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Mala atención + redes sociales = CONMOCION

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Foto conseguida en la web

Un sábado de estos, como sucede casi todos los sábados, salí a cenar con dos amigos. En esta oportunidad, fuimos a un restaurant nuevo por sugerencia de uno de los acompañantes quien tenía buenas referencias del sitio y, a eso de las 10 y cuarto de la noche, tal vez un poco más tarde, estábamos traspasando los umbrales de la puerta del lugar.

En este punto debo aclarar que omitiré los nombres tanto del sitio como de quienes me acompañaron o de quienes haré referencia en este post pues mi intención es ilustrar un poco acerca de lo que pienso sobre la atención al cliente, las relaciones públicas y los efectos que las redes sociales pueden tener en las dos y no, como alguien me dijo, “destruir”, con mi crítica.

Pues bien, entramos y el sitio se encontraba bastante lleno, no a tope, pero a simple vista no se observaban mesas vacías. Hablamos con la chica de recepción quien, sin mucho interés nos dijo:

-No tenemos mesas y no les sé decir para cuándo pueda haber alguna. La cocina cierra a las 11 de la noche.

Ella se volteó sin mostrar la más mínima intención de continuar atendiéndonos y, cuando ya yo me disponía a decirles a mis compañeros que nos fuéramos a otro sitio, apareció una simpática y amable anfitriona quien nos invitó a pasar, sentarnos en unos cómodos sofás y esperar a que se desocupara una mesa.

Así lo hicimos. La chica nos tomó el pedido de bebidas y a los pocos minutos nos estaba despachando lo requerido.

“Bueno, parece que la mala impresión inicial, se desvanecerá”, pensé ingenuamente.

Permanecimos sentados, conversando por cerca de 25 minutos, los vasos se vaciaron, casi que hasta el hielo lo consumimos y en todo ese tiempo no había la más pequeña muestra de que nos fuesen a conseguir un lugar donde cenar.

Entonces, faltando 5 minutos para las 11, llamo a la chica simpática y le digo:

-Amiga, ya ha pasado casi media hora y aún no tenemos mesa y lo que me preocupa es que nos dijeron que la cocina cierra a las 11 y no quisiera que después de tanto esperar nos digan que no podremos comer.

Cuando la chica se disponía a responderme, la interrumpió un anfitrión quien, amablemente, nos dijo que no nos preocupáramos que, efectivamente, la cocina cierra a las once pero que en vista de la cantidad de gente, ese sábado la mantendrían en funcionamiento por más tiempo.

-Deme 3 minutos y les ubico una mesa. Dijo y se retiró.

No había pasado el tiempo que el  hombre pidió cuando ya estaba de regreso y nos llevó a la mesa que había conseguido. Nos sentamos y, al mirar alrededor, me doy cuenta que había unas cinco mesas vacías para dos personas en las que nos hubieran podido ubicar perfectamente sin hacernos esperar tanto. Callé y no emití ningún comentario al respecto para no parecer rudo.

Al instante apareció el mesonero para tomar el pedido. Su actitud me pareció bastante grosera pero, tomando en cuenta la hora y lo amable del otro muchacho, una vez más callé y me calé que el tipo nos dijera:

-Bueno, tienen que ordenar rápido porque ya la cocina está a punto de cerrar.

Apresurados pedimos té y los primeros tres platos que se nos ocurrieron para no pasar por el mal rato de no poder cenar después de tanta espera. Pedimos un salmón, un cordero y yo me decanté por una pasta de con tiras de lomito.

Pido excusas a los lectores por dar tantos detalles que tal vez les haga tediosa la lectura, pero me gustaría que, una vez que tengan el panorama completo de la situación en mente, si piensan que yo estoy equivocado y no tengo razón, me lo hagan saber con un comentario al pie y, si pueden, lo argumenten.

Pues bien, el salmón, al decir del comensal estuvo perfecto. El cordero, aunque parecía por textura y sabor cualquier otra carne menos cordero, estaba sabroso y, mi pasta, aparte de poca, cuando comencé a comerla noté que de tiras de lomito lo que tenía era dos trocitos de no más de 2 centímetros de largo por medio de ancho, ¡en un plato cuyo costo era de 100 bolívares!

Al ver aquello y considerando que ya la cocina supuestamente estaba por cerrar, ante el temor de quedar con hambre, llamé al mesonero y le pedí que por favor nos llevara pan y mantequilla, ya que no nos lo habían servido.

-No, pan no hay. Se nos terminó-. Fue la respuesta.

¡Yo no lo podía creer! Pedimos la cuenta y nos dispusimos a salir. Uno de mis amigos se tropezó con una conocida que estaba comiendo en una mesa cercana, se paró a saludarla y ella, muy feliz, le dijo:

-¡Ya hemos comido como 6 platos distintos! ¡Todo buenísimo!

-Me alegro por ti, le dijo el amigo, a nosotros nos sirvieron lo que había y apurado.

-¡No puede ser! Dice ella, él –y señala a un tipo que estaba sentado en su mesa- es uno de los dueños.

El hombre miró y sólo dijo:

-Es que es muy tarde. Vengan otro día más temprano.

Yo me encontraba ya en la salida cuando toda esa escena sucedió pero, al salir, el amigo me lo comentó y, entonces, ya no aguanté más, tomé el teléfono, abrí mi Twitter y escribí un comentario en el que me quejaba de la atención del sitio, de lo escasa de la comida y de lo caro del servicio. Como la red no permite más de 140 caracteres por tweet no me extendí en detalles de lo sucedido.

Inmediatamente, recibo un DM (mensaje directo, para los legos en la red del microblogging) de un amigo que me pide le cuente qué sucedió en el lugar porque él les hace la publicidad.

Yo, ni corto ni perezoso, mientras literalmente calentaba una arepa en mi casa para calmar el hambre y la rabia, le conté todo tal y como sucedió y como lo acabo de relatar. Entonces él me dice: “Listo, ya le pasé todo lo que me dijiste a uno de los dueños porque varias personas me han dado la misma queja del lugar”.

Nos despedimos, me comí mi arepa con jamón y queso y me fui a ver televisión y a dormir. Pasan varios días, y, una tarde, me llama uno de los amigos de esa noche y me dice:

-Gocho, no sabes el revuelo que se ha formado por tu tweet sobre el sitio. Me llamaron de relaciones públicas y me dijeron que nos invitaban a comer, para que comprobemos que fue cuestión de mala suerte ese día y que quieren hablar contigo.

-No hay problema, le digo, dales mi número y que me llamen.

Al colgar con él, suena mi celular y es una querida amiga, amiga íntima del hombre con el que acababa de hablar. La saludo efusivamente, como siempre, y cuando comienza a hablar me doy cuenta que la llamada tiene que ver con lo del restaurant.

-Golcar, se ha presentado una situación muy incómoda que salpicó a fulano (el amigo común) y que por rebote me salpicó a mí. Me llamaron del restaurant para reclamarme porque un amigo mío está destruyendo el sitio por twitter. Yo les dije que él no podía ser porque no tiene twitter y me dijeron que uno de los que andaba con él era. Averigüé y me enteré que eres tú. Y como estabas con fulano y yo les hice las relaciones públicas para el lanzamiento del lugar pues me salpicó a mí. No me parece justo que por una mala experiencia que tienes y en un momento en que el restaurant se encontraba colapsado de gente, salgas a destruir un sitio que está empezando porque a mí, que sé de salir a comer,  me han pasado cosas así en todos lados en Maracaibo y no salgo a criticar y creo que les has debido dar una segunda oportunidad antes de salir a destruirlos por twitter…

Y por allí se largó a hablar. Yo le dije que no veía por qué ella se tenía que ver involucrada en eso porque ella no es la esposa de fulano como para que la culpasen de nada. Explicó que a él lo había llevado ella allí y, aunque no me convenció el argumento, no insistí en ese punto y pasé al siguiente. Y luego de contarle lo acontecido, le pregunté:

-¿O sea, que lo que tú me dices es que después de la noche que yo pasé en ese lugar, tendría que haber vuelto a arriesgarme a ser maltratado de nuevo antes de expresar mi descontento? ¿No crees que la actitud, si estaban colapsados, debió ser decirnos que no podían atendernos como nos merecíamos y de acuerdo a los precios del lugar y que nos invitaran a volver otro día?

