Canal RSS

Memento Luis Brito, entre patas de cochino y fotografías

Publicado en

Este texto tengo tiempo escribiéndolo mentalmente y, cuando digo tiempo, me refiero a meses, tal vez años. Lo escribo mientras camino en La Vereda del Lago, durante los 45 minutos que dura una sesión en la escaladora del gimnasio, mientras voy a pie al banco o al supermercado. Cuando creo que ya lo tengo listo, me asaltan los temores, lo desarmo, lo aparco a un lado y por unos cuantos días me olvido de él hasta que cualquier evento, una notificación en facebook, una foto suya en prensa, una mirada a las paredes de mi casa antes de salir en la mañana, me lo vuelve a traer a mi mente. Ha terminado por ser como una obsesión que solo podré exorcizarla sentándome al computador y tecleando desde lo más hondo de mis sentimientos.

Los temores que me invaden son de diversa índole. Temo que mis líneas no estén a la altura del talento del artista que quiero retratar, que no le hagan justicia al fabuloso ser humano del que voy a hablar, que termine por ser un texto incoherente en el que, a medio camino, se atraviese la imagen de unas orejas y paticas de cochino tostadas y con pelos, o salte como un conejo de una chistera una morcilla de Río Caribe o se estrelle contra la página en blanco una arepa con chorizo carupanero, porque cuando se trata de él, esas cosas, no solo pueden pasar, sino que hay que tener la seguridad de que pasarán.

Pero, sobre todo, me da temor que mis palabras no terminen de expresar el cariño y la admiración que me inspira el personaje y que no se correspondan con la, más que amistad, hermandad que siento por Luis Brito, con una sola “T”. El fotógrafo, el Premio Nacional de Fotografía, el más “nalgasprontas” de todos los “nalgasprontas” que conformamos la cofradía, el que es capaz de arrancarnos una carcajada con su arte o con una imagen darnos una trompada que de un solo sopetón nos devuelve los pies a la tierra. El querido “Gusano”.

Lo que me impulsó a, de una buena vez sentarme a escribir, contra todo riesgo, aún cuando todo el texto termine por ser algo ininteligible, incoherente, sorpresivo e impredecible como es el Gusano, fue una invitación que me llegó al facebook para una exposición en Florida, Estados Unidos, llamada “Memento” en la que se exhibirían fotografías de Luis.

Al ver la palabra Memento impresa en la tarjeta junto al nombre de Luis Brito, recordé que así se denomina el momento de las misas en los que el cura eleva una oración por los difuntos y pensé: “No quisiera que mi texto sea un Memento”.

Quiero que el Gusano pueda leer mis palabras y emocionarse con ellas para alegrarse o para rabiar. No quiero que él se muera sin saber el profundo cariño y la gran admiración que le tengo  o, lo que es más probable, que me muera yo sin haberlo puesto en letras, tomando en cuenta que él parece ser una especie de Chuck Norris, invencible. Ha sobrevivido a todos los monstruos que su permanencia por muchos años en los cuartos obscuros, húmedos e impregnados de químicos tóxicos de fotografía han sembrado en sus pulmones y vías respiratorias. Ha aprendido a vivir y doblegar la diabetes que su angustia existencial y su manera frenética de vivir la vida le han producido. Es tan Chuck Norris que, en una oportunidad, cuando estaba todo listo para operarlo, su cuerpo hizo un by pass natural y se salvó de entrar al quirófano.

Si alguna palabra le calza al personaje es “frenético”. Su vida es un constante frenesí. De allí que en oportunidades uno tenga que hacer esfuerzos para entender lo que está diciendo, para captar lo que quiere decir, porque a veces parece arrancar a hablar desde ninguna parte y dar la impresión de que no nos llevará con la conversación a ningún sitio. Entonces uno tiene que hilar fino, recomponer los hechos y ver como todo, como por arte de magia, comienza a cobrar sentido.

Hace ya más de 15 años, Mercedes Vázquez, que termina por ser una maga en la vida de cualquier persona que se le acerca, nos presentó. No preciso muy bien si fue cuando trabajábamos para la campaña de Lolita Aniyar de Castro a la Gobernación del Zulia, creo que fue para entonces y, luego, hicimos juntos el trabajo de la campaña de La Agenda Venezuela. Yo tenía a mi cargo la producción y Luis Brito, como es de suponerse,  la fotografía.

