Canal RSS

Archivo mensual: mayo 2011

¿”misión vivienda”, “misión maqueta” o “misión invadan?”

Publicado en

Se hace imposible creer que la Misión Vivienda pase de ser una campaña publicitaria a convertirse en una realidad (Imágenes obtenidas en la web de El Correo del Orinoco)

En Venezuela nos hemos acostumbrado a escuchar por parte del
presidente toda clase de propuestas, proyectos,
ocurrencias o simples ideas que “se le acaban de ocurrir”. Llevamos 12
años en esta historia. Cuando lo escuchamos, se nos paran los pelos, nos causa
estupor, no podemos creerlo, pero, al poco tiempo, o bien asimilamos lo dicho y
sucedido o nos damos cuenta que no fue más que un aspaviento momentáneo, una
forma de llamar la atención sobre un tema para desviarla de otro o
sencillamente vemos que lo que nos pareció imposible de creer en su momento,
definitivamente se concretó y nos quedamos como si nada. A la espera de la
próxima ocurrencia, del próximo abuso, del siguiente atropello.

Así viene sucediendo con la llamada misión vivienda, con esa
campaña publicitaria, porque evidentemente no es más que eso, propaganda pura,
burda y simple, una forma de mantener  amarrados a sus seguidores a una esperanza,
atados a un sueño que saben irrealizable porque, a estas alturas, nadie puede
creer que el gobierno logre construir dos millones de viviendas para todos en 6
años, en tiempo record.

Pero ¿qué sucede cuando quienes llevan años oyendo esas
ocurrencias se las toman en serio, se aferran a la palabra al presidente y
comienzan a aplicar en su entorno las medidas proclamadas por puro populismo y
propaganda en cadena nacional?

¿Qué pasa cuando algunas mentes acaloradas, azuzadas por las
palabras del presidente y sus más cercanos colaboradores y aturdidas por los
grillos que les han ido sembrando en la cabeza, deciden que los apartamentos y
casas que se encuentren vacíos deben ser tomados, ocupados, invadidos, y que
luego el gobierno se encargue de ver cómo le paga a sus legítimos dueños el
valor de esas viviendas?

Yo escucho al presidente “reflexionar” en voz alta, en
cadena de radio y televisión, sobre la “injusticia” que significa que haya
gente viviendo en el exterior y que tenga aquí viviendas vacías. Lo oigo
murmurar, como si nadie lo escuchara, que esas casas deberían ser tomadas por
la gente sin techo que necesita una vivienda y no quiero creer que esté dando
líneas. Leo correos electrónicos donde hablan de gente que está haciendo
especies de censos de apartamentos vacíos para entregarlos arbitrariamente a
quienes los necesitan, escucho rumores de que los conserjes de los edificios serán
entrenados para cumplir con la función de “sapeo”, al mejor estilo de los
Comités de Defensa de la Revolución cubanos, y que en sus manos estará remitir
a los consejos comunales la información de los apartamentos vacíos en los edificios
y pienso: “eso debe ser sólo una campaña de desprestigio de la oposición
radical al gobierno”. En mi mente no cabe que algo así pueda suceder en nuestro
país.

Años llevo cavilando sobre todo esto, negándome a creer lo
que algunos aseguran y son capaces de jurar con su mano sobre la Biblia y
resulta que un día cualquiera me llama “Lupe”, la conserje del edificio donde
una gran amiga tiene un apartamento vacío pues se fue del país para hacer un
postgrado.

-¡Aló! Contesto luego de, infructuosamente, tratar de identificar
a quién pertenece el número en la pantalla del celular.

-¿Golcar? Pregunta una voz en un susurro casi imperceptible
al otro lado de la línea.

-Sí. ¿Quién es?

-Soy yo, Lupe –continúa el susurro al otro lado-, la
conserje del edificio de la señora Verónica.

