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Tigre, el paraíso en el Paraná

Foto: Cristian Espinosa

Pasan pocos minutos de las cuatro cuando estamos saliendo de la estación del tren en Tigre. Una bonita y pequeña edificación, acogedora pero con baños que apestan. Al salir, nos da la impresión de estar llegando a un bucólico y apartado lugar de Argentina, a pesar de estar a apenas 32 kilómetros de Capital Federal y seguir en la Gran Buenos Aires.

El cielo se ha tornado completamente gris pero, para nuestra fortuna, no llueve.

Caminamos unas pocas cuadras atravesando una redoma con grama espectacularmente verde y limpia, y llegamos al muelle en cuya orilla se encuentran atracadas las barcazas de madera que hacen periódicamente sus recorridos turísticos por el delta del río Paraná.

Debo tener pinta y actitud de turista completamente desubicado en el sitio porque, al acercarme a la orilla, tratando de descifrar cómo es el movimiento allí para conocer la zona, un hombre de piel tostada y nariz aguileña se me acerca para preguntarme qué ando buscando.

Cristian se ha quedado rezagado haciendo fotos. Mientras, el tipo me comenta que lo mejor que hay para hacer turismo en Tigre es el paseo en barco por el delta y se ofrece a llevarnos por un monto de 300 pesos por persona, en su

Foto: Cristian Espinosa

pequeño bote inflable, más 90 por la comida, si queremos comer. La embarcación es un pequeño Zodiac,  como para 6  personas que, a simple vista, mete miedo al pensar que se pueda pinchar y salir disparada sobre el río como en las comiquitas.

-El paseo que yo te ofrezco no tiene nada qué ver con el que hacen montados en los barquitos de madera techados -dice el hombre tratando de vender su recorrido-. Nada de ir paseando por el río y ver las casas de los ricos y los clubes de remo. Mi recorrido es por los riachuelos menos transitados, disfrutando de la vegetación, de las flores.

Le explico que suena muy bien pero que en verdad el costo excede nuestro presupuesto. “Tendremos que conformarnos con el paseo bobo”, le digo.

-Bueno, no hay problema. Pero no se monten en el barco de turistas -dice-. Tomen el que funciona como transporte colectivo para la gente que vive acá. Es más económico, cuesta 40 pesos y se pueden bajar a comer en la isla que les provoque y luego toman otro barco para seguir el recorrido o regresar.

El hombre muy amablemente me muestra dónde están las oficinas para comprar los boletos y quedamos en que su paseo quedará como materia pendiente para una futura visita a Tigre.

Cristian me alcanza y, mientras caminamos a la oficina, le voy contando lo que el tipo me ha dicho.

¡Mala suerte! Nos informan que el último barco acaba de zarpar y que como la tarde está tan nublada, ya no conseguiremos ni transporte colectivo ni barco de

Foto: Cristian Espinosa

turistas.

Desilusionados, volvemos a la orilla, decididos a caminar a lo largo del muelle y recorrer a pie todo lo que sea posible para no perder el viaje y, si las circunstancias lo permiten y al día siguiente hace buen tiempo, regresar para hacer la navegación por el delta del Paraná.

En el mismo sitio donde lo dejamos, está el hombre del zodiac fumándose un cigarro. Al ver que nos aproximamos, viene hacia nosotros. Le explicamos que ya no saldrán botes y nuestros planes de conocer lo que podamos a pie y le pedimos sus recomendaciones.

En ese momento, nos presentamos. Nos dice que se llama Fernando y nos comienza a decir que vayamos por toda la orilla, por el muelle, para conocer las casas de los clubes de remos y otros puntos de interés, pero se interrumpe y nos pregunta:

-Vamos a ver, ¿cuánto dinero tienen disponible para el paseo?

-¿Cuánto es lo menos que nos lo puedes dejar? -Digo yo, ya empezando a recobrar las esperanzas.

-Bueno, tomando en cuenta la hora, que el paseo no lo podremos hacer completo sino un corto recorrido y que ya no vendrá más gente, para no irme a casa tan temprano -ríe-, haremos un recorrido corto que les costará 150 pesos

Fernando, el guía de Tigre Safaridelta

por cada uno. Paramos en la isla que les provoque comer o, si prefieren, llegamos a mi casa y allí les preparo un bife de chorizo, que es mi especialidad, por 90 pesos más cada uno.

La oferta luce tan tentadora que no la podemos rechazar y, a los pocos minutos nos encontramos navegando el Paraná en zodiac, capitaneados por Fernando, quien durante el recorrido nos va describiendo el lugar y contándonos su historia.

La brisa se siente fría y el cuerpo acusa la falta de sol; sin embargo, nada insoportable. Al contrario, la brisa se siente rica en la cara, helada, tensa la piel y hace que la sangre fluya. Sin contar con la emoción que produce ir en la pequeña embarcación a motor, viendo las palafíticas casas a la orilla de las islas, los antiguos clubes de remo de diferentes nacionalidades, algunas aves que parecen dirigirse a sus nidos a guarecerse del frío y las diversas embarcaciones de diferentes tipos y tamaños que se cruzan en el camino.

Fernando nos cuenta que en este lado del Paraná viven alrededor de 2000 personas en las islas. Son familias cuyas vidas se desarrollan entre las aguas del delta y cuyos hijos aprende a nadar y a manejar botes antes que a caminar y a andar bicicletas.

Pasan algunas personas en una lancha y saludan a Fernando, como lo hacen también otros que van en kayac. En la orilla, la vegetacion es exuberante, algunas glicinias lilas que crecen a la vera del rió están floreadas y los racimos de flores cuelgan y parecen plumas de aves azuladas entre el verde intenso de la espesa vegetación. La luz del día se va apagando lentamente.

-Toda la vida de las islas se desenvuelve a través de la circulación de las embarcaciones -cuenta Fernando. -Tenemos lanchas que recogen la basura, otras que hacen transporte público, las de ventas de víveres y mercancías. Es una comunidad muy organizada y solidaria. Todos los vecinos se conocen y se prestan ayuda mutuamente.

El zodiac, rato después de estar navegando, se acerca a una embarcación que está anclada y cubierta por lonas amarillas, como cortinajes que no nos permiten ver hacia adentro. Fernando se acerca y le pregunta a la mujer del barco si le puede vender vino y cigarrillos. Dos minutos después, a través de la abertura de las lonas pasa una caja de 6 botellas de vino y sus cigarrillos.

Hecha la compra, ya tenemos el kit completo para terminar de pasar una buena velada en las oscuras aguas del Paraná. Fernando nos cuenta que antes era un ejecutivo de una tras-nacional, un tipo de traje y corbata, con una vida relativamente resuelta y económicamente estable. Tranquilidad y estabilidad que duraron hasta la crisis económica de 2005, cuando perdió todos sus ahorros en el famoso corralito.

-De un día a otro quedé en la calle y sin ahorros. Todo lo perdí. Sin saber qué hacer me vine a Tigre, de donde soy, con mi esposa y con los pocos pesos que me quedaban me compré el zodiac. Navegaba todos los días sin encontrar una salida a mi situación. Un día, navegando como cualquier otro, comencé a notar que la gente que iba cómodamente sentada en las embarcaciones techadas de turistas, protegidos del sol, se quedaban mirándome en mi bote como con cierta envidia. Entonces, fue como una revelación. Allí mismo, en medio del río, descubrí que mi negocio sería llevar turistas en mi zodiac para hacer el recorrido por el delta que, en verdad, a muchos les gustaría hacer y que no había quien se lo ofreciera.

A partir de entonces, Fernando ofrece a los visitantes sus paseos fluviales por las rutas menos transitadas del delta con diferentes tarifas. Un paseo de un día completo, desde la mañana, cuesta 500 pesos por persona, sin incluir comidas. Los viajeros salen en la mañana, en un recorrido de aventura, parando en todos los lugares que se les antojen, zambulléndose en el río para nadar un rato si les provoca, comiendo en las diferentes islas del circuito, en las que se encuentra una especialidad gastrónomica en cada una de ellas.

-Si el paseo es de tarde, solamente, el costo es de 300 pesos. Esta oferta que les hice a ustedes fue algo distinto, más ganas de pasar un buen rato con gente linda, que negocio. Eso no tiene precio-. Dice el excelente guía y sonríe.

A los 40 minutos de estar navegando llegamos a la cabaña de Fernando. El atraca el zodiac y, como el sitio está anegado por la lluvia de la mañana, nos descalzamos, enrollamos los pantalones hasta la rodilla y zambullimos los pies en el agua helada. La sensación de frío y la tierra húmeda del fondo en los pies nos dan como corrientazos en el cerebro. Mientras entramos a la casa, cuyas bases son traspasadas por el agua, pienso: “Este era el tipo de paseo que en realidad quería hacer y, ciertamente, la sensación de relax y libertad y la amena conversa de Fernando, no tienen precio.”

Al sentir que llegan visitantes, los perros del vecino que, como lo hacen normalmente en las ciudades los canes con las motos, habían empezado a ladrar al sentir el ruido del motor del zodiac aproximarse, vienen corriendo a saludar. Un hermoso labrador dorado y una bella perra chocolate que parece ser un cruce de ovejero.

Ya prácticamente no quedan rastros de luz del día. La noche ha caído casi sin darnos cuenta.

Mientras Fernando saca de la nevera el bife de chorizo y la inmensa papa para prepararnos lo que se supone es nuestro almuerzo, aunque a la hora de la cena, Cristian abre una botella de vino, yo busco las copas y nos servimos un buen trago de vino tinto que sabe a gloria luego de tanto frío en el cuerpo.

Nuestro guía parte la papa por la mitad, la puya con tenedor repetidas veces y la pone por siete minutos al microondas, al tiempo que pone en la plancha el bife de chorizo.

Al rato, tenemos frente a nosotros, sobre la mesa del porche, los platos servidos. La papa deliciosa, dorada y tostada por fuera en la grasa que despidió el bife al hacerse y suave por dentro. Y la carne perfecta, con la cocción a tres cuartos como la pedimos, jugosa y tan suave que se deshace en la boca casi sin masticar. El sabor de la grasa del corte es espectacular. Una vez más comprobamos por qué la carne argentina y uruguaya es tan famosa y no tenemos más remedio que darle la razón a Fernando, su bife de chorizo es de los mejores platos que uno puede saborear en el viaje.

Brindamos con el guía, nos contó de su esposa y su pequeño hijo. Es un hombre al que se le ve que disfruta con lo que hace y, por eso, sabe hacer disfrutar a sus clientes. Terminamos de comer y, luego de recoger la casa, emprendemos el regreso. La oscuridad ya es espesa pero no hay nada que pueda espantar la sensación de satisfacción que nos ha dejado el paseo y la pericia y conversa de Fernando manejando el bote es tal, que en ningún momento hay sobresaltos.

Llegamos al muelle de donde zarpamos. Fernando nos da sus señas en Facebook para mantener el contacto y en la orilla, con un abrazo, nos despedimos del amable y simpático guía, agradeciéndole su hospitalidad.

-¡Por favor! Ustedes me cayeron bien porque son personas que saben oír. Muchos turistas, cuando uno se les acerca, como yo me acerqué, para ofrecerles el viaje, ni siquiera escuchan. Esos se van con el paseo turístico sin conocer más nada, pero como ustedes saben escuchar, pues me dieron buena vibra y por eso quise hacerles el viaje.

Son cerca de las nueve de la noche, como el ultimo tren de vuelta a Retiro sale a las 10 de la noche, decidimos dar un paseo por el pueblo. Las calles están prácticamente solas pero se respira tranquilidad en la zona. Conocemos la plaza central, vemos el monumento a los bomberos y al rato nos vamos a la estación. Entramos al café que está abierto aún y pedimos dos cortados con agua mineral con gas. Es un bonito lugar y mientras espero que llegue el tren, pienso que tengo que volver a Tigre, preferiblemente a final de la primavera o principios del verano. Hacer el viaje con Fernando, bañarme en el Paraná, disfrutar del colorido que deben dar las flores al delta en esa época y conocer el viejo mercado de frutos y los museos y sitios históricos que tiene Tigre, una ciudad con 400 años de historia.

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  5. Lala de Balestrini

    Bello relato de Tigre, no lo había leído hasta hoy, provoca ir y ya me dije a mi misma “cuando vuelva a Buenos Aires, Dios mediante, voy a Tigre”, hablando con una Argentina en Orlando le comenté lo que usted me había contado de Tigre y ella me dijo “vale la pena conocerlo es muy lindo y simpático” así que no tengo la menor duda, felicitaciones por lo bien contada la anecdota y extensivas a Cristian porque las fotos estan muy lindas

    Responder
  6. Zoleiva Rojas de Santos

    Este recorrido me dejo totalmente relajada y extasiada, con la impresion de haberlo hecho con ustedes, espero hacerlo cuando vaya en febrero, con el favor de Dios. Espectacular!! Wonderful!!!

    Responder

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