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Archivo mensual: junio 2011

Absceso Pélvico, ¿blackout informativo o burla?

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Foto conseguida en la web

Me había propuesto no escribir acerca de la enfermedad que le surgió al presidente Chávez durante su visita a Cuba. Al menos, tenía decidido no referirme a ese hecho de manera seria, sólo lo acometería en forma sarcástica o irónica, de la misma forma cómo se lo han presentado al país los voceros oficiales, incluyendo al propio presidente.

A modo personal no me interesa en lo más mínimo si a Chávez le salió un forúnculo en una nalga o un absceso pélvico, me da igual si es un cáncer de colon o una espinilla, pero como ciudadano pensante de un país, me parece que los venezolanos nos merecemos que nos den cuenta acerca de lo que le puede estar sucediendo a nuestro presidente, qué lo hace que se ausente por más de 15 días de su cargo sin rendir explicaciones serias ni de él ni de voceros autorizados y sin prever las posibles consecuencias de una ausencia más larga.

Pero mi decisión de no prestarme a esa especie de circo que se ha montado en torno a la supuesta enfermedad del presidente se topó con un artículo de un bloguero italiano en el que habla de una supuesta alineación de la prensa estadounidense con la italiana para generar una campaña de desinformación sobre el tema y, de verdad, se me volaron los tapones.

Dice Attilio Folliero en su blog, y ruego me disculpen la mala traducción ya que mi italiano es bastante limitado y pobre:

“Desde que Hugo se está recuperando en Cuba de un “absceso pélvico”, que dicho en otras palabras es una apendicitis, es decir, una enfermedad que hace unas décadas podría llevar a una muerte fulminante y que hoy se cura tranquilamente, la prensa italiana, alineada con la estadounidense, comenzó una sostenida campaña de desinformación. Recordamos que Chávez estuvo en Cuba en visita oficial, proveniente de una visita anterior a Brasil y Ecuador.

Todos los medios de comunicación italianos, los oficiales, por supuesto, los del régimen, están creando una matriz de opinión tendente a hacer creer que Hugo Chávez está sufriendo de una enfermedad grave y está prácticamente muriendo! Nada más falso.

El presidente Hugo Chávez está, evidentemente, convalesciente, pero en fase de recuperación, está bastante bien, tanto es así que incluso en una cama de hospital sigue a la cabeza del gobierno de Venezuela. No sólo ha firmado varios decretos, sino que se ha hecho sentir a través de la red social Twitter, donde es uno de los personajes con más seguidores en el mundo. Además, en la foto tomada durante la visita de los hermanos Fidel y Raúl Castro aparece definitivamente con buena salud.

Por último, los testimonios directos de la familia de Chávez han tranquilizado totalmente la opinión pública Venezolana a cerca de las buenas condiciones de salud en las que se encuentra presidente venezolano, Hugo Chávez. El hermano del presidente, Adán Chávez, gobernador del estado Barinas, Venezuela, después de haber estado cercano a su hermano durante el primer día de recuperación, ha hablado de un normal curso del post operatorio y ha asegurado a los venezolanos que el presidente, a la vuelta de 10 o 12 días estará de regreso en Venezuela…”

Y por allí sigue, tratando de demostrar su hipótesis de la campaña de desinformación. Lo leo y me pregunto cómo es que este señor, en Italia, puede tener más información sobre la enfermedad de Chávez que yo que soy venezolano, ¿O es que su post se basa también en suposiciones como la mayoría de las especulaciones que a diario aparecen en nuestros medios de comunicación de parte y parte? Tanto del lado del oficialismo como del lado de la oposición han surgido incontables informaciones sobre la salud del mandatario y, en su mayoría, no se basan más que en cuentos de camino, en supuestas “fuetes confiables”, en posibles interpretaciones hechas por médicos especialistas de acuerdo a la poca información que ha salido a la luz. ¡Hasta que sufre una septicemia y está ingresado en la casa de Fidel!

Esa campaña de desinformación total de la que habla el bloguero italiano, no se está sucediendo solamente en Italia y en Estados Unidos. Aquí en Venezuela y en la propia Cuba (Yoani Sánchez hablaba del hermetismo en la isla al respecto) hay un completo blackout informativo que propicia las más inverosímiles versiones de lo que pueda estar pasando con la salud del Presidente. Ese blackout informativo no tiene sentido ni se puede justificar en una era en la que todo lo concerniente a la salud del mandatario se aclararía con una video conferencia o con un twitcam ya que a Chávez tanto le apasiona la red social y en twitter es uno de los usuarios con más seguidores en el mundo. O una simple llamada telefónica de Chávez como la que hizo cuando llegó a cuba y le diagnosticaron el supuesto absceso pélvico. ¿Por qué si hace una llamada al comando del PSUV para transmitirle instrucciones no puede igualmente dirigirse a sus ciudadanos, aunque sea por pocos segundos para informarles acerca de su condición de salud?

Lo mínimo que en un país serio se podría exigir es un parte médico de los doctores que están tratando al mandatario. Médicos de los que no tenemos la más mínima información de quiénes son, de dónde son, qué especialidad tienen.

Todo el misterio y las especulaciones que hay en torno al absceso de Chávez son propiciados por los mismos voceros del oficialismo y del presidente que callan o dan versiones contradictorias. Por ejemplo, mientras Maduro dice que Chávez está dando una dura batalla por su salud, el presidente de la AN y José Vicente Rangel dicen que está muy bien y que regresará al país cuando le dé la gana, y a Maripili Hernández se le escapa en su programa de radio que el mandatario se recupera satisfactoriamente de su enfermedad y, de inmediato, como quien cometió una infidencia, corrige y dice que se recupera de su operación. Hasta el presidente paraguayo, se pronuncia sobre el caso y dice que su colega venezolano “no tiene nada grave“. Y así, han sido 15 días de especulaciones, inventos, manipulaciones, todo un caos informatico generado por un régimen que no respeta a sus ciudadanos, que se burla de quienes nos oponemos a su gobierno negándonos información pero que también se burla de sus seguidores y fanáticos que están ávidos por saber qué es lo que realmente le sucede a su comandante y líder.

