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Archivo mensual: septiembre 2013

Popeye en Bogotá

El blog de Golcar

Después de conocer el centro comercial Gran Estación y contar con pesos en efectivo, decidimos averiguar cómo hacer para tomar transporte colectivo para ir a la Plaza Bolívar y, muy amablemente, una guardia de seguridad del centro comercial nos orientó.

En realidad, trasladarse en taxi en Bogotá no es tan costoso -claro, para los venezolanos todo es costoso si hacemos cuentas al cambio del mercado paralelo pues debes dar 18 bolívares para recibir un peso. De hecho, en la necesidad de contar con efectivo para poder andar con tranquilidad, cambié 4 mil bolívares por los que me dieron 160 mil pesos-. Una carrera corta puede costar entre unos 7 o 10 mil pesos. Pero el pasaje en busetas o en

Transmilenio cuesta 1.50 pesos con lo cual uno puede ahorrar bastante dinero si va solo o con un acompañante. Ya si son más de dos personas pues vale la pena…

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Bogotá

El blog de Golcar

Vista desde el avión llegando a Bogotá
Vista desde el avión llegando a Bogotá

15 horas en aeropuertos. Toda una noche sin dormir. Finalmente llegó el momento de abordar el vuelo de Conviasa de las 7 de la mañana Maiquetía a Bogotá.

La cola y el trato del personal de migración de Maiquetía ni para que comentarlos, son proporcionales al estado de abandono en que se encuentra la terminal aérea más importante del país. Solo tienen que meter en Google “Colas de migración Maiquetía” y conseguirán suficiente información y La obra de Cruz Diez se deshace en Maiquetíafotografías como para hacer un libro de puro estilo kafkiano.

Reza la sabiduría popular que “el pica’o de culebra, cuando ve bejuco tiembla”. Como en los últimos años casi todas las experiencias que han tenido que ver con trámites y diligencias con empresas y organismos del Estado han terminado siendo un verdadero calvario, solo pensar en un vuelo con Conviasa, ya me amargaba la existencia. Estaba muy predispuesto…

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Maracaibo-Bogota, tan lejos tan cerca

El blog de Golcar

Aunque parezca mentira, un viaje de Maracaibo a Bogotá que se podría hacer, incluyendo tramites de migración en cada país, en unas 3 horas, terminó siendo una cansada aventura de cerca de 14 horas, lo cual implicó – en mi caso-, mucho más de 24 horas sin dormir.

Tomé el vuelo de Laser de Maracaibo a Maiquetía que debía salir a las seis de la tarde, ya cerca de las nueve de la noche, después de haber tenido mi día normal de trabajo.

Un prologado retraso sin ninguna explicación más allá de: “El vuelo tiene un retraso de hora y media y está pautado para salir a las 7 y treinta”. ¡Mentira! Salió casi a las nueve.

Finalmente, abordamos, luego de escuchar en la cola para el chequeo a una Defensora Indigenista pregonar su filosofía del amor y contarme cómo ella había sido maltratada y discriminada en varias oportunidades por…

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Lindsay Kemp y Luis Brito, dos lenguajes, una esencia

El blog de Golcar

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“Inútil es matar. La muerte prueba que la vida existe.”

Lindsay Kemp

Contó Lindsay kemp alguna vez que, cuando tenía seis o siete años, divertía a los vecinos, subiéndose a la mesa de la cocina, completamente maquillado, a bailar en punta.

Al parecer, el juego de la danza y el maquillaje se sembró en él desde esa tierna edad y no lo abandonó nunca más.  Así nació el personaje “Linsay Kemp” que surge, “Como Sherezade, de la necesidad de contar historias –dijo en una entrevista-. Imagínate, para un niño que ha nacido y pasado su juventud en una ciudad como Liverpool, las historias eran la única forma de sobrevivir y de protegerme a mí mismo. Sin el humor tampoco habría podido sobrevivir”.

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El inquieto, juguetón, imaginativo y creativo niño de Liverpool, creció, se hizo bailarín, mimo, coreógrafo, director, actor, pintor… Nunca dejó de jugar, de experimentar, de buscar una manera…

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La rara amabilidad del ‘picado por la luna’

El blog de Golcar

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Los venezolanos nos hemos vuelto desconfiados, agresivos, hoscos, rudos, ariscos, maleducados, violentos. Al más mínimo error del otro saltamos con un grito y un batuquear de manos.

En la vía queremos pasar siempre de primero, irrespetando el derecho de paso de los demás conductores y poniendo en riesgo la vida de los peatones.
Una milésima de segundo después de cambiar la luz del semáforo ya tenemos la mano puesta sobre la corneta, sonándola con insistencia para que quien va adelante inicie la marcha.

Entramos a un ascensor y damos los buenos días y nadie responde. Damos las gracias y el “de nada” nunca llega. Parece que olvidamos que ser amable no cuesta nada y vale mucho.

La violencia cotidiana que nos toca enfrentar hace que desconfiemos de todo y de todos y que respondamos siempre con agresividad a la menor pifia de quien tenemos enfrente.

El gesto amable de los…

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La sorpresa cotidiana

El blog de Golcar

Tendemos a decir con mucha facilidad “ya a mí no me sorprende nada”, con lo cual, en realidad, estamos construyendo un oxímoron porque el mismo tono en que lo decimos denota, además de decepción y cierta impotencia, sorpresa. Los invito a leer esta serie de eventos sorprendentes de la cotidianidad del venezolano y, al terminar, díganme si aún pueden decir que  ustedes perdieron al capacidad de asombro y “ya no los sorprende nada”.

Vivimos diariamente de sorpresa en sorpresa. Cuando decimos “Ya no me sorprende nada”, lo que queremos significar es que no nos extraña. Que la sorpresa cotidiana no se nos hace ni inverosímil ni poco común. Es la sorpresa que diariamente nos esperamos en esta especie de realismo mágico en que nos hemos acostumbrado a vivir sin dejar de sorprendernos.

Este texto podría convertirse en un sin fin porque, cuando uno cree que ya lo terminó, lo sorprende un…

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Margarita Infanta, un boleto para viajar en el tiempo

El blog de Golcar

Hay en la vida de uno como lector algunos libros que parecen buscarlo para ser leídos. Obras que se posan allí, en nuestro camino como diciedo “aquí estoy, esperando por tus ojos para sentirme vivo y hacerte sentir vivo”. Libros que bien pudieron haber sido escritos por uno mismo porque lo que cuentan es tu historia. En sus páginas está tu vida, o parte de tu vida.

Algo así me sucedió hace poco cuando fui a la librería Nacho buscando los “Siete pecados capitales del venezolano” de Juancé Gómez y “Kilómetro cero” de Leonardo Padrón.

Mientras curucuteaba en las estanterías esperando que la dependienta me localizara los libros requeridos en el sistema, un pequeño libro, con la vieja fotografía de dos niños con caras tristes y de desconcierto, pareció hacerme señas. Era una imagen de dos infantes tímidamente tomados de la mano y vestidos como provincianos niños un día de…

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