Hago un pequeño esfuerzo para ubicar de quién se trata y a
los pocos segundos respondo.

-¡Ah, Lupe! ¿Cómo estás, y ese milagro?

-Bien. Necesito verte urgentemente –continúa Lupe en un tono
de voz que cada vez disminuye más se me hace difícil entender-. ¿Podrías venir
esta noche? Es que Verónica me dijo que ante cualquier emergencia te llamara a
ti.

-Sí, claro, esta noche paso por allá- Digo, y cuelgo
preocupado y extrañado por esa llamada.

A eso de las 8 y media de la noche llegué a mi cita en casa de
Lupe, en el pequeño apartamento destinado a la conserjería del edificio donde
vivía Verónica antes de irse a estudiar al exterior. Al no más llegar y sin
mayores preámbulos, Lupe me espetó en un tono, bajo como quien teme que lo
puedan escuchar a través de las paredes, su angustia y su preocupación.

“Me tiene preocupadísima lo que pueda suceder con el
apartamento de la señora Verónica. Si no lo ocupan rápido, es posible que se lo
invadan. Ya he asistido a varias reuniones del Consejo Comunal de este sector,
allí nos han convocado a todos los conserjes de los edificios aledaños y nos
han solicitado información de los apartamentos que estén desocupados. Nos
preguntan cuántos hay, de quiénes son, desde cuándo se encuentran desocupados,
dónde están sus dueños. Yo me hago la loca y no digo nada, dejo que los otros
hablen y espero a que la reunión termine sin dar ninguna información pero no sé
hasta cuando me pueda hacer la pendeja. Algún día me van a presionar”.

-¿Pero para qué piden toda esa información, Lupe?- Le
pregunto yo,  haciéndome el Willie como
dicen aquí, y temiendo en el fondo la verdad de la respuesta.

-Pues porque ellos dicen que no es justo que habiendo tanta
gente necesitada de vivienda, haya tantos apartamentos y casas vacías y mucho
peor si los dueños están viviendo fuera del país.

Lupe se para, corre la cortina de la ventana se asoma, mira
a todos lados, y regresa a su asiento. Bajando aún más la voz, continúa:

-Dicen que informemos de todos los apartamentos que estén
deshabitados. Que si lo hacemos, el primer apartamento que denunciemos será
para nosotros, los conserjes, y los otros serán invadidos. Ellos se aparecerán
con un cerrajero abrirán la puerta y entregarán la vivienda a quien la
necesite.

-Pero cómo así –le digo yo con ojos tan abiertos del asombro
que me duelen-, ¿y los derechos de esa gente que compró su apartamento y lo que
ellos han pagado?

-Bueno, ellos dicen que después el gobierno verá cómo hace
para pagarles, si les pagan, y que eso no es un robo sino un acto de justicia.
Por eso es que yo quiero que usted esté pendiente del teléfono, a la hora que
yo lo llame se viene con una maleta y se instala en el apartamento de Verónica.
Ella ya lo sabe, puso en venta el apartamento pero dice que si llegan a
quitárselo antes de que logre venderlo, prefiere que le quede a usted antes que
a cualquier desconocido o algún inescrupuloso que pueda hacer negocio con esas
invasiones.

Ya en el colmo de mi asombro, ingenuamente le pregunto:

-¿Lupe, de dónde sacan eso esos consejos comunales, quién
les dice que lo pueden hacer, quién les da la orden?

-Ellos dicen que la orden viene de arriba, del presidente
Chávez. –Dice Lupe y levanta los hombros en un gesto que no termino de saber si
es de incredulidad o impotencia.

Le prometo a Lupe que estaré pendiente de su llamada, aunque
espero que no se realice y que confió en que Verónica podrá vender su
apartamento a tiempo y recuperar aunque sea parte del dinero que con tanto
trabajo y esfuerzo invirtió en él y me despido sin salir de mi estupor.

