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Archivo mensual: noviembre 2010

La de Siracusa en El Empedrao

 

Con la bajada de la virgen el 27 de noviembre se iniciaron las festividades de Santa Lucía. Este año se incluye una muestra de arte sacro con lo objetos del culto acumulados a lo largo de la devoción mariana en Maracaibo.

 

Visitar la zona de El Empedrao de la parroquia Santa Lucía en Maracaibo es encontrarse con parte importante de la historia de la ciudad. Sus calles encierran un mundo que va mucho más allá de la delincuencia e inseguridad que reflejan los medios de comunicación.

Lamentablemente, el temor a ser víctimas de la delincuencia ha hecho que muchos maracuchos se alejen de la barriada o que la visiten con cautela y apurados sin percatarse de la historia que por cerca de dos siglos se ha tejido en la zona, llena de regionalismo e impregnada de una profunda fe cristiana y devoción a la virgen y mártir que le dio nombre a la parroquia.

En estas noches me acerqué a la iglesia de Santa Lucía en El Empedrao para conocer de los preparativos de este año para la celebración de las festividades religiosas en honor a la santa de Siracusa en su día. Eran cerca de las 8 de la noche y dentro del recinto todavía había actividad. Un grupo de jóvenes vestidos de blanco, quienes cargan la imagen en las procesiones iba llegando al mismo tiempo al templo y, en el interior, otro grupo de muchachos realizaba trabajos de pintura y electricidad. En fin, la juventud de El Empedrao estaba movilizada con los preparativos para la celebración.

Estos muchachos forman parte de esa juventud marabina que no ha sucumbido a la delincuencia y a la violencia que, lamentablemente, hace que la comunidad de Santa Lucía ocupe gran cantidad de centimetraje en las páginas rojas de los periódicos. Ellos dedican gran parte de su tiempo a la patrona de la barriada, a quien profesan amor y devoción y le regalan su trabajo sin esperar más recompensa que la que la Virgen les da con sus favores y milagros.

José Miguel se llama uno de estos muchachos luciteños que nos recibió con entusiasmo para enseñarnos la iglesia y los tesoros que en ella se encuentran y que forman parte de la historia de la devoción mariana de Santa Lucía.

Templo de Santa Lucía en El Empedrao (Foto: Cristian Espinosa

 

El se conoce al dedillo la historia de la parroquia y la relata con entusiasmo y orgullo. Fue él quien

 nos contó acerca de la construcción de la primera iglesia dedicada a la Santa de Siracusa en El

Empedrao bendecida por su primer párroco el presbítero doctor Francisco José Delgado, en 1879,

así como sobre la construcción del nuevo templo de Santa Lucía, de estilo neogótico y erigido

 durante la primera mitad del siglo pasado, con sus tres naves y sus dos torres y cuya edificación a

partir del 3 de mayo de 1937, estuvo a cargo del presbítero José Luis Castellano Ortiz.

Entre un relato y otro, José Miguel nos mostraba los objetos del culto a la virgen que se conservanen la parroquia, vestidos bordados de oro, copones, cálices, candelabros antiguos, el pesadoSagrario, y el relicario de oro en el que se encuentra un pedacito de piel de Santa Lucía y un cabello de Santo Tomás.

La reliquia contiene un cabello de Santo Tomás y un trocito de piel de Santa Lucía (Foto: Cristian Espinosa)

 

Lleno de admiración y orgullo, extrajo de un escaparate, además de vestidos y capas de la virgen, un alba, una sotana, varias casullas,

resaltando una que venía a juego con el manípulo y la estola, todos objetos pertenecientes al párroco Castellano Ortiz.

José Miguel y los otros devotos que se encargan del mantenimiento de la imagen, atienden a la virgen con cariño y le dan sus mimos como

 quien le habla a un bebé. El pecho se les inflama de amor mariano cuando con orgullo comentan cómo visten a la santa y le arreglan su altar

 para las fiestas. La imagen la presentan con su cabello bien arreglado, con zarcillos y pulseras que le

 han regalado sus fieles y la perfuman para las celebraciones. Para los 13 de diciembre, el día de Santa

 Lucía, le reservan un perfume especial del diseñador Valentino con el cual le dan el toque final a la

 hermosa imagen que más que aman y veneran.

          

 Vestidos que han engalanado a Santa Lucía

A la cabeza de este grupo de jóvenes devotos de Santa Lucía, se encontraba con su máquina de soldar, brocha y pintura, el actual  Párroco, Pedro Antonio Colmenares Rojas, quien con su jean desteñido y manchado por el trabajo, una franela blanca, una gorra con la visera hacia atrás al estilo de un cantante de rap y la cara brillante por el sudor de largas horas de trabajo manual, sin dejar sus tareas, nos contó que lleva ocho años al frente de la parroquia de Santa Lucía.

Padre Pedro Colmenares, Párroco de Santa Lucía

Hijo de padres andinos, oriundos de Tovar, estado Mérida, el padre Pedro Antonio nació en Los Haticos de Maracaibo.

-Mi papá le llevaba casi 30 años a mi mamá –contó Colmenares Rojas-. A pesar de ser los dos de Tovar, ellos se conocieron aquí en Maracaibo y aunque la diferencia de edad era bastante, se enamoraron y se casaron.

Cuenta el padre Pedro que al conocerse sus padres y comenzar a hablar sobre sus familiares en Tovar se dieron cuenta que eran parientes, primos segundos para ser exactos.

-Pero ya estaban enamorados y decididos a casarse. Para esa época se les presentaron varios obstáculos para poder llevar a cabo el matrimonio, no sólo por la diferencia de edad, sino por los trámites legales que tuvieron que hacer para que les permitieran el matrimonio. Ellos se hicieron todos los exámenes médicos que exigía la ley para ver si eran compatibles biológicamente, ya que al ser parientes podría haber riesgos a la hora de tener descendencia. Después de tener los resultados de esos exámenes y confirmar que no había riesgos de consanguinidad, se pudieron casar.

En cuanto a su vocación cristiana,  el padre Colmenares Rojas, cuenta que se ordenó sacerdote ya bastante adulto, a los 38 años de edad.

-Yo trabajaba en una empresa como soldador –comenta-. Tenía como 30 años, cuando un ingeniero de la compañía comenzó a invitarnos a los trabajadores a cursillos de cristiandad. Yo empecé a asistir a esos cursillos y a sentir que mi vocación despertaba.

-¿Y antes de eso no había pensado en ser sacerdote? – Le pregunto.

-Cuando estudiaba cuarto grado en Tovar, a donde me habían enviado mis padres, pensé que sería torero o cura. Pero al terminar el año de estudio y volver a Maracaibo no pensé más en eso, hasta que el ingeniero me llevó a los cursillos de cristiandad.

Al año de asistir a esos cursillos, el padre Pedro Antonio decidió que quería ser sacerdote.

-Le pregunté a un cura cuáles eran los requisitos para ordenarse sacerdote y él me respondió: “lo principal es la vocación y luego, ser bachiller”. Yo cumplía con los dos requisitos.- Dice.

-Entonces presenté  mi renuncia en el trabajo y me inscribí en el seminario en el programa de vocación tardía. Hice un año de estudios preparatorios, una especie de propedéutico, y luego ingresé en el seminario mayor, hasta hacerme sacerdote a la edad de 38 años. Y, como ve, ya tengo 8 años como párroco de Santa Lucía.

El párroco suelta la máquina de soldar y agarra la brocha para  fondear unos tubos, luego se va a instalar las lámparas que iluminarán el altar de la imagen de Santa Lucía. Son días de mucho trabajo en la parroquia para dejar todo a punto para la celebración de las festividades. El calor y la humedad que hay en el ambiente son sofocantes pero tanto el padre Pedro Antonio como los muchachos continúan con entusiasmo sus labores para que las fiestas, que se iniciarían el 27 de noviembre, sean una digna representación del amor que le profesan a la virgen.

Muestra de Arte Sacro Luciteño

El sábado 27, con la bajada de la Virgen, se dio inicio a las actividades de celebración de las Fiestas de Santa Lucía, la santa y mártir decapitada por no querer renegar de su fe cristiana. Estas fiestas patronales en El Empedrao se extienden durante la mayor parte de los días de Adviento y finalizan el 19 de diciembre con la procesión de la aurora y la subida de la imagen de la Virgen patrona a su altar.

El día central de estas celebraciones es el 13 de diciembre, día de Santa Lucía y cuando diversas instituciones del Estado y sociedades religiosas le llevan sus ofrendas al templo de “La que porta la luz”, las cuales le entregan durante las diferentes eucaristías que se llevan a cabo a lo largo del día. La jornada finaliza con una Solemne Eucaristía amenizada por la Orquesta Típica del Estado y luego con serenatas de los grupos gaiteros, Los Hijos de la grey, Gaiteros de Lucía y Tren Gaitero.

Dentro de las actividades programadas para la celebración de las fiestas dedicadas a Santa Lucía en el 2010, siguiendo la iniciativa de Mariela Rodríguez y con el apoyo del Centro de Arte de Maracaibo, Lía Bermúdez,  la iglesia ha decidido presentar una exposición de arte sacro en el salón de la parroquia. Allí se podrán apreciar algunos de los regalos hechos a la Virgen por los feligreses a los largo de casi 200 años de devoción empedraera a la santa que “porta la luz”.

 En la exposición se incluyen algunos vestidos con los que se engalana la imagen de la Santa, unos  antiguos y otros de reciente data, mantos, coronas, palmas, objetos utilizados para los oficios religiosos como cálices, copones, sagrarios, candelabros y muebles antiguos, imágenes de la virgen y orfebrería. También se muestran algunas  casullas, manípulos, estolas, albas  y sotanas con los cuales se vestían los padres fundadores de la iglesia para la celebración de los oficios.

Mariela Rodríguez descubrió que en los escaparates y archivos de la parroquia se encontraban guardadas verdaderas joyas de lo que constituye la devoción a la patrona de los invidentes en la popular barriada de Santa Lucía cuando, hace un año, asistió a la Iglesia de Santa Lucía para hacer unas pruebas del vestido que le ofrendarían a la Santa para su aniversario y una capa que ella misma bordó para regalarle a la virgen,.

Al encontrar los primeros vestidos con los que engalanaron la imagen de la Virgen hace más de 100 años, capas, copones, cálices, y toda una serie de objetos del culto a la virgen y de vestimentas y objetos religiosos con los que se realizaban los oficios y eucaristías, además de documentos e imágenes de gran valor histórico, se le ocurrió la idea de organizar una exposición de arte sacro en la que la comunidad marabina pudiera tener acceso a la historia del profundo amor y devoción que los luciteños le profesan a su patrona.

       

Diademas, coronas, palmas, cálices y copones que se usan en el culto a Santa Lucía

Mariela  puso manos a la obra y para este año la parroquia tiene preparada la muestra de arte sacro luciteña, que cuenta con la asesoría del curador Martín Mestre, del CAMLB,  y se inicia a las 7 de la noche del primero de diciembre para permanecer abierta al público durante más de una semana. En esta exhibición se podrá hacer un recorrido por las épocas más representativas de la devoción mariana de Santa Lucía en El Empedrao, a través de objetos religiosos, documentos, fotografías y libros de cofradías que se conservan en los archivos parroquiales.

La mártir de Siracusa en El Empedrao

La veneración a Santa Lucía, “la que porta la luz”, es celebrada en diferentes países de Europa. En los días de Adviento se le dedican fiestas en el norte de Italia, en Checoslovaquia y en Austria donde se le festeja como portadora de donaciones para los niños. Sus fiestas en Dinamarca y  Suecia se celebran con la búsqueda de una joven que la represente y con un cortejo de muchachos que la acompañan a entregar donativos a los niños y a instituciones de caridad.

La devoción a Santa Lucía llegó a Maracaibo de la mano de inmigrantes españoles e italianos y consiguió un lugar tan especial en la comunidad de El Empedrao que a la parroquia se le nombró en honor a la mártir y, con los donativos hechos por la feligresía, se le erigió su primera iglesia, bendecida el 15 de julio de 1879, originalmente hecha de enea y con una sola nave  y una torre.

Documentos históricos de la conformación de la parroquia Santa Lucía en El Empedrao

     

A partir de allí, la fe y veneración por la mártir de Siracusa echó profundas raíces en la barriada marabina, donde se le dedican fiestas especiales desde finales de noviembre y hasta mediados de diciembre de cada año. Comienzan todos los 27 de noviembre con la bajada de la Virgen y culminan con la celebración del Día de Santa Lucía, el 13 de diciembre, día en el cual, según relatan las actas, en el año 304, la joven Lucía fue decapitada al negarse a hacer apostasía.

Para el 19 de diciembre, como epílogo de las fiestas, se desarrolla la Procesión de la Aurora por las calles de El Empedrao y al regresar al templo la virgen es regresada a su altar, para esperar la celebraciones del siguiente año.

Una iglesia erigida con donativos de la feligresía

La pequeña ermita de Santa Lucía acogía diariamente a los fieles de El Empedrao, quienes acudían a ella con fervor para los servicios religiosos, hasta que el 3 de mayo de 1937, el presbítero José Luis Castellano Ortiz, inició la edificación del templo actual de la parroquia, levantado exclusivamente con aportes de la feligresía y con fondos obtenidos por la realización de rifas y bingos, hasta lograr culminarla con el estilo neogótico que le conocemos, con tres naves y dos torres.

Ya han pasado casi 200 años desde que la devoción a Santa Lucía se instaló en el corazón de la comunidad de Maracaibo. En estos cerca de dos siglos, la feligresía le ha ofrecido a la Santa y Mártir, fe, veneración y un especial amor, sentimientos que quedan evidenciados en la cantidad de regalos que desde los inicios le ofrendaron a la advocación de María. No sólo se logró la construcción del templo con los aportes de los luciteños, sino que los devotos le regalan hermosos vestidos, mantos, joyas, coronas y toda una gama de objetos con los cuales quieren manifestar su amor por Santa Lucía y su agradecimiento por favores recibidos de esta virgen, conocida principalmente por ser la patrona de la vista pero que también lo es de los pobres, de los ciegos, de los niños enfermos, de campesinos, electricistas, choferes, afiladores, cortadores, cristaleros, sastres, modistas y escritores.

El salón parroquial albergará en la exposición de arte sacro, más que los objetos acumulados a lo largo de la devoción mariana, la historia de un fervor religioso, el amor de un pueblo por su santa patrona, un cariño que ha crecido con los años y ha logrado arraigarse en los corazones de los luciteños hasta desbordarse más allá de los límites de su parroquia.

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Una Mirada al Lago Vital

Durante nueve meses permancerá en el Centro de Arte de Maracaibo la exposción "Una mirada al lago vital"

La intensidad de la sensación de no ser más que una nimiedad en este mundo que experimenté la primera vez que vi el Lago de Maracaibo y del vértigo que sentí al contemplar esa enorme masa de agua desde el imponente puente Rafael Urdaneta llegando hace muchos años desde Mérida a Maracaibo, no ha disminuido ni un poco luego de tener más de 15 años viviendo en el Zulia.

Por el contrario, todo este tiempo transcurrido ha hecho que ese hermoso e inmenso cuerpo de agua que es el Lago de Maracaibo haya pasado a formar parte de mi historia personal como lo son la Sierra Nevada o la Plaza Bolívar de La Parroquia en Mérida, la ciudad donde nací y donde transcurrió mi niñez y adolescencia, o la Plaza de Los Mangos en San Cristóbal, ciudad del Táchira donde viví mis años universitarios.

Pica en esta foto para ver más imágenes de "Una mirada al lago vital"

Como a todas las personas, los recuerdos de las diferentes etapas de mi vida están estrechamente vinculados con los espacios físicos de las ciudades en las que he vivido y al volver a recorrerlos es como si le dieran play back a una película y las memorias comienzan a agolparse en el cerebro como si todo hubiera pasado apenas ayer.

A Maracaibo llegué por unos meses a realizar un trabajo y esos meses se convirtieron en años sin apenas darme cuenta. Ese trabajo que vine a realizar me obligó a recorrer por diversas vías el Lago. Algunas veces surqué sus aguas en lancha o en ferry, recorrí sus orillas conociendo los pueblos de agua, lo sobrevolé en avioneta asombrado siempre por su tamaño, caminé por sus islas y me bañé en las costas de San Carlos, viví la maravillosa experiencia de asistir en bongo a la procesión lacustre de San Benito desde Punta de Palma hasta los Puertos de Altagracia y, cada vez que podía, caminaba por la vereda del Paseo del Lago para ejercitarme y desestresarme.

Angel Peña

Es decir que en pocos meses pude tener una visión del Lago de Maracaibo como tal vez muy poca gente pueda tener. No podía entender (y aún hoy no logro entenderlo) por qué no se había desarrollado una gran industria del turismo alrededor del Lago si su potencial era más que evidente. Les comentaba a mis amigos que sería maravilloso que los habitantes de Maracaibo y de las ciudades costeras pudieran bañarse en sus aguas.

Siempre he pensado que sería estupendo que una ciudad con temperaturas tan elevadas como las de Maracaibo que pueden alcanzar con facilidad los 40 grados a la sombra, pudiera ofrecer a sus ciudadanos la posibilidad de partir su horario laboral en dos tandas: Comenzar a trabajar muy temprano en la mañana, hasta cerca de las 10 y media, cuando el calor empieza a apretar, aprovechar las horas más calurosas para darse un chapuzón en el Lago, almorzar y descansar, para reanudar la jornada a partir de las 4 de la tarde cuando ya el sol comienza a ser más gentil.

Por supuesto, al comentar esto a mis amigos maracuchos, se burlaban y con su voseo particular, entre carcajadas, me decían: “¡Pero vos, ¿dónde creéis que estáis? ¿En Europa?!”

Quince años después, no pierdo la esperanza de que algún día en Maracaibo se pueda disfrutar del hermoso Lago a plenitud. Esta esperanza la mantengo a pesar de la amenazante lemna que tiene sentenciadas a las especies acuáticas y a pesar de que en todos estos años es muy poco –casi nada, en realidad- lo que se ha hecho para recuperar y sanear sus aguas y para estimular una pujante industria turística lacustre.

El mayor avance que he notado en estos años es la aparición de unas sillas y unos toldos de alquiler a la orilla de la playa y la existencia de algunos restorancitos en San Carlos que hacen más placentera la permanencia en la isla, pero, lamentablemente, hasta el Ferry que iba desde Maracaibo a San Carlos tiene años de no funcionar, lo que obliga a quienes quieren visitar la isla a recorrer algo más de media hora de vías en mal estado hasta El Moján para tomar allí una lancha que los lleve a su destino turístico.

Una mirada al  

 

Mis delirios y lucubraciones sobre las posibilidades que ofrece el gigantesco espejo de agua que es el Lago de Maracaibo se volvieron a apoderar de mi al recorrer las cuatro salas del Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez, CAMLB,  que destinaron para albergar la exposición “Una mirada al lago vital”, una muestra colectiva que recoge la mirada de artistas plásticos y fotógrafos en torno a lo que para ellos es el Lago de Maracaibo.

Pedro Piña

La exposición reúne más de 40 obras de arte, entre pinturas, fotografías, ensamblajes, instalaciones, multimedias, con miradas críticas en unas ocasiones, que resaltan la belleza del lago, en otras, diversas ópticas y visiones sobre un mismo tema: El Lago, que nos invitan a reflexionar sobre el cuerpo de agua, a recorrer sus aguas a través de la historia, la antropología la biodiversidad, la arqueología y el arte.

Desde el 10 de octubre de 2010 y durante nueve meses, quienes se acerquen al CAMLB, podrán disfrutar de la visión que sobre el Lago han tenido importantes artistas plásticos regionales y nacionales como Julio Arraga, Castor Almarza, Neptalí Rincón, Manuel Puchi Fonseca y Paco Hung, Ofelia Soto, Angel Peña, Pedro Morales, Carlos Anzola, Natividad Figueroa, Malú Fuenmayor, Valentina Álvarez, Rafael Rangel, Lourdes Peñaranda, Ramón Castillo, Federman Parra, Juan Mendoza, William Dondyk, Lorena Riga, Kuruvinda, entre otros.

En algunas de las piezas se denuncia la contaminación y deterioro al que ha sido sometido el Lago a lo largo de los años, en especial por el desarrollo en sus aguas de la industria petrolera. En otras se le canta a la belleza natural del espejo de agua marabino. En todas queda evidenciada la preocupación y el amor que los artistas le profesan al Lago y que con su creatividad y compromiso han dejado plasmados en sus obras.

 Al decir del historiador de arte, Manuel Ortega Navarro: “A través de los diferentes medios de expresión, los artistas han tomado el lago como fuente temática, lo han representado, recreado, imitado o transformado. Se han acercado a él con sentimientos de admiración, nostalgia, alegría o tristeza”.

La exposición dedicada al lago más grande de Suramérica nos pasea a lo largo del devenir del cuerpo de agua. Allí observamos una serie piezas arqueológicas encontradas en las excavaciones hechas en las poblaciones costeras del Lago así como obras de cestería realizadas por indígenas de las etnias que por siglos han habitado las orillas de la cuenca como la Barí, Yukpa y la Anú, para, a partir de allí seguir el impresionante recorrido por lo que constituye el Lago de Maracaibo, una puerta de entrada y salida de riquezas económicas, culturales y naturales. Un ecosistema único en el mundo con sus flora y fauna, su biodiversidad, su Relámpago del Catatumbo en vías de extinción y sus componentes humanos que, para bien o para mal, interactúan modificándose unos a otros en un incesante cambio.

    

Penetrable con muletas

La instalación de Lourdes Peñaranda “Penetrable con muletas”, es sin duda una de las obras que más impacta a quienes se acercan a la exposición “Una mirada al lago vital”, sin desdecir, por supuesto, de las otras excelentes obras que conforman la muestra.

Emplazada bajo una de las cúpulas del Centro de Arte, Peñaranda nos ofrece un guiño a Jesús Soto y a Dalí al presentar esta instalación en la que un grupo de muletas cuelgan de unas grandes fotografías de manglares del Lago de Maracaibo, permitiendo que el observador interactúe con su obra.

                       

Las muletas cobran múltiples significados al ser utilizadas en esta obra pues, al tiempo que representan la prolongación de las raíces de los manglares, denotan el estado de minusvalía al que ha sido sometida la masa de agua producto de la contaminación ambiental. Quien se adentra en la instalación puede llegar a sentirse como una de las especies animales que habitan la cuenca del Lago o un buzo que recorre el fondo lacustre entre raíces de mangles.

Realmente, la instalación de Lourdes Peñaranda llega a convertirse en una fantástica experiencia. Pero, es que en verdad, toda la exposición que nos ofrece el CAMLB constituye una fabulosa experiencia que debe ser experimentada tanto por quienes viven en Maracaibo -en muchos casos completamente de espaldas al lago-, como por quienes vengan a la ciudad desde otros lugares del país y del mundo.

El Lago de Maracaibo tiene una importancia tan arraigada en la vida del Zuliano, que hasta su mayor devoción, como lo es la fe a la Virgen Morena, a la venerada Chinita, llegó a la ciudad por vía lacustre, cuando una humilde lavandera consiguió la tablita con su imagen a la orilla del espejo de agua. Y, por supuesto, en esta exposición dedicada al Lago, la imagen de la Virgen del Rosario de Chiquinquirá, no podía faltar.

Una mirada al lago es un compromiso con el espejo de agua y al mismo tiempo una promesa para quienes habitamos en sus orillas. El compromiso y la promesa de querer al Lago, de recuperarlo para el disfrute de todos. La exposición nos enseña la importancia que tiene el Lago de Maracaibo, no sólo para el Zulia sino para toda Venezuela y nos hace un alerta de que ya es tiempo de que a este hermoso cuerpo de agua se le devuelva algo de lo mucho que nos ha dado. En esto coincide conmigo el antropólogo Luis Adolfo Pérez, cuando en el catálogo de la exposición escribe:

 “Agua, alimento, aire, amistad, arte, el lago posibilita comulgar con nuestra propia naturaleza divina. Debe surgir la certeza de que es posible limpiar sus aguas desde la naciente, tenemos la responsabilidad de restaurar el edén concedido”.

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