de ellos? Sí, que lo haga, pero no puedo dejar de pensar que mientras ellos se debilitan, sufren o mueren, sus víctimas tienen una posibilidad de vivir y volver a tener un futuro.

Gabo: Todo eso yo lo comprendo perfectamente, que eso era algo que tenía en mi primer borrador, pero lo borré porque se extendía mucho. Yo sé que se celebraría en dado caso el fin de un régimen, tal como pasó cuando Hitler se pegó el tiro. Pero qué vino después del suicidio de Hitler? El muro de Berlín, la separación de las Alemanias, el comienzo de la guerra fría y el cague a nivel mundial desde el 45 hasta el 89 que el mundo podía acabar en un invierno nuclear. Por supuesto, no le miento, caería bien que muriera el régimen por no decir personas, pero si cae el régimen mientras nosotros deseamos muerte, simplemente vamos a tener más años de desdicha. Si el presidente muere mientras nosotros, en vez de celebrarlo, trabajamos en conjunto, mientras luchamos por un país donde las diferencias políticas no dividan familias, mientras buscamos soluciones a los problemas o, simplemente, mientras pensamos de manera positiva en vez de preocuparnos por la muerte de alguien… Ahí sí tendremos país para recuperar. ¿Cómo llega Fidel al poder en Cuba? en una revolución en la que todos deseaban la muerte de Batista. ¿Por qué se forja una América libre de la esclavitud del reino español? Porque Bolívar luchaba por la libertad, con ideas y fundamentos, que lamentablemente la única forma era la guerra, ya es otro caso, pero entre sus ideas, las mayores de todas eran de libertad.

Yo: Y después vino la caída del muro y la reconciliación de las dos Alemanias. Como vino la recuperación de Chile y la de España. Nadie dice que uno se va a quedar en el rencor y el resentimiento, que es lo que ellos han hecho. Lo que es cierto es que el camino para la reconciliación y la superación de las diferencias y de las cosas que nos separan se inicia con la salida de los tiranos. Ya queda de Dios si lo hace por medio de un cáncer, también podría ser por un golpe de Estado o cualquier otro evento que, para el caso haría sufrir al dictador tanto o más que una enfermedad. Lo cierto es que el futuro sólo se podrá afrontar de manera diferente a partir de la salida de Chávez, sea por los medios que sea. Fidel y Chávez llegaron al poder ofreciendo unos ideales que ellos mismos traicionaron y terminaron siendo mucho peores que lo que querían combatir. Cuando yo estuve en Cuba vi tal sufrimiento en la gente que habría sido capaz de despellejar poquito a poco a Fidel, me parecería que un cáncer sería muy poco sufrimiento para alguien que se jodió de tal forma en todo un país.

Gabo: Si, la reconciliacion de las Alemanias y la caída del muro vino 44 años después. Es cierto, todo va a empezar una vez que salga Chávez, por el medio que sea, eso es algo que esta más claro que el agua. Supongamos que sí sea por cáncer, bueno déjeselo a Dios. Si se muere, déjelo que se muera, una vez muerto, si se quiere, se celebra y después se actúa o si no se actúa de una vez. Pero ahorita, mientras está en el proceso, nada ganamos burlándonos, celebrándolo entre otras, lo único que ganamos es demostrar que somos la misma cagada que él y darle al mundo la razón de por qué ese hombre llegó al poder y permaneció por 13 años. Vuelvo y repito, sólo se puede empezar a actuar una vez que él haya salido por el medio que sea, así sea que le picó el culo ayer y decidió renunciar. Pero si es por la muerte, supongamos que este Cáncer lo mate en 6 meses (y que me perdone Dios por la expresión) en 6 meses como le digo, ahí sí celebramos y/o actuamos, pero durante esos 6 meses, hacer eso, es demostrar que los venezolanos somos el retrato de él

Yo: Imagina que hay un perro rabioso mordiendo a todo un pueblo. Un día muerde a uno y le transmite la rabia y esa persona muere y sufre un montón para morir. Al día siguiente a otro y a otro después. Y uno ve al animalito y le da lástima porque es un ser vivo que sufre pero para poder salvar al pueblo completo hay que eliminar al perro, si nadie se atreve a eliminarlo y una penosa enfermedad amenaza con llevárselo, el pueblo entero se sentirá alegre de que, con suerte, esa enfermedad les quitará de encima ese animal que los está
diezmando y haciendo sufrir.

Gabo: Yo no estoy buscando que digan pobrecito Chávez. Primero porque mucho nos ha jodido, pero principalmente porque esa clase de expresiones mi madre me las vetó desde el momento en que empecé a hablar. Yo pido es respeto para las personas que lucharon y luchan contra el cáncer y le pedí a los Venezolanos cambiar su manera de pensar. Como vuelvo y le repito, ¿haciendo chistes y comentarios sobre el cáncer de Chávez va a hacer que sea peor? ¿O que lo maté más seguro? ¿O más feo? No, absolutamente no. Solamente nos va a dejar una mala imagen de que somos la misma clase de monstruos que es el. En cambio, al momento en el que él muera, ahí sí celebren los que quieran y actúen los que quieran, sí habrá futuro…
Tomando el ejemplo del perro del pueblo… Supongamos que en vez de llevárselo, la única solución es inyectarlo con una sustancia que lo mata en 6 meses, así el virus morirá junto con el perro y no infectara a más nadie. Durante esos 6 meses tocara poner al perro en cuarentena, que nadie tenga acceso a él. La gente del pueblo no va a ir a la celda donde está el perro a hacer fiesta durante esos 6 meses. La gente va a ayudar a los que siguen enfermos y buscar una cura por si por alguna razón el virus reaparece años o generaciones después. Una vez muerto el perro, lo sacan de la jaula, lo entierra o lo queman y ya, fin de la historia y si en un futuro viene otra vez el virus, ya el pueblo estará preparado para combatirlo porque tiene un valor muy grande que se llama experiencia

Yo: Pero es que es una forma de celebrar que se vislumbra una salida a un problema que está fuera de nuestras posibilidades de resolver. Tomando el ejemplo del perro, si lo veo con retortijones, vomitando, sufriendo, me alegro, no por lo que él está sufriendo sino porque vislumbro pronto una liberación. Si lo miro, y lo pienso como si fuera yo, o una persona querida, o que no ha hecho ningún mal, no puedo alegrarme. Pero no me alegro por el sufrimiento del otro, me alegro por la posibilidad de ver un fin próximo que, por otro lado, podría estar muy lejano. Hay perros a los que no se pueden controlar (podría ser el caso) tal vez no podemos ponerlos en cuarentena y entonces siguen jodiendo y hasta utilizando su enfermedad para manipular y someter a la gente. ¿No ves que Chávez ha utilizado su situación para engañar, burlarse, manipular? Entonces, sólo queda desenmascararlo.

Gab0: Ahora, entonces le pregunto yo, y se lo pregunto porque yo también me alegro por la salida del mal… ¿Por qué en sus comentarios, en vez de reflejar el sufrimiento del perro no refleja la alegría de el futuro que puede venir? ¿Por qué en vez de decir “Fidel lo examinó” “mi mama era un pan de Dios y murió de Cáncer, porque ese hijueputa no pude sufrir también” no dice mejor que se yo (aquí si me disculpa, pero voy a decir la primera pistolada que se me ocurra) “en 6 meses se acaban los apagones” “ya pronto tendré harina pan”. ¿Cree Ud.  que con esa clase de comentarios (los primeros) lo va a desenmascarar? Sabemos que no, los Chavistas lo siguen a muerte… Exactamente a muerte, ¿qué pasó cuando murió Josef Stalin y Lenin? Ahí fue que ya el pueblo cambió su mentalidad y abrió los ojos, que hasta Leningrado y Stalingrado volvieron a su nombre original de St. Petesburgo. Pero mientras esa imagen esté viva, sus seguidores van a seguir siendo ciegos y mientras uno siga haciendo esa clase de comentarios simplemente hacemos el ridículo y quedamos mal a nivel internacional.

Yo: ¿Y no es lo mismo? Es la alegría por un tiempo obscuro que está por pasar. Cuando yo digo digo “Fidel le metió el dedo”, lo hago porque él dice que Fidel lo diagnóstico. O sea, utiliza su estado para burlarse de nosotros como si fuéramos ignorantes. Entonces, es una manera de hacer entender que nosotros no somos tontos. Que él puede querer apelar a la lástima para seguirnos jodiendo pero que el jueguito está muy usado y no caemos en él.

Gabo: Y aquí en Venezuela se ha demostrado, la oposición no es capaz de desenmascararlo ni de hacer cambiar de bando a los chavistas, sino él mismo y la incompetencia de los que lo ayudan lo desenmascaran.

Yo: Por otro lado, si digo “mamá que era un pan de Dios murió de cáncer, por qué voy a lamentar que a un HDP le dé”. Es porque esa enfermedad no distingue. Si una buena persona muere de cáncer y la veo sufrir por eso, no voy a lamentar que alguien que sí se lo merece lo sufra y lo padezca.

Gabo: Vuelvo y repito, yo no pido lástima ni pobrecito, porque mi señora madre ya ha pasado por eso 2 veces y por casi 3 decenas de quimioterapias y aun así, algo que ella me ha prohibido usar es la palabra “pobrecito” y muchos menos dar y/o pedir lástima.

Yo: El quiso apelar a la lástima y no lo logró. Después de que salió derrotado y moribundo se dio cuenta que la estrategia del pobrecito no le funcionaba y sacó un video que tenía preparado para hacer ver que está bien y trabajando. El usa su enfermedad para seguir jodiendo. Todo lo tiene medido y calculado. Como no les funcionó esa estrategia, ahora da el lunes libre para que se olviden de su cara de derrotado. O sea, juega con su enfermedad para tratar de ganar simpatías y recuperar las perdidas. Si nos ponemos en el plan de dejarlo porque el cáncer es terrible y no se le muestra a la gente lo que está haciendo seguramente logrará embaucarnos.

Gabo: Pero al enfatizar que lo que nos emociona es el cáncer (y lo digo es por la mayoría de comentarios que he escuchado de todos mis contactos) lo que hacemos es ofender a aquellas personas que perdieron, ganaron y aun batallan contra el cáncer. Esas personas como su mama (mi misma abuela), mi mamá, varios familiares y las miles de personas que saben lo que es eso y le tienen respeto a esa enfermedad porque saben lo que les tocó esforzarse. Y en el último párrafo Ud. me dio la razón, él mismo se desenmascaró y de suponer que muera mañana (pido disculpas por la expresión) ahí a los chavistas se les quita la ceguera… Pero mientras el siga vivo, solo seguimos ofendiendo a su mama (mi abuela), mi mamá, mi abuela por parte de madre, 2 primas, un par de tías y miles más. Ud y yo estamos bien claros que si Chávez dice que el caballo no
es blanco sino negro, que le cayó cloro, así uno le muestre el ADN del caballo a los chavistas, ellos van a decir que es negro que le cayó cloro. Pero, después, él con su incompetencia (o la de los que lo apoyan) se descubre solo.

Yo: No. Porque no es alegría porque sea cáncer. Igual me contentaría si es una gripe la que se le puede complicar y terminar en neumonía y llevárselo. Lo que pasa es que a ti te afecta más porque mezclas la situación de tu mamá y la de mi mamá con la de Chávez. Yo no lo mezclo. Por mi es como si se está muriendo de un uñero. Tu y yo lo sabemos. Pero hay mucha gente que ante una persona débil sucumbe. Como sucedió después del 11 de abril que vino bajito y arrepentido y la mayoría le creyó. Entonces, tengo que hacer lo que pueda para evitar que aunque sea una persona que me lea culipandee y para eso el sarcasmo y la ironía funcionan.

Gabos: Y así como yo lo comparo, la gente que lo padece lo hace también. Como vuelvo y le repito, yo no pido lástima. Si hoy se cae de la cama y se desnuca, es lo mismo, pero no enfaticemos en que se cayó de la cama y se desnucó, mejor remarquemos que tenemos la posibilidad de volver a crecer

Yo: En temas políticos hay que distanciar las historias personales que nos pueden hacer flaquear o debilitar. Hoy, antes de enviar lo de mamá, una amiga me había pasado una cadena de esas de “pobre lo que está sufriendo” y esas vainas. Cuando le envié la mía reaccionó y se dio cuenta que se estaba dejando manipular por sus sentimentalismo y porque tuvo familiares con cáncer

Gabo: Hay comentarios en los que yo estoy totalmente de acuerdo, como por ejemplo, el de que es una burla, ese que Ud. Colocó. Eso sí es ayudar a desenmascarar, demostrar que lo de él es una manipuladera, mas no hacer chistes sobre el caso. Y no es solo en la política, en la vida, las historias personales hay que dejarlas de lado, eso uno lo aprende cuando pasa 6 meses esperando los $  de Cadivi para poder comer, porque el hdp colocó el control cambiario y aquí en el imperio también hay una regla que me prohíbe trabajar. Yo no le digo que no desenmascare y le repito NO PIDO LASTIMA, pero una cosa es desenmascarar y otra es burlar

Yo: No me burlo ni del cáncer ni de los enfermos de cáncer. Me burlo de Chávez y de sus pretensiones de utilizar la enfermedad para manipularnos.

Gabo: Bueno, entonces ¿por qué no enfatiza eso?

Yo: Pero, es que al leer todo lo que he dicho queda claro que no es del cáncer,  por eso digo que mamá murió de cáncer para que vean que sé de qué hablo, y la vi agonizar hasta el último momento y no por eso
voy a dejar que este cabrón (perdón) me manipule.

Gabo: Yo fui el primero que salió diciendo las pajas que habló en la cadena y desmintiéndole la cantidad de “guebonadas” que dijo y en ningún momento tuve que nombrar la enfermedad y pregúntele a su hermana mayor, sonaba más convincente que varios otros comentarios. Ahí si le pido perdón, hay comentarios suyos que yo no he leído, hay en unos con los que sí estoy de acuerdo, otros que no he leído. Yo sé que Ud. no se esta burlando de su mamá, simplemente, porque yo no lo haría. Mi carta no es que la escribí 100% pensando
en Ud., sino también en más de 300 personas que he leído con  comentarios atroces y ahí también le pido disculpas por no haberle dicho eso antes y dejar que desviáramos la conversa…

Yo: Lo que pasa es que yo, desde hace mucho tiempo he tratado de perderle miedo a las palabras. Como en el caso de “mongólico” (¿leíste lo que escribí?) Son palabras. Como cáncer, down, sida, flor o casa. Sirven para designar cosas y no hay que evitarlas. A veces, hay palabras que nos afectan por las historias particulares de cada quien, pero que las evitemos o dejemos de decirlas, no hace que no existan ni las palabras ni las cosas que designan. Para mi decir las palabras me ayuda a quitarles ese halo de temor que puedan tener o inspirar.

Gabo: Por supuesto que estoy de acuerdo, a veces hay que ser vil con los comentarios, como lo fui yo, al
explicar qué es el cáncer. No lo voy a negar, al pensar en mi mamá,  escribiendo eso,  casi se me salían las lágrimas. Pero también hay comentarios que están fuera de borda. Así como Ud. tiene razón, también la tengo yo, porque si enfocamos mucho de lo que padece ese señor, entonces tendremos también una espada de doble filo. Hay que tener cuidado, porque supongamos que yo fuera un necio en vez de Gabriel Rojas, leyendo cualquier comentario descuidado, puede transformarme en un ni ni. Es por eso que hay que explorar las 2 caras de la moneda. Yo sé que tanto Ud. como yo, no nos burlaremos de una enfermedad que conocemos, pero hay que pensar en la gente que no piensa tanto también.

Llegaron la dos y media de la madrugada y la conversa la dejamos hasta allí pero me quedó una extraña sensación de que posiblemente, esta discusión podría ayudar a aclarar los sentimientos encontrados que muchos venezolanos puedan estar eperimentando en estos momentos.

Desde aquí, sólo me queda darle la bendición a mi sobrino-ahijado y reiterarle mi cariño y admiración, recordando que, evidentemente, esos sentimientos que tiene y esa capacidad para pensar y reflexionar son muestra de que está hecho de buena madera.

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