En una época en la que los medios de comunicación se han masificado cómo ahora, cuando existen tantas vías para mantener a una población oportuna y verazmente informada no se justifica tanto misterio y mezquindad de parte del gobierno. Yo me pregunto cuando hablan de campaña de desinformación de los medios ¿Quiénes propician esa desinformación? ¿A quién le conviene que surjan tantas especulaciones? Y es más, ¿Por qué no tomar un micrófono y con seriedad dar la información que la población reclama? ¿A que perversos motivos se puede deber semejante blackout informativo? ¿Con qué fines?

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“La noche de anoche” llega al Rubén Darío

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El domingo, 10 de julio de 2011, en la conmemoración del primer aniversario de la muerte de la reina del bolero, Olga Guillot, estará Elsy Manzanares presentando su libro “La noche de anoche” en el teatro nacional Rubén Darío de Nicaragua. Hoy me permito re-postear esta reseña que hice sobre su libro cuando tuve la oportunidad de disfrutarlo gracias al amable gesto de la autora quien me lo hizo llegar, en diciembre de 2009,  vía mensajero rápido.

De Twitter, boleros y recuerdos

(23 de diciembre de 2009)

Elsy Manzanares es @elsymanzanares en Twitter y esta foto, con su espléndida sonrisa, es la de su avatar

A Elsy Manzanares la conozco como “@elsymanzanares”, así, con la @ antes de su nombre pues es el user name de su cuenta en la red social Twitter. Es decir, nuestra amistad es una amistad 2.0 porque, aunque tenemos amigos en común en el mundo 1.0, el mundo real, nunca hemos tenido oportunidad de compartir personalmente.

Sin embargo, esta amistad virtual a principios de diciembre tuvo su momento 1.0 cuando, por medio de los servicios de un correo rápido, recibí un ejemplar de “La noche de anoche”, como regalo de navidad y autografiado por su autora con este texto:

“Golcar, amigo twittero, transformador desde ese 2.0… Ahora en tiempo de bolero!

Con cariño, Feliz Navidad”.

La magia experimentada al momento de recibir el regalo de Elsy es solo comparable con la vivida al leer las maravillosas líneas escritas en su libro de boleros, una historia tan completa sobre el género, que uno no puede evitar las ganas de escudriñar en la discoteca o en youtube para disfrutar, una vez más, de las canciones de amor y desamor, de pasión y despecho que nos han acompañado a lo largo de nuestra vida.

“La noche de anoche” y mis noches de infancia

Leer el libro “La noche de anoche” de Elsy Manzanares publicado por el Banco de Venezuela, Grupo Santander, ha sido como realizar un viaje a través de mi propia vida. Las magistrales líneas escritas por esta, más que escritora o estudiosa, “vividora” del bolero me han transportado, desde el comienzo de la lectura, a mi más lejana infancia.

El libro de la Manzanares me ha develado cómo el bolero y la radio, sin darme cuenta, han estado presentes en la mayor parte de los momentos de mi vida, como supongo que le pasará a la mayoría de los latinoamericanos que se acerquen a sus páginas.

Mientras leía el capítulo dedicado a la radio como pilar fundamental del bolero, no podía evitar recordar cuando, de niño, escuchaba en casa la emisora merideña Radio Universidad. Cómo disfrutábamos en la

Portada del libro de Elsy Manzanares con fotografía de Luis Brito

familia los cuentos de terror que transmitían en las noches y los programas musicales donde nunca faltaba la presencia de los boleros.

Como soy el menor de una familia numerosa, la música con la que crecí no se corresponde con la edad que tengo pues, esa música, era la que escuchaban mis hermanos mayores a quienes desde siempre les gustaron los boleros. Ellos me cuentan que cuando yo apenas tenía unos seis años, La Lupe, a quien Elsy le dedica un capítulo especial, era mi ídolo y que mi anhelo en ese entonces era que mi madre se vistiera y se peinara como ella.

A medida que avanzaba en la lectura, mi mente divagaba por los recuerdos infantiles, volvía a escuchar a Riquelmi, mi hermano mayor, tararear “Campanitas de cristal” o a mi hermana Lala cantando “Magia blanca” o a Moreida, otra de mis ocho hermanas cantando: “Buscaba tu alma, con afán mi alma, buscaba yo la virgen que a mi frente…” canción que me encantaba.

En esa época, La Parroquia era un pueblo pequeño ubicado como a una hora de la capital merideña y la casa paterna estaba ubicada frente a la Plaza Bolívar, donde continúa estando. En dos de las cuatro esquinas de la plaza había sendos bares con sus respectivas rockolas en las que se escuchaba la mayoría de los boleros mencionados en el libro de Elsy.

Cuando yo pasaba frente a esos bares, disminuía el paso para escuchar las canciones reproducidas en discos 45 de acetato, de los que ya no se ven pues fueron sustituidos por los CDs, y para oir las conversaciones gritadas de los contertulios y el sonido de las piezas de dominó al ser barajadas sobre la mesa. Todavía hoy, cierro los ojos y, al rememorar esos instantes, puedo sentir el olor a cerveza y tabaco que salía junto con el ruido y la música por las ventanas de los bares.

Por supuesto, era apenas un niño de unos 8 años de edad y no se me permitía entrar a esos locales de la “mala vida” y, tal vez por esta razón, la fascinación que esos bares me producían se hacía más intensa.

Madrugadas serenateras

“La noche de anoche” me llevó también a las madrugadas de serenatas en mi casa, cuando a altas horas de la noche, se presentaban los amigos de mis hermanos y pretendientes de mis hermanas con guitarra y cuatro en mano a ofrecer sus canciones a las señoritas de la familia. La mayoría de las canciones interpretadas en esas veladas eran boleros, los mismos boleros mencionados por Elsy en su libro, los de Olga Guillot o de Daniel Santos.

