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Archivo de la categoría: Boston

Gente por ahí, en USA II

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Buscando fotos para otros posts, conseguí este otro lote de gente por ahí en las calles de Estados Unidos, en el Metro… las dejo como una segunda entrega de Gente por ahí, en USA

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Gente por ahí, en USA

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Cuando la realidad del país me agobia. Cuando el stress y la depresión intentan colarse por alguna rendija de mi subconsciente. Cuando no quiero saber nada ni de VTV ni de Globovisión. Cuando quiero abstraerme del mundo y olvidarme de Chávez, de la oposición, de la inseguridad y la violencia que abundan en este “socialismo del Siglo XXI” que pretenden imponernos a trancas y mochas. Prendo mi computadora y comienzo a ver fotografías viejas, imágenes tomadas en momentos más felices que hacen que, por unos cuantos minutos, me despegue del país y viva un sueño.

Hace poco, en uno de esos instantes de evasión conseguí estas fotos que comparto en este post.

Debo dejar claro, aunque es evidente, que no soy fotógrafo. Tomo fotos pero no tengo ni idea de cómo es eso de tener en cuenta la velocidad de obturación, ni las asas, ni los fotómetros… En fin, que esas clases de fotografía en la universidad ni me enteré cuando las aprobé. Yo, simplemente veo algo que me llama la atención y agarro la cámara, que desde hace algún tiempo para acá es la del teléfono Blackberry, la pongo en funcionamiento y le doy al click. Después les doy algunos retoques con el programa más sencillo que encuentro en mi PC, las reencuadro y listo. Así de simple. Sin mayores pretensiones.

Hecha la aclaratoria, les presento esta serie de fotografías tomadas en mi último viaje a Estados Unidos.

Son imágenes, en su mayoría, tomadas a la carrera, muchas son robadas en la calle o en el metro, a escondidas de sus protagonistas, haciendo esfuerzos para que los modelos involuntarios no se enterasen que los tenía en mi objetivo, porque de lo contrario perderían la esencia. Muchas en movimiento, bajo el stress y la angustia de que la cámara no abre lo suficientemente rápido para captar la situación y que lo que quiero captar pasará antes de hacer el click, o que, justo en el momento más inoportuno, el teléfono se guinda y aparece el bendito relojito en mitad de la pantalla dando vueltas.

Otras de gente en sitios a los que acudí a disfrutar de espectáculos o paseos turísticos. Todas representan un momento único e irrepetible que difícilmente pueda volver a ocurrir tal y como lo captó mi cámara. Son imágenes de gente que uno se encuentra por ahí.

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Un día de “road trip” al inicio del otoño

Como había quedado picado con el Museo de Bellas Artes porque no había terminado de ver el ala de los europeos, el domingo decidimos ir para aprovechar que la entrada era gratuita.
La experiencia en cuanto a esa sala en particular fue bastante decepcionante pues a la hora que llegamos se filtraba una luz por las ventanas lo cual hacía imposible contemplar bien las obras pues el resplandor se reflejaba en los lienzos. Sin embargo, esa falla fue completamente compensada con la excelente muestra exhibida en las salas de arte contemporáneo que, por casualidad, estaban inaugurando ese día. Es una colección realmente extraordinaria.
Al salir, fuimos de nuevo a cenar/almorzar a Moby Dick, donde el iraní, que tiene 38 años en Boston, al verme exclamó:
-¡Caramba, si aquí esta de nuevo el amigo de Chávez!
Sonreí y lo saludé a él y a su amable esposa. Ordenamos un plato de cordero al vapor con arroz y otro de arroz basmati con pollo, vainitas y azafrán. Todo bien condimentado y picantico por las ricas especies de la comida persa. De tomar pedimos un jugo preparado allí con agua de rosas, azafrán, naranja y limón que fue una verdadera delicia.
Le conté a Caz, que así se llama el dueño, que estuve buscando azafrán para preparar la fideuá y que a la gente le asombraba que quisiera comprar un producto tan caro.
Entonces, Caz me dijo que seguro había comprado azafrán español y no iraní.
-Cuando quieras azafrán, busca el que viene de Irán, me dijo, es el más caro del mundo pero también es el mejor. El de España no huele casi y no da color.
Según me explicó en España compran azafrán de Irán y lo mezclan con el nacional para mejorar un poco el producto ibérico. Entonces, entró a la cocina y al rato salió con algo en la mano. Dijo:
-Aquí les traigo para que vean de qué hablo. Este es el azafrán de Irán y abrió una bolsa plástica zip en la que se veían los pistilos de un color rojo vino intenso. Al correr el cierre, inmediatamente salió el penetrante y delicioso olor del azafrán. Realmente, parece que el hombre tiene razón pues el Badía que compré no tenía ni la mitad del color y del aroma de este.
Por supuesto, no pude resistirme a pedirle a Caz que me vendiera un poco. Sonrió y me dijo que no podía porque no sabía cuándo le traerían más.
Cuando terminamos de comer y fui a despedirme del iraní, me dijo, señalando a su esposa, que si quería azafrán le dijera a ella que me vendiera porque ella era la que cocinaba y la que sabía si podría o no.
Ella sonrió un poco avergonzada y me dijo que le quedaba muy poco para el restaurante. Entonces, Caz me prometió que cuando le llegara el próximo cargamento de Irán que se lo taería un amigo, me enviaría un poco a Venezuela de regalo. Le di mi mail, dirección y teléfono y agradecido me despedí de la pareja, con la esperanza de que su promesa se haga realidad.
Al día siguiente, nos dirigimos a Back Bay de nuevo para pasear por la exclusivísima Newbury Street donde se encuentran las costosas tiendas de ropa de marca y de artículos de diseñadores reconocidos.
¡Qué manera tan drástica de pisar suelo y sentirse pobre como nadie! El cupo de divisas que me aprueba Cadivi para compras con tarjeta de crédito y el efectivo, del que prácticamente se me fue un 75 por ciento en pagar el hotel de New York, no me alcanzaría más que para unos dos pantalones y dos camisas. Es más, con los 26 dólares que costaban unos calcetines Polo, nos comimos en la terraza de un lugar llamado Scoozi, allí mismo en Newbury, dos paninis, una ensalada de legucha, peras, gorgonzola y nueces y dos refrescos.
Total, que luego de pasar la tarde allí entre lujo, diseño y buen gusto, tomé mi metro y autobús que, más que llevarme a casa, me devolvieron a la realidad de mi pobreza y escasez de divisas.
El mártes 20, como era prácticamente nuestro ùltimo día en Boston, alquilamos una van para salir todos juntos a hacer un paseo, aprovechando que Kachu tenía el día libre.
Nos paramos temprano y a eso de las 9 am. ya estabamos arrancando vía Salem, donde no conseguimos brujas por ningún lado, luego pasamos por Portland en el estado de Main y finalmente paramos en North Conway, Newhamshire, donde hicimos un viaje al pasado al contemplar los viejos trenes del ferrocarril, así como su estación terminal,
Fue un lindo recorrido por vías montañosas, con frío, lluvia, sol a ratos, parando por momentos para disfrutar del paisaje que ya comienza a teñirse con los colores ocres, marrones, naranjas y rojizos del otoño que está por empezar.
Al regreso nos sorprendió un hermoso y colorido atardecer y la neblina que, en algunos lados, ya estaba cubriendo todo de una especie de blanquecino humo.
Ya de noche, en el trayecto de regreso a Boston, depues de casi doce horas de carreteas, escribo este post, con el corazón con sentimientos encontrados. Por un lado, triste de dejar una encantadora ciudad como Boston y seres tan queridos como Kachu, Grace y Nicolás junto al primo Hundrix, cuya visita coincidió con la nuestra y, al mismo tiempo, alegre pues al día siguiente estaremos volando rumbo a Indianápolis donde también nos esperan los queridos sobrinos Juan Carlos y Julio, El Negro, con sus esposas e hijos a quienes no conocemos aún. Así daremos inicio a nuestra corta visita por Indiana y Chicago.

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De visita por el Museo de Bellas Artes de Boston

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