Mientras ando camino a mi casa voy pensando si será verdad
que la orden viene desde Miraflores. Me pregunto si es posible que mientras el
presidente dice en televisión que aquí se respeta y se respetará la propiedad
privada, por lo bajito, lanza esas líneas de acción. O será simplemente que
estos seguidores radicales, convencidos, como estamos todos que es imposible
que el gobierno construya 2 millones de viviendas en 6 años como ha jurado el
presidente, ha decidido tomar el toro por los cachos y tomando la palabra del
líder comienzan a llevar a la práctica el discurso que vienen oyendo desde hace
doce años, casi a diario, desde la tribuna presidencial. Quizás saben que ese “vivir
viviendo” no pasará de unas maquetas mostradas en cadena nacional, de unas
propagandas de televisión dirigidas a capturar a los seguidores, y quieren
asegurarse, a como dé lugar, que obtendrán lo prometido.

Justo es que todos tengamos vivienda, pero ¿es hacer
justicia arrebatarle a la gente lo que con trabajo han conseguido para dárselo
a quien lo necesita? O sea, eliminar una injusticia con otra injusticia, como
quien se da con un martillo en un dedo para que ese dolor lo haga olvidar el
causado por una muela enferma y que no lo deja dormir. Pareciera que ante la
imposibilidad de cumplir lo ofrecido, el gobierno a punta de invasiones y
ocupaciones arbitrarias trataría de acercarse a la meta propuesta de darle
vivienda a quienes no cuentan con un techo propio.

Aunque sí tengo una amiga que vive fuera del país, así como
una amiga conserje que se encarga del edificio donde tiene su apartamento, y lo
que me contó es casi tal cual como lo relato, para efectos de este post cambié
nombres y situaciones de manera de no comprometer a ninguna de las dos.
Mientras termino de escribir estas líneas, me llega un mensaje por el pin del
Blackberry en el que me dicen: “Petición para San Gabriel. Los hijos de puta
del gobierno de Mérida están inspeccionando los edificios de Chama Mérida (donde
tengo mi apartamentico), Chente (mi inquilino) me llamó y me dijo que están
desalojando a los inquilinos para reasignarlos… Imagínense la vaina… Vamo a pedirle
a San Gabriel, Santa Eduviges, o a el santo que ustedes quieran  para que me lo cuide y me lo guarde”.  Reviso twitter y me consigo un tweet que se refiere
al mismo tema y encuentro informaciones como noticia de última hora que me
erizan la piel al contrastarla con lo relatado por “Lupe” y me dejan un
profundo sentimiento de impotencia al no poder ofrecer a “Verónica” y a mi
amiga de Mérida, más que una oración como ayuda.

http://www.dailymotion.com/embed/video/xiwrkt
Toman estacionamientos en la Av. Fco Solano por Globovision

Anuncios

¡Auch! una obra de teatro, un país, un dolor…

Publicado en

La agrupación Chilena Phi clausuró el I encuentro de teatro "Arribando al Puerto de Maracaibo".

Hace poco tuve la oportunidad de volver a experimentar el poder purificador del arte. Justamente, en el Día Nacional del Artista Plástico, pude sentir de nuevo la capacidad que tienen los artistas y sus manifestaciones y expresiones para hacernos superar los sentimientos mezquinos y las miserias que otros nos puedan dejar en el camino.

Como si fuera magia, el teatro logró transmutar toda la carga y energía negativa de un discurso originado y pronunciado desde y por el resentimiento. Luego de un poco más de una hora de excelencia y buena vibra en las tablas del Teatro Baralt, el mal sabor dejado por ese discurso quedó sólo en un mal recuerdo. En una anécdota equivocada e inoportuna. Nada que una buena dosis de arte no pudiera curar.

Sucedió durante la clausura del I encuentro de teatro “Arribando al Puerto de Maracaibo”, producido por la agrupación Ciudad Puerto Teatro para la celebración de sus cinco años de vida.

Los organizadores del evento decidieron hacer un homenaje a Fernando Acosta, reconocido personaje de las tablas zulianas cuya carrera ya alcanza los 40 años de vida. A tal fin, seleccionaron a su esposa, Betulia Camacho, para que hiciera un discurso en el que rememorara un poco la vida y obra del creador zuliano.

Ella, haciendo honor a su nombre, Betulia, como el boxeador homónimo, también zuliano, se enfundó los guantes y, entre palabras soeces, a ratos altisonantes y en muchas oportunidades pretendiendo ser graciosas sin alcanzar su objetivo ni arrancar al menos una mueca de sonrisa del público, desarrolló un discurso que más que rendir homenaje a la carrera de Fernando, parecía un reclamo cargado de resentimiento, basado en miserias y comentarios que supuestamente habría escuchado en el trascurso de esos días de festival.

Chimbangles de San Benito no podían faltar en la clausura del festival

Mientras escuchaba a Betulia y trataba de evadir la situación conectándome al twitter, por coincidencia, aparecían en mi timeline tweets que se referían a un discurso de Aristóbulo Istúriz sobre el supuesto racismo del venezolano y la necesidad de crear una ley antirracista. Se me hacía difícil creer que ambas situaciones estuvieran aconteciendo al mismo tiempo en Venezuela, con cientos de kilómetros de distancia de por medio pero unificadas por el mismo discurso de odio y separación que desde las altas esferas del poder se viene modelando desde hace 12 años. Por ocasiones, los desafortunados chistes de Betulia me recordaron los que hace frecuentemente el presidente Chávez en sus cadenas de medios.

No podía dejar de preguntarme si en la larga y productiva carrera teatral de Fernando Acosta no había logros alcanzados y buenas experiencias vividas que le permitieran a su esposa desarrollar un discurso en positivo, de crecimiento. Un discurso que resaltara éxitos del creador y no que se basara en las miserias de él o de quienes le rodean o adversan.

¿Por qué, en lugar de contar que escuchó a alguien decir: “cómo le van a hacer un homenaje a ese chavista de mierda”, no relató los motivos que llevaron a los organizadores del festival para seleccionarlo a él, entre muchos otros creadores, para rendirle un reconocimiento?

El discurso estuvo fuera de tono, inoportuno y desafortunado y creo que Fernando Acosta, luego de 40 años dedicados al teatro, se merecía algo mejor y más positivo.

Desde Chile llegó Phi para auxiliarme

Afortunadamente, el poder redentor y purificador del arte llegó en mi auxilio de manos de la agrupación chilena Teatro Phi y, a pocos minutos de empezado el espectáculo, el amargo sabor de lo sucedido ya había pasado y los resentimientos y mezquindades no eran más que un mal recuerdo.
“Auch!” es el nombre del espectáculo que nos ofreció Phi, una divertida y creativa puesta en escena en la que seis incansables personajes sacan ritmo y música de cuanto elemento se les cruza en el camino, en una ambientación que nos traslada de inmediato al fabuloso mundo del comic.
Tubos de PVC, botes plásticos de basura, barriles plásticos, palos, hasta encendedores Zippos son válidos para extraerles contagiosos ritmos musicales. La percusión corporal, pilar fundamental de la agrupación, está presente desde el comienzo de la pieza hasta el final y uno no puede menos que maravillarse con la magia que logran en escena y la capacidad que tienen los actores para resistir los golpes (Auch!) y aguantar con la energía a tope en todo momento durante los 70 minutos que dura la obra

.
En el programa de mano de la agrupación lo explican así:

Percusión con el cuerpo y objetos cotidianos
Si bien en muchos bailes y ritos de pueblos originarios se utilizan el cuerpo y la voz como instrumentos musicales, es la llegada de esclavos africanos a Norte América lo que marca el inicio del body percussion como lenguaje musical. Al ser privados del djembee (tambor africano) utilizaron su cuerpo, las ollas donde comían y las mismas botas de goma que calzaban para crear música y así poder continuar con sus ceremonias y rituales”.