Todavía recuerdo la impresión que me produjo cuando escuché, por primera vez la letra de aquel bolero de Daniel Santos cantado por los trovadores en una de esas noches serenateras: “Vengo a decirle adiós a los muchachos, porque pronto me voy para la guerra…”.

Los boleros de Carmen Delia Dippiní y el “Tu sabes” de Estelita del Llano, no podía faltar así como las canciones de Cheo Feliciano, La Lupe o del carrasposo Bola de Nieve.

La Lupe cuenta con un capítulo especial en el libro de Elsy Manzanares

Las líneas de Elsy me llevaron de la mano a otra etapa de mi vida, cuando en San Cristóbal, durante mi vida universitaria, nos reuníamos en casa de amigos y, con una guitarra y unos cuantos tragos, volvían a sonar los acordes de los boleros como Delirio y Punto y coma, que se alternaban con las canciones de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés y con más de un tango.

O cuando íbamos después de clases a una casa cercana a la Universidad donde vendían cervezas, a tertuliar y oir música. Aunque yo no bebía -nunca lo he hecho-, no puedo negar que me emborrachaba con la emoción que me producían los boleros y las animadas conversaciones en las que derrumbábamos el mundo y lo volvíamos a levantar.

Al avanzar en la lectura de La noche de anoche, me consigo con las líneas en las que la Manzanares menciona a Dalila Colombo y Estelita del Llano y, una vez más, mi mente sufre un flashback y me remonto a los momentos vividos en Caracas y a mi amistad con el prematuramente fallecido Manolo Manolo, con quien tuve la oportunidad de asistir en primera fila a uno de sus Shows del Bolero, con las apasionadas interpretaciones de estas divas, junto a Alicia Plaza, quien me confirmó con sus actuaciones que lo que importa para que un bolero llegue al corazón, no es la calidad vocal sino la capacidad que tenga el cantante para transmitir la pasión que encierran esas canciones de amor y despecho, y ¿quién mejor que una buena actriz para lograrlo?

Como quien prolonga un orgasmo

Hace poco dije en twitter que el libro de boleros de Elsy Manzanares lo estaba disfrutando poquito a poquito, como quien degusta un trago sorbo a sobo, como quien prolonga un orgasmo. Y así ha sido, la lectura de “La noche de anoche” ha constituido un verdadero placer y no me queda más que, para finalizar estas líneas, agradecerle a la autora el honor que me hizo tomándose la molestia de enviarme el libro.

Elsy, recibe desde el tesoro que constituyen mis recuerdos de infancia y juventud mis sonoras GRACIAS y mi caluroso afecto.

P.S NOTA: Para quienes estén interesados en adquirir el libro “La noche de anoche” de Elsy Manzanares, el mismo está a la venta sólo en las librerías El Buscón, en Caracas.

Resumen curricular o cuántas veces he pensado “me quiero ir del país”

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Si andando en la web, te consigues estos pies, es posible que se trate de mí.

Me escribe Fernando Núñez Noda y me pide un resumen autobiográfico de unos tres párrafos para crear la página de colaboradores habituales de Infociudadano, el portal de información que creara hace más de un año y en el cual comparto con gusto los textos que publico en mi blog.

Mi primera reacción fue pensar “Sería bueno poner en mi blog también un resumen que le diga a quienes lo visitan un poco a cerca de mí, quién soy, de dónde vengo, qué hago pero ¿cómo puedo crear tres párrafos para un resumen de una vida hasta cierto punto monótona y sin mayores eventos qué resaltar, siendo que podría escribirlo en cinco líneas?”

No obstante, como soy un muchacho obediente y aplicado, cumplo tan pronto como puedo con la tarea encomendada y le envío al amigo Núnez Noda lo solicitado como lo podrán ver en www.infociudadano.com

Sin embargo, el resumen enviado a Infociudadano no me satisface por completo y me queda la inquietud de cómo debería ser un resumen autobiográfico o curricular de alguien que vive en un país como Venezuela. Un país que pregona estar viviendo el “Socialismo del Siglo XXI” pero que se ha disminuido a tal punto que parece una república bananera de principios del Siglo XX con ínfulas de primer mundo en el Siglo XXII.

¿Qué decir en un “curriculum vitae” de alguien que sufre este “vivir viviendo” con que nos atosigan a través de la propaganda oficial de un régimen que es incapaz de suministrarle a sus ciudadanos seguridad, alimentación, salud, empleo, vivienda y servicios básicos, pero que ya tiene proyectado lanzar al espacio su segundo satélite, a pesar de que no se tienen noticias ciertas de dónde se encuentra y para qué nos sirve el primero?

Tal vez, correspondería escribir el resumen autobiográfico de alguien que vive en un país en donde ciudades enteras pasan más de 48 horas sin fluido eléctrico constante y períodos de hasta 24 sin absolutamente nada de electricidad, sin existir una situación de guerra declarada y sin haber padecido alguna catástrofe natural de envergadura, de la siguiente forma:

GOLCAR ROJAS

C.V

Comunicador Social. Nací en Mérida en el año 1964. Allí estudié la primaria y la secundaria y padecí mi primer atraco a los 14 años, momento en el cual pensé, por primera vez: “Me quiero ir de este país”.

Al salir de bachillerato, me fui casi un año a Estados Unidos, mientras esperaba que me saliera el cupo para entrar a estudiar en la

Este soy yo.

Universidad. En Wilmington, North Carolina, aprendí a chapucear el inglés con un acento gocho que mantengo hasta el sol de hoy y que hace que parezca que lo aprendí a hablar con el tipo de “Ai can tolk guachinton tuu”. Allí me agarró el fatídico “viernes negro” de Luis Herrera, que nos hizo pensar que era la peor tragedia que le podía ocurrir a Venezuela. ¡Ilusos nosotros! No nos imaginábamos lo que se le vendría al país luego de las elecciones de diciembre de 1998. (Cosa extraña, en el imperio no sufrí ningún atraco).