Ya no recuerdo si el primer encuentro fue en la agencia o en casa de Mercedes, tampoco tiene importancia ahora. Lo conocí y pensé: “¿Este gordito, saporrito, barbudo, con gafas redondas y con cara de loco va a ser el fotógrafo con el que trabajaremos y, encima, es Premio Nacional? Creo que esto va a ser toda una experiencia”.

Efectivamente, fue una experiencia y ha continuado siendo una experiencia que se prolonga a lo largo de los años y a pesar de las distancias.

Un día llamó y dijo:

-Voy a Maracaibo a dictar un taller y los quiero ver.

A los pocos días, se apareció en la casa con un sobre gris de cartón grueso satinado,  de medio pliego de tamaño y, sin darle mucha importancia, lo extendió y me lo dio. Lo abrí y resultó ser una hermosa foto en blanco y negro. Un primer plano de las manos de un hombre a sus espaldas sobre un saco de tela gruesa, con las uñas cortas como carcomidas y renegridas. Me parecieron las manos de un hombre trabajador, de campo, como las que había tenido oportunidad de ver muchas veces a los campesinos del páramo merideño, sembradores de papas. Sólo que esta había sido tomada en Italia unos cuantos años atrás, probablemente a algún paseante en la calle. Con un marco negro, pasó a engalanar la pared del comedor de mi casa.

Esa noche decidió dormir en el sofá-cama de la sala, como lo ha hecho en muchas oportunidades en las que prefiere la incomodidad del mueble a la soledad de un hotel. En otra oportunidad, llegó con unos ángeles y luego con unas flores y, para un cumpleaños, me sorprendieron él y Mercedes regalándome una fabulosa foto de un primer plano de unos caballos que parecen sonreír y burlarse de quien los contempla. Desde que vi esa foto la quería y también, hoy, ocupa un lugar especial en mi casa.

Luis tiene una capacidad especial para, con sus fotografías, mostrarnos el mundo, su mundo. Esa mirada un poco extraviada que vemos a veces en su rostro, como de quien está al borde de la locura pero a quien su excesiva lucidez no le permite dar el paso hacia el abismo, logra captar con su lente la realidad, la reinterpreta, la encuadra, la llena de luz y sombra, de contrastes, y nos la enseña con toda la crudeza, la belleza y la fuerza de su arte.

Como fotógrafo tiene la habilidad de fotografiar las cosas más feas, las más terribles, las más dramáticas y convertirlas en hermosas imágenes. Allí su arte. En una foto nos puede mostrar lo mejor y lo peor de un país, lo terrible, lo triste. Lo muestra todo con virtuosismo y así, una hermosa imagen, termina siendo una grave denuncia, muestra una verdad que, con guante de seda, nos da un puñetazo y nos dice “¡Epa, reacciona, que esto está pasando en tus narices y no lo ves!”. Su ojo no es ajeno al dolor pero su arte tiene la capacidad de mostrárnoslo sin ofender, sin escandalizar, sin convertirlo en show o en espectáculo  de  coliseo.

Lo mismo sucede cuando fotografía cosas bellas, como una flor, un rostro de niño o el de un anciano surcado de arrugas, cuando retrata a los seres que ama, a los ángeles. La belleza del objeto se repotencia, la carga de dramatismo hace que nos conmueva hasta los tuétanos y que se nos paralice el aliento. Su serie de zapatos o de imágenes de Semana Santa en Sevilla quedan en la retina del espectador por siempre. A veces, hace del drama una ironía, un guiño, un juego y logra sacarnos una sonrisa en silencio.

Pero ya me estoy yendo de mi objetivo pues no es de su fotografía que quiero hablar, que ya para eso habrá gente más conocedora del tema que yo que lo hace y que lo hará pues, su creación permanecerá por muchos años, mucho tiempo después, cuando él y yo tengamos tiempo de habernos ido de estos lares, habrá estudiosos que se dedicarán a analizar y a investigar su obra.

