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Archivo mensual: agosto 2011

Las elecciones fueron una fiesta… Hasta que me convertí en Ni Ni (II)

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Parte 2 de 3

Y me volví Ni Ni

Nos acercamos a un nuevo evento electoral y la situación no es muy diferente a lo que ha venido sucediendo conmigo en los últimos años. No consigo un candidato que sienta que me representa. No me identifico con el discurso de ninguno de los precandidatos de la unidad y siento que a pesar de todo lo acontecido en el país y de la situación crucial en la que nos encontramos, ni los partidos políticos ni los líderes que los componen han aprendido nada. Siento que siguen haciendo la misma política que siempre ha hecho con las mismas intenciones de siempre y, por supuesto, con los mismos resultados.

Trato de pensar qué es lo que hace cada día me sienta más NI Ni. ¡Ojo! No un Ni Ni de esos que dicen “NI ME IMPORTA NI ME INTERESA”, más bien, me ubico en el grupo de NiNis que dicen: “NO ME IDENTIFICO NI CON EL GOBIERNO NI CON LA OPOSICIÓN” porque en el fondo, siento que lo que ambos ofrecen y prometen es exactamente más de lo mismo, con algunas importantes aunque muy pequeñas y sutiles diferencias.

Le doy vueltas a la cabeza, me devano los sesos tratando de adivinar a qué se debe esta apatía ante las ofertas electorales, a qué se debe este profundo “niniísmo” que me embarga ¿Por qué a mis 46 años, ya casi 47, me sigo sintiendo como un rebelde sin causa, como un adolescente que no se puede conformar con lo que le ofrecen?

Entonces, oigo que María Corina Machado insiste en utilizar las palabras “decente” y “decencia” en su discurso electoral y siento como si me dieran un mazazo en la cabeza. Allí está la raíz del asunto, en la división, en la constante separación a que nos han sometido por años a los venezolanos. Políticamente se le ha sacado el máximo provecho al partir el país en dos toletes: Pobres y ricos, demócratas y fascistas, decentes y vulgares, oligarcas y pueblo, pitiyanquis y procubanos, escuálidos y chusma… Y aquí, una vez más, me siento Ni Ni. Encuentro que no tengo ubicación en ninguno de esos dos grupos extremos y, sospecho, que a una gran mayoría le acontece lo mismo.

Parece que aquella primera elección popular,  universal, directa y secreta, que se hiciera en nuestro país en 1944 para seleccionar la Reina del Deporte marcó a perpetuidad nuestra manera de hacer política.

En aquel año 44 competían por el título de belleza, Oly Clemente y Yolanda Leal y, en el fragor de la campaña, a alguien se le ocurrió acuñar la idea de slogan de campaña que rezaba:

“Oly Clemente, para la gente decente y

Yolanda Leal, para la gente vulgar”

A partir de ese momento, Oly se erigía como representante de las clases adineradas del país y Yolanda abanderaba a la gente pobre. Ese es el discurso separatista, divisionista de los venezolanos que, hasta el sol de hoy se ha impuesto en el ámbito electoral. Así se configuró la Venezuela políticamente escindida en dos mitades: Ricos y pobres. Decentes y vulgares.

Esa división también se patentiza en la imagen que ofrecen los partidos políticos. Acción Democrática se comienza a perfilar, más que como un partido socialdemocráta, como un partido popular y de los pobres, ante la ciudadanía y Copei desdibuja un poco su origen demócrata cristiano para convertirse en el partido de la gente adinerada y elitista. La separación  esta alcanza hasta a los medios de comunicación y así, RCTV adquiere una imagen populachera y “sube cerro” y Venevisión la de “canal de la gente con clase”.

Esta polarización llega a su máxima expresión en 1998 cuando las opciones que nos ofrece el panorama político son: Un ex Miss Universo, rubia y de nariz respingada de hablar suave y elegante. Un empresario oligarca de la rancia y clasista sociedad carabobeña y un exgolpista, exmilitar del interior del país, de extracción humilde, con una cara morenita huesuda como la de tantos que habitan en las barriadas pobres de nuestro país.

El resultado es harto conocido por todos y los efectos de esa manera de hacer política los hemos padecido todos los venezolanos. La injusticia y la desigualdad acumulada durante los años de la cuarta república, la forma de asumir a los venezolanos como meros votantes sin considerarlos ciudadanos con derechos y deberes, el engaño al que por años sometieron los políticos a los ciudadanos, nos han traído a donde estamos. Y lo peor es que las condiciones de desigualdad y menosprecio en lugar de amainar y superarse, se han afianzado, radicalizado y profundizado.

En el camino, fuimos quedando muchos venezolanos que en la actualidad nos sentimos desamparados, irrespetados, embaucados, engañados, defraudados. Un gran porcentaje de habitantes que sólo aspiramos a ser tratados como ciudadanos, con gobiernos responsables ejercidos por ciudadanos políticos, conscientes de su responsabilidad como líderes y que estén dispuestos a hacerle frente a ese liderazgo, sin que quepa la más mínima posibilidad de decepción entre quienes les depositan su confianza.

La oferta electoral, hasta el momento, según mi modo de ver, no contiene ni un atisbo de eso a que aspiramos gran cantidad de venezolanos. Por el contrario, el ejercicio del poder de la oposición en alcaldías y gobernaciones parece demostrar que, efectivamente, los políticos no han aprendido nada en estos dramáticos 12 años. Desde sus puestos de mando demuestran cotidianamente que el poder lo siguen ejerciendo de la misma forma que lo han hecho siempre, con la misma irresponsabilidad y el mismo menosprecio por sus votantes. Siguen siendo políticos a la vieja usanza antes que ciudadanos y nos tratan como a borregos votantes  en lugar de cómo ciudadanos.

Hace poco, tuve oportunidad de comprobar en carne propia lo anterior cuando, en ocasión de solicitar atención  para una escuela de jóvenes con capacidades diferentes de aprendizaje, le dirigí al gobernador Pablo Pérez, actual precandidato de la oposición para las elecciones de 2012, varios mensajes, vía twitter, a su cuenta @PabloPerezOf. Al sol de hoy, ni siquiera un saludo han respondido en esa cuenta, y la Escuela Laboral que se encarga de capacitar a esos jóvenes de escasos recursos para que aprendan un oficio que les permita obtener un trabajo digno que les posibilite una mínima automanutención y un máximo de satisfacción, sigue en las mismas condiciones en las que se encontraba antes de yo tratar de llamar la atención del gobernador.

Esos jóvenes no pueden recibir sus clases porque el techo de la institución se está derrumbando y, cuando llueve, las paredes de la edificación dan corriente. Hasta el momento, no han recibido atención ni de parte del Ministerio de Educación ni de la Gobernación. Meses y años preciosos para la formación de estos jóvenes se están desperdiciando ante la mirada indiferente del los gobiernos nacional y regional.

En la oportunidad en que comencé a hacer las denuncias vía twitter, tuve la suerte de que @Radardebarrios retuiteará uno de mis tuits. Inmediatamente, una tuitera, evidentemente miembro del gobierno regional, replicó diciendo que ya la Gobernación estaba tomando medidas al respecto y que el caso se encontraba en estudio por un ingeniero del gobierno regional y que estaban investigando de quién eran los terrenos.

Averigüe a quién pertenecía el terreno y, cuando se lo dije, ella respondió que efectivamente era del Estado.  Ante mi insistencia diciendo que la situación era de emergencia y que por favor le den una mano a esa escuela, ella ripostó, empezando a escurrir el bulto, que eso es del Ministerio de Educación y que a la Gobernación se le hacía muy difícil intervenir en terrenos que son del gobierno nacional.

Entonces, le dije: “¿por qué la Gobernación no les ubica una nueva sede para la escuela?” Insistí en que, de verdad, esos jóvenes la necesitan y sus madres no saben qué hacer para poder trabajar y atender a sus hijos en los horarios en que deberían estar en la escuela. La funcionaria comenzó a hablar de los recursos que no llegan y que les niegan desde el gobierno central y toda la serie de excusas a las que nos tienen acostumbrados.

Finalmente, todo terminó cuando ella me dijo que ya quedaba de parte de esos padres ir a protestar ante el Ministerio de Educación para que le solucionaran el problema. O sea, después de muchas vueltas y rodeos, todo acaba en achacarle la culpa a los ciudadanos que sufren la situación y que se supone deberían ser atendidos por los gobernantes.

Ahora resulta que todo parece resumirse a que “no nos dejan trabajar”, “no nos bajan los recursos”, “estamos de manos atadas”, “salgan ustedes a protestar y a defender sus derechos porque yo no puedo hacer más nada”…

En esos momentos la sangre me hierve porque quienes votamos por esas personas que se escudan en pretextos para no cumplir con su deber, lo hicimos confiando en que tendrían el guáramo suficiente para enfrentar las dificultades y conseguirles soluciones.

Ellos en campaña daban inflamados discursos diciendo que iban a ganar y a cobrar y ofrecían gobiernos diferentes. Ahora no puede escudarse tras la excusa de “no me dejan”. Quienes se postularon a esos cargos sabían tan bien como todos nosotros, que el camino estaría lleno de espinas y que las trabas y saboteos se presentarían. Lo menos que se esperaba era que tuvieran algún plan B para poder desarrollar su trabajo a cabalidad. Si no era así, no han debido postularse y dejar que alguien más capacitado asumiera el cargo.  Los votamos para que nos representaran, para que si había que salir a dar una pelea ellos estuvieran al frente, no para que nos mandaran a nosotros a protestar y a hacer algo que debería ser iniciativa de ellos y, en todo caso, llamarnos a que los apoyemos en su lucha. Pero ellos al frente.

Hace poco, en mi trabajo, estaba encendido el televisor y transmitieron una propaganda del gobernador zuliano en la que dicen que es un gobernante cercano a la gente.  Una trabajadora humilde, al ver la propaganda, montó en cólera porque, según contó, en una oportunidad trató de acercársele en su barrio a Pablo Pérez para entregarle un papelito con una solicitud y su paso fue cortado de manera violenta y con fusiles en mano por guaruras del gobernador. Ella, rabiosa, defraudada, humillada e impotente ante semejante muestra de fuerza, dio media vuelta y se fue con su papel en el bolsillo.

Sé por conversaciones con amigos de otros sitios y por lo que leo en los medios, que esta situación no es exclusiva del Zulia. De casi todos los sitios gobernados por opositores al presidente se escucha el mismo tipo de quejas. No han solucionado, ni siquiera contenido, la inseguridad, al contrario, aumenta a diario y la situación de deterioro y abandono en que se encuentran las ciudades y los estados es evidencia de que no están cumpliendo con su mandato.

¿Que no es fácil? Eso lo sabían desde antes de llegar allí, ahora tienen que demostrar que se merecen el puesto que con nuestro voto han alcanzado.

La excusa de los recursos es valedera hasta cierto punto, porque ¿cómo es que no les llegan recursos para las obras importantes como el asfaltado de calles y mantenimiento de vías y edificaciones y sí les llegan o consiguen para las  multimillonarias campañas publicitarias que desarrollan en prensa, radio y televisión?

En ocasión de la denuncia sobre la situación de infraestructura de la Escuela Laboral, lo que más me irritó fue ver una valla publicitaria en la que Pablo Pérez aparece abrazando a un niño con Síndrome de Down. De hecho subí la foto y le dirigí varios tuits con ella. Pero nada, su silencio, aún me aturde.

Continúa…
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Las elecciones fueron una fiesta… Hasta que me convertí en Ni Ni (I)

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Primera parte de 3


La Fiesta electoral

Mis primeros recuerdos de eventos electorales provienen de cuando tenía ocho años de edad. Se acercaba el año 1973 y, con él, las elecciones en las cuales los principales contendores eran: Lorenzo Fernández por el partido socialcristiano COPEI y Carlos Andrés Pérez por el partido Acción Demócrática, la popular AD.

Cierro los ojos y me veo recorriendo las calles de La Parroquia en Mérida, con un tarro de pega hecha a base de almidón y afiches de CAP bajo el brazo. Empapelando mi pueblo natal a eso de las 11 de la noche con la propaganda del candidato de mi madre, adeca de toda la vida, activista y luchadora por su partido. Varias alegres noches transcurrieron en esos días de pegadera de afiches y distribución de banderines junto con mis hermanas y unos cuantos amigos. Para nosotros era un divertido juego.

Después, la alegría del triunfo. Mi madre contenta, celebrando. Las elecciones en esa época eran una fiesta, al menos así las recuerdo.

Se acercaba el año 1978 y ya la fiesta electoral de nuevo comenzaba. Otra vez llegó el tiempo de pegar afiches y jugar a hacer política. En esta ocasión, nuestro candidato era Luis Piñerúa Ordaz, con aquel pitico que tanto nos divertía al hacerlo sonar y escuchar como las notas parecían decir con tono claro y agudo: “Pe-ñe-rú-a”.

Noches de reuniones de mi mamá en la sede del partido, planificando acciones para, al salir de allí, empezar inmediatamente a ejecutarlas y yo acompañándola en todo momento.
El candidato por el partido COPEI y que resultaría vencedor en la contienda, era Luis Herrera Campíns. Me traslado en el tiempo y aún puedo ver a mis hermanas Moreida y, sobre todo, a Oraima que era más furibunda en eso de la política, recostadas a la pared del porche de la casa con caras compungidas, a punto de llanto cuando nos llegó la noticia de que el copeyano era el ganador. No recuerdo para nada haber notado esa tristeza en mamá, me parece que para ella era solo un traspié más en la lucha política. Un contratiempo que al día siguiente estaría olvidado y que para las siguientes elecciones se encontraría completamente superado.

Esas elecciones nunca las podré olvidar. Por primera vez en mi vida pude pasar la noche entera viendo televisión, una película tras otra pues, en esos días electorales era el único momento en que las televisoras no finalizaban sus transmisiones a las 12 de la noche. Debo haber visto cerca de siete películas transmitidas por RCTV que era mi canal favorito, sin cortes comerciales, solo con algunas interrupciones para informar sobre el evento electoral. A las seis y media de la mañana, cuando el sol empezó a clarear, salí de la casa para hacer un recorrido a pie por los centros electorales que me quedaban cerca, con una sensación indefinible de emoción, alegría, desconcierto y cansancio. Ese fue, sin duda, un gran día en mi adolescencia.

Así llegamos al año 1983 y, por primera vez, tengo la emoción no sólo de poder votar, ¡mi primer voto!, sino de ser miembro de una mesa de votación. Nada podía ser más perfecto para este joven que se crió entre activistas políticos. La batalla la daban Jaime Lusinchi por AD y Rafael Caldera por Copei. Yo, contrariamente a lo que se podría pensar, en esa oportunidad, aunque representaba en la mesa al partido blanco, ¿o a URD?, no recuerdo con exactitud, decidí votar naranja y, feliz, estampé el sello sobre la tarjeta del Movimiento Al Socialismo, MAS, abanderado por Teodoro Petkoff.

Sin tener muy claro por qué, a esa edad ni AD ni Copei parecían corresponderse muy bien con mis aspiraciones y con lo que yo esperaba para el país, me parecía que Petkoff podría corresponderse más con esos ideales de igualdad y justicia tan anhelados y, a sabiendas de que no tenía chance de ganar, le di mi voto. Ganó Lusinchi.

Candidatos de 1998

A partir de allí parece haberse desarrollado una especie de maldición. Creo no haber votado ni una sola vez por un candidato ganador. No recuerdo con nitidez por quien voté en 1988 cuando gano CAP su segunda presidencia contra Eduardo Fernández, sé que no fue por ninguno de los dos porque desde entonces no me he sentido identificado con ningún candidato.

El único año que no ejercí mi derecho al voto fue en 1993, porque me encontraba ya viviendo en el Zulia, trabajando en la campaña de Lolita Aniyar para la Gobernación y no tuve tiempo de hacer el cambio de residencia ante el CNE. ¡Qué ironía! Para una vez que iba a depositar un voto ganador, al menos para la gobernación, no pude sufragar.

Llegamos a las elecciones de 1998 y el panorama electoral está conformado por un empresario de rancio abolengo, Salas Römer, una ex Miss Universo, Irene Saez, y un teniente coronel, exgolpista, Hugo Chávez Frías. Ninguna de las opciones se me hacía la más mínima gracia, no se acercaban ni siquiera un poco a lo que yo quería para Venezuela, pero la que menos me hacía gracia, era la de Chávez. Siempre juré que me cortaría la mano antes que darle un voto a un militar. Me tapé la nariz y con una profunda sensación de asco y de impotencia, le di mi voto al empresario carabobeño. El tiempo y el ejercicio del poder autoritario y facho del teniente coronel parecen haberme dado la razón.

Pero la seguidilla de votos asqueados no terminó allí. En cada proceso electoral que ha venido desde entonces, para todos los efectos, me he dedicado a votar en contra de, tapándome cada vez más fuertemente la nariz, pero seguro de que debo hacerlo, de que no puedo desperdiciar la oportunidad de manifestar mi opinión y mi disconformidad a través del voto.

Continúa…

¿Será feliz, Shakira?

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Como todo no puede ser rigor en esta vida y de vez en cuando es bueno asumirse superficial y farandulero, mientras cumplo mi reposo post operatorio de la colecistectomía que me realizaron, me dedico a pasar las horas echado sobre la cama, viendo televisión con el control en la mano, saltando de canal en canal para comprobar, una vez más, que es impresionante la cantidad de contenido vacuo, fútil, que se transmite a escala mundial a través de este medio.

Así, pulsando insistentemente los botones de subir y bajar el canal, harto de no conseguir un programa que me atrape para matar el hastío, caigo en uno de videos musicales en el que aparece Shakira, con peluca de pelo liso negra, delgada, con abdominales tan definidos y marcados que hasta su propio novio Piqué se los debe envidiar. Ella, contorneando esas turgentes carnes que Dios le dio, entona una canción movida cuyas palabras, como es habitual en sus últimas canciones se hace ininteligibles. Sólo logro distinguir “Rabiosa, rabiosa, rabiosa…”.

La veo y la escucho no logro encontrar a aquella muchachita colombiana que salió de su barranquilla natal ofreciendo producciones como “pies descalzos” y “Dónde están los ladrones”, humilde y simpática que parecía prometer una música con un poco más de contenido y compromiso que esto que nos está regalando ahora.

La trigueña de pelo negro azabache, un poquito entradita en carnes, de mirada hechicera y “Pies descalzos”, se montó en los tacones de marca, se tiñó el pelo, definió su cuerpo hasta convertirlo en uno “calneconpapa” como dirían en los Twitter Awards y se convirtió en un producto más de consumo masivo.

La veo medio desnuda patinando por las calles de Barcelona, contorneando las caderas al ritmo de la música y cantando “Soy loca por mi tigre, loca, loca, loca…” y después de parrillera en una moto “El está por mi y por ti borró, y eso que tu tienes to y yo ni un kikí…” y no reconozco a la barranquillera que cantaba “Perteneciste a una raza antigua de pies descalzos y de sueños blancos” o la que escribió “Si es la lluvia de todos los días que ha aumentado su nivel. Ya la música no tiene el mismo efecto que solía tener”. Me pregunto si fue que la artista, luego de perder sus composiciones por un robo o extravío en un aeropuerto, no recuerdo muy bien, decidió no volver a complicarse la vida componiendo canciones y se dedica a hilvanar frases sin mucho sentido pero con bastante ritmo para, si se le pierden otra vez, no esforzarse mucho en reescribirlas.

Evidentemente la Shakira de ahora, no tiene nada que ver con la que conocimos hace ya tantos años y que admiramos casi como a una niña prodigio. La de ahora es mucho más famosa, conocida mundialmente y con mucho dinero. Como dice una paisana suya que trabaja de cajera en un supermercado al que voy, asombradísima de lo que ha llegado a tener la barranquillera. “Ella es dueña de DOS edificios en Barranquilla” y brota lo ojos sin imaginar que eso debe ser el menudo de la artista.

ALEMG25, una de sus fans le dejó al pie de un video en youtube este grito:

“SIENTO MELANCOLÍA, SHAKIRA AHORA ES FAMOSA PERO EXTRAÑO LAS LETRAS PROFUNDAS QUE TENIA, AHORA TODO ES MAS COMERCIAL Y LAS LETRAS SON UN POCO SUPERFICIALES, SIN MUCHO CONTENIDO, ANTES ALGUNAS CANCIONES TENIAN CONTENIDO SOCIAL O DE REFLEXION, ADORO A SHAKIRA, PERO DEFINITIVAMENTE SUS PRIMEROS DISCOS FUERON LOS MEJORES”.

 

No sé si la actual rica y famosa Shakira es la que en verdad siempre fue y la otra no fue más que un paso hacia la consecución de sus verdaderos objetivos, o tal vez la industria la ha obligado a ser como es y la maneja simplemente como un producto masivo más y por eso compensa su superficial con obras sociales como las de su fundación “Pies descalzos”, pero cuando la veo y oigo, no puedo evitar preguntarme ¿será feliz? Y lamento haber escuchado esas canciones que me harán ronronear por horas, sin querer, “Rabiosa, rabiosa, rabiosa…”

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