En 1990 obtuve el título de Comunicador Social  mención Comunicación para el Desarrollo Humanístico (sí, así, tan largo y raro como suena) en la primera promoción de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad de Los Andes (ULA), en el estado Táchira, donde fui víctima de mi segundo atraco y, por segunda vez, pensé: “Me quiero ir de este país”.

Hice mis pasantías en la filial de Pdvsa, Corpoven Barinas, cuando la industria petrolera venezolana contrataba gente capacitada sin importar que hubiera firmado una lista. Se podían visitar las instalaciones de la industria sin que verificaran el número de cédula en esa lista al entrar para constatar que se es una persona de fiar, y cuando el Barinés, que hoy es Presidente de Venezuela, se encontraba conspirando contra la democracia.

En los tiempos en que me dedicaba a la comunicación, trabajé para la Oficina de Prensa de la ULA, cubriendo las fuentes de Ciencia y Cultura. De allí me fui a Caracas, como buen gocho que se precie y que busca prosperar en la capital, a trabajar en la Oficina de Prensa de la Fiscalía General de la República cuando era Fiscal General Ramón Escovar Salom y  la institución no se arrodillaba ante el Ejecutivo Nacional. El Fiscal General, incluso, se atrevía a denunciar y procesar al mismísimo Presidente de la República.

Luego de un año, pasé a trabajar como Asistente a la Presidencia de la Comisión de Salud del Senado, en el extinto Congreso, presidida por la doctora Lolita Aniyar de Castro,  con quien me vine a Maracaibo para trabajar, primero, como sub-secretario en la Secretaría de Cultura del estado Zulia y, luego, en la Dirección de Información de la Gobernación del Zulia.

De allí salí con las tablas en la cabeza y asqueado de la política y pasé a hacer prensa y producción en la Compañía Danza Contemporánea de Maracaibo. Luego regresé por un tiempo a Caracas para trabajar como productor y creativo de la campaña publicitaria “Agenda Venezuela” desarrollada durante el segundo gobierno del difunto Rafael Caldera, por la Agencia Mercedes Vázquez y Asociados.

Despúes de todo este periplo, comprendí que quien dijo: ”entre más conozco a los hombres, más quiero a mi perro”, tenía razón. Regresé a Maracaibo y en 1996 monté la tienda veterinaria Tu Maskota con el veterinario Cristian Espinosa. Desde entonces vivo de los animalitos de compañía, tarea que cada día se hace más cuesta arriba en un país donde todo se importa y en el cual no hay dólar oficial para los productos y accesorios de mascotas. Es decir, todo lo que vendemos lo importan con divisas del mercado negro lo cual hace que los precios de venta aumenten casi mensualmente y que la clientela disminuya porque,  en una economía en crisis, al tratar de recortar gastos superfluos, comenzamos por las mascotas.

En Maracaibo, hace unos 5 años,  revólver al cuello, fui ruleteado en un carro durante aproximadamente media hora, hasta ser abandonado en una zona desconocida, sin medio en el bolsillo, temblando más que un tuqueque por el susto y con unas terribles ganas de llorar. Este constituyó mi tercer asalto, entonces pensé, una vez más: “Me quiero ir de este país”.

Como la comunicación siempre ha sido una fascinación y una vocación, en el 2009, abrí el blog www.golcar.wordpress.com en el que me desahogo y satisfago mi profunda necesidad de comunicar. Aquí voy contando sobre las cosas que me apasionan, lo que me gusta y disgusta y lo que voy viviendo cotidianamente en este país de “revolución” y en esta ciudad de más de 40 grados centígrados a la sombra, donde hace pocos meses pasé el susto de mi vida cuando dos tipos, a las ocho de la noche de un sábado, pistola en mano, intentaron hacerme víctima de mi cuarto atraco cuando llegaba a mi casa.

Entonces, no solo pensé “me quiero ir de este país”; quedé convencido que, bien sea por la inseguridad personal y la violencia cotidiana que hace que veamos como algo normal el encontrar en la calle a sicarios y gatilleros con revólveres al cinto,  o por la situación política y económica, o por la persecución política, tarde o temprano, tendré que irme de este país.

¡Epa, presi, reenvíele el mail a Jaua!

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Aunque todo se ve muy negro, el fondo todavía puede estar muy lejos

Aunque todo se ve muy negro, el fondo todavía puede estar muy lejos

¡Epa, Presidente! Estuve oyendo anoche a Elías Jaua leer las medidas que le enviaste por mail desde Cuba y que adoptarás para paliar esta nueva crisis eléctrica que estamos atravesando. Claro, lo oí en diferido porque creo que para el momento en que las dio me encontraba en pleno apagón nocturno y lo ví cuando regresó la luz.

No sé si es que después de 3 horas y media de sofocación a más de 35 grados centígrados la mente embotada no me permitió entender bien, o si fue que los muérganos de Globovisión no transmitieron la vaina completa o si, como la conexión de internet en Cuba no sólo es mala sino cara, cuando quisiste cargar los archivos adjuntos de las medidas, no pudiste hacerlo completo porque se caía la conexión o no te alcanzaban los dólares de cadivi para un mensaje tan largo. Eso de sufrir la mala conexión en la isla y la escasez de divisas le pasa mucho a Yoany Sánchez.

En fin, que escuché que Jaua leía el archivo adjunto que le enviaste con las multas y sanciones, brillantemente llamadas por ti “contribuciones” (es que siempre te la comes con los eufemismos y con esa creatividad que te hace renombrar y rebautizar toda vaina) para los remalayos irresponsables que se excedan en el consumo eléctrico.

Me parece muy bien, comandante, como siempre, te pasaste de “vivo” (¡y eso que la bacteria te tiene jodido, ja!) y nos echaste la culpa de todo lo que está pasando a los pendejos del pueblo que inconscientemente abusamos con el uso de la energía eléctrica. Es que ¿cómo vamos a prender aires acondicionados en ciudades que apenas llegan a experimentar 46 grados de sensación térmica y 90 por ciento de humedad? En el infierno están peor y no prenden aires! ¡Dígalo, ahí!