Yo quiero hablar del Gusano. De ese amigo que un día me llevó a su casa, sacó un montón de contactos de un sobre y los puso sobre una mesa junto a otro lote de pequeñas fotos que se encontraban esparcidas y me dijo temeroso, angustiado, frenético, con esa inseguridad que siempre que está por realizar un trabajo lo embarga y que no logra disimular hasta que ya el trabajo está en la calle, ante la gente y se da cuenta que es mucho más grande e impactante de lo que él podía prever:

-Mira lo que estoy haciendo. Son las muñecas de Reverón. Son para una exposición que haremos con ellas en tamaño monumental pero no sé si sean unas imágenes muy grotescas…

Yo no daba crédito a lo que veía. Las pequeñas imágenes parecían contar historias. Las muñecas de trapo que podrían parecer ante los ojos de cualquier persona como un amasijo de trapos viejos, remendados y asquerosos cobraban vida ante el fondo negro y con la magia de la visión y el visor de Brito, parecían levitar. Me miraban y era como si me quisieran seducir. Exhibían sin pudor sus cicatrices, las manchas que el tiempo y el manoseo del pintor de la luz les había impreso. Las marcas las mostraban como trofeos de caza, como medallas de guerras. Coqueteaban conmigo como queriendo decir “Confieso que he vivido”, he sido bella, he sido amada, y estas manchas y cicatrices son la prueba de que ha sido así y sólo me hacen más bella, atractiva e interesante a mi edad. Era como si una muerte seductora coqueteara conmigo. No pude evitar compararlas con algunas ancianas de labios pintados, mejillas sonrosadas de colorete y ojos maquillados que había visto en diversas oportunidades, entaconadas, caminando por la calle.  En otras tomas, la muñecas parecían jugar entre ellas sin importarles que un ojo impertinente las estuviera observando, indiferentes ante quienes las criticaban. Conversaban entre ellas y, de vez en cuando, de reojo, me miraban sonreídas y maliciosas.

Poco tiempo después, el Gusano me envió el catálogo de la exposición autografiado. Al día de hoy sigo lamentando que esas fotografías sólo hayan sido expuestas en Caracas y fuera de Venezuela. Por más que traté de que alguien se interesara por traerlas a Maracaibo, aún no ha sido posible. En esa búsqueda de que trajeran la exposición, hasta mi catálogo lo perdí. No sé a manos de quien fue a parar.

Cuando contemplé las fotos de las muñecas de Reverón, recordé un cortometraje en blanco y negro que vi años antes, a la entrada del Ateneo de Caracas, en el que aparecía un señor de barba larga y ropas raídas rodeado de un montón de perros y que, tiempo después, supe que era una realización de Luis Brito, el mismo Gusano. Ese personaje de la película, no sé porqué, desde que lo vi la primera vez me recordó al pintor de Macuto. Tal vez por ese halo de locura que los cubre a los dos, esa locura que a Brito parece asustar y atraer al mismo tiempo.

El gusano es un personaje que no deja nunca de sorprender. Conoce a todo el mundo y a todos los trata igual, vengan del estrato social que vengan. Se codea de tu a tu con pobres y con ricos. Por su lente han pasado artistas, intelectuales, políticos al igual que gente de barrios, de pueblos. A todos les da el mismo trato digno tanto en lo personal como en las imágenes que capta y siempre parece preferir la simplicidad y la humildad antes que la opulencia y las riquezas.

En una oportunidad, estando por las calles del centro de Caracas, me dijo “Vamos a comer aquí”. Yo pensaba “este sí que está loco, pero si aquí no se ve nada”. Resultó ser el club chino, una casa cerca de Bárcenas que no tenía pinta de restauran y que contaba con el mejor menú de comida china que uno pueda imaginar. Platos que no se ven en la mayoría de los restaurantes chinos y que el Gusano parecía manejar a la perfección. Es que, como buen gordito y viajado, otra de sus virtudes es el paladar. Esa fue la comida china más rica y diferente que he probado en mi vida. Como lo fue la árabe que me comí en en un restauran de una calle de Catia a donde me llevó también Luis, en Metro, con la promesa de que sería una comida deliciosa y cumplió.

El es experto en huecos y tarantines que casi nadie conoce y donde se consiguen platos exquisitos, aunque la decoración de los lugares no sea precisamente de lujo. Una vez, saliendo de su apartamento en el centro de Caracas, empezó a caminar rápido. Cruzaba en una esquina, luego en otra, yo trataba de seguirlo entre el tráfico y la gente. Llegamos a un edificio, subimos unas escaleras y mientras ascendíamos me dijo, “aquí vamos a almorzar”.

Yo no entendía nada, pensaba “este está como una cabra. Me trae a comer a casa de alguien sin siquiera llamar antes”. Resultó ser un sitio donde hacían almuerzos tipo ejecutivo, de esos que por un precio único uno tiene derecho a primer plato, segundo, postre y jugo. Todo exquisito y a precios más que solidarios.