Ese vendría a ser el punto de partida y si bien sorprende apreciar los sonidos que estos talentosos teatreros pueden sacar de los objetos que los simples mortales vemos de una forma más utilitaria, no sorprende menos la sincronización que alcanzan los seis integrantes en unas casi que imposibles secuencias de movimiento y voz. Ejecutan movimientos, sonidos y voces simultáneos con precisión de relojero y a increíble velocidad.

Auch! Es un espectáculo cuidado y riguroso desde todo punto de vista. La iluminación, los efectos especiales, los movimientos y desplazamientos en la escena, todo vigilado y controlado al mínimo detalle. Pero, lo mejor que tiene la obra es que, aunque son cinco años de trabajo los que hay detrás de Auch! y muchas horas de agotadores ensayos, uno como espectador no nota el esfuerzo. La pieza es un solo disfrute desde el comienzo hasta el final, fluye cargada de adrenalina y ritmo. Se siente que los intérpretes gozan con su trabajo y los espectadores gozamos aún más. Al final, la obra ha logrado captarlo a uno de tal forma que nos sorprendemos siguiendo a los actores en las secuencias de aplausos y sonidos que nos proponen, lo que hace que tanto ellos como uno termine cargado de energía, vitalidad y buena vibra.

De Brasil llegó Milongas

De Brasil llegó la agrupación Milongas con "La carreta que cae"

Ya la noche anterior nos había divertido la agrupación brasileña Milongas con la obra “La Carreta que cae” una pieza inspirada en el teatro de Federico García Lorca y que en tiempo de farsa y tragicomedia, al estilo de los títeres de cachiporra, nos contó las peripecias de Cocoliche y su amada Rosita para evadir su matrimonio por conveniencia de esta con Don Cristiviño, boda pactada por su madre a cambio de una bolsa de dinero que la haría salir de la pobreza.

La ingeniosa puesta en escena de los brasileños al ritmo de la música del país de la samba, las excelentes actuaciones en las que los artistas dejaban al descubierto sus talentos para actuar, bailar, cantar y tocar instrumentos, al tiempo que se lucían con la manipulación de títeres y de sombras, los versátiles dispositivos escénicos utilizados, hicieron que la obra fuera disfrutada por igual tanto por los adultos como por los niños

.
Nuestra realidad golpea una vez más ¡Auch!

Pero la terrible realidad que vivimos en un país dividido en dos toletes no se cansa de golpear. Al día siguiente de disfrutar la obra chilena, se me ocurrió convocar por BB pin a mis contactos para que asistieran a La Estancia de PDVSA y disfrutaran del excelente espectáculo que PHI nos regaló. Una amiga me respondió:

“No visito
sitios auspiciados por la revolución. Es un problema ético. Ojalá les estallen las luces y se forme un

Cuando todo esto pase, ¿cuánto arte necesitaremos para superar odios y resentimientos?

verguero sin parangón”.

Yo, que entiendo que hemos llegado a un punto casi sin retorno en la división del país, le respondo, a manera de broma que la incite a pensar:

-Jajaja ¡te tendrás que mudar de país!

Ella:  “No lo creo, Ellos se irán del país”.

Yo:  “Si les seguimos cediendo espacios, no se irán. Nos están haciendo como en “Casa Tomada” de Cortázar. Nos van arrinconando y nos van dejando solo el patio trasero”.

Ella:  “En mi día a día, yo nunca me he dejado acorralar 🙂 Es una forma de vivir de siempre”.

Yo:  “Hay espacios a los que no vamos porque ellos se los han apropiado. Espacios que existen porque pagamos impuestos y porque son subvencionados con el petróleo que es de todos. ¿Por qué no ir allí? ¿Por qué asumir que es de ellos? Cada vez hay más lugares a los que no vamos porque ellos se los agarraron y no sólo se lo permitimos, sino que se los dejamos. Y así nos van dejando las sobras. No vamos a La Estancia, no vamos a los Bicentenarios (bancos y supermercados) no vamos al Teresa Carreño,  no vamos al antiguo Ateneo de Caracas, ahora Universidad de las Artes, y así,  no
vamos a más de medio país porque, “por ahora” son “zonas rojas”.

Al final, nos despedimos con un beso, como corresponde a dos amigos que se quieren mucho a pesar de los desencuentros, pero yo quedo pensando en ¿cuánto arte vamos a necesitar cuando todo esto pase para poder superar tanto odio y tanto resentimiento sembrado en nuestros corazones y almas? ¿Cuántas obras de teatro, cuánto cine, cuánta danza, cuánta pintura,  harán falta para que nos rediman, nos transmuten y nos reúnan en un solo país?

Ivette Franchi: “Cocinar es un acto de amor concreto”

Publicado en

Chef Ivette Franchi, apasionada de la gastronomía zuliana

Cuando Ivette Franchi se acercó a la mesa que habíamos
reservado Alberto Cundancín, Cristian Espinosa y yo en el restaurant Bamgú para
el festival de la zulianidad, y con su tono suave y dulce empezó más que a
describir, a recitar el menú como si de la más pura poesía se tratara, no pude
evitar pensar, en ese tonito irónico y sarcástico de gocho asimilado maracucho,
adquirido luego de 17 años viviendo en el Zulia:

“¡Miarma! ¿Qué le pasa a esta negrita de El Empedrao, de la
Bajada de Pichincha, para más señas, que viene a hablar con esa finura y elegancia
de tumbarranchos, mandocas, empanadas, bollos pelones, chivo, pescao embasurao,
mojito en coco y lomo negro? ¡¿Como que se comió y se le atragantó la finísima
y elegante Titina Penzini?!”

Ella, completamente ajena a mis pensamientos, terminó de
recitar su menú ofreciéndonos los postres:

-Tenemos, por un lado, el “Mosaico zuliano”, un colorido
postre que incluye majar blanco, creme brulée de dulce de limonzón, verme

Menú de la zulianidad en Bamgú

brulée de caujil, manjar de coco y diferentes conservas. Le pusimos ese nombre
en honor a los mosaicos del bolerista Felipe Pirela y a los característicos
pisos de las casas de El Saladillo. Y, por el otro lado, un trío de panacottas,
tres versiones de este exquisito dulce tipo mousse, hecho a base de cacao
porcelana del Sur del Lago, el mejor cacao del mundo. Cada una de las versiones
va acompañada de una conserva de plátano y una trufa de chocolate blanco.

Ivette volvió a darnos la bienvenida, volteó sonriente y se
dirigió a la cocina. Yo quedé con la hoja del menú en la mano, viéndola y
pensando: “¡Será que tanta refinación de la grasienta comida callejera y
tradicional del Zulia, podrá satisfacer no sólo mi apetito sino mi paladar?”.

Para mí, esa noche era todo nuevo. El restaurant Bamgu lo
visitaba por primera vez, un sitio pequeño, íntimo y decorado con muy buen
gusto, la atención acorde con el lugar y con la calidad de la comida que
sirven. Es uno de esos sitios de los que uno sale satisfecho por haber obtenido
el servicio y la calidad por los que se pagó.

Y, por primera vez también, iba a probar la sazón y el arte
culinario de Ivette, una reconocida chef empeñada en llevar la comida zuliana a
los mejores salones y restaurantes del mundo, de quien había escuchado hablar
pero cuyos platos, hasta esa noche no había tenido oportunidad de degustar.