En fin chico, que a Jaua no le llegaron los archivos adjuntos del plan de inversión que ideaste para incrementar lo antes posible la capacidad de generación de energía eléctrica ni lo referido a los recortes en el presupuesto de los dineros destinados a Cuba, Nicaragua, Bolivia y Ecuador, para meterle esa plata al peo energético que tenemos.

Ya sabes, esas vainas que se han debido venir haciendo desde hace años en Venezuela pero que la partida de negligentes que tienes a tu servicio no han sido capaces de poner en marcha y, ¡coño, uno entiende que tu no puedes estar en todo!

Tampoco le llegó a Elías el archivo adjunto en el que hablas de las indemnizaciones que recibirán los afectados por estos apagones producto de la desidia e ineficiencia de la cuerda de ineptos que trabajan para ti y que creen que con jalar bolas es suficiente.

Todo el capítulo en el que dices que las empresas serán resarcidas satisfactoriamente por las pérdidas que les ocasionan los cortes de electricidad, donde explicas que los negocios y compañías que no puedan aumentar su clientela porque si lo hacen incrementarían el consumo de energía también serán idemnizados y el aparte especial que redactaste tan triste, transido y compungido sobre la indemnización a los sobrevivientes de ancianos, niños y enfermos que mueran víctimas de sofocación o de infartos producidos por la inclemente ola de calor que nos azota, tampo le llegó.

O sea, Benemérito, que al Elías sólo le llegó la parte de los castigos, la parte en la que nos amenazas por ser tan inconscientes, la parte esa que está haciendo que todo el mundo ajuste los precios de su negocio para calcular el incremento que sufrirá su factura de Corpoelec producto de las “contribuciones” que tendrán que pagar porque nadie va a bajar el consumo. No le llegó más nada.

Trate de cargar los otros archivos otra vez, lo antes posible, y reenvíeselo a Jaua para ver si se calma un poco la calentera (nunca mejor empleado el término) que estos desalmados están sintiendo.

¡Ah, por cierto! Anoche, por mi casa, el sonido de las cacerolas lo recordaron a usted y a la señora Elena por largo rato.

Noche de apagón, calor y redes sociales

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Madrugada del 11 de junio. 3:20 am para ser exacto. Un escandaloso silencio me despierta del sueño que hace apenas 15 minutos pude conquistar. Una hora dando vueltas en la cama porque el insoportable calor que hay por estos días en Maracaibo es de no creer y los aires acondicionados tardan mucho más tiempo de lo acostumbrado en hacer su labor y resulta que, cuando por fin lo logró, me duermo, el aire acondicionado de la habitación se para en seco, de un solo golpe.

Abro los ojos y la negrura que veo es como si los estuviera abriendo tras una venda gruesa y negra. Lo que me temía acaba de suceder. El apagón que me anunció como a las diez de la noche Corpoelec con un corte de unos 40 minutos y que desde entonces esperaba, se acaba de producir. Estoy sin luz, con una temperatura de más de 30 grados centígrados, en plena madrugada.

Infructuosamente trato de ajustar la vista para ver si distingo algo. Nada. Todo es del negro más intenso que uno pueda imaginar.

“No me voy a mover para que no me ahogue el calor y ver si me logro dormir”, pienso y trato de mantenerme en la misma posición con la esperanza de que pronto escucharé de nuevo el zumbido del acondicionador de aire.

Nada. Pasan diez minutos y la corriente eléctrica no regresa. Empiezo a sentir los chorros de sudor que comienzan a correr por varias partes de mi cuerpo al mismo tiempo. Quince minutos y el calorón y la humedad comienzan a hacerse insoportables.

A tientas y maldiciendo la suerte de vivir en un país al que parecen haberse dedicado a destruir por completo desde las altas esferas del gobierno, me levanto y doy pequeñísimos pasos para no tropezar con nada. Ubico el Blackberry que dejé cargando en la mesita de noche y, en ropa de cama, es decir, completamente desnudo, me voy al balcón del apartamento con la esperanza de conseguir un poco de brisa que me ayude a mitigar el cada vez más abrasador calor.

Nada. No sopla el viento, ni siquiera hace un pequeño intento. En la calle, la oscuridad es tan intensa como en el cuarto. Mejor, así no doy pena con el espectáculo de mi desnudez.

Me conecto a twitter y comienzo a ver montones de reportes de todas partes del estado Zulia informando del tiempo que tenían sin electricidad. Machiques, Cabimas, Lagunillas, todas la zonas de Maracaibo se unen al rosario del #sinluz.

Pienso en los hospitales y clínicas. En las emergencias y en los quirófanos que en ese instante podrían estar sin electricidad y me espanto. Justo en ese momento veo un tweet que da cuenta de que el Hospital Universitario se encuentra #Sinluz. ¡Pobre gente!

Comienzo a tuitear mi infortunio y me consigo con varios amigos que están en la misma situación.

Pienso en la mala hora cuando decidí dejar de fumar porque en ese momento me ayudaría mucho el apoyo de la nicotina. Cancelo ese pensamiento para no caer en la tentación y me dedico a conversar por el timeline y por mensajes directos con mis amigos tuiteros y por BBMess con otros, de donde obtuve la imagen que ilustra este post.

Después de varios tweets maldiciendo la desidia de un gobierno que en 12 años no ha invertido ni medio en la infraestructura del país mientras ha regalado a manos llenas dinero a Cuba, Nicaragua, Ecuador y Bolivia, y remaldiciendo ese afán que tiene esta “revolución” de pacotilla en hacernos padecer calamidades e igualarnos a todos pero por lo bajo, a diez para las cinco de la madrugada, llega la luz.

Me despido de mis amigos pensando en lo bueno que es que existan estas redes sociales que nos ayudan a descargarnos, a desahogarnos y a hacer más llevaderas las calamidades. Vuelvo a la habitación a tratar de conciliar el sueño. Imposible. El calor y el sopor los tengo metidos en el cuerpo y no hay aire acondicionado que pueda con las altas temperaturas de esta época del año en Maracaibo.

Cuando, como a las seis y media de la mañana, por fin, el cansancio comienza a vencerme, una especie de ataques epilécticos de la corriente eléctrica comienzan a sucederse haciendo que el aire acondicionado prenda y apague intermitentemente con estruendoso ruido.

Así, transcurrieron esas tres horas de sueño intermitente, hasta que llegó la hora de levantarme e ir a trabajar.

¡Remaldición! En la tienda no hay luz. La electricidad pasa todo el día yendo y viniendo. La temperatura alcanza los 42 grados centígrados a la sombra y yo siento que me derrito.

Llego a mi casa y a eso de las ocho de la noche se vuelve a ir la luz. Ya no sé en qué forma maldecir al gobierno. El calor me está consumiendo y, mientras me dedico a escribir esto en mi Blackberry porque, por supuesto, sin electricidad mi computadora no funciona, siento como los chorros de sudor corren por diferentes partes de mi cuerpo.

Reverón. La película.

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Nota del 10 de junio de 2011: La Película ganó los premios a:  Mejor Música, Mejor Fotografía, Mejor Dirección de Arte, Mejor Actriz de Reparto,  Mejor Actor, Mejor Dirección y el Premio del Público  en el VII Festival de Cine Venezolano en Mérida.

Cuando salí de ver la más reciente película de Diego Rísquez, “Reverón”, no pude evitar
preguntarme, una vez más, como siempre lo he hecho cuando me aproximo al pintor, si ¿fue Armando Reverón un loco que se hizo pasar por cuerdo o fue un cuerdo que se refugiaba en la locura para escapar al dolor y a la realidad hasta que la insania mental lo atrapó por completo?

Pensaba que en el caso de Armando, como en el de muchos grandes artistas, esta pregunta nunca podrá ser respondida con absoluta certeza, posiblemente una combinación de ambas situaciones unidas a una gran sensibilidad y exacerbada capacidad y necesidad de creación configuraron la excéntrica personalidad del “Loco de Macuto”, el pintor, muñequero, teatrero y teatral. El genio de la luz.

Pero, reflexionando sobre lo que acababa de ver, decidí que no tiene mayor importancia pontificar acerca de la locura de Reverón. Ese rasgo de su personalidad no pasa de ser un aspecto de su biografía. Lo que sí se hace imprescindible es recalcar su genialidad artística, rescatar la idea de que fue un genio de la pintura venezolana del siglo XX y darle el lugar que se merece en la historia de las artes plásticas, otorgarle el sitial que le corresponde en mundo del arte.

Entonces, pensé que es mucho lo que en Venezuela le tendremos que agradecer a Diego Rísquez en esa labor de otorgarle a Reverón el puesto que se merece en la historia porque su película hace que reencontremos al genio del pintor, nos absorbe desde el principio para adentrarnos en los vericuetos de su creación y llegar a perdernos en los laberintos esquizoides del Reverón pintor, actor, muñequero y amante.

Pareciera que en la producción cinematográfica se logró permear la energía del Pintor, su espíritu parece haberse materializado a lo largo de los 90 minutos del film. Así encontramos que Reverón está presente en la pictórica y excelente fotografía de Cesary Jaworsky, que logra plasmar en la pantalla imágenes que parecieran hechas por el propio obseso de la luz, con unos sutiles efectos que nos muestran la luz del trópico tal y cómo la debió haber experimentado el propio artista.

La banda sonora de “Reverón”, original de Alejandro Blanco Uribe es, sin lugar a dudas, una de las mejores que he escuchado en el cine venezolano. La música es un personaje más y sus vibrantes y rítmicos acordes junto a sus dulces letras nos acompañan desde las primeras escenas de un film que, con poco diálogo pero con excelentes imágenes, actuaciones y música, nos cuenta una hermosa historia de amor y nos muestra a un genio en todo su esplendor creativo, con sus obsesiones, su onanismo, su pasión, su calistenia ejecutada antes de enfrentar el lienzo y esa divertida y lúdica manera que tenía Reverón para aproximarse al otro, a lo desconocido, a lo que  le podría producir algún temor y que disipaba con juegos teatrales.

La dirección de arte,  a cargo del propio Rísquez, no admite otro adjetivo que no sea el de “perfecta”. Resulta increíble poder ver en la pantalla El Castillete de Reverón cuando sabemos que desde el deslave de Vargas, en diciembre de 1999, está, junto a los objetos que allí había, ahogado bajo las piedras y el lodo que arrastró la fuerte vaguada, sin que a alguna autoridad parezca importarle ni hayan mostrado el más mínimo interés en reconstruir la memoria histórica de uno de los más importante pintores de nuestro país. El museo Reverón quedó convertido en escombros sin que al parecer le conmueva a alguien.

En la película están la pajarera, el cinturón, los pinceles, los lienzos, el teléfono, las muñecas: Serafina, Niza y Graciela, Pancho, el mono que anunciaba las visitas con el sonido de la campanilla, las máscaras, los vestuarios, los animales, en fin, todos los objetos y seres que conformaban el mundo más íntimo del pintor y que han logrado reproducir con maestría y exactitud para la filmación.

Pero donde uno más siente la presencia de Reverón es justamente en la actuación hecha por Luigi Sciamanna. Su interpretación del pintor de la luz es verdaderamente genial. En los ojos del actor no hay nada que no sea verdad. Sus gestos, movimientos, la entonación de la voz y las miradas son de una pasmosa naturalidad, sin histrionismos exagerados ni los típicos clichés de mirada desorbitada que utilizan lo malos actores cuando quieren interpretar la locura.

Luigi va desarrollando el personaje con tanta verdad y sinceridad que uno no puede evitar pensar, pese a las diferencias físicas, que está frente al maestro Armando Reverón. En su interpretación no hay fingimientos ni manierismos o impostaciones, es verdad cuando ríe, cuando llora, cuando juega, cuando pinta, cuando se busca en el espejo y se llama. Incluso, en las escenas en las que interactúa con Nicolás Ferdinandov, en una sosa y poco afortunada interpretación de Luis Fernández, su actuación es tan verdadera que no permite que la escena caiga. Al final, cuando le sobreviene la muerte y Reverón se va hacia su obsesiva luz, uno queda con la sensación de haber ido al Castillete a compartir un rato con el artista y Juana su historia de amor y creación.

La presencia del “Loco de Macuto” en el film se siente también en el amor que destilan los ojos de Sheila Monterola, la actriz que con pasión y creatividad encarnó a Juana, la amante esposa de Reverón, la compañera que lo cuidó, lo mimó y participó de sus juegos y travesuras. En su Juana no hay más que amor y solidaridad, en una interpretación que llega a lo más profundo del ser. Ella es la encarnación de ese amor que tuvo el privilegio de sentir Reveron de parte su compañera, amiga y amante. Sheila construyó su personaje con sutileza y ternura alcanzando una excelente actuación.

Las demás actuaciones se puede decir que están al nivel de la película, los personajes cumplen su cometido de dar soporte al personaje principal sin que ninguna descuelle en particular. En términos generales los personajes están bien interpretados.

Reverón , la película, es una obra que, a riesgo de parecer exagerado y parcializado, es digna de representar a Venezuela en los Oscar. No tengo duda de que con una buena campaña promocional y el apoyo de todos los venezolanos, la película no sólo podría traer el primer Oscar como Mejor Película Extranjera para Venezuela sino que, con un empujoncito un poco más fuerte, podría traerse también el galardón como Mejor Actor Principal para Sciamanna.

Cuando fui al cine a ver la película, había una larga cola para ver la cuarta entrega de Piratas del Caribe, lamentablemente, en la sala de “Reverón”, los asistentes no sumábamos más de 30.  Ojalá y mis palabras sobre la posibilidad de un Oscar para el film sean proféticas, no sólo por el logro que significaría para la película y para la cinematografía criolla, sino porque un triunfo de ese calibre ayudaría contribuiría para que la imagen de Reverón, el artista plástico, el “Loco de Macuto”, sea reivindicada a nivel mundial y que los venezolanos empecemos a valorar al maestro de la luz como nuestro Goya o como nuestro Van Gogh.

Las imágenes utilizadas en este post fueron extraídas del trailer

oficial del la película y de la página de la misma.

De como un secuestro me confirmó en mi fe

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Este altar, en casa de los Rincón Bracho, es testigo de los más dos meses de sufrimiento de la familia

Cuando cursaba mis estudios de Comunicación Social en la ULA Táchira, una noche de conversa distendida con una querida amiga y profesora de la carrera, surgió el tema de la fe, la religión, las creencias y comenzamos a lucubrar sobre la posibilidad de que Dios existiera. En estos momentos no recuerdo en qué términos desarrollamos la conversación teológica ni cuál era exactamente mi posición al respecto, sólo recuerdo con nitidez las palabras con las cuales Sara Roby, la profesora, zanjó la discusión y que se quedaron grabadas para siempre en mi mente. Ella, sabiamente, dijo:

-Yo hace mucho que decidí que lo mejor es creer en Dios, por eso rezo todos los días y no me devano los sesos pensando si existe o no. ¿Para qué dudar, acaso es una nimiedad lo que está en juego? No, amigo, ¡lo que está en juego es la vida eterna!

A mí me dio un ataque de risa a mandíbula batiente que me duró como media hora por la ocurrencia, pero sus palabras, al día de hoy, me acompañan y las he asimilado como si fueran mías.

A partir de allí fui construyendo mi sistema de creencias, creo en Dios, soy devoto de algunas vírgenes cuyas imágenes me han conmovido desde chico como Santa Ana, que siempre fue la santa que acompañó a papá en su negocio y más recientemente, la Rosa Mística de cuyos milagros puedo dar testimonio, aunque no lo haré en este post para no correr el riesgo de parecer fanático y evangelizador.

No soy de ir a misa, ni los domingos ni ningún otro día de la semana. de hecho, ya había perdido la cuenta de cuántos años tenía sin asistir a un servicio religioso aunque me gusta visitar iglesias en los momentos en que no hay gente, contemplar las imágenes y elevar una que otra plegaria por mí y por mis seres queridos.

Pero el domingo pasado, 29 de mayo para ser exacto, me levanté antes de lo acostumbrado en mis días no laborables y sentí la necesidad de acercarme a un templo y asistir a la misa de 10 completa para dar gracias porque Carlos Rincón, esposo de mi querida amiga Danielle Bracho, había sido rescatado el viernes 27 de sus captores que lo tenían secuestrado desde hacía dos meses y medio.

Danielle y Carlos un día después del rescate

La noche anterior, el sábado, estuve en casa de Carlos y Danielle, compartiendo con ellos, con sus familiares y sus amigos la alegría de tenerlo de vuelta sano y salvo.
Cuando llegué, inmediatamente, acudieron a mi mente las imágenes de la procesión del Jesús de la Misericordia, a la que escasamente un mes antes acompañé a Danielle en su recorrido por las calles de Maracaibo para pedirle al milagroso santo el favor de hacer aparecer a Carlos lo antes posible. Recordé su llanto silencioso y discreto cuando divisamos la imagen del Jesús aproximándose a donde nos encontrábamos, mi gesto de mirar a otro lado para no romperme con ella pues sabía que era lo que menos necesitaba en ese instante y las plegarias que en mi cabeza repetía como en un sinfín para que su padecimiento terminara cuanto antes.

Aunque nunca quise indagar sobre lo que estaba viviendo la amiga en esos días, cuando la veía, la dejaba hablar. Conversábamos del secuestro de su esposo pero brincábamos a otros temas cuando sentíamos que corríamos el riesgo de sucumbir al llanto. Así, entre una frase y otra, entre un tema y otro, pude descubrir no sólo el terrible sufrimiento por el que la amiga estaba pasando, sino los peligros que podía y estaba corriendo pues su desespero por no tener noticias de su esposo la llevaban a hacer temerarias investigaciones por su cuenta.