Es que andar con él es así y no se piden muchas explicaciones porque, si las llega a dar, no las entenderemos. Por eso ya no me sorprende cuando, de repente, suena el teléfono y oigo que al otro lado de la línea me dicen:

-¿Golcar Margarito, cómo estás tú?

-Gusanito, bien ¿y vos?

-Esos pendejos, que no sé qué es lo que piensan. Censuraron la foto. Necesito que me consigas fotos e informaciones de la señora de Machiques y de los soldados de Fuerte Mara.

-Gusano, ¿qué foto te censuraron y de qué señora de Machiques me estás hablando?

-Los bolsas esos. Que como que no entienden… La señora que mataron en Machiques, Evangelina. Es que estoy haciendo una vaina y la necesito… y la de los soldados quemados… ¿Cómo están todos, por allá? Yo estoy medio “chacueco”…

“Chacueco” palabra característica de su léxico para referirse a lo que está echao a perder, en mala forma o condición, enfermo o dolorido y que ya sus amigos hemos aprendido a definir en el contexto.

Esa es una conversación típica con Luis por teléfono. Entonces uno va al facebook, habla con los amigos, comienza a reconstruir la conversación y se da cuenta que todo cobra sentido. El ha dado por sentado que uno está al tanto de todo y que ha entendido lo que ha querido decir cuando, en realidad, uno está en la luna, hasta que descubre que el cuento de la foto censurada no tiene nada que ver con la de historia de Evangelina Carrizo y la de los soldados. Son dos historias diferentes que, evidentemente, lo tienen trabajando frenéticamente al mismo tiempo y supone que uno lo sabe.

Salgo, trato de conseguir lo pedido y se lo hago llegar. Al los días descubro que es para algo que está haciendo relacionado con la otra pasión que lo atormenta y lo hace vivir tan frenéticamente como la fotografía, el cine, la música y la comida. La política.

Su sensibilidad de artista y el sentido de lo social lo han hecho que viva la política de manera intensa. Fue su afán por lograr que las cosas cambiaran en el país y que la pobreza y la corrupción fueran abatidas el que lo llevó, como a muchos venezolanos, a apoyar a Chávez en un primer momento, cuando creyó, como la mayoría, en el discurso de cambio, esperanza, justicia e igualdad que el protagonista del golpe del 4 de febrero encarnaba. Y creo que fue uno de los primeros en darse cuenta de que lo que decía el teniente coronel no tenía nada que ver con lo que practicaba, haciendo que, desilusionado, se apartara muy pronto del proyecto.

A veces, cuando lo veo, con el el frenesí que lo caracteriza, volcado a lograr que Chávez salga del poder, no puedo evitar pensar que siente una profunda culpa por su apoyo original, culpa que otros que fueron más decisivos al momento de que se entronizara el golpista en el poder no parecen sentir, pero que lo hacen actuar como si su voto hubiera sido el único responsable. El es así. Apasionado, frenético y entregado.

Así es el Gusano, el amigo, el pana que se prodiga con sus panas, el que de repente llama y dice: “Golcar Rosendo, ¿cómo estás tú?” Solo para saber de uno y para decirle a uno que lo quiere. El que ha sido capaz de pararse a las 4 de la mañana en varias (muchas) oportunidades únicamente para hacerle un favor a sus amigos, sin quejarse, sin poner peros, sin siquiera recordarlo después. Luis Brito es así, capaz de esos gestos de amor y por eso yo no quería dejar de escribir estas líneas, aunque se me atraviesen las orejas de cochino y las morcillas de Río Caribe en el trayecto.

Unas pocas líneas solo para decirte que te quiero Gusano.

Todas las fotos de este post las tomé del facebook de Luis Brito.

Enlaces relacionados:

MORENTE, LOS BEATLES, LUIS BRITO: Recuerdas a Eleonor Rigby…?