Bocados zulianos en miniatura al estilo de Ivette

De entrada, los tres pedimos los antojitos zulianos. Un
plato que constaba de una selección de cinco

Mini mandoca

miniaturas: una empañada, un bollo
pelón sobre una aterciopelada salsa de tomate, una mandoca, un niño dormido y
un tumbarrancho. Todo servido con un exquisito sentido estético y con unas pequeñas
dimensiones prácticamente imposibles de concebir para la mente de quienes
cotidianamente hemos degustado esos alimentos en puestos callejeros y
comiderías.

Si bien a la vista el plato me asombró por la hermosura de
la presentación, el asombro aumentó cuando probé cada una de las miniaturas y

Mini empanada (Foto Cristian Espinosa)

pude comprobar que, a pesar del refinamiento proporcionado por la chef, cada uno
de los alimentos conservaba el sabor del plato tradicional pero trabajados de
tal manera que toda la grasitud y ordinariez características del puesto
callejero eran eliminadas y los sabores, tan conocidos por nosotros, invadían
de una nueva forma nuestro paladar. Era como tener un nuevo encuentro con
viejos y conocidos sabores y aromas.

De segundo plato me decanté por unos ravioli rellenos con
lomo negro, aderezados con la obscura y dulce salsa de la carne y acompañados
de un trozo de torta de plátano maduro y queso palmita. El sabor del lomo negro
no podía ser más característico y la sutileza, color y textura de la salsa alcanzaron
niveles indescriptibles, con un punto de dulce perfectamente equilibrado con el
sabor del queso zuliano madurado. Ni qué decir de lo exquisita que resultó la
combinación con la torta de plátano, hecha con plátanos casi pasados de
maduros, como se debe hacer.

Pescao embasurao y risotto de plátano (Foto Cristian Espinosa)

De paso, aproveché y le eché una probadita al risotto de
plátano que acompañaba al pescao embasurao, plato típico del Sur del Lago de
Maracaibo, que pidió Cristian. Una verdadera delicia, cremoso como un risotto
de arroz y con una mezcla de verduras y rico toque de picante.

Pero, con lo que puedo decir que toqué el techo fue con la
panacotta de chocolate amargo. La consistencia y textura de ese postre lo pueden
llevar a uno a niveles orgásmicos y la sorpresa de calabazates que anidaba en
su interior no podía ser más oportuna. La compañía de la conserva de plátano y
de la trufa de chocolate blanco que se derretía al contacto del calos de la
boca, lo convertían en un postre sublime.

La comida de Ivette se puede decir que se parece a ella. Es
profundamente zuliana, llena de colorido y sabor. Como ella, es cálida y sutil.
La chef y su sazón se dejan colar con suavidad y gracia y, sin que uno lo
advierta, ambas se instalan en el corazón del comensal.

Luego de terminar nuestros platos tuvimos oportunidad de
conversar un largo rato con Ivette. Ella nos contó de sus experiencias a los
largo de estos 17 años dedicados a la gastronomía, de su pasión por el Zulia y
de su orgullo de ser de esta caliente tierra. Hablamos de su programa de radio por la emisora Catatumbo y de su blog “Cinco panes y dos peces”. Nos contó algunos planes futuros
sobre los que se encuentra trabajando y de cómo ha recorrido toda la geografía
zuliana, comiendo en puesticos y tenderetes, hablando con los pobladores de las
apartadas regiones del Estado. Siempre probando, escuchando, en algunos casos
enfermándose, tomando notas, investigando la gastronomía zuliana desde sus
raíces para lograr alcanzar la calidad lograda en sus preparaciones. Y de su afán por llenar al país de zulianidad.

Con corazón henchido de orgullo, ella habla del increíble tamaño
que alcanza el camarón que se cultiva por los lados de La Cañada y que,
lamentablemente, los zulianos no pueden disfrutar pues la producción está
totalmente destinada a la exportación.

-¡Son camarones que miden hasta 25 centímetros! No es justo
que no podamos nosotros disfrutar de ellos. Por eso es que estamos buscando que
ese camarón sea declarado “Patrimonio Intangible del Zulia” de modo que sea
protegido y que, por ley, se tenga que destinar una parte de la producción a la
venta local.

Ivette comenta que lo mismo está sucediendo con los plátanos

Panacotta con cacao porcelana del Sur del Lago

del Sur del Lago cuya producción está siendo destinada en su mayor parte a la
exportación, como pasa con el cacao que se cultiva en la zona y que es
considerado el mejor del mundo. Para la chef hay una tarea pendiente en el país
y es rescatar todos los productos gastronómicos que se cultivan en diferentes
regiones, de excelente calidad y que son ignorados o desconocidos por la
mayoría de los venezolanos.

A pesar del amor que Ivette Franchi le profesa al Zulia,
comenta, no como queja sino como un reto, que la plaza que más le ha costado
conquistar es, precisamente, su terruño. Ella ha triunfado con su cocina
zuliana en Mérida, Caracas, Margarita y en cualquier ciudad a la que lleve su
sazón; sin embargo, siente que el Zulia se le sigue resistiendo, pero como es
una mujer de retos y de superar dificultades, insiste y su “Festival de la
Zulianidad” en Bangú parece haberle allanado bastante el camino.

Tarde o temprano, los zulianos, como el resto del país caerán
rendidos a sus pies ante su creatividad, su sazón, su constancia y su afán por
hacer que la gastronomía de su región natal llegue a todos los rincones de la
geografía nacional y traspase las fronteras del país.

“Para mí cocinar es una forma de amar. Es un acto de amor
concreto. No hay mayor placer que cocinar. Y, aunque reciba respuestas ingratas,
sigo e insisto. Es mi pasión”.

Jesús de la Misericordia recorre Maracaibo

Publicado en

Unos rezan, otros oran, algunos dan gracias al Jesús de la Misericordia por favores recibidos, otros le piden con apasionada fe un milagro. Unos van descalzos en señal de humildad y agradecimiento, otros en sillas de ruedas a la espera de una milagrosa cura. Unos lloran por la emoción, otros cantan y levantan las manos en muestra de alegría y regocijo. Muchos se contentan con acompañar el paso de la procesión en silencio.

Aquí, una señora con un busto del Jesús de la Misericordia, más allá un devoto con un gigantesco afiche con su imagen. Muchos portan franelas blancas con el Jesús impreso o con la foto de Juan Pablo Segundo junto a la de Jesús. Hay quienes llevan sus chapas al pecho mientras que otros portan escapularios y collares con la divina imagen.

Todos recorremos las calles de Maracaibo, desde la iglesia de La Consolación hasta la Basílica de La Chinita acompañando al Jesús de la Misericordia en su travesía para encontrarse con la patrona de los zulianos.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Los fieles se cuentan por miles, a donde uno dirija la mirada se encuentra con un mar de gente que a cada instante rompe en cantos, oraciones y alabanzas al paso de la milagrosa imagen que transita lentamente por las maltratadas y ahuecadas calles de la ciudad.

Un calor húmedo sofoca a la multitud que agradece la tarde nublada y la ausencia del abrasador sol marabino. Jóvenes, ancianos, niños, enfermos. Todos con fervorosa pasión siguen el recorrido de la hermosa imagen.

Yo, que no soy de ir a misa todos los domingos como los católicos practicantes; sino que, por el contrario, creo y practico mis creencias a mi aire, miro a los niños, escucho los murmullos de quienes van a mi lado y dicen: “Gracias, Dios, gracias mi Jesús de la Misericordia”, veo a quienes le piden entre sollozos al milagroso Jesús por sus familiares secuestrados, los que piden una cura a sus padecimientos y enfermedades, los que con ojos húmedos suplican por los presos políticos, y no tengo más remedio que enjugar un lagrimón que se asoma.

A %d blogueros les gusta esto: