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Archivo mensual: abril 2012

Explícame, ¿soy yo el culpable?

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Foto de Cristian Espinosa

A mi me van a tener que explicar, pero eso sí, una explicación como para idiotas, a ser posible con un video, qué carajo son, para qué coño sirven y qué debemos esperar los ciudadanos de a pie de los denominados “líderes” políticos y de las organizaciones que los agrupan a ellos y a sus seguidores, o sea, los partidos.

No puede ser que cada vez que uno pretenda, en cualquier sitio o por algún medio, exigirles a los políticos que cumplan con su papel de líderes (o con lo que uno cree, debe ser su papel) salga alguien que nos espete en la cara:

-¿Pero por qué le pide y echa la culpa a los políticos? Eso no es responsabilidad de ellos. Es responsabilidad de nosotros, que tenemos que salir a protestar y a exigir.

Y por ahí se van con una retahíla de comentarios con los que resulta que, al final, la situación de la inseguridad, del desempleo, del  pésimo estado de las vías públicas, del obsoleto funcionamiento de las instituciones públicas cada vez más sumidas en la burocracia, la inflación, la corrupción y ese largo etcétera que padecemos los ciudadanos que no hacemos otra cosa más que trabajar como negros esclavos –en casos como  el mío de domingo a domingo- para medio vivir y pagar la incalculable cantidad de impuestos que pagamos, somos los responsables del paupérrimo estado del país y sus ciudades.

YO, porque “no me organizo” como ciudadano o como vecino. YO, porque “no protesto” y “no exijo”, soy el culpable de que me quiten la electricidad a diario, me pongan un revólver en la frente para quitarme un Blackberry (con suerte si no lo disparan), se me espichen los cauchos porque las calles están llenas de huecos, me extorsionen desde la cárcel para cobrarme “vacuna”, me apunten en plena avenida con un arma para quitarme el carro, no consiga los medicamentos que debo tomar, no cuente con un sistema de salud mínimamente aceptable, no pueda acceder a los productos básicos de alimentación porque no se consiguen, tenga que pelearme con otro pendejo como yo en el supermercado para arrebatarle el último kilo de leche o litro de aceite, que mis hijos en plena etapa de crecimiento no puedan tener la leche indispensable para su desarrollo físico e intelectual. ¡YO SOY EL CULPABLE!

Como diría mi difunta madre y como tengo de hashtag en Twitter #VayaPalaMierda.

Vamos a ver. Yo no tengo ni madera ni ganas de ser líder. Conozco perfectamente mis limitaciones y dentro de mis capacidades sé muy bien que no se encuentran las de orientar a nadie y pretender dirigir sus destinos. Dentro del rebaño social, yo soy una oveja más que necesita ser encarrilada y dirigida, que necesita ser convocada y orientada por quienes se supone sí tienen ese espíritu y vocación de líder. Cada vez que me han convocado para una protesta, para un acto de votación, para colaborar con cualquier actividad política he acudido disciplinada y obedientemente. Pero líder, simplemente, no me interesa ser.

Se supone que las organizaciones políticas son estructuras diseñadas para cubrir esa necesidad de liderazgo en todas sus instancias. Los líderes políticos de base, supongo yo, son los líderes sociales dentro de sus comunidades. ¿O es que están separadas las dos categorías? ¿O, no es que los que son líderes en la urbanización, en el barrio, en el pueblo, a la larga, lo que están es tras la búsqueda de un cargo en un consejo comunal, en un concejo municipal, aspiran a ser alcaldes, diputados de legislativos regionales y Asamblea Nacional,  gobernadores y hasta presidentes?

¿Están completamente separados los unos de los otros o, por el contrario, terminan o deberían terminar fundiéndose en trabajo y en aspiraciones?

Es que incluso, si una persona que lidera en una comunidad no tiene aspiraciones políticas, se le hace imprescindible, si quiere tener éxito en sus objetivos, relacionarse con los líderes políticos. De lo contrario, a mi modo de ver, no es más que un Quijote más que no llegará muy lejos pues, el poder político lo anulará.

Ahora, en la explicación que pido, me gustaría que me aclaren si ser político es solo salir a pedir el voto de la gente para llegar a que lo pongan donde hay. No le pidan trabajo de liderazgo. No le exijan que salgan a la cabeza para protestar por el pésimo estado del país. No esperen que convoque a la gente para manifestar su protesta aireada. Ni se les ocurra aspirar a que se interese en enfrentar y buscarle solución a los problemas que nos aquejan. Todo eso es responsabilidad y culpa de los ciudadanos que no nos organizamos como sociedad.

¡Coño! ¿Pero ayudar a la organización de los ciudadanos como sociedad no es una función de los partidos y líderes políticos?

¿Cómo, para salir a pedir el voto de la gente, están tan organizaditos? Para eso sí tienen gente en todos lados que les organizan las giras y las visitas casa por casa para abrazar viejitas y besar niños. Para eso sí hay líderes comunitarios y organizaciones de base que les arman el tinglado y les montan el templete.

Yo solo pido una explicación que me diga claramente que no espere que un líder político, sea concejal, alcalde, diputado, gobernador o presidente salga a dar la cara y a protestar para que tu tengas una mejor calidad de vida. Ellos no están para eso. Eso es culpa y responsabilidad tuya y solo tuya. Organízate y no cuentes con políticos para eso.