Las flores que trajo Luis Brito

Anuncios

»

  1. Borrador mental… cuántos guardamos cotidianamente…

    Responder
  2. Mercedes Vazquez T

    Gocho, hoy los recorde muchisimo en la Exposicion, sobretodo, cuando vi las fotos de las manos, que esta en su casa, se me habia olvidado el Caballo, y como dice Marco Tulio, te falto incluirla aqui, volvieron a rodar mis lagrimas por la mejilla, y de nuevo te agradezco la denominacion de “maga”., y vuelvo a reafirmarme, en que la magia de la vida, llega a mi, a traves, de amigos tan queridos como Uds., los quiero,

    Responder
  3. Ricardo Limongi

    Bellisimo Golcar, mejor descrito no puede ser… Leo esto un poco tarde. Luis es como mi hermano mayor… algún dia nos conoceremos tu y yo y compartiremos vivencias.
    Abrazos panita
    R.-

    Responder
  4. Querido Golcar… me ganaste en la carrera. Tengo meses (quizás años) haciendo mi borrador mental de un artículo sobre Luis, jajajaja… el último borrador es de diciembre, cuando fui a ver la exposición “Memento” con mis dos monitos colgados de cada brazo. Me acordé de ti y de lo mucho que hubieras querido estar allí, y en cierto modo, estabas. Lo escuché hablándome de las piezas y su particular camino, entre el alboroto de mis hijos, y a pesar de eso él se detuvo un rato largo a hablar conmigo mientras mis hijos hacían una especie de danza india a nuestro alrededor. Así que tengo un borrador que está compuesto, más que de información, de emociones. Del cariño y el afecto que sentí de él esa noche. De las flores moribundas, que vi en las paredes. Del recuerdo de una persona ausente que nunca conocí, pero que ha formado parte de mi imaginario. De la muerte -en las paredes- , la vida -mis hijos haciendo la danza india-, y el amor de una persona que tiene la gracia de ver el mundo a través de un ojo privilegiado. Gracias por tu maravilloso post…siento que lo retrataste muy bien. Y me recordaste la deuda que tengo con él. Seguiré borrando y escribiendo mentalmente, hasta tener la entereza que tú tuviste para tocar el teclado… Un abrazo para tí y otro para Luis.

    Responder
  5. Ligia Isturiz

    Pues si tu objetivo era – además del merecido homenaje al artista- emocionarlo, seguro lo has logrado plenamente. Dejaste que hablaran los sentimientos y ellos lo hicieron de modo libre y puro. ¡Bien por eso, Golcar ! Cada vez es más escaso encontrar reseñas generosas, salidas del corazón, no ejercicios críticos o retóricos para escuchar nuestra voz, por encima de la mirada a la obra

    Responder
  6. Golcar, esto es lo que en mi casa se llama “irse en sangre” con alguien, es decir, lanzarse sin freno a hacer una semblanza admirada y cariñosa. Yo admiro a Luis Brito desde hace años. En una ocasión Jacqueline Goldberg y yo hicimos un librillo en torno a su serie de las manos. Él es un personaje como para seguirle lo pasos a ver en qué anda y en qué se mete ahora, pero tú no te quedas atrás, porque cada post es una sorpresa y siempre viene con un texto sabroso y emocionante. Yo no tendría ningún problema con que este fuera un reality show sobre ti. Ahora bien: nos debes la foto de los caballos sonrientes.

    Responder
  7. Carlos Trujillo

    Golcar, excelente descripcion de este gran personaje, maestro, amigo y tal y tal y tal……quien para mi es mi gran tio mayor!

    Responder
  8. Lala de Balestrini

    Un bellísimo homenaje al amigo entrañable, pues a mi no me extrañan estas palabras de Golcar para Luis Brito ya que conozco esos sentimientos tan hermosos desde su niñez, y debe sentirse felíz de haberle hecho este homenaje a su amigo del alma cuando él lo puede disfrutar a plenitud y leerlo y releerlo hasta el cansancio porque yo no conozco “Al Gusano” pero se el cariño que Golcar le profesa, prometo que voy a ir el jueves a su conferencia aquí en Mérida y le voy hacer saber que soy hermana del autor de estas bellas palabras.

    Responder
  9. Zoleiva Rojas de Santos

    Golcar además de periodista, fotógrafo del alma? hermosa fotografía de un hombre que toda Venezuela debe conocer y llevar muy dentro de su corazón. No lo conozco personalmente, solamente he admirado su obra. Nunca es tarde para demostrar los sentimientos que nos mueven a vivir, me parece una hermosa biografía que se sale de las normas rígidas para escribirlas, sigue escribiendo que como el barco que deja la estela sobre el mar algún día llegarás a buen puerto, besos te quiero mucho mi bebe.

    Responder
  10. Bibiana Balestrini de Osorio

    Como dicen ahora en lugar de usar superlativos, demasiado hermoso!, yo no conozco al hombre sino parte de su obra (una muy pequeña parte) porque como diría Marcos Delgado a mi “la cultura me ofende” pero yo me hago la atrevida, disfruto el arte hasta donde mi incultura me lo permite… Y me parece bellísimo el arte de Brito, ahora lo siento como si fuera mi pana del alma, has escrito un indescriptible -por lo lleno de amor y hermosura- homenaje en vida a Luis Brito, profundo y sencillo, con un poquitico de su frenesí! Ojalá todas las personas bellas y héroes anónimos tuvieran reconocimientos como este para plenar aún mas sus corazones de valor y motivos para seguir en las luchas… Besos para ambos!

    Responder
  11. Te juro que aquí vi un libro, con sus fotos y tu texto mas nada pocas palabras mucha imagen y el que lo tenga en sus manos habrá conocido al artista. o al menos una clara visión de un lado del caleidoscopio!

    Responder
  12. Lloro Golcar…. Solo se que los quiero.

    Responder
  13. En algun momento, por muy prevenidos que estemos, los sentimientos, esos pedacitos de gente que viven en nuestro interior, y que no son mas que la materia prima de la que estamos hechos, no tienden una emboscada, con desenlaces imprevisibles, uno de ellos es escribir, sí, escribir sobre lo que cruza por nuestra mente, en el caso de golcar, a Dios gracias, solo pasan buenas semillas, que crecen bajo el riego de los buenos sentimientos, es por esto que siempre es un placer leer sus letras, que linea a linea lo definen, exitos amigos y gracias por compartir.

    Responder
  14. Verguitacion gocho que molleja de homenaje a brito. Que hermoso que profundidad. Ese amor que se nota ese amor que le tienes al gusano. Habeis hecho que mis ojos se nublen y parar la lectura varias veces.gracias por hacerme participe de esta lectura estoy emocionado. Ahora esperare el comentario del gusano

    Responder
  15. Mercedes Vazquez

    Hermoso, tal cual como “la vida humana es asi”., frase del gusano que yo al menos me he apropiado como tantas otras, no he podido evitar que mis lagrimas “rueden” y al mismo tiempo, me reafirmo en lo afortunada que soy en la vida., de tener amigos como el gusano, como golcar, cristhian, y tantos amigos de la vida., que cuando golcar, me denomina como “la maga”., cosa que le agradezco muchisimoooooooo, pues es realmente hermoso , pienso que en mi vida esta siempre presente LA MAGIA DE LA AMISTAD, LOS AFECTOS Y LOS QUERERES.

    Gracias mil ¡

    Responder
  16. Haidelina Urdaneta

    QUE PENA YO NO LO CONOZCO, SALVO POR LAS FOTOGRAFIAS QUE TU Y CRISTIAN PUBLICAN EN EL FACEBOOK,DE CUALQUIER FORMA ES LO MAS LINDO QUE HE LEIDO DE TI,Y DE LA EXTRAORDINARIA FORMA EN QUE SE PUEDE QUERER Y RESPETAR UN AMIGO, BUENO ESTOY QUE QUIERO COCINARLE ALGO, TAMAÑO COMPROMISO PERO COMO YO TAMBIEN ESTOY UN POCO LOCA VALE

    Responder
  17. Margarita Liscano

    Golcar Margarito?… que te puedo decir, has hecho que el lago de mi alma se desborde, solo quien lo conoce bien puede amarlo, como siento tú lo haces; con esta radiografía del Señor Luis Brito, terminas de realizar la mejor fotografía de lo trascendente, humano y profesional de un ser maravilloso a quien le dicen el “Gusano” y al que también amo, con la intensidad que él merece…te felicito.

    Responder
  18. Ni para que que lo comento, yo no lo conozco pero por tu blog ya lo siente mi amigo. El viene a Mérida, en estos días, no estoy segura si es esta semana, voy averiguar, porque me gustaría conocerlo en persona, Viene a una tertulia que organiza Gerald Paéz, oí por radio pero no capté la fecha

    Responder
  19. Me dejaste muy conmovida con este relato, en particular por esa ultima linea, a muchas personas no se les hace fácil decir te quiero y mucho menos entre hombres….o quizás sea entre mis contemporáneos. Gracias de nuevo.

    Responder
  20. Algo me dice que en algún momento nos encontraremos en una exposición de Luis Brito en Maracaibo.

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: