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Archivo mensual: junio 2010

Venezuela, entre Munchausen y Estocolmo

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El régimen le ha venido progresivamente inoculando al país el virus letal de un socialismo trasnochado, que ellos llaman del Siglo XXI, hasta producirle la grave patología que presenta en la actualidad. (Ilustración tomada de Twitter Venezuela)

Hace algunos años, me comentaba una amiga que una mujer cercana a alias “Esteban”, le había dicho que el hombre, cuando aún le quedaba un ápice de conciencia y cordura, sufría muchísimo por lo que consideraba era como una maldición que lo perseguía. Decía esta mujer que llegaba hasta a llorar al preguntarse por qué siempre le hacía daño a quienes tenía cerca, por qué hacía sufrir y dañaba a quienes quería y lo querían.

Esta confesión, sea cierta o falsa, nunca la he olvidado y al ver la situación a la que ha llevado alias “Esteban” al país en la actualidad y a riesgo de parecer simplista y que este escrito está basado en un manual de sicología en 25 mil palabras -como esos que aparentemente se han  “medio leído” las eminencias del régimen sobre el socialismo y el marxismo-, me voy a permitir hacer una extrapolación hacia la situación de Venezuela, del trastorno psicológico que sufren algunas madres denominado “síndrome de Munchausen” y que consiste en que las madres perturbadas mentalmente inducen en sus hijos síntomas de enfermedades que pueden ser reales o aparentes.

Es decir, la mamá –perturbada- enferma o hace que su hijo se enferme o parezca enfermo. “La madre puede simular síntomas de enfermedad en su hijo añadiendo sangre a su orina o heces, dejando de alimentarlo, falsificando fiebres, administrándole secretamente fármacos que le produzcan vómito o diarrea o empleando otros trucos como infectar las vías intravenosas (a través de una vena) para que el niño aparente o en realidad resulte enfermo”.

Así, indudablemente, ha venido actuando el régimen venezolano desde hace casi doce años ya. Ha sido más de una década en la que el chavismo se ha empeñado en enfermar al país hasta llevarlo al borde del colapso en que nos encontramos. El régimen le ha venido progresivamente inoculando al país el virus letal de un socialismo trasnochado, que ellos llaman del Siglo XXI, hasta producirle la grave patología que presenta en la actualidad, ha procedido de la misma manera como lo hace la desequilibrada madre víctima del síndrome de Munchausen que le inyecta fármacos al niño para que se le manifiesten los síntomas de la enfermedad.

Como la madre perturbada, el gobierno dice que sus acciones están hechas desde el amor y buscando el bienestar del “pueblo” –generalmente, Chávez, al pronunciar la palabra “pueblo”, como cuando dice “Estado”, se golpea el pecho con la palma de la mano en un gesto que evidentemente deja entrever que él es el “pueblo” y él es el “Estado”-.

Con las excusas del amor, la soberanía y la independencia el régimen ha llevado el país al colapso, como la madre mentalmente enferma y víctima del Munchausen, ha enfermado a Venezuela política, económica, social, ética y moralmente. No voy a enumerar todos los graves problemas que padecemos los venezolanos porque creo que son ampliamente conocidos y sufridos por todos, pero es evidente que el causante “amoroso”, el culpable “libertario” no es otro más que el gobierno.

El  régimen nos ha ido cerrando todas las puertas y bloqueando las salidas. Como en el cuento de los cerdos salvajes, nos ha ido poniendo cercas y secuestrándonos, ha enfermado de manera deliberada al país sin encontrar una cura para esta grave enfermedad que sufrimos y que pareciera estar llegando a su estadio terminal.

SINDROME DE ESTOCOLMO

Pero Venezuela no sufre en la actualidad solamente del síndrome de Munchausen, de otra parte están quienes parecieran a su vez padecer de otro síndrome: el de Estocolmo.

“Los delincuentes se presentan como benefactores ante los rehenes para evitar una escalada de los hechos. De aquí puede nacer una relación emocional de las víctimas por agradecimiento con los autores del delito”. (Foto tomada de la web)

Es impresionante ver cómo muchos venezolanos están conscientes de los problemas que enfrenta el país en seguridad, escasez de alimentos, corrupción, desempleo, pérdida vertiginosa de la calidad de vida, violencia, etc. Y, como los secuestrados que padecen del síndrome de Estocolmo, justifican a sus captores, los entienden, y aceptan resignados los maltratos que les propinan sus secuestradores.

Si uno se acerca a Twitter, por ejemplo, y revisa las peticiones que le hacen a @Chavezcandanga -la cuenta que hace unos meses abriera el presidente para tener un contacto más “directo” con los ciudadanos y que días más tarde terminara siendo atendida por una guerrilla de 200 personas contratadas para tal fin-, se encontrará con que la gran mayoría de los mensajes que recibe la cuenta son solicitudes de personas que tienen problemas de vivienda, de empleo, de seguridad, que presentan denuncias de corrupción o atropellos y abusios de poder, pero todos comienzan agradeciendo al comandante por su gobierno, por su “patria socialismo o muerte”. Saben que sus carencias no han sido satisfechas en estos 12 años, pero siguen seducidos por Chávez, como “la víctima de un secuestro, o persona retenida contra su propia voluntad, (que) desarrolla una relación de complicidad con quien la ha secuestrado. En ocasiones, dichas personas secuestradas pueden acabar ayudando a sus captores a alcanzar sus fines…”.

Una muestra de estas manifestaciones de la gente se puede apreciar al leer algunos de los comentarios hechos en el artículo “Chavezcandanga, Esteban llegó a twitter” publicado tanto en este blog como en la agencia de noticias Infociudadano

Dice Wikipedia que “Los delincuentes se presentan como benefactores ante los rehenes para evitar una escalada de los hechos. De aquí puede nacer una relación emocional de las víctimas por agradecimiento con los autores del delito”. Creo que esto explica perfectamente a lo que me refiero cuando sostengo que quienes aún continúan creyendo y esperanzados en el  gobierno les proporcionará la satisfacción de sus necesidades y les mejorará la calidad de vida, parecieran estar absolutamente afectados por el síndrome de Estocolmo. Son estos quienes comienzan su rosario de quejas y solicitudes manifestando su profundo amor y admiración hacia el comandante y su revolución.

Pero, lamentablemente, en Venezuela, junto con los dos síndromes anteriores, convive un problema que puede ser aún más grave de solucionar, y aquí vuelvo a hacer otra extrapolación: un elevado número de venezolanos pareciera sufrir de “trastorno o desorden de deficiencia de atención”. Estos son los que ven la situación que atraviesa el país con total apatía, indiferencia y desinterés. A estos no les importa que se vaya la luz, que cierren emisoras de radio y TV, que haya escasez de alimentos, que no se pueda tener acceso a los dólares, que hayan intervenido y cerrado bancos y que el resto del sistema bancario se encuentre bajo permanente amenaza, que se pudran toneladas de alimentos en contenedores, que se consigan medicamentos e insumos médicos vencidos almacenados en depósitos del gobierno, que sus vecinos hayan sido robados o asesinados, que sus primos estén desempleados, que sus mejores amigos se hayan visto obligados a emigrar para buscar una oportunidad laboral que le fue vetada en el país por haber trabajado en la antigua Pdvsa o, simplemente, para obtener  mejor calidad de vida para ellos y sus hijos. El trastorno de déficit de atención sólo les permite estar pendientes del fin de semana, de la playa y el cine, del álbum de Panini, del juego de su equipo deportivo favorito y si, por casualidad, se les toca el tema de la situación de crisis del país, sencillamente voltean a mirar la luna o zanjan el tema con un “qué fastidio a mí la política no me interesa”.

NOTA: Si alguien conoce un tratamiento o una terapia que puedan ser efectivos para enfrentar estos trastornos que presenta Venezuela en la actualidad, por favor deje su receta en un comentario al terminar de leer el texto.

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Administración proselitista del hambre. Caso de la comida podrida en Venezuela

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Foto tomada de El Nacional

¿Qué sentido tiene mantener almacenados por más de un año miles contenedores de alimentos (cerca de 2.500 hasta el momento de escribir esto) en un país en el que tenemos años  padeciendo una  inclemente escasez?

Lo de las toneladas de alimentos podridos pareciera formar parte de lo que he llamado la  “administración proselitista del hambre”, cosa que han hecho todos los regímenes comunistas  al controlar la producción y distribución de alimentos y bebidas, como una forma de mantener sometida a la población a la discrecionalidad de los gobiernos para repartir “equitativamente” la comida. 

Evidentemente, estos productos en Venezuela estaban siendo  guardados por el  gobierno para ser distribuidos cuando los números de las encuestas no le favorecieran o cuando se aproximase algún proceso electoral y se viera en la necesidad de conquistar el voto y el favor de un pueblo hambreado.

Por un lado, el gobierno viene atacando a la empresa privada productora y distribuidora de alimentos, amenazándola con expropiarla y limitando la asignación de dólares para la importación y, por el otro, se le descubre ya perdí la cuenta de cuantos contenedores y qué cantidad de toneladas que tenían más de un año almacenados. Entre estos alimentos descompuestos, destaca un gran lote de aceite, harina y azúcar, tres de los rubros por cuya escasez más hemos padecido los venezolanos en los últimos tiempos.

No es casual que cada vez que el régimen arremete contra alguna industria productora de alimentos, al mismo tiempo empiezan a verse en los anaqueles productos que tenían tiempo desaparecidos. De esta forma, el gobierno pretende transmitir su “preocupación” por el bienestar de los ciudadanos y parecer eficiente en la procura de la seguridad alimentaria. Pero, el régimen no contaba con que por estar a la espera del momento oportuno para sacar provecho de la repartición de los productos, ingentes cantidades de alimentos se le pudrirían en los contenedores y su pestilente pudrición dejaría al régimen, una vez más, desnudo ante el mundo.

El gobierno le incautó hace poco a la empresa Polar 120 toneladas de alimentos y, con gran despliegue propapandístico, dijo que esa empresa “acaparaba” esos productos para jugar con el hambre del pueblo al mantener en sus depósitos acaparada tal cantidad de insumos.  

Pocos días después, la pestilencia emanada por la descomposición de los alimentos  ponen en evidencia quién es el principal acaparador de alimentos, pues esos contenedores tenían allí más de un año, ¿a la espera de qué?

Las explicaciones que dio el gobierno al momento de proceder contra la

Empresas Polar. Venezuela

Polar (empresa que además explicó que la industria en Venezuela no porduce ni almacena ni un kilo de alimento que no sea bajo el control del régimen), incluían el estupor por la gran catidad de productos (repito 120 toneladas) que la empresa tenía acaparados y que debían ser puestos a la disposición de la población. Pero a la hora de dar explicaciones sobre los contenedores descompuestos, el presidente echa mano de sus marabarismos matemáticos, suma, resta, multiplica y divide para llegar a la conclusión de que esos varios millones de kilos de alimentos dañados son una minucia y que no constituyen ni el uno por ciento de lo que se importa.

Sin duda, esos alimentos serían estratégicamente puestos en el mercado de acuerdo a la conveniencia del régimen para buscar votos en época electoral  o subir unos punticos cuando las encuestas le sean muy desfavorables. Es decir como estrategia electorera.

Seguramente, en los próximos días, veremos varios titulares como el del incautamiento a la Polar.  Esa es la forma que tiene el gobierno para hacer creer a los ingenuos que la seguridad alimentaria es una de sus prioridades. Así se juega con el hambre del pueblo.

En los momentos que considera oportunos, el gobierno saca con gran alharaca productos alimenticios a la calle, con la finalidad de obtener beneficios político electorales. Si los productos han sido arrebatados a la industria privada, pues la acción se hará con un encendido discurso contra la riqueza obtenida por los dueños de esas empresas, “explotadores y hambreadores del pueblo”. O sea, cuando quiero contentar o seducir a los votantes les pongo alimentos en los anaqueles y los hago creer que me importa mucho su bienestar.

Es como quien entrena un perro con galleticas: le doy un premio cuando hace lo que quiero y al final ese perro hará siempre lo que le ordeno para conseguir el premio.

El problema está cuando se acaban las galletitas. En el caso del perro, el animal seguirá obedeciendo porque ya se le hizo un hábito y se conformará con una palmadita en el lomo y un “buen muchacho” luego de obedecer. Pero, un pueblo hambriento ¿reaccionará igual o se levantará?

Sin duda, con el negocio de la importación de alimentos y su almacenamiento en los puertos, muchos se beneficiaron. Es difícil imaginar la cantidad de dinero que se debe haber embolsillado más de uno con las comisiones cobradas durante las negociaciones de compra e importación de los productos, así como con los negociados por la gran cantidad de dólares involucrados en esas operaciones y de los que algunos, posiblemente,  fueron desviados al mercado negro.  Sin contar lo abultados que deben haber quedado los bolsillos de los dueños de los espacios donde se encontraron  los contenedores de marras, quienes cobran por día  el alquiler de esos lugares.  Pero lo que más nos debe llamar la atención es ¿qué sentido tenía mantener esos productos durante más de un año parados en un país que viene padeciendo escasez de alimentos desde hace varios años?  Es como para pensar…

Indiferencia y compromiso en los venezolanos. Caso Franklin Brito

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Por acá puedes accerde para firmar en "Un millón de firmas para no dejar morir a Franklin Brito"

El 31 de mayo de 2010 ha sido un día de esos en los que tuve oportunidad de aproximarme y experimentar en primera persona lo mejor y lo peor que puede llevar dentro de sí un ser humano.

Pasar el día tratando de reunir firmas en apoyo a una petición a la Cruz Roja Internacional para que interceda a favor de Franklin Brito, quien lleva meses en huelga de hambre pidiendo justicia en el caso de la incautación de sus tierras por parte del gobierno, me confirmaron que los seres humanos, en este caso particular, algunos venezolanos, podemos tener sentimientos sublimes de solidaridad con nuestros semejantes; pero también podemos demostrar una profunda indiferencia y que lo que le pase al vecino no nos importa en lo más mínimo.

Cronológicamente, la cosa es más o menos así:

Poco tiempo después de levantarme, al consultar mis correos electrónicos y mi facebook y twitter, me consigo con que la periodista Elsy Manzanares y Luis Brito, el fotógrafo conocido por los amigos como “El Gusano”, andan en un corre-corre de mensajes que van y vienen en los que se involucra al señor Franklin Brito, que no tiene ningún parentesco con “El Gusano” a pesar de la similitud de sus apellidos.

Como el caso de Franklin Brito me ha sensibilizado desde hace meses y, tanto Elsy como “El Gusano” forman parte de mis afectos, y porque, como diríamos entre los panas, soy “nalgas prontas” y “no aguanto dos pedidas”, me puse en autos y, una vez al tanto de la situación me involucré, e involucré a otros tantos “nalgas prontas” más conocidos para, en cambote, dedicarnos el día entero a acosar a nuestros contactos, amigos y familiares, pidiendo que nos enviaran número de cédula de identidad y nombre completo, si estaban de acuerdo en
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apoyar la solicitud que se le entregaría al día siguiente al señor Zoran Jovanovic, Jefe de la delegación de la Cruz Roja Internacional para pedir que ese organismo humanitario realizara acciones a fin de ayudar a Franklin Brito en su reclamo de justicia y evitar su posible muerte al no querer deponer su huelga de hambre y encontrarse seriamente afectada su salud.

Cristian Espinosa, Josué Colina, Alba Valderrama y yo desde Maracaibo y Bibiana Balestrini desde Mérida comenzamos la tarea de enviar mensajes a todos nuestros contactos tanto vía teléfonica como a través de las redes sociales Facebook y Twitter.

El 02 de junio se llevó a cabo una manifestación de apoyo a Franklin Brito frente al Hospital Militar de Caracas donde está recluído contra su voluntad. (Foto Luis Brito)

Las respuestas de quienes contactamos no dejaron de sorprender. Encontramos a los que inmediatamente respondían los mensajes con un “sí quiero. Este es mi nombre y número de cédula”, a quienes no tenían ni idea de quién es Franklin Brito ni mucho menos de su situación pero se interesaron y al informarles enviaron sus datos. No faltaron los que siempre tienen una idea mejor y en lugar de enviar lo pedido comenzaron a proponer acciones paralelas, algunos de estos, finalmente, firmaron la solicitud, otros no.

Por último, no faltaron -por el contrario, abundaron-, quienes sencillamente no se dieron por enterados de la petición que les estábamos haciendo. Muchos de estos son los mismos que viven diariamente quejándose de la situación del país, de los abusos del régimen y de lo invivible que se ha vuelto Venezuela. Un montón de los que viven con el “¿HASTACUANDO?” en la boca pero que a la hora de aportar su granito de arena para encontrar una salida, voltean a mirar al cielo como si la cosa no es con ellos.

Supongo que cada quien tendrá su excusa para justificarse, ante sí mismo, más que ante los demás, de semejante actitud. Algunos dirán que le tienen

"Franklin Brito, cada día/ cuando la luz amanece/más a Ghandi se parece/ por su lucha y valentía” Verso de Graterolacho y foto de Sonia Camacho

pavor a formar parte de otra “lista Tascón”, otros se escudarán diciendo que están en un cargo público o que de alguna manera se están beneficiando con el gobierno y que de aparecer su nombre en semejante carta les perjudicarí su sustento diario y muchos, sencillamente pensarán que la tragedia que viene padeciendo Franklin Brito desde hace años y que lo llevó a mutilarse un dedo y a permanecer durante meses en huelga de hambre para reclamar que se le haga justicia, no tiene nada que ver con ellos. Allá cada quien con su conciencia.

 

NADA Y ASI SEA

Justamente, pocos días antes, conversando vía facebook con la amiga Laura Fernández un artículo publicado en L´Express “Caracas, la cité du peur” (“Caracas la ciudad del miedo”) y las imágenes del fotoreportaje “Plongée au coeur de la violence à Caracas” (“Buceo en corazón de la violencia en Caracas”) que acompaña al artículo anterior, ambos sobre la pobreza y la violencia en la capital de Venezuela, hablábamos acerca de la indiferencia que se observa en el país sobre situaciones que deberían espantarnos.

Le decía a Laura que “El cuero se nos está poniendo tan duro con la fatal cotidianidad, que pareciera que sólo nos afectan las tragedias cuando las vivimos en carne propia. Tal vez por eso es que no nos unimos para hacer una acción contundente entre todos. TODOS JUNTOS. Sólo nos quejamos y pedimos solidaridad cuando la fatalidad nos toca a nuestra propia puerta, si es la del vecino, no sentimos que es con nosotros también :-(”.

Entonces Laura, siempre atinada y pertinente en sus reflexiones, de un solo jalón me retrocedió a años atrás, a la época cuando leí el libro citado por ella, al decirme: “Eso que refieres de nuestra realidad, tan perturbada y perturbadora, me recuerda siempre aquel libro de Orianna Fallacci, NADA Y ASI SEA. El soldado no por qué estaba en Vietnam, no era su guerra, hacía de peón, y quería profundamente a sus amigos de tropa, los que estaban en el hoyo con él. Cuando sonaban los cañones del vietcon y el blanco eran ellos, entonces él cerraba los ojos, se encomendaba a Dios, y pedía que el balazo, si iba a destrozar a alguno de ellos, que fuera a su amigo, el vecino, y no él. Y luego lloraba”.

Es que de esos materiales estamos hechos los seres humanos, unos con temores, miedos, cobardías, egoísmos, y otros con capacidad para dar la vida por sus hermanos, capaces de sacrificios innominables por sus amigos, familiares o por causas justas. “De todo hay en la viña del señor”. Y los venezolanos no somos ajenos esto.

Al final de la tarde, a pesar de todo, me sentía satisfecho con los cerca de cien nombres y cédulas de identidad que logramos juntar para acompañar la carta a la Cruz Roja de Venezuela. Me enorgullecía pensar en Sonia Camacho, la querida @mujeresdenegro de twitter, quien sintió que era su compromiso con el país y con la causa de Franklin Brito asistir a una concentración frente al Hospital Militar de Caracas, lugar donde tiene el régimen recluido a Franklin Brito contra su voluntad yque se llevaría a cabo justamente un día después de la entrega de la carta a la Cruz Roja.

Sonía, en un arranque de conciencia y sin dudarlo, a eso de las seis de la tarde, me envió un mensaje de texto desde un autobús en el que se

La esposa de Franklin Brito, Elena, junto a Sonia Camacho en la concentración frente al Hospital Militar (Foto @noelleal)

encontraba, ya dispuesta a viajar desde Mérida hasta Caracas en un trayecto de casi 12 horas, que luego me enteré se convirtieron como en 18, con el único propósito de ser consecuente con su discurso de lucha por la libertad de Venezuela. De esta forma, la incansable líder de la agrupación Mujeres de Negro hace que discurso y acción coincidan coherentemente.

En fin, que ese día me confirmó lo que siempre he pensado: en Venezuela es verdad que hay muchos indiferentes, pero también hay una gran cantidad de personas dispuestas a entregar lo mejor de sí para superar los problemas y coherentes entre lo que dicen en sus discursos y lo que hacen en la vida diaria. A estas últimas es que me aferro cuando el pesimismo me agobia y siento que las esperanzas son inútiles.

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