Una vez que me digan, por todo el cañón, esa verdad que se esconde tras el “Eso no es responsabilidad solo de los políticos” ya yo tomaré la decisión de no ir ni una sola vez más a calarme horas eternas a la intemperie, con sol y lluvia, para votar por nadie.

Me quedaré en mi casa, viendo televisión y escribiendo pendejadas o jugando en la computadora porque,  mi dedo meñique pintado de morado como orgullosa muestra de que ejercí mi voto, para que solo sirva para que algún político llegue al cargo que quiera, que lo pongan donde “haiga”, sin que yo le pueda exigir a cambio que me cumpla porque eso es “mi responsabilidad”, no lo volvería a tener más.

El “antes” es, hoy, más “ahora” que nunca

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La noche que transmitieron la entrevista que Eladio Aponte Aponte le dio a Verioska Velasco, yo jugaba con algunas fotos en la computadora. Las ampliaba, les daba más brillo y contraste, revisaba el Facebook y el Twitter, mientras escuchaba lo que el exmagistrado decía sin mirar mucho a la pantalla para evitar las náuseas.

Lo escuchaba y me sorprendía pensando: “Este desgraciado no está diciendo nada nuevo. Todo lo que dice lo conocemos de antemano. Seguramente, los del gobierno saldrán a decir que es un corrupto, como en efecto él mismo está asumiendo que lo es y como todos lo sospechábamos y, con la desfachatez y desvergüenza que caracteriza a estos revolucionarios de pacotilla, despacharán el tema”.

Me asombraba que lo que escuchaba no me causaba la más mínima sorpresa. Todo sonaba a más de lo mismo y parecería que mi capacidad de sentir asco rebasó su límite hace tiempo. Todo me lucía tan propio y “normal” de este “proceso” que lo escuchaba como quien escucha llover.

Entonces, hoy, me consigo con un artículo de César Miguel Rondón sobre las declaraciones del ex magistrado, titulado “El traidor Aponte” en el que termina diciendo:

“Esta es quizás la peor cloaca, la más asquerosa cloaca que se les haya evidenciado a los venezolanos.  Porque en el fondo, alguien decía ayer,  pero si esto no es nuevo, eso lo sabíamos. Sí, a lo mejor lo sabíamos o tan sólo, lo sospechábamos. Lo que no sabíamos era que uno de los delincuentes lo iba a destapar de esta forma o, como se dice vulgarmente,  “iba a prender el ventilador”.

 

Es cuando caigo en cuenta que, en realidad, no solo sabíamos lo que ha venido sucediendo en estos 14 años de “revolución” porque ha sido un secreto a voces que ha corrido como agua de cloacas desbordadas. Por un lado, alguna gente decente se ha encargado de decirlo pero, sobre todo, se sabía porque los mismos protagonistas se han dado a la meticulosa tarea de exhibir sus inmundicias sin ningún pudor y enorgullecidos de lo que hacen, con la actitud de matón de barrio que enseña sus tropelías para pavonearse de su poder y para amedrentar a quienes puedan pensar en atreveverse a enfrentarlos.

También esperábamos que en cualquier momento alguno de los involucrados saliera a “sapear” y a “echar dedo” para salvar su pellejo. Lo esperábamos porque es lo más lógico que suceda cuando se trata de chanchullos, tropelías, abusos de poder y corrupción entre malandraje de baja calaña como el que pulula en todas las instancias de poder de este carcomido, corrompido, prodrido y corroído régimen que parece eternizarse en Venezuela.

CHÁVEZ, ADAN, ALABÓ Y CONDECORÓ A APONTE POR “SU EMPEÑO EN IMPARTIR JUSTICIA”, etc

Entre matones de bajo perraje las palabras honor, pudor y vergüenza brillan por su ausencia. Entre este tipo de ratas de albañal lo que impera es el instinto más básico de supervivencia, ese mismo instinto que llevó a Aponte a cantar en los Estados Unidos toda la cochinada de la que fue cómplice y protagonista. Allí, en el criticado y señalado imperio “mesmo” donde seguramente pretenderá disfrutar de los dineros supuestamente obtenidos
a fuerza de sobornos, chantajes y pagos por hacerle el trabajo sucio al régimen y darle visos de legalidad.

A estos bandidos de bajo perraje ni siquiera se les puede catalogar como mafiosos porque en las mafias hay reglas y códigos de honor que se respetan hasta las últimas consecuencias. Es puro pillaje y piratería, traición y cobardía, supervivencia de ratas en un barco que se hunde y que por salvarse son capaces de hincarle el diente hasta a sus propias madres.

Los mafiosos de honor, como los de las mafias japonesas o italianas, una vez terminado de dar las declaraciones, hubieran tomado la daga y se habrían hecho sepukku para buscar limpiar su honor, como quiso el ex magistrado que creyéramos . Pero el suicidio por honor es mucho pedir a esta baja calaña que nos ha desgobernado por tantos años.

Creo que, al final, para lo único que sirve el asqueroso episodio Aponte Aponte es para derrumbarle la coartada a los amigos que continúan apoyando esta “revolución” bajo la excusa de que no quieren que vuelvan los excesos y abusos de la llamada cuarta república.

Después de escuchar de la propia boca del magistrado caído en desgracia lo que todos sabíamos pero que ellos se han negado insistentemente a ver, ya no les quedan excusas. Lo que tanto aborrecían de la democracia de hace 14 años, se continúa perpetrando y de manera más indigna, frecuente y soez que antes. Ya no pueden decir que no quieren volver a lo de antes porque Aponte Aponte nos demostró que ese “antes” es, hoy, más “ahora” que nunca. La pose de dignidad no les sentará nunca más mientras sigan alcahueteando con su silencio, complicidad y votos a este atroz régimen.

Mi pasión por la pasión viviente

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Cuando escuché los tambores de la procesión corrí a su encuentro. Habían pasado muchísimos años desde la última vez que había asistido a una representación de la Pasión Viviente en La Parroquia y esta vez coincidía con la celebración de los 100 años de esa tradición en el pequeño pueblo de Mérida, donde nací.

Cuando los alcancé, me di cuenta que el corazón se me había acelerado y latía con gran fuerza casi al ritmo de los redoblantes. Estaba realmente acelerado, como cuando niño, que me atraía y me asustaba la escenificación de la pasión y muerte de Jesús. Las pupilas las tenía dilatadas para que en la oscuridad de la noche no se me escapara nada y, a ratos, la luz de las antorchas me deslumbraba.

No podía alejar de mi mente aquella primera vez que asistí a la escenificación de la resurrección en la iglesia. Aunque no recuerdo exactamente qué edad tenía, sé que era un niño,  estaba lo suficientemente pequeño como para que el ruido de unos tambores, el corre corre de los judíos y el estruendo de los tambores y redoblantes en la procesión y en la búsqueda y captura de Jesús me impresionara y asustara. Ya mi temor había superado las dos primeras noches de representaciones y, ese sábado de Gloria, a las 11 de la noche, fui a la iglesia decidido a contemplar el último acto: La Resurrección.

Me monté sobre una silla, flanqueado a ambos lados por mis hermanas Ana Aída y Yandira, casi frente a la tumba edificada a un costado del Altar Mayor. La iglesia, que siempre ha sido acogedora y tibia, me lucía lúgubre y las imágenes de los santos cubiertas con telas moradas me tenían asombrado. Mis ojos de niño miraban a todos lados como queriendo capturar de un solo sopetón todo lo que allí ocurría.

De repente, las luces del recinto comenzaron a encenderse y apagarse frenéticamente, los tambores retumbaban más fuertemente que nunca y su batir se multiplicaba por el eco del lugar. Escuchaba cómo las sandalias de los judíos sonaban en un inquietante ir y venir corriendo por el pasillo central del templo. Volteé asustado hacía el sitio de donde provenía el rebullicio, pero mi pequeña estatura solo me permitía distinguir por encima de las cabezas de la gente, las crestas peludas de los cascos de cuero de los soldados y el revoloteo de estandartes y banderas que se agitaban violentamente en el aire. A los tambores se le sumaban los ruidos producidos por las matracas y los latones que cimbraban los judíos y el golpeteo a las panderetas y, por sobre todo esto, yo escuchaba mi propio corazón que parecía imponerse por sobre el infernal ruido.

De pronto, la voz del cura dijo, o creo recordar que dijo:

-Gloria a Dios en las alturas.

Volteé hacia el altar mayor y justo cuando posé la mirada sobre la improvisada tumba, pude ver que un ángel levantaba la tapa del foso y con gran estruendo la lanzaba hacia atrás dejándola caer estrepitosamente sobre el suelo y  la imagen de Jesús comenzaba a ascender desde el fondo. Lentamente. Levitando sobre las rocas de papel. Con las manos levantadas a sus lados, enseñándonos las heridas de los clavos en el medio de las palmas de sus manos.

Mis piernas comenzaron a flaquear, se me hacían de gelatina. El corazón bombeaba con toda su fuerza y Ana Aída y Yandy lograron meter sus manos bajo mis axilas justo a tiempo, en el momento en que sentía que mi cuerpo no podía resistir más y se desplomaría.

Al sentir el contacto de mis hermanas, reaccioné y el desmayo total no llegó a producirse. Ellas me miraron y dijeron: “¡El corazón se le va a salir!” y rieron socarronamente.

Ni qué decir que esa es la imagen que se ha grabado con mayor empuje en mi mente de la Semana Santa en La Parroquia. Ni siquiera los actos de la noche anterior cuando Jesús era llevado alrededor de la plaza realizando su Via Crucis, o su crucificción, o el ahorcamiento de Judas lograron impresionarme tanto como esa noche de resurrección. Y eso que la crucificción es un acto bastante fuerte y violento, con truenos y rayos y el piquete de la lanza sobre el pecho de Jesús, pero nada como esa imagen del hombre emergiendo de su tumba, en perfecta levitación sin que se viera en ningún momento el más mínimo movimiento de flexión en sus piernas para subir los ocultos peldaños.

Mucho más tolerables me resultaron, incluso, los actos del Jueves Santo, con la venta de Jesús, lavatorio de los pies, la ultima cena, Jesús en el huerto de los olivos con la traición de Judas, el prendimiento de Jesús y su llevada ante Caifas, Anas,  Herodes y Pilatos. Todo eso, el sábado, se me parecía a un cuento de hadas.

Todos esos recuerdos se me agolpaban este año cuando corría tras la procesión, con la cámara en la mano para capturar alguna imagen y sintiendo que, a pesar de los años transcurridos el corazón batía casi con la misma fuerza de esa noche.

Este año me pareció que los actos fueron un poco acelerados. Todo lo hicieron a un ritmo veloz. Tal vez se debió a que había amenaza de lluvia. Ya no montan las cuatro tarimas que montaban cuando yo era niño para que sirvieran de escenografía a los diferentes palacios de los sumos sacerdotes ante los cuales era llevado Jesús. Todo se hace en una tarima central ubicada frente a la iglesia.

A pesar de eso, disfruté como un niño una vez más la Semana Santa de La Parroquia. Esta ceremonia forma parte de mis recuerdos de infancia, por eso me enorgullecí mucho cuando vi que la tradición, que se realiza en su totalidad por la gente del pueblo como pago de promesas por favores recibidos o en ofrenda por alguna petición, llegó este año a sus 100 de vida. Todos los que en ella interviene son pobladores del sitio, ninguno es actor ni director de teatro. Es una devoción. Así ha sido desde 1912 cuando Alberto Collazo junto a Natividad Rivas y Perpetuo del Carmen Torres iniciaron la tradición que año tras año ha ido modificándose y perfeccionándose.

Desafortunadamente, ahora los sábados de Gloria solo ofician la misa. Desde hace unos años, ya no se escenifica la resurrección. ¡Cómo me hubiera gustado volver a contemplarla!

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Lucubraciones de un Rey cazador o ¿debe un monarca pedir permiso o pedir perdón?

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Creo que ha llegado el momento de dejar este palacio y salir a ver el mundo de verdad. Comunicarme con la gente más allá de actos oficiales y de asesores que, o bien no están al tanto de lo que acontece, o simplemente no se atreven a hablarme claro y sin tapujos sobre lo que se debe hacer o no hacer en estos tiempos. Sobre lo que es políticamente correcto o no.

El mundo parece haber cambiado en los últimos años y yo como que estoy estancado en el pasado, creyendo que la gente es la misma de antes y que con el simple hecho de ser Rey todo se  me aplaude y todo se me disculpa.

Estos días de reposo los voy a destinar a ponerme al día sobre los cambios que se han experimentado en el mundo. Me voy a abrir una cuenta en twitter, aunque sea con seudónimo,  y voy a tratar de conocer personalmente lo que la gente realmente piensa del Rey y de la monarquía porque sospecho que ya no somos tan bien vistos como antes o, al menos, parece haber un importante sector de la opinión pública interesado en desprestigiarnos en hacernos ver como algo más perjudicial para el país que beneficioso.

Intereses ocultos tienen que estar detrás del escándalo por la fotico con el elefante. ¡Joder, si hasta hace nada una foto como esa habría despertado la admiración del mundo entero! ¿Cuándo dejó de ser la cacería una actividad deportiva bien vista para convertirse en un acto cruel y deleznable?

Gente que yo jamás pensé que se me enfrentaría ahora anda hablando mal de mí por la foto de marras. Idiotas que hasta hace nada aplaudían y se inclinaban a mi paso hoy se atreven a criticarme y a señalarme con el dedo como una persona impresentable. Hasta el periodista aquel que hace unos 30 años me felicitaba por la caza del tigre y me pintaba en sus reseñas como un héroe en safari y alababa mi valentía por enfrentarme a semejante fiera salvaje con tan solo una escopeta, hoy se atreve a decir que la imagen del Rey delante del elefante moribundo le produce náuseas y siente herida su sensibilidad ante el sufrimiento del pobre animalito.

¡Coño, pero es que si hasta de ese país medio salvaje y bárbaro en Suramérica, cuyos habitantes me aplaudían a rabiar hace algún tiempo porque mandé a callar al gorila ese que los gobierna, han llegado firmas para que se me quite el cargo de presidente honorario del WWF! ¡Imagínense, un país donde mueren cerca de 200 personas en un fin de semana por la violencia y la delincuencia, se molesta en firmar una petición on line por la cacería de elefantes en África!

Hace 200 años cualquiera que se atreviera a hacer semejantes señalamientos al Rey habría muerto en la horca… Cuando Franco tal vez habría habido algún crítico desaparecido o torturado hasta hacer que se retractara pero, evidentemente, el mundo es otro. Tan otro, que me tildan de cruel por practicar algo que hasta hace nada era visto como un deporte de gente bien. Una tradición incluso, que despertaba la admiración de nobles y plebeyos. ¿Acaso no es una actividad permitida en África? ¿Qué ley se supone que infringí al disparar a la bestia de más de 3 mil kilos?

Tanta sensiblería por una bestia me tiene desconcertado. Nadie me quita de la cabeza que todo no es más que una campaña de desprestigio estimulada desde la cochina izquierda radical que siempre ha querido hacer que la monarquía desaparezca y ahora se vale de la protección a los animales, que parece estar de moda en todo el mundo, para hacerme ver como un ser cruel que goza con el sufrimiento de los animales.

Lo peor es que no se qué debo hacer en estos momentos. Me siento como aquella miss que se pregunta si es preferible pedir permiso o pedir perdón. ¿Tendré que salir a ofrecer disculpas a la gente que se sintió ofendida por la foto del elefante o, por el contrario, me hago el tonto, aprovecho que estoy de reposo y dejo que el tiempo se encargue de hacer que todo el escándalo se olvide?

¿Tendré que pedir permiso la próxima vez que se me ocurra salir de cacería o, simplemente, debo decir que no volveré a cazar porque ya no tengo edad para eso y representa un verdadero peligro?

¡Coño, que no logro entender por qué tanto revuelo! ¿Qué creían esos que hoy se escandalizan, que antes salía a cazar con dardos de anestesia para no hacer sufrir a las bestias?

Definitivamente, el mundo ha cambiado. No sé si esta gente realmente está tan sensibilizada con respecto a los animales o si es sólo una moda más que pasará. Lo que tengo claro es que al levantarme de esta cama haré menos caso de asesores y expertos y me dedicaré a estar más en contacto con el mundo, con lo que pasa, con los cambios, con la gente, para que no me vuelvan a crucificar por algo que, hasta hace nada, era visto como normal, esperado y admirado en un Rey.

Un día en el parque en un país en “revolución”

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–Buenas tardes. ¿Quién es el cabecilla aquí, por llamarlo así?  –Dijo el Guardia Nacional Bolivariano queriendo parecer gracioso y simpático.

Prácticamente no tuve tiempo ni de voltear para verle la cara al hombre cuando escuché la voz de mi sobrina Bibiana que con toda la ironía que pudo acumular en su tono de voz, de un solo sopetón, le respondió:

–No, señor. Aquí no hay cabecilla. Como puede ver, esto es una familia, no una banda.

Fue entonces cuando terminé de voltear hacia el sitio donde se encontraba el Guardia y pude entender la ironía y la furia del tono de la voz de mi sobrina. Como una verdadera banda de delincuentes, junto al “cabecilla” que hablaba, se encontraban unos 3 o 4 Guardias más, un policía y una mujer con franela roja de esas que identifican las misiones gubernamentales y con las que obligan a uniformarse a los empleados públicos.

Era sábado de Gloria y nos habíamos reunido en el parque de Lagunillas en Mérida para celebrar en familia los cincuenta años de mi prima Carmen Cecilia. Ella quería celebrarlo solamente con sus familiares y decidió hacer un hervido de gallina en el parque merideño para invitarnos a la celebración.

Cómo muchas otras veces, especialmente los primeros de enero, nos reunimos en Lagunillas y, como siempre hemos hecho, llevábamos una caja de cervezas, refrescos y pasapalos para pasar un día de esparcimiento y relax compartiendo en familia y celebrando el cumpleaños. Unas cincuenta personas incluyendo bebés de menos de un año y personas mayores de 60.

Cuando llegamos al sitio, en la entrada, nos advirtieron que ese día no se podía llevar bebidas alcohólicas porque allí estaban realizando una actividad vacacional organizada por el gobierno nacional y, como ya es habitual en nuestro país, custodiada por la Guardia Nacional Bolivariana.

No obstante, uno de los Guardias, menos ortodoxo que los demás y consciente de que la gente no tenía porqué saber que ese día en específico no se podría ingerir licor en las instalaciones del parque, muy amablemente, nos dijo por lo bajito, al ver las cervezas:

–Si se las van a tomar, háganlo en vasos para que no se vea de qué se trata.

Así se hizo. Pasaron varias horas sin ningún inconveniente. La cervecita la servíamos en vasos de plástico oscuro y las botellas se escondían oportunamente para no molestar a los que participaban de la actividad gubernamental.

Al poco rato de estar allí, notamos que el “acto vacacional” que se estaba llevando a cabo no era más que un evento de campaña y proselitismo político a favor del presidente Chávez,  con miras a captar adeptos para las elecciones del 7 de octubre.

La mampara de yincana deportiva encubría malamente las intenciones políticas del acto y los animadores a través de sus equipos de sonido, de cada cinco palabras que pronunciaban, tres las dirigían a arengar a los asistentes para que participaran en las elecciones presidenciales a favor del presidente Chávez para cuyo efecto habían instalado una camioneta del Consejo Nacional Electoral con los rótulos de la “Misión 07 de octubre” para inscribir nuevos votantes y actualizar datos y otra de la misión identidad para entregarle la cédula a quienes la necesitaran para inscribirse.

Quienes nos oponemos al gobierno tragamos grueso, nos hicimos la vista gorda y tratamos de obviar lo que allí se estaba desarrollando. Pero no podíamos dejar de asombrarnos ante la desfachatez del régimen y ante la sumisión de un poder que, se supone debe ser independiente como el electoral, ante las directrices emitidas por el ejecutivo, a tal punto de identificar el proceso de elecciones presidenciales con la palabra “Misión” que, a todas luces lo parcializa hacia el gobierno del presidente Chávez.

¡Después de 14 años de abusos y falta de pudor del régimen, aún nos asombramos con este tipo de actitudes y de ventajismos!

Los animadores cada cinco minutos daban gracias al presidente, pedían por su salud, llamaban a quienes aún no estaban inscritos para que se registraran en el CNE y alababan la “Misión 07 de octubre”.

Quienes estábamos en el parque por motivos ajenos al “plan vacacional” hicimos caso omiso de lo que los acólitos del régimen hacían. No así algunos de ellos quienes, al mejor estilo del “sapeo” cubano se dedicaban a pasear entre la gente a husmear para luego ir a acusar ante la GNB si alguien estaba infringiendo la prohibición de consumir licor ese día en el parque.

Fue así como la “banda” de los Guardias se aproximó a un grupo de personas que se encontraba justo en la mesa más cercana a la de nosotros. Alguien fue y los acusó con los “esbirros” y estos se aparecieron para intimidar y confiscar las bebidas. Un poco después nos tocó el turno a nosotros. Fue cuando el gracioso cabecilla junto a sus compinches se acercó a donde nos encontrábamos.

–¿Nos permiten que revisemos las cavas? – Dijo el Guardia luego de pasar el trago amargo de la respuesta de Bibiana.

­–Es que nos dijeron que ustedes estaban consumiendo alcohol y queremos verificar.

–Claro, revisen todo lo que quieran.

–A usted tenemos rato viéndola beber– Dijo el hombre, señalando justamente a mi hermana Zoleiva que no solo no estaba bebiendo sino que es una mujer de 65 años con el pelo completamente blanco. O sea, más fuera de perol no podía haber meado el desgraciado.

La mayoría de los que estábamos observando el deprimente espectáculo rompimos en carcajadas ante la acusación. “Háganle la prueba del alcoholímetro” gritaron varios a coro. Nos burlamos del tipejo sin ninguna contemplación.

El hombre revisó las cavas infructuosamente. Frustrado ante el fracaso de la requisa, no le quedó más remedió que balbucir que había sido un error y que habían confundido a Zoleiva con alguna otra persona. Se unió a su “pandilla” intimidatoria que aguardaba como a la espera de una orden para cargar con todo y, con el rabo entre las piernas, se marcharon, no sin antes escuchar cómo Zoleiva, impulsada por la ira, les espetaba:

–¡A lo que hemos llegado en este país desde que ese desgraciado está en el poder!

La pandilla se hizo la desentendida y se marchó. A partir de ese momento, podemos decir que los bolivarianos nos hicieron el día. Los chistes y burlas parecían no tener fin. La imaginación hacía que inventáramos maneras de vengarnos de los desgraciados esbirros. Pensamos en dejarles las botellas en el sitio donde se encontraban emplazados al momento de irnos del parque o regarles enfrente las tapitas de las cervezas…

Pero la prudencia imperó. Por un lado, estábamos conscientes que nosotros habíamos fallado al consumir licor ese día cuando nos advirtieron que no se debía. Aunque la medida era, a todas luces, abusiva por parte de ellos pues ¿quién les otorga el derecho de, arbitrariamente, decidir que el parque, que es público, les pertenece y que quienes allí lleguen tienen que adaptarse a las medidas que a ellos se les puediera haber ocurrido implementar?

Y, por el otro lado, ¿Para qué arriesgarse a que estos esbirros con mente de gorilas tercermundistas decidan, porque tienen el poder, hacernos pasar un mal rato, mantenernos el tiempo que a ellos le dé la gana allí detenidos haciendo exhibición del poder que un régimen despótico  les ha otorgado y arruinarnos el paseo?

Nos tomamos el hervido de gallina que estaba delicioso, nos burlamos a más no poder de esos pobres idiotas que no han entendido que ese “poder” que hoy ostentan tiene fecha de caducidad y que, tarde o temprano, este país volverá a la normalidad, a la civilidad, al progreso. Los militares regresarán a sus cuarteles, a cuidar la soberanía nacional sin entrometerse en lo que los civiles tengamos a bien decidir y Venezuela dejará este cariz de republiqueta bananera para encaminarse a ser un verdadero país.

Oh la la! aventura parisina

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Octava entrega de “Viaje a España y París en 2006″.

Fin del viaje.

Martes, 28 de marzo
El viernes nos levantamos temprano y nos fuimos a almorzar con una prima de Mercedes. Caminamos un rato por los alrededores de la Almudena y luego almorzamos en un sitio bien sabrosito. Después regresamos a casa y a preparar las maletas para irnos a París.
Salimos del aeropuerto de Barajas a las seis y pico de la tarde y llegamos a París a las nueve y pico, tomamos un autobús hasta la estacion del metro Les Invalides y de allí nos explicaron cómo llegar al hotel que teníamos reservado, que queda un poco en las afueras de la ciudad.
En fin, que cuando llegamos al hotel  ya eran casi las once de la noche. Tocamos para que alguien nos abriera y poder entrar y resultó que nadie salía. Después de varios intentos, nos dimos cuenta que en la hoja de reserva había una nota en la que decía que si uno iba a llegar después de las nueve de la noche debía pedir un codigo de acceso por teléfono para poder ingresar al hotel.
Entonces, resolví ir a averiguar en un restaurant-bar que estaba cerca y, en mi francés chimbo, le pregunté a la señora si sabía dónde había un teléfono público cerca. Ellá, muy amablemente, me prestó el suyo y resultó que hablaba bastante español por que es de Marruecos, de una zona fronteriza con España.
LLamamos al número que ponía la reserva y nadie respondió, salío una grabadora para dejar mensaje, lo hicimos y luego la chica, que en realidad tenía pinta de putona, me explicó que en ese hotel no quedaba nadie en recepción por las noches y que debíamos buscar otro hotel para esa noche.
Desgraciadamente, la noche ya estaba pagada en ese hotel y, de todos modos, tuvimos que salir a buscar un sitio que me indicaron allí en el restauran.
Después de mucho caminar y dar vueltas, ya eran cerca de las doce de la noche y estaba empezando a llover, nos conseguimos a un chico a quien le pregunté por un hotel y afortunadamente, no solo nos explicó cómo conseguirlo sino que nos acompañó en el metro hasta la estación donde nos debíamos bajar.
Además, nos enseñó cómo pasar en el metro, dos personas con un mismo ticket y así ahorrarnos unos cuantos euros. A partir de allí, pasábamos de a dos con cada ticket del metro.
Llegamos a donde Fabio, el chico que nos dijo dónde podiámos encontrar alojamiento nos dijo, y allí pasamos la noche en dos habitaciones a 46 euros cada una. Dejamos las cosas en el hotelucho y fuimos a comer al Mc Donalds que estaba en frente que era lo único que estaba abierto a esa hora. Comimos, dimos una caminadita y, como la zona no era muy bonita, decidimos irnos a dormir.
El sábado nos paramos temprano y nos fuimos al hotel que ya teníamos pagado, nos instalamos, desayunamos, nos bañamos y nos fuimos a patear por las calles de París.
Al primer sitio que fuimos fue a la Tour Eiffel, bellísima, allí nos tomamos unas cuantas fotos, caminamos un rato, bajo una lloviznita ladilla y seguimos camino a otros sitios. Cuando íbamos pasando por la orilla del Sena, vimos unos botecitos en los que la gente paseaba y decidimos averiguar para ver si el presupuesto nos daba para el paseo.
¡Ay, qué pobres somos! Había unos paseos que incluían almuerzos, champaña y música en en vivo por 100 euros o más por persona. Afortunadamente, hay unos botes menos lujosos para el bajo perraje, sin comida ni champan ni música en vivo pero igual se recorre parte del rió y en ese sí nos montamos.
El paseo fue maravilloso, es bellísimo ver las ciudad desde las aguas del río. Ya al final del paseo, nos cayó un aguacero, pero de todos modos lo disfrutamos un montón.
De allí nos fuimos a recorrer los Campos Elíseos. Un paseo muy hermoso pero, cuando íbamos por la mitad, se desató el palo de agua y nos echamos tremenda mojada. Total, que entonces decimos ir al hotel y descansar para prepararnos para la noche. Comimos en un sitio cerca del hotel, comida árabe bien sabrosa, dormimos y en la noche nos paramos, nos bañamos y nos fuimos a buscar juerga.
En un bar nos vieron la cara de pobres y como estaba bastante repleto no nos dejaron entrar, así que nos fuimos a otro y allí estuvimos hasta las cinco y media de la mañana, cuando regresamos a dormir al hotel.
A las diez de la mañana nos levantamos y nos fuimos a patear París. Eso fue el domingo, fuimos a terminar de  recorrer los Campos Elíseos, los Jardines de las Tuilleries, la Plaza de la Concordia, el Museo del Louvre (por fuera, porque no daba tiempo de entrar), la Catedral de Notre Dame por fuera y por dentro. De allí, fuimos a comer a un sitio donde conseguimos un menú con sopa de cebolla de primer plato,carne a la pimienta de segundo y de postre crepes de chocolate, todo por supuesto con un vinito de la casa.
Después comenzamos a buscar La Bastilla y, camino hacia allá, vimos un sitio que se llama la Plaza Vosge. Como nos llamo la atención, entramos y resultó ser una especie de plaza a cuyo alrededor hay un montón de galerías de arte, cafés y restoran, todo muy bello y la gente con pinta de ser muy bohemia. Allí mismo, está la casa de Víctor Hugo.
Luego fuimos a dejar las babas por todo el piso del centro George Pompidou, con la tiendita de objetos de diseñadores y la librería ¡y uno tan pobre!
Desde allí nos fuimos a La Bastilla, llegamos, la vimos y luego nos fuimos a Monmartre, a visitar la catedral del Sagrado Corazón, una de las iglesias más bellas que hemos visto, incluso nos gustó más que Notre Dame. Tiene una energía muy especial y particular que hasta el más insensible de los seres (yo, por ejemplo) la percibe y como ya era de noche se veía París bellísimo.
De Monmartre bajamos y nos fuimos a buscar el Moulin Rouge. Caminamos hasta allí y, por supuesto, nos conformamos con verlo por fuera y tomarnos las fotos en la fachada, porque cobres, no hay.
Caminamos esa calle de la perdición y el sexo donde está el cabaret y allí cenamos en un sitio de comida china rápida, con pato laqueado y todo. Fast food pero muy sabrosa. Después, como se imaginaran, nos fuimos a dormir, mamaos pero felices.
Ya el lunes, como era el día del regreso, nos paramos y nos fuimos directo a la iglesia de Sant Denís, una joya del gótico donde están enterrados los reyes de francia. La vimos, entramos, me sorprendió ver a unos niños como de primer grado que habían llevado para hablarles de la Historia del Arte y de la arquitectura,  ¿qué tal?
De allí nos fuimos a la callé Rivolí, donde habíamos visto una tienda de ropa con unos precios buenísimos. Nos compramos unas mariqueritas y, como nos quedaba un tiempito, nos fuimos a la Defense, la parte más nueva de París y que realmente vale la pena conocer y ver el contraste con la parte antigua. Las dos parises son espectaculares y en ambas hay arte para donde uno mire.
Nos comimos unos pancitos con queso de raclette y tomates confitados, sentados allí, en los banquitos de granito de la plaza de la Defense y de allí al aeropuerto para el regreso a Madrid.
El vuelo de regreso salió con una hora de retraso. Cuando llegamos a Madrid, ya no había autobuses y tomamos un taxi. Al ratico de estar montados, nos paró la policía, nos hizo bajar y uno de los guevones esos se arrechó porque le dije que yo pensaba que eso ocurría solo en Venezuela. Total que se puso a echar pestes de los latinoamericanos, discutimos, al rato el pidió disculpas, yo pedí disculpas y, por fin, de nuevo a la casa a dormir.
Hoy, nos paramos bien tarde, comimos y por la tardecita nos fuimos a ver la Basilica de San Francisco El grande, es de las mejores que hemos visto, incluso mejor que La Almudena. Después, nos fuimos a ver un espectáculo con el Ballet Nacional de España en el Teatro de la Zarzuela. La pieza era la clásica “El Café de Chinitas”, con las canciones de García Lorca y con reproducciones de los telones originales de Dali. Nos quedamos todos con la boca abierta de lo maravilloso que estuvo el ballet.
Del teatro para la casita, a comer y a escribirles estas pendejadas y a ver como le sacamos el jugo a los poquitos días que nos quedan aquí…

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Por Madrid… Sarita Montiel (Con anexo farandulero)

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Séptima entrega de “Viaje a España y París en 2006″

Jueves, 23 de marzo
Bueno, pues ayer y hoy han sido dos días traquilitos.
Ayer fuimos al parque de las Naciones y visitamos el parque Juan Carlos I que queda por esa zona. Es un parque inmenso, y con unas esculturas espectaculares.
Desde allí, hay una lomita en la que se ve todo Madrid. Es bien agradable y me imagino que en verano debe ser espectacular, pues se pueden practicar diferentes deportes, incluido el piraguismo.
Después, nos encontramos con Yofrank y con José y nos metimos al cine a ver “Volver”, la última película de Almodóvar, muy buena y él es tan buen director que hasta a la malaza de Penélope Cruz la hace actuar bien.
Después del cine, nos conseguimos con unos amigos de Yofrank y nos fuimos a la Plaza Mayor a cantarle el cumpleaños a uno de ellos que estaba de cumple. Partimos una torta en plena plaza y nos tomamos una botella de moet chandom, ¡¿qué tal?!
Hoy nos fuimos a la Biblioteca Nacional a ver una exposición maravillosa de los grabados de Rembrandt y, camino para allá, nos conseguimos con Sarita Montiel, en Serrano, y nos tomamos la foto de la evidencia que les envié en otro correo aparte. Un correo especial, como corresponde a la talla de la señora, quien estaba, como de costumbre, con su puro en la mano.
De allí, nos metimos en el Corte Inglés a hacer unas compras de comida y nos conseguimos con uno de los chefs que tiene un programa en Casa Club y estaba grabando una sección del programa en ese supermercado, a él también le tomamos foto pero esa la verán cuando lleguemos.
Ahora estamos en casa, vamos a comer arepas con mojito de queso y cebolla y luego nos iremos de marcha.
Mañana arrancamos para Paris, donde parece que nos espera un fin de semana muy mojado pues, todos los pronosticos indican lluvia para estos días tanto en París como en Madrid. Igual nos vamos porque ya está todo pago, a lo mejor nos toca comprarnos unos impermeables pero no importa, París es París con lluvia o sin lluvia. Ya les contaré como estuvo el viaje.

Anexo farandulero

Y ya que empecé este post con la vena farandulera exacerbada con la foto de Sarita, pues aprovecho para agregar este anexo con fotos de cosas que pueden pasar por Madrid en un día cualquiera de paseo.
Ya casi en el último día del viaje, paseando por los alrededores del cine Callao, Cristian y yo vimos un bululú a las puertas del cine. Allí estaba el periodista argentino Ronnie Arias con su camarógrafo esperando y aprovechamos de preguntarle de qué iba la movida frente a la sala.
Se trataba del del estreno de la película “Lifting de corazón” de Eliseo Subiela y tanto la prensa como el público esperaban la llegada de los artistas.
Allí nos sembramos un rato para ver a la admirada actriz española María Barranco y mientras aguardábamos, pasó el comediante Paco Leon y las actrices Rosario Pardo y Moro Anghileri, entre otras estrellas que pasaron frente a nosotros.
La cámara fotográfica ya parecía estar un poco afectada del frío y la lluviaque había pasado durante todo el mes, así que la muy condenada nunca respondió al click en el momento oportuno, sin embargo, logré captar algunos de los personajes aunque fuera de refilón.
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