-Bueno, pero ustedes al ver que tardaban en atenderlos han debido irse. Yo no hubiera esperado. En fin chico, a mi no me parece justo que los destruyas y ellos quieren invitarlos a comer para que comprueben cómo es el servicio.

-Ahora es a mí, al que no le parece justo lo que planteas, dije ya molesto, porque no es justo que porque yo me quejé por twitter ahora me inviten a cenar y me atiendan como un rey y que el servicio siga siendo igual de malo para el resto de los mortales. Es más, mi crítica no ha sido la única, aunque sí tal vez la única que salió por twitter, pero el domingo estuvo allí una amiga con su esposo y salieron bravísimos por el mal servicio pues hasta les cambiaron los platos que pidieron.

-Eso es como si yo hubiera salido a destruir a Tu Maskota y a decir que allí venden animales piches por el que te compré y se murió.. Yo no dije nada…

Y aquí, con el perdón de ustedes, paso a relatar lo más resumidamente que pueda:

LA HISTORIA DEL ANIMALITO PICHE

Hace aproximadamente un año, esta amiga me llamó porque necesitaba unos animalitos para su niña. Yo la atendí por teléfono, recibí su pedido, armé el habitáculo lo más bonito que pude, y, sin ningún costo adicional, me ofrecí a llevárselo a su casa para evitarle el viaje a la tienda. Hasta descuento le di y, al finalizar el día, le despaché su pedido con todo el cariño del mundo y con todas las indicaciones sobre cómo mantenerlos.

Como 15 días después me llama de nuevo y me dice que una vecinita se enamoró de los animalitos y que ella le ofreció regalarle uno. De nuevo preparé el habitáculo con lo necesario y se lo llevé al trabajo. Al llegar me di cuenta que en el sitio estaba fuerte el aire acondicionado por lo que le dije a quien lo recibió que lo pusiera donde hiciera menos frío para que el animal no sufriera y que se lo llevaran lo antes posible de allí para que no se enfermara.

Pasaron dos o tres días, la amiga me llama y me dice que el animal está triste, que no come ni se mueve. Le explico que posiblemente fue por el shock térmico que sufrió por el frío del local, le doy las indicaciones del tratamiento que debía hacerle y le digo que no se preocupe, que si no mejora, yo se lo cambio por otro.

Como una semana después me llama y me dice que el animalito se murió, que nunca mejoró. Yo, cumpliendo lo ofrecido, agarré otro animalito, sano, y se lo hice llegar.

Final. Hasta ahí llegó la historia del animalito piche, hasta el día en que ella me lo recordó para hacer la comparación con la mala experiencia vivida en el restaurant.

Le hice saber que no había punto de comparación pues yo le ofrecí la mejor atención, en ningún momento le dije “¡apúrate a comprar!” o “no me importa si se te murió porque con seres vivos no hay garantía”, ni nada por el estilo.

Ustedes me dirán si yo estoy orinando fuera del perol.

-Bueno, chico, ya tengo que colgar porque voy a entrar a un sitio en el que no quisiera ventilar este asunto. Dijo. Allí tienes la invitación para una nueva visita al sitio, si quieres. Chaíto.

EL PODER DE LAS REDES SOCIALES

Toda esta larga y aburrida historia me estuvo rondando la mente durante horas.  Por un lado, pensaba en por qué no es posible en nuestro país, específicamente, en Maracaibo,  obtener un buen servicio en casi ningún sitio.

¿Por qué en lugar de hacer pasar un mal rato a los clientes no les dicen: “Mire, lamentándolo mucho, no lo vamos a poder atender como se merece mejor vuelva otro día para que no se lleve una mala impresión?

¿No hubiera sido más elegante que en ese mismo momento, cuando el dueño escuchó la crítica, le hubiera dicho al amigo: “¡Eso no puede ser, disculpen! Llamé a sus amigos que les invitó un café por la casa o un digestivo. Es que la cantidad de gente nos desbordó”?

Si la amiga llama como relacionista público del lugar, ¿no era mejor que dijera: “Golcar, la gente del restaurant está muy apenada por el mal rato del sábado y quiere invitarlos a cenar para resarcir los daños”,  en lugar de pretender hacer ver que la culpa fue mía por no irme y por llegar tan tarde y que soy muy injusto al quejarme?

Evidentemente, aún estamos muy, pero muy lejos de alcanzar los niveles de excelencia en prestación de servicios de otros países como Colombia o Estados Unidos y esto lo dice alguien que no está de acuerdo con aquello de que el “cliente siempre tiene la razón” porque hay clientes de clientes y en más de una oportunidad, cuando alguno se ha puesto necio, grosero e impertinente, con el mejor acento maracucho que este gocho puede emplear le he dicho:

-¿Vos sabéis cómo es la cosa? Que no te voy a vender nada y te me váis.

También es evidente que para desarrollar un buen trabajo en relaciones públicas no es suficiente ser muy conocido o prestar servicios en algún medio de comunicación. La profesión va mucho más allá de la popularidad de quien la ejerce y de su poder de penetración en la comunidad.

Y, finalmente, una gran lección que extraigo de toda esta historia es la importante función que cumplen las redes sociales para controlar a quienes prestan servicios. Sólo hace falta poner un comentario en el momento justo y que oportunamente se cumpla la teoría de los 6 grados de separación, para que el mensaje publicado llegue a quien nos interesa que llegue. Esto lo he comprobado con los bancos, por ejemplo, pues hace poco, gracias al twitter también logré solucionar mis problemas para obtener el efectivo de cadivi, luego que por medio de esta red atendieron mis quejas.

La denuncia a través de las redes sociales se hace imprescindible sobre todo en lugares como nuestro país donde hacerse oídos sordos a lo que la gente diga parece ser la premisa. Uno puede en un banco armar el gran escándalo y no pasa nada, aunque haya 200 personas escuchando, pero un tweet, que a lo mejor sólo lo vieron 20 personas, puede generar conmoción dentro de la institución. Por eso es que una amiga, gerente de un banco, me dijo en una oportunidad:

-¡Yo odio twitter! ¡En el banco nos tienen verdes con las quejas que llegan por esa vaina!

Yo lo siento mucho por el inconveniente que le pude haber causado a mi amiga pero no pienso dejar de expresarme libremente a través de las redes sociales y a través de mi blog. Yo no cobro por hacer un tweet o por publicar algo en mi bitácora. Nunca lo haré si eso implica dejar de decir lo que pienso de las cosas, de la política, de los lugares que visito. Dejé de ejercer la comunicación en medios e instituciones  porque las palabras censura y autocensura no cuadran con lo que yo pienso de la profesión. Los comentarios a favor o en contra de algo los hago ejerciendo mi libertad de pensamiento y expresión. Escribo para drenar, compartir y comunicar. No busco prestigio ni fama, sólo compartir mis experiencias de vida con quienes quieran y tengan a bien recibirlas.

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  1. Zoleiva Rojas de Santos

    Buenísimo!!!! si algo quisiera yo ayudar a mejorar y acrecentar en Venezuela es la cultura del servicio, es desesperante ver el trato que nos dan en los organismos públicos y en algunos entes privados, nos creen limosneros del servicio, aún siendo limosneros merecemos el mejor de los tratos porque somos ciudadanos que lo pagamos o lo requerimos como parte de nuestros derechos. Es sorprendente cuando entramos a un establecimiento y las personas que lo atienden son incapaces de contestar el saludo y si es el caso de un reclamo ni pensar el viacrucis que nos espera para dar respuesta a nuestro planteamientos. En cuanto al lema El cliente siempre tiene la razón, es un decir para lograr un servicio optimo, pero cuando no la tiene quien presta el servicio debe con mucho tacto convencerlo y darle solución a su problema.

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  2. Creo que de cada respuesta puedo obtener un punto de acuerdo. Como alguien mencionó más arriba, la cultura de miedo nos azota, pero también la incultura, el desconocimiento de que somos el cliente y que si bien es cierto que no tenemos el derecho de maltratar al establecimiento, merecemos respeto, atención, que nos consientan para que podamos sentirnos con agrado, recomendar el sitio y quedarnos satisfechos porque a la larga… SOMOS LOS QUE ESTAMOS PAGANDO POR ESTE SERVICIO y hombre, claro está que para que me maltraten no tengo que ir a un restaurant, me quedo en casa y estaré mejor. Particularmente estoy absolutamente de acuerdo con que hayas twiteado tu descontento y más aún, yo SI HABRIA PUESTO EL NOMBRE DEL RESTAURANT. Es insólito que en este país uno tenga que mendigar por un buen servicio. Cada día aumentan más los costos de los artículos y de los mismos servicios y tenemos que aguantar callados que no nos den lo que ofrecen, que bajen la calidad y aumenten los precios y aparte… que nos maltraten como clientes.
    Tendría que sentarse un precedente en el país entero para que los establecimientos se cuiden mucho de dar al cliente el trato que merecen y entrenen a su personal para que esto se lleve a feliz término porque ojo… DE LOS CLIENTES DEPENDE QUE UN NEGOCIO PROSPERE O SE HUNDA PARA SIEMPRE.
    Te sigo Golcar, me encantan tus posts porque estas denuncias son más bien reflexiones para todos.

    Gracias por compartir

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  3. Definitivamente respaldo tu artículo. Como propietario de un establecimiento comercial se que es imposible satisfacer los gustos de cada uno de los clientes, pero sin duda, no hay nada como expresarle a un cliente la mejor disposición de querer brindarle lo mejor y ofrecer una disuculpa por un mal servicio antes que con prepotencia someterse a un careo defensivo.
    Los venezolanos por desgracia somos muy malos anfitriones y además carecemos de buen servicio. Por supuesto que alguién me dirá NO TODOS!, pero como sociedad esa es la verdad. Basta con salir del país para darnos cuenta, no puedo creer que todavía no nos demos cuenta con una isla con la mitad de los habitantes de Cabimas por ejemplo, tiene más ingresos por turismo que toda Venezuela.
    Por cierto Golkar, en privado te pediré los datos del restaurant para no visitarlo.

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  4. Pingback: Mala atención + redes sociales = CONMOCION | Redes sociales y #biblioteca | Scoop.it

  5. María Inés Bohórquez

    Hola golcar…
    La sacaste del parque en este post!!!!
    Tu y yo, somos prestadores de servicio. Sabemos perfectamente lo que es la atención al cliente y lo significa hacerlo mal. En mi particular caso, desde que mis padres me dieron la facultad de elegir libremente lo que quiero (te imagino privado de la risa en este punto, pero sabes que en nuestro tiempo era así… jajaja), siempre he sentido que en nuestro país, jamás ha habido cultura en ese sentido . Siempre he notado que la mayoría de los negocios, una vez que la caja registradora no para de sonar, los responsables directos (dueños), ya no se molestan en cuidar, sobre todo, de los pequeños detalles, esos que pueden silenciar sus sonoras cajas. Pienso incluso, que hay muchos que se meten a brujos sin conocer de hierbas, que hacen las cosas por cualquier motivo, sin siquiera sentir un mínimo de amor por lo que hacen. Pero a que se debe esto también? Pues a la falta de la contraparte, que no reclama su derecho a la mejor atención posible por el servicio que paga, y se deja llevar por caras bonitas adornadas con una falsa sonrisa, decoraciones y ambientes espectaculares, y un largo etcétera. Incluso por algo tan estúpido como la pena y el que dirán… (Que pena como voy a reclamar?. Que dirán de mi si reclamo?).Mas quienes nos hemos atrevido siempre a reclamar y criticar de manera constructiva, se nos etiqueta de rebeldes, groseros, mal educados, y nos cuesta hasta la amistad, o el alejamiento familiar. Mas por eso no me dejo amilanar. Mientras mis facultades estén intactas, no me cansaré de practicar aquello que repetía sin descanso mi “comerciante” abuelo: “A mi, ni me pagan ni yo pago con chapitas de cerveza. Vale igual, el dinero con el que pago por lo que se me ofrece, que el dinero con el que se me paga por lo que yo ofrezco. Por lo tanto, debo ofrecer lo mejor a quien me paga por lo que ofrezco y debo exigir recibir lo mejor a quien le pago por lo que me ofrece” Un gran sabio trabalenguas…

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  6. Golcar, claramente esto no se trata de un problema de atención al público, ni mucho menos de redes sociales, lo siento por contradecirte, pero para mi es un problema que nos afecta ya a niveles muy íntimos en este país: ¡¡¡La cultura del miedo!!! hablar de como llegamos a esto implica una y mil cátedras de historia política de nuestra nación, desde como se manejaron los asuntos aduaneros en la colonia, hasta hoy en día aquello de: mejor cállate y no vayas a votar ni tu, ni tus familiares, amigos y conocidos para a que no te que quiten la tajadita pequeña o grande pero es la tuya; disculpa si soy un poco dura en mi comentario, pero es el miedo a tantas cosas, al ridículo, al que dirán, a perder la aceptación de los demás entre otras, lo que nos ha llevado a tener un país de atropellos, donde la vida no vale nada y cuando matan, roban, maltratan nadie vio y nadie sabe.
    En primer lugar, FELICITACIONES POR TU VALENTÍA!!!! un solo twit no destruiría nungún sitio, pero si hace que los implicados directos que en última instancia son los dueños, tomen consciencia del mal servicio y que deben hacer algo con respecto a la cultura organizacional de su negocio, que en todo caso solo les proveerá de mejora y beneficios al lugar, y si un día (como todo los seres humanos hemos vivido) no están de buenas para escuchar a sus clientes que son quienes los mantienen, con toda seguridad una llamadita de atención un poco mas fuerte, o pública con respeto pero con firmeza, los hará revisar la situación, y aunque no parezca con eso ganamos todos, los dueños, el sitio, los que reciben propinas y por supuesto los clientes.
    Como consecuencia de lo anterior: en segundo lugar, creo, debes aceptar las disculpas de los dueños e ir a disfrutar de la atención que mereces, en todo caso ellos están haciendo lo correcto al mandarte a invitar, y ofrecerte disculpas directamente con ellos quedas a la par, las relaciones fuertes se forman equilibrando: de lo bueno un poquito más y lo malo un poquito menos pero hay que equilibrar, ejemplo a un mal rato un buen twit, allá en el sitio tal ves te esperen buenas sorpresas y si no es así en tu relación directa con el lugar y sus dueños quedará totalmente esclarecida; a mi manera de ver las cosas todo lo demás es basura, no sirve sino para estorbar, así que en onda de un pensamiento verde recíclalo y tómalo en cuenta solo para tu relación con tu amiga que creo que no ha aprendido que a los amigos no les puede pedir que se auto-censuren cuando se trate algún cliente que me convenga,pues una cosa es la amistad y otra son los negocios y todo tiene su justo valor.

    Por lo del animalito piche, creo que es una explicación que das dejándote llevar por el mal rato y lo que realmente no tiene importancia (me refiero al manejo de la situación por parte de tu amiga, no digo que ella lo sea, ni estoy atacando a la persona, solo a la situación que ella no supo manejar, que me parece que es basura) pues de verdad no tiene nada que ver Tu Mascota, en ese episodio con el restaurant, bueno yo no tengo animalitos porque no se cuidarlos y que se mueran es parte SEGURA del riesgo.

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    • Lireans, No tendría ningún problema en aceptar la invitación. Lo que me molesta es que en este paìs no tengamos la hulmildad de aceptar que pifiamos y pedir disculpas sin tratar de achacarles nuestra fallas y faltas a los otros. Como digo, con que me llamara a ofrecer disculpas era suficiente, lo que no tolero es que digan que la culpa es nuestra por habernos quedado o por llegar tarde.

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      • Golcar soy Lerians (Chachy) y la verdad creo que tu amiga debe haberle puesto un poco de picante la cosa….. ojalá y me equivoque pero pareciera ella, medio descontrolada por no poder hacer uso de la censura

  7. A mi lo que más absurdo me parece es que la “amistad” haya servido para maltratarte más, en vez de subsanar el asunto.
    Estás en todo tu derecho de quejarte porque nadie te estaba regalando nada, si tienen tan mala coordinación de tiempo y servicio no los hubieran dejado pasar para evitarles el mal rato.
    Lo otro que no me asombra es el comentario de la gerente del banco. Somos incómodos en las redes sociales porque antes no teníamos voz, ahora sí tienen que escuchar lo que tenemos que decir y no hay comercial de TV que tape eso.
    Yo me quejo y me quejaré siempre de un maltrato porque es nuestro derecho, y recomendaré siempre algo bueno porque es mi derecho también.
    No sabes la indignación que sentí al leerte. Las redes sociales harán que tengan que cambiar su mentalidad, su servicio y educación.
    Quedarse callado no es una opción, en realidad las quejas los ayudan a mejorar y ni cuenta se dan.
    Saludos.

    Responder
  8. Yo no había leído los comentarios anteriores al mio. Estoy de acuerdo con tu amiga Elsy, a mi me pasa algo similar, porque no me puedo quedar callada cuando soy mal atendida, sobre todo si son entes privados, porque lamentablemente están cayendo en la mediocridad de este gobierno y una no tiene porque hacer mutis y poner la otra mejilla cuando lo están agrediendo y de paso uno pagando para que le presten un mal servicio.

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  9. Moreida de Delgado

    Me parece perfecto lo que hiciste y algo nos ha gustado siempre es tu manera de decir las cosas, sin censura y sin tapujos, y como, afortunadamente, aquí todavía tenemos libertad de expresión aunque sea por este medio, te felicito, y lo lamento por tu amiga que acepta “el bozal de arepa”. Con “amigas” así mejor tener puros enemigos.

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  10. Aplaudo tu denuncia.

    El poder de las redes sociales caso venezolano es poderoso y es el único canal “libre” que nos queda.
    Quejarnos por el mal servicio es nuestro derecho porque pagamos por el y bien caro que está resultando últimamente. El otro día en un elegante restaurante junto con mis hijos, le pasaron una encuesta al final de la cena a una de ellas, mientras se llenaba la anfitriona se quedó esperando , luego leyó lo escrito donde nos quejábamos de lo malo de la comida y comenzó a preguntarnos de manera intimidante, mi hija fue clara y firme y la molestia de la anfitriona fue evidente. Esperamos casi 1 hora por la comida ,llegó fría y una pasta hecha con leche de Mercal.

    El mal servicio se esta volviendo lugar común.

    Responder
  11. Bibiana Balestrini de Osorio

    En realidad Golcar, yo espero que eso de acostumbrarnos al maltrato no sean efectos del socialismo, porque hasta donde yo comprendo el asunto, al único sitio donde uno voluntariamente va a pagar para que lo torturen es al odontólogo… De resto tiene uno derecho y casi que obligación de exigir buena atención por lo que paga! Que bueno que tu queja por la red social tuvo eco, asi se molesten los afectados, porque yo ante la pésima atención e impuntualidad de conviasa (una de las 2 aerolíneas que viajan al Vigía porque a Mérida ya no hay vuelos) me he cansado de twittear sin que nadie escuche mis reclamos… La única vez que he sido atendida por quejarme por la red social fue al ir a convalidar un reposo al IVSS y la señora a la cual le corresponde esta funciòn se negaba a atendernos (siendo que si la gente está de reposo no debe estar haciendo cola ni mucho menos) , recurrì al twitter y el mismo director mandó a que nos resolvieran el asunto… Creo que en definitiva no podemos acostumbrarnos al maltrato, a la ineficiencia y a no reclamar por la ineficiencia o la mala atención que se ha hecho costumbre en los secores tanto público como privado de este nuestro país!

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  12. Ligia Isturiz @seleccionada

    Golcar, el hecho de haber padecido situaciones similares en Caracas, y alguna vez en USA y Europa, refuerza la idea sostenida y publicada por mí en algunos posts ( y tuits ) que el venezolano, no reclama sus derechos. La pasividad es una de las causas de que hechos desagradables e injustificables como el que narras se den con una cierta frecuencia. Sólo “el derecho a pataleo “, que circula entre amigos ha sido por años, la vocería de tales abusos. En efecto, las redes son un instrunento importante de divulgación. Yo misma, libro en los actuales momentos una muy desigual batalla con una compañía telefónica que me facturó y COBRO en 15 días despues de mi último viaje más de ¡siete millones ! ( de los viejos ) por servicios de Roaming NO prestados. La nombro casi a diario por Tw y he enviado comunicaciones. No cejaré hasta que con la ayuda de entes externos – si llega el caso- me devuelvan el dinero indebidamente cobrado. Regresando al tema específico de tu post, tus sobradas razones debiste hacerlas conocer con el nombre del sitio – no así el de las otras persona, víctimas y defensoras. – Contigo en esto !

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  13. ¡Viva ese pajarito azul! gracias a él, podemos por lo menos expresar nuestro malestar por la mala atención generalizada en el país. No entiendo por qué hay que callar para complacer a otros; tampoco por qué después de reclamar entonces sí nos van a atender mejor. Yo estoy cansada de quedar como “la loca” porque siempre soy la única que reclama en los restauranes, los bancos, las oficinas de CANTV y un larguísimo ETC. Me parece maravillosa la fuerza que tiene el twitter y que usemos esa fuerza; porque siempre he dicho que de tanto ver la ineficiencia del gobierno a veces dejamos de ver la de los privados que se parece mucho y en otros casos, hasta la supera. Muy bien lo que hiciste!

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  14. Lo que comentas sucede en todo el país porque no tenemos disciplina de servicio. Pasa en CCS. Súmale a eso el poder de las redes sociales que contribuyen a endiosar a cualquiera que tenga cierta fama y a una ignorancia rampante que convierte en “gourmet” a cualquiera que pueda opinar en twitter. Ah! Y no olvides a los “expertos” que asesoran y recomiendan en los medios y que mayormente solo son negociantes y relacionistas públicos. Con simple observación te das cuenta que todos esos maravillosos restaurantes alabados por los “expertos” no perduran, desaparecen como llegaron y muy pocos “chefs”, ni siquiera los del ego mediático, logran mantener un comedero rentable que permanezca en el tiempo. Por qué será?. Afortunadamente podemos expresarnos libremente en la red y ayudarnos y prevenirnos de no ser el siguiente estafado en alguna de las tantas “nuevas propuestas innovadoras”.

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  15. Lala de Balestrini

    Pues muy bien hecho lo que usted hizo, mas tratándose de gente que y que son amigos de uno ya que éstos son los primeros que en nombre de la amistad son capaces de faltarle el respeto, o en el peor de los casos abusar de nuestra generosidad, yo soy también defensora de las redes sociales y se lo acabo de hacer saber a Andreína Flores la periodista de radio Francia que siempre logra descomponer al que te conté, porque es el único escape que tenemos los venezolanos para hacer saber nuestro descontento en todos los ámbitos, porque fíjese usted si uno reclama personalmente lo menos que hacen es burlarse en su misma cara, por la prensa (si el caso lo amerita) entonces está la censura del gobierno, ¿que nos queda? recurrir a éstas redes sociales y por lo menos drenar toda la impotencia que llevamos por dentro porque si no el día menos pensado lo hace estallar a uno, y como le dijo una amiga por facebook (que me disculpe pero no me acuerdo en éste momento como se llama) si la amistad se pierde……. fue porque nunca lo apreció como amigo y entonces pues simplemente………….no vale la pena

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