Ella nunca me dio detalles y yo nunca los solicité, pero por frases como “Estoy asqueada con todo lo que estoy conociendo” o “Ni te imaginas a qué sitio fui a parar anoche a las 3 de la mañana” podía deducir que no descansaría hasta dar con el paradero de su marido.

Yo callaba y escuchaba. La admiraba y pensaba: “es muy fuerte ver como a una mujer desesperada por la ausencia forzada de su esposo, en dos meses y medio, le puede cambiar la vida para siempre y es impresionante observar cómo ella misma puede llegar a sorprenderse con las cosas que es capaz de hacer en momentos límites”. Cosas que ella, ni en sus peores pesadillas, podría haber imaginado que le pasarían.

Cuando vi esa noche a Carlos me sorprendió un poco la cara demacrada que tenía, la mirada un poco desorbitada, aunque luego comprendí que lo que había vivido en esos dos meses y medio era suficiente para demacrar al más robusto de los hombres. Setenta y tantos días en los que convivió con sus secuestradores, con las ratas que corrían por el techo y lo despertaban a media noche.

-Muchas veces me desperté sobresaltado porque sentía que algo me caía en la cara –contó Carlos esa noche-. Al tocar y mirar, me daba cuenta que eran las cagarrutas de las ratas que me caían del techo.

También contó de sus sueños con Danielle, con los hijos, con sus familiares y resaltó que algo que aprendió en ese tiempo, fue a comer pues, alimentos sanos y saludables nunca le faltaron. Contaba que lo alimentaron bien y que pensaba que esa era una dieta que debía continuar con frutas y verduras, una comida sana.

A la izquierda la pareja antes de pasar los más de 70 días de tragedia, a la derecha un día después del rescate

A la izquierda la pareja antes de pasar los más de 70 días de tragedia, a la derecha un día después del rescate

Cuando dijo que lo alimentaban bien entendí que a él como a Danielle, quien me contaba que comía bien también, el sufrimiento no los dejaba asimilar los alimentos, por el contrario, iba consumiéndoles la masa corporal y recordé que en una oportunidad, mucho tiempo antes, cuando nadie podía imaginarse que pasarían por la dramática experiencia de un secuestro, ella me contó que, casi desde que se conocieron, nunca habían dormido separados, que a los dos se les hacía casi que imposible conciliar el sueño cuando no estaban juntos. Un escalofrió me recorrió el alma al imaginar lo que habían sido esos dos meses y medio para ambos.

De esos pensamientos me sacó un nuevo relato de Carlos sobre la alegría que sintió cuando se enteró que su lugar de cautiverio seguía estando en su Maracaibo querido.

Estaba acostado mirando al techo cuando de la calle llegó el sonido del parlante de un chatarrero llamando a la gente para que le vendieran los desechos de metal y cartón.

-¡Qué alivio y qué alegría sentí es ese momento! Los estridentes gritos del chatarrero eran como música para mis oídos. Me alegró no sólo saber que no era la guerrilla la que me tenía sino hampa común, pero lo que más me emocionó fue confirmar que, aunque estaba secuestrado, seguía en Maracaibo.

A esos de la 10 de la noche, me despedí de los amigos, advirtiéndole a Danielle que debía tomar nota de todo lo vivido porque era material para un best seller.

Llegué a mi casa pero se me hacía imposible conciliar el sueño. Pensaba en los Rincón Bracho, en lo que habían vivido, en lo mucho que tendría que contarle Danielle a Carlos y en lo mucho que él tendría que escuchar y comprender. Como en una película me llegaban a la mente las imágenes de los noticieros, de la liberación de Carlos, de las informaciones que hacía poco daban cuenta de un tiroteo a una línea de taxis supuestamente ordenado desde la cárcel porque los conductores se negaban a pagar vacuna. Recordé que una vez un amigo me contó que su supermercado pagaba 20 millones de bolívares (hoy serían 20 mil) mensuales de vacuna para que no se metieran con ellos, él me detalló que los cobra vacuna tenían una especie de tabulador y que ofrecían paquetes de acuerdo a las posibilidades de cada quien.

Los ruidos de algunas detonaciones habituales en las noches de Maracaibo me hacían brincar en la cama pensando que en ese momento podían estar matando a alguien por encargo. Daba vueltas en la cama y escuchaba la historia de aquel amigo que casi todos los meses tiene que cambiar su número de celular porque lo llamaban unos tipos que decían ser presos y le pedían no sé cuántos millones de bolívares en tarjetas telefónicas.

Todo me daba vueltas y no podía dormir. Me asaltaban las imágenes de la telenovelas colombianas “Las muñecas de la Mafia”, “El Capo” y otras tantas cuya transmisión fue prohibida en nuestro país con el pretexto de proteger a los niños y adolescentes cuando, en realidad, la medida parecía evitar que los venezolanos comparáramos lo allí mostrado con lo que vivimos a diario en nuestro país. Al permitir esas telenovelas se corre el riesgo de que nos demos cuenta que la violencia y el conflicto colombiano que, hasta hace poco, veíamos como un problema muy lejano a nosotros, ahora parece tener cédula de identidad venezolana.

Así, de sobresalto en sobresalto, pasé la noche y me agarró el amanecer pensando en cómo nos ha cambiado la vida a todos. Me persigné, recordé las sabias palabras de Sara Roby, hice una oración y fue cuando decidí que tenía que ir a misa a agradecerle al Jesús de La Misericordia y a la Rosa Mística el haber escuchado mis plegarias diarias por la liberación de Carlos. Pero, también sentí una imperiosa necesidad de rezar para que Dios nos mantenga a salvo de la terrible violencia que está recorriendo las calles de pueblos y ciudades de Venezuela. ¡AMEN!

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