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Silvio Rodríguez, “¿Por qué no te callas?”

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Silvio Rodríguez, el cantautor cubano de La Nueva Trova, el admirado artista de mi adolescencia, el de la sensibilidad a flor de piel que le permitía escribir canciones tan hermosas como las de “Rabo de nube”, el “Unicornio Azul” y “La canción del elegido”, que cantábamos en bachillerato y en la universidad con la piel erizada y temblor en la voz, escribió en su blog acerca del tema de la violencia y tuvo el descaro de terminar su escrito con un “Viva Chávez, carajo.”.

“Violencia y otras cuestiones” se titula la entrada en su blog “Segunda cita”, titulo poco original a decir verdad para venir de un poeta del calibre de Silvio, pero bueno, digamos que el tema a tratar no se prestaba para metáforas y poesías.

El cubano se explaya en los motivos que “justificarían” la existencia y crecimiento de la violencia en los países latinoamericanos y desde el inicio del texto nos dice por donde irán los tiros de su post al describir los diferentes tipos de violencia:

“ …la ancestral violencia religiosa, hija del fanatismo y la intolerancia, hijos estos a su vez de la ignorancia. Existe la antiquísima violencia política, que inició el primer ser vivo que agredió a otro para quedarse con lo que tenía. Pero la violencia que asola a muchas ciudades y barrios de Nuestra América suele ser la económica, con sus remotos orígenes en la desigualdad, la explotación, la miseria y la ignorancia, fermentadas en la ira que provoca venir al mundo para encontrar vedado lo que nos garantiza una existencia digna.”.

Y por allí se va para llegar a la conclusión de que la violencia actual en Venezuela no es más que el producto de siglos de desigualdad y que, según su parecer, el gobierno de Chávez ha dado los pasos adecuados con las misiones para erradicar la violencia en el país.

No obstante, el mismo cantautor se contradice cuando afirma que:

“Hoy la violencia llegó las calles de Caracas, y no me parece extraño. No en balde desde hace tanto se fueron enracimando, excluidos, los que por humano crecimiento ahora invaden la futurista ciudad que diseñó Pérez Giménez.”.

No se entiende cómo es que las misiones al darle una vida “digna” a los excluidos de siempre, no han logrado, en casi 14 años de gobierno, erradicar la violencia. Por el contrario, en estos años de “revolución” y de “justicia social”, la violencia en todo el país (no solo en Caracas) se ha multiplicado a niveles alarmantes.

En fin, que no es para desmontar el discurso de Silvio que yo me puse a escribir este post. Su texto, al ser leído por cualquier persona que viva y sufra la violencia cotidiana en Venezuela se cae por sí sólo.

Lo que me llamó la atención del post del cantautor cubano es que aunque habla de la violencia, prefiere hacerlo de la vivida en nuestro país; pero no habla de la que viven sus compatriotas cubanos cotidianamente.

¿Será que para Silvio no es violencia los más de una docena de presos políticos cubanos muertos en huelgas de hambre durante los 50 años del régimen de los Castro? No nos habla Silvio de Orlando Zapata, de Guillermo Fariñas o de Wilman Villar, cubanos muertos gracias a la violencia política del régimen que somete a la isla desde hace medio siglo.

Tampoco habla el poeta de la violencia y represión a la que son sometidas las Damas de Blanco en su isla del Caribe ni de la violencia que significa que una persona no pueda tener la libertad de salir y entrar de su país cuando se le pegue la real gana. Como es el caso de Yoani Sánchez, por nombrar a una personalidad emblemática y que el mundo entero conoce.

Parece ser que para Silvio, no constituye síntoma de violencia la manera en la que viven sus compatriotas en las llamadas “barbacoas”, ni el aislamiento en sanatorios (mal llamados sidatoriums, esa especie de campos de concentración ideados en la isla a finales de los 80s) al que son sometidas las personas cuando se les detecta HIV en Cuba para “enseñarlos a vivir con el virus de manera responsable”.

Parece que para el cantante es mucho más fácil hablar de la violencia en Venezuela que de la que tiene en su propio patio. Pero lo que más me indigna es que en su simplista enfoque de lo que sucede en nuestro país, el cubano se hace de la vista gorda y no nos habla de los años que pasó el régimen chavista repartiendo armas en los barrios de Caracas y del interior del país con el pretexto de tener una “revolución pacífica pero armada”. Armas de todos los calibres con las que en la actualidad matan a cualquier ciudadano para quitarle un teléfono o un par de zapatos y que fueron entregadas por el chavismo a los malandros de los barrios.

Tampoco se refiere el admirado Silvio a la violencia estimulada desde el discurso oficial en las cadenas de medios de comunicación que a diario se desarrollan. Para nada habla en su post de la agresividad y violencia del discurso de Chávez que no ha hecho más que cavar con más profundidad la brecha que divide a los venezolanos. En la voz de Chávez, justamente, se pregona “la antiquísima violencia política, que inició el primer ser vivo que agredió a otro para quedarse con lo que tenía.”. O acaso, ¿Silvio Rodríguez no se ha enterado de que llevamos muchos años viendo cómo Chávez arbitrariamente le quita y se queda con lo que otros venezolanos tenían gracias a su trabajo?

¿Sabrá Silvio que en las cárceles de Venezuela, que están bajo la tutela y administración del gobierno de Chávez y cuya custodia es responsabilidad de la Guardia Nacional Bolivariana, los presos cuentan con un arsenal de armas de alta potencia más poderosas que las de la misma GNB? ¿Tendrá conocimiento el cantante de que el negocio de la violencia en esas cárceles de Chávez mueve miles de millones de dólares en armas y drogas? ¿Habrá escuchado el cantautor cubano acerca de los “colectivos” violentos que hacen vida en el 23 de Enero de Caracas y que han sido armados con fusiles por el gobierno de Chávez?

Habla Silvio de lo terrible de que “La violencia marginal fue fabricada por la desigualdad, por la indolencia y por el egoísmo.” y de que “Circunstancialmente me tocó visitar a Venezuela durante sus gobiernos anteriores, más que con este. Recuerdo que entonces existía la misma violencia, a pesar de que el país tenía los recursos para ser una de las naciones más prósperas de nuestro hemisferio.”.

Déjame decirte estimado cantautor que a Venezuela en estos 14 años le han entrado ingentes cantidades de dólares que los venezolanos no sabemos a dónde han ido a parar. Nunca, el país tuvo tanta riqueza y nunca fue tan pobre.

La criminalidad no es, como dices, la misma de hace más de 14 años; ahora es resentida, se ejecuta con odio y virulencia, con el mismo odio y la misma virulencia que vemos y oímos por radio y Tv. cada vez que Chávez se encadena para decir a todo pulmón que hay que ELIMINAR, PULVERIZAR, DESTRUIR, BORRAR, DESAPARECER, ANIQUILAR a todos los venezolanos que no pensamos como él y a todo el que tenga un poco más de lo que él considera que debe tener.

Si la pobreza justificara la violencia, muchos países más pobres que Venezuela tendrían índices de mortalidad por criminalidad más elevados que los de nuestro país, entre ellos, Cuba. Claro, allá la violencia de la represión del régimen tal vez no permita que la violencia de la criminalidad florezca.

La mayoría de los países latinoamericanos son mucho más pobres que Venezuela; sin embargo, solo el nuestro ostenta en sus estadísticas un promedio de 50 muertos por fin de semana, solo en Caracas, y eso a pesar de que las misiones siguen repartiendo real y “justicia Social”. Con esa sola cifra se cae tu teoría.

Solo me resta citar al tristemente célebre cazador de elefantes de España y preguntarte, Silvio, “¿Por qué no te callas?

Seguramente, pronto nos sorprenderás con una visita al país. A lo mejor, antes de lo que pensamos, vengas a dar un concierto para homenajear a ese hombre que según tú está en camino de erradicar la pobreza y la violencia en Venezuela.

Es claro que un post como el que escribiste te podría poner en el tapete de la opinión en el país con lo cual podrías asegurarte una buena asistencia de público en un concierto o, tal vez, tu jalada de bolas a Chávez haga que el oficialismo te pague una gira por el país y así te lleves unas buenas divisas a tu isla. Es una estrategia de mercado muy capitalista que le he visto a muchos socialistas como tu.

Leí tu texto, Silvio, y ahora se me hace imposible creer que cuando estudiaba en la universidad dormía a mis sobrinos con tu “Unicornio azul”, con “La canción del elegido” y con “La primera mentira”. Después de leerte, no veo a aquel artista que me emocionó con su concierto cuando estuve en Cuba. Me cuesta reconocerte o, posiblemente, lo que me cuesta es reconocerme. Tus palabras, antes tan llenas de lucha e ideales, ahora me suenan huecas e interesadas.

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Una semana con el hombre nuevo

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LUNES

Llegas a la casa después de un largo día de trabajo y para relajarte un poco comienzas a curucutear en la web. Abres tus redes sociales: Facebook, Twitter, Pinterest, Google+, Youtube y, distraídamente, empiezas a picar aquí y allá. Abres ventanas, lees informaciones, ves videos. De repente, te encuentras con un video cuyo nombre te llama la atención: “Como ser negro y no morir en el intento”.

Lo abres y te consigues con un cantautor cubano quien por la edad que aparenta debe haber nacido durante la revolución o haber estado muy pequeño cuando Fidel Castro asumió el poder. Es decir, vendría a ser un representante del “hombre nuevo” que nos han querido vender por más de 50 años.

Su nombre es Frank Delgado y con humor cáustico y lleno de ironía nos hace el cuento de un escritor amigo suyo cuyo color de la piel siempre lo hace sospechoso:

Observas el video y no puedes evitar sonreír con las ocurrencias contadas, al tiempo que admiras la buena voz de Frank y su contagioso ritmo con la guitarra. Pero un poco de sabor amargo empiezas a sentir en la boca cuando constatas que, tras la broma y la ironía, hay una grave denuncia en la que se evidencia que, luego de tantos años de perorata igualitaria del socialismo, el racismo y la discriminación en la isla no ha cambiado en lo más mínimo.

Para la policía cubana, un negro siempre será un ser sospechoso, un individuo del que hay que desconfiar, detener y pedirle sus papeles.

Alberto Guerra, el hombre de color que dio origen a la canción de Frank, tiene la suerte de pertenecer al “Partido”, con lo cual, la discriminación por su color tiene un matiz diferente que lo puede hacer salir bien librado de la situación. Pero si, además de negro, fuese homosexual y no perteneciese al partido seguramente habría podido terminar con sus huesos en una prisión o, en el mejor de los casos, puesto en la calle con una patada en el culo por atreverse a entrar a un hotel de turistas.

MARTES

Como el día anterior quedaste picado con los videos de Frank Delgado, llegas a tu casa y luego de verificar que no hay ningún mensaje importante en tus bandejas de correo o en las redes sociales, te vas derecho a Youtube donde has dejado “favoriteado” algunos videos del cantautor cubano.

Encuentras entre los primeros el que se llama: Carta de un niño cubano a Harry Potter.

Picas allí y te encuentras una canción llena de humor negro y sarcasmo en la que “el hombre nuevo” de Cuba compara la magia de las historias de Harry Potter con la magia que tienen que hacer en la isla para poder sobrevivir a sus penurias. Sonríes y aplaudes el ingenio y el buen humor del cubano pero no puedes dejar de pensar que para Fidel como que no fueron suficientes los 50 años que lleva en el poder para darles a los cubanos el bienestar, la abundancia y la satisfacción que se suponía encarnaba el socialismo.

A lo máximo que ha llegado el régimen cubano es a sembrar en sus ciudadanos un falso sentido de dignidad y orgullo con el que les han lavado el cerebro para que sientan que la pésima calidad de vida que tienen es un honor pues los convierte en un pueblo que “con dignidad ha sobrevivido a la maldad del imperio que se ha afincado contra su país y su máximo líder”.

MIERCOLES

Acabas de bajar la santamaría de tu negocio. Son pasadas la siete de la noche. Aunque te sientes cansado porque el día de trabajo ha sido intenso y largo, estás satisfecho de haber terminado con una buena venta y lo único que quieres es llegar a casa, darte un baño y echarte a ver televisión y a revisar el internet. Vas hacia tu carro con esa idea fija en la cabeza: baño+tv+internet.

Cuando estás a punto de meter la llave en la cerradura observas que vienen dos muchachos de frente. Uno trigueño y el otro con pelo castaño claro matizado con mechitas teñidas. Los dos tienen el pelo super bien peinado con gelatina. No hay un cabello fuera de lugar. Sus franelas son de marca. Uno lleva una Polo original y el otro una chemise Lacoste. Los jeans de ambos son Levi´s y por la calidad del corte y de la tela, adviertes que son originales también y no copias compradas en Las Playitas y, sus zapatos deportivos son Adidas y Nike, evidentemente, originales también.

Los tienes ya tan cerca que puedes oler sus perfumes: Jean Paul Gaultier y 212 de Carolina Herrera. Al mirarlos a la cara descubres que tendrán máximo unos 20 años cada uno. La pareja es, ni más ni menos, la viva imagen de cualquiera de los hijos de tus amigos que vienen conversando entre ellos sin prestar mucha atención a lo que sucede.

Cuando están ya a tu lado y tu a punto de subir al carro, sin que te des cuenta de dónde, saca cada uno una Glock .50, las apuntan a tus costados y te dicen:

-Tranquilo papá. No te va a pasar nada que no quieras que te pase. Dame el bolso, el teléfono y las llaves del carro y piérdete.

Obedeces sin rechistar. Los tipos se suben a tu carro y entre carcajadas uno le dice al otro:

-Marico, ya con esto me voy pa´la casa. No trabajo más por hoy. Estoy remamao.

Oyes que tu carro arranca, volteas y ves cómo allí va tu Blackberry de 4 mil bolívares, el efectivo de la venta del día que llegaba a unos 3 mil bolívares y ese carro al que, justamente, el mes pasado se le había vencido el seguro y que, por falta de dinero, no habías podido renovar.

“Estos dos en diez minutos se llevaron el equivalente a un año o dos de mi trabajo”. Piensas esto y suspiras pensando que, evidentemente, esos muchachos eran unos niños cuando Chávez llegó al poder ofreciendo la utopía del “hombre nuevo” del socialismo. Esos chamos crecieron escuchando que robar por hambre no es delito y ahora actúan tranquilos, amparados en la impunidad que campea en el país.

JUEVES

Sin haber podido conciliar el sueño en toda la noche pues, al cerrar los ojos veías la cara de los atracadores y los cañones de las pistolas en tus costillas, vences el temor y te levantas de la cama para bañarte y tratar de recuperar la “normalidad” de la vida. Esa normalidad que está cundida de miedo y paranoia, de “mosca en la calle que la cosa está pelúa”, de “no te confíes ni de tu sombra”.

Pagas un taxi para ir a tu negocio porque desde que te pasearon durante más de una hora por la ciudad con un revólver en la nuca para robarte en un carrito por puesto, no te has atrevido a montarte en un trasporte público de nuevo. Llegas a tu tienda y acostada en el suelo, frente al muro del local, ves a una pareja.

Atemorizado por la experiencia del día anterior pasas a su lado lo más rápidamente posible. Hombre y mujer duermen a sus anchas, como quien descansa una siesta luego de un opíparo almuerzo. Aunque no quieres, no puedes evitar que los ojos se vayan solos hacía dónde se encuentran. Les miras los pies del color del pavimento, los pelos sucios. Calculas que estarán entre los 20 y 25 años de edad y adviertes que la mujer está embarazada de unos cinco meses.

El hombre se quita la mano que le cubre los ojos para tapar la luz, hace un esfuerzo por enfocar y te dedica una mirada de resentimiento y fastidio. Entras a tu negocio, te aseguras de que la puerta quede bien cerrada para que los callejeros no puedan entrar si se les antojas, recuerdas la panza de la mujer y piensas: “Sin duda, allí lleva la semilla del hombre nuevo”.

VIERNES

Te levantas como todos los días. Venciendo el miedo que desde hace algunos años te invade y que hace que te provoque quedarte en la cama -único lugar donde te siente seguro-, en lugar de ir a trabajar, te bañas y enciendes el televisor para ver un poco las noticias antes de irte al trabajo.

Una música orquestal hace que, con los pantalones a mitad de piernas, interrumpas el proceso de vestirte para mirar al monitor del televisor. Cómo un idiota, con las manos sosteniendo tus pantalones sin decidirte a terminar de subirlos, no puedes creer lo que ves en la pantalla y, menos aún, lo que oyes.

Un hombre de contextura gruesa cuenta la “historia de su vida” en un minuto y no puedes dar crédito a lo que escuchas. De la manera más palurda y sin el más mínimo rubor en la pantalla se manipula la historia para hacer ver que Chávez es la “reencarnación” de Bolívar y apelando a los sentimientos religiosos ponen al mandatario como una especie de dios a los ojos del protagonista.

Te sientes indignado. No puedes creer que desde el gobierno se pretenda estimular el parasitismo de la población para que dependan del régimen si quieren conseguir lo más básico de su subsistencia. Piensas que así actúan los regímenes dictatoriales que quieren tener absoluto control de sus ciudadanos.

Le dan a entender a la gente que su líder es una especie de santo que le dará todo a lo que han aspirado en lugar de hacerlos ver que, para obtener lo que uno necesita y vivir de manera digna, solo hace falta trabajar y un gobierno que de oportunidades de empleos.

La propaganda no es más que una oda a la dependencia del gobierno. Por ningún lado se dice que el protagonista trabaja para conseguir lo que necesita. La vida digna no se la da el trabajo honesto, al contrario, el hombre nunca se “imaginaba, ni trabajando toda la vida, vivir acá”. Su vivienda no es producto de su esfuerzo, lo que tiene cae como un maná de las manos del super héroe, casi santo milagroso, que lo gobierna.

Con cierta sensación de asco ante la manipulación que acabas de ver, te vistes, te vas a tu negocio a sabiendas que trabajando duro y honestamente será casi que imposible conseguir obtener una vivienda propia e, incluso llegar a comprar un nuevo carro luego de que te robaran el anterior.

Piensas “ese que está en la pantalla es el “hombre nuevo” del socialismo. A eso nos quiere reducir el régimen. Quiere convertirnos en seres dependientes, en personas incapaces de procurarse, por sus propios medios, una vida digna. Nos quiere sumisos a un semi-dios, que nuestra vida dependa de ese ser divino cuya imagen debemos tener en nuestras casas, prenderle velas y venerarla para obtener sus favores”.

SABADO

Después de almorzar, decides pasar la sobremesa revisando un poco las redes sociales. Revisas las notificaciones de Facebook, echas una ojeada al Google+ y cuando entras al Twitter, salta entre los primeros tuits, uno que dice:

Pedro Carreño en la F1 como todo un “Rich and Famous” (foto exclusiva) http://shar.es/sx5Up via @la_patilla

Al leer el nombre del diputado chavista, no puedes evitar sonreír recordando aquel incidente en el que una periodista le preguntaba cómo podía hablar contra en consumismo mientras vestía una corbata Louis Vouitton y unos zapatos Gucci. Recuerdas como el hombre tartamudeó y no encontraba la forma de salir del mal rato y te mueres de la risa al acordarte de su teoría de que el imperio yanqui nos espiaba a través de los decodificadores de DirecTV.

Picado por la curiosidad, entras al link y te consigues una foto del diputado de marras, presidente de la Comisión de Contraloría de la Asamblea Nacional, en el pitbox de la escudería Williams. Un lugar al que, según dicen los entendidos, solo se accede con un pase que cuesta unos 10 mil euros. Mucho más que los pobres 3 mil dólares como máximo que el régimen te otorga a través de Cadivi para viajes de un mes al exterior.

Miras la gráfica del hombre con su cara llena de huecos junto a una hermosa dama. Ambos con su uniforme celeste y las credenciales colgadas del cuello, vuelves a recordar la corbata y los zapatos y no puedes dejar de preguntarte: “¿Será este el “hombre nuevo” que nos promete el socialismo?”.

DOMINGO

El día del descanso del Señor tu, que no eres muy católico, apostólico y romano, te lo tomas muy a pecho. El domingo aprovechas para dormir y permanecer en la cama hasta que el cuerpo aguante.

Te despiertas y te desperezas. Agarras el control remoto del televisor, lo enciendes y mientras aparece el audio y la imagen en la pantalla, te acurrucas y abrazas las almohadas para, medio dormido aún, ver qué ponen en la tele.

Cuando el aparato termina de ajustarse, ves en pantalla a Chávez rodeado de ministros y militares del alto mando en los actos conmemorativos del 191 aniversario de la Batalla de Carabobo y el Día Nacional del Ejército y escuchas que dice:

-“El chavismo es el patriotismo. Ser chavista es ser patriota, los que quieren patria están con Chávez”.

No sabes qué te indigna más, si lo que escuchas o lo que ves. Por un lado, el presidente está prácticamente diciendo que si no eres chavista, no eres venezolano. Entonces, sientes que los ácidos estomacales te suben a la garganta.

Pero, por el otro lado, ver cómo los militares al escuchar las palabras de Chávez pegan un brinco y comienzan a aplaudir frenéticamente, te llena de furia.

“¿A donde tendré yo que ir a reclamar una nacionalidad, entonces?” Piensas. Miras de nuevo al monitor de la Tv y no puedes evitar comparar a esos militares que aplauden con el hombre sumiso y dependiente de la propaganda del viernes y al ver los trajes de militares y civiles que rodean al mandatario los comparas con el diputado de las corbatas Louis Vouitton y los zapatos Gucci. Apagas el televisor y piensas:

“Parece que el socialismo del siglo XXI logrará su cometido de llenar a Venezuela de esa plaga a la que llaman “hombres nuevos”.

Por La Habana de la mano de @Melavaud sin tacones

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Aproximarme a “La Habana sin tacones” (Editorial Libros Marcados. 2011) de María Elena Lavaud, no ha sido fácil. Es un encuentro que he pospuesto adrede, a sabiendas de que era una obra que me haría cierto daño, que removería sentimientos que no quería remover y me traería a la mente historias que trato de mantener bajo el mantel, a menos que me sienta tan equilibrado emocionalmente, que esté seguro no me harán sucumbir en una larga y tormentosa depresión.

Mis primeros escarceos con el libro empezaron por el Twitter, cuando la periodista hacía RTs (retuiteos) de los comentarios y piropos que le daban los usuarios de la red social y que acaban de comprar, leer o buscar el libro.

Si algo tengo que reconocer, es que la cuenta de @Melavaud no es precisamente de las más entretenidas en la red del microblogging. Su timeline pocas veces va más allá de esos retuiteos de los piropos que le lanzan tanto al libro como a sus programas domingueros. Por esto he estado a punto de dejarla de seguir, pero luego la veo en pantalla y me parece una tipa tan inteligente y sensible que no soy capaz de darle al botón de unfollow. Además, fue una de las primeras personas del “famoseo” que me devolvió el follow y eso se agradece.

Entonces me digo, “Bueno, en verdad, esa es una forma de acusar recibo de los comentarios que le dirigen. Es algo que todos terminamos haciendo en Twitter, aunque para algunos resulte pedante y echón”.

Todo esto lo digo aquí escudado tras un monitor y un teclado de computador pues estoy seguro que si la tuviera en frente, la llamase para hacerle mi observación, me mirase con esos ojos intensos y me dijera con voz alta e impostada “¡A la orden!” como le dijo a la funcionaria de turismo de Cuba en el aeropuerto, se me “caerían las panteleticas” y le diría: “Usa tu Twitter como te dé la gana, cariño, que igual nos enamoras”. Y tacharía todo lo anterior.

¡Uf, ya me fui del tema!

Total, un día que vi que la Lavaud estaba fajada con los retuits, decidí ponerla a prueba y ver si interactuaba un poco más. Le dirigí un tuit preguntándole si el título del libro tenía algo que ver con el absolutista general gobernador de Cuba en el Siglo XIX, Miguel Tacón. Me respondió que no, que era un título literal; no metafórico, y que no había pensado en eso cuando lo escogió. Unos dos tuits después, me despachó con un amable y cortés “Luego hablamos”.

Días después, en una entrevista radial escuché que ella comentaba la anécdota tuitera con Pedro Penzini, y explicaba que, aunque el título del libro no había sido puesto con esa intención pues, resultó ser una especie de metáfora. Por supuesto, ella no recordaba quién era el tuitero.

Cuando fui a Mérida en Semana Santa, encontré el libro en casa de mi familia. Ya mis hermanas lo habían leído y me habían comentado que se habían enganchado con la historia. Tomé la obra, la metí en la maleta y me dispuse a traerla a casa para un día “entromparla”.

Pasaron dos meses con el libro en la mesa. Lo veía y me tentaba pero no me atrevía a agarrarlo. Pasaba a su lado, miraba la foto de la portada con María Elena en ella, leía la solapa, pero no me decidía a sentarme de una buena vez a leerlo. Escribía, leía otras cosas, editaba fotos, cualquier cosa con tal de no irme a pasear por La Habana con María Elena sin sus tacones.

Cuba es un tema que me pega hondo. Fidel y la isla fueron unos paradigmas de adolescencia aderezados con Silvio Rodríguez y su Rabo de Nube, Pablo Milanés y su Yolanda, Soledad Bravo y la Canción del Elegido. Una época de sueños y de deseos de justicia, libertad e igualdad que se derrumbaron de un solo golpe cuando visité La Habana en 1990 para un Festival de Cine en el que vi solamente dos películas y se esfumó todo un sistema de creencias, aspiraciones e ideas.

Sabía que el libro de la Lavaud removería todo eso y por ese motivo lo posponía. Hasta un día que me sentí centrado y equilibrado y lo empecé a leer.

Las primeras páginas me resultaron un poco tediosas. La lectura se me hacía lenta. El prefacio lo encontraba un poco fuera de lugar. Cuando llegué a las líneas en las que dice:

“Me aferro a esa tesis de la psicología que augura que después del miedo contenido, irrumpe la acción. Eso me agobia menos que pensar que lo que vi pueda durar 10, 20 ó 30 años más. O peor aún, que pueda trasladarse definitivamente y sin remedio hasta nuestra propia tierra.”

Pensé “Ay, María Elena, eso mismo creí yo hace 20 años cuando recorrí las calles de La Habana. Sentí que el susurro que rugía sotto voce por las calles de Cuba terminaría en poco tiempo en un alarido incontenible. Y ya ves, han pasado 20 años más, de esos 50 que tiene la revolución sometiendo a los cubanos. Y, peor aún, hace 10, mis amigos me decían que eso no podría instaurarse en Venezuela. Que nosotros no éramos como los cubanos y, ya ves mi periodista, el socialismo del Siglo XXI en cualquier momento baila el vals de los 15 años”.

Terminé el prefacio, recorrí con cierto temor las primeras líneas de “El arca de Noé” porque sentía que no continuaría la lectura, pero, ya a las pocas páginas leídas del capítulo, sentí que la historia me atrapaba.

La Habana sin tacones está escrito del tal manera que su ritmo va in crescendo. Su soundtrack pareciera ser El Bolero de Ravell y su ritmo se acelera en la medida que la historia avanza y se van sumando instrumentos a la acción. No es un tratado sobre el socialismo cubano. Es un libro de crónicas de viaje, escritas a partir de las notas tomadas por la periodista durante sus días de turista en Cuba y de sus interrelaciones con la gente que tropezaba a su paso. Es La Habana que se le mostró espontánea y azarosamente a MEL sin que ella la buscara. Si alguien piensa que va a encontrar un trabajo de investigación, un reportaje a profundidad, sobre Cuba y su sistema político, se equivocó de libro. Este está lleno de los sentimientos de la autora, de sus sustos y temores, incluso de sus prejuicios. Crónicas escritas con sensibilidad y ritmo.

El estilo llano y sencillo al escribir hizo que,  sin darme apenas cuenta, me encontrara en el avión con la periodista. Me sentí vigilado por el hombre de la camisa azul a cuadros. No sé en qué momento justo de la lectura se operó una especie de click que me hizo estar en el aeropuerto de La Habana y los ojos se me aguaron cuando, perdido en medio de la “U” descrita por MEL, ese hombre dijo: “¿Qué haces ahí parada?” Y entendimos que él era un cubano que regresaba a su país y se debía someter a las humillaciones y vejaciones a las que el régimen socialista somete a sus nativos, quienes no parecen alcanzar nunca el nivel de ciudadanos.

A partir de allí ya no quería soltar el libro. Llegaba gente a mi tienda de mascotas y los atendía apurado, con ganas de que terminaran de pedir y pagar de una buena vez para continuar mi viaje. Por momentos, no sabía si era el viaje de la Lavaud o el mío, 20 años atrás.

Este recorrido de la mano de María Elena me sirvió para comprobar que pocas cosas cambiaron en La Habana en estos 20 años y la mayoría para peor. Como la discriminación que el sistema hace de los cubanos quienes parecen estar clasificados en ciudadanos de “Primerísima” categoría, los Castros y sus más cercanos colaboradores, de segunda categoría, quienes tienen acceso a los pesos CUC porque en sus hombros recae la imagen que la revolución debe dar a los turistas que visitan la isla sin mirar más allá de sus narices como bien los describe la canción “Tropicollage” de Carlos Varela. En este grupo se encuentran los cubanos que pueden sacar provecho de su contacto con el turista y terminar con unos dólares de propina en el bolsillo o unas moñeritas para el pelo.

Siguen los habitantes que están en un escalafón más bajo, que trabajan para ganar en pesos cubanos que no les sirven para acceder a los productos que venden en las tiendas de turistas, a las que ahora tienen permiso del régimen para entrar y donde pueden comprar, siempre y cuando tengan los benditos CUC. Este grupo tiene que rebuscarse los dólares como puedan si quieren disfrutar de una pasta de jabón de baño. Y, finalmente, los jineteros y jineteras que también cumplen una labor dentro de la revolución al hacer que los turistas dejen divisas en la isla gracias a la prostitución y venta de drogas.

Efectivamente, los cambios parecen ser sutiles y absolutamente controlados por quienes detentan el poder para aferrarse a él mientras a la población le dan migajas no sólo de alimentos sino también de libertad.

Cuando yo estuve, los cubanos no podían pisar los hoteles ni las tiendas de Intur, que así se llamaban y donde se podía encontrar todo lo que los cubanos ni siquiera eran capaces de imaginar que existía. Si algún cubano se atrevía a quebrantar la prohibición, le podía acarrear serias sanciones. Incluso, cárcel.

Ahora pueden hacerlo siempre y cuando estén dispuestos a dejar su salario de un mes en un desayuno. Leve cambio, casi imperceptible, un mero maquillaje legal, pues dejó de ser delito lo que hacían con regularidad y temor. Las tiendas pasaron de llamarse Intur a Palco. Cuando yo fui, el nativo tenía pesos cubanos pero no tenía qué comprar con ellos, y para conseguir una pasta dental debían comprarla por interpuestas personas con dólares obtenidos por la izquierda. Ahora tienen permiso de entrar a las tiendas con mercancías importadas pero sus pesos no valen ni para un café. Han sido cambios tan sutiles como el cambio de presidente de un Castro a otro Castro. Cambios para que nada cambie.

La historia con la vendedora de la tienda del hotel quien, al enterarse de donde venía María Elena, cambió radicalmente su quejido contra el sistema en alabanza a la revolución, me hizo lamentar que ahora los cubanos, no solo tienen que cuidarse de los miembros del partido y de los comités de defensa de la revolución, deben medir muy bien sus palabras si a quien se dirigen es a un venezolano pues, lamentablemente, puede resultar ser un “sapo” que haga que termine con sus huesos en la cárcel.

El principal cambio que encontré en las crónicas de MEL, fue en la noche pasada en El Tropicana. ¡Cosa más grande! El cabaret consiguió que le invirtieran en vestuario y escenografía al parecer pues, cuando fui, era un espectáculo que al mirar un poco más allá de las bambalinas y luces, reflejaba la decadencia de La Habana toda, con bailarinas ataviadas con medias de malla rotas y trajes de telas baratas y mal confeccionados. Algo que al parecer la revolución se encargó de remediar pues, El Tropicana, es una de esa postales mentales que el turista se lleva y debe corresponderse con el engaño que la revolución se empeña en vender fuera de sus fronteras.

Mientras leía, disfrutaba y sufría con la Lavaud su estadía por la Habana, lamenté que el libro estuviera impreso en ese papel barato, como de periódico, que hace que las fotos queden como un manchón terrible y poco distinguible. Recordé que con mis fotos no tuve suerte. Tomé muchísimas, muchas más de las que el rollo me permitía (rodó esa cédula) hasta darme cuenta que el carrete estaba mal puesto y que no se salvaría ni una de las imágenes tomadas. ¡Me habría gustado tanto poder disfrutar a plenitud de las mostradas en La Habana sin tacones!

Un detalle más que me hizo recordar que Cuba y Venezuela son una misma cosa pues el montón de libros que traje de la isla en mi viaje, estaba impreso en ese tipo de papel que era a lo máximo que podía aspirar la editorial cubana. Muchos libros que fue lo único que pude comprar en Cuba con pesos cubanos pues, todo lo demás se pagaba en “divisa”. Obras impresas sin ningún control de calidad y que al leerlas uno descubría que le faltaban hojas, que la impresión se había empastelado y unas páginas que debían estar en un sitio de acuerdo al orden consecutivo, aparecían mucho después. En fin, obras por las que los trabajadores recibían un pago del Estado sin importar el resultado final. Imagino que las editoriales venezolanas ya están llegando o se aproximan a alta velocidad a ese “mar de la felicidad”, porque la mayoría de los libros que he visto últimamente están elaborados en ese mismo papel opaco, poroso y feo que enchumba la tinta y hace que las imágenes sean un manchón apenas distinguible.

Con MEL recorrí La Habana que conocí, visité Finca Vigía de nuevo, pateé la hermosa Habana vieja con su catedral y disfruté una vez más del malecón habanero donde iban a terminar la mayoría de mis noches en la isla. Pero también descubrí nuevas zonas a las que no fui como el Callejón de Hamel y todo ese paseo de turismo alternativo que le ofreció Wladimir por el monumento a José Miguel Gómez, la Casa del Ché, el monumento a Lennon, pasaje que me hizo recordar que los amigos del Mella, 20 años atrás, estaban fascinados descubriendo a los Beatles cuando en Venezuela era música, si no de viejos, de adultos bastante contemporáneos, pero que para los cubanos era prohibida.

Con las crónicas de La Lavaud volví a ver las largas colas de cubanos en Copelia para comprar un helado mientras observan resignados cómo las divisas de los turistas hacen que esas filas se desvanezcan. Creo que por eso me vine de la isla sin probar los famosos helados, no quería que un dólar mío contribuyera con la discriminación y el abuso del régimen.

Al final, se me aguaron una vez más los ojos al ver el ataque de llanto que le sobrevino a la periodista al llegar a su casa. Recordé que a mi me sucedió a los 3 o 4 días de estar en la isla, cuando pasé las dos horas y pico, casi tres, que duraban el documental “El Fanguito” y la película “Hello Hemingway” en un incontrolable llanto.

Lloraba, moqueaba y sollozaba como un niño en la oscura sala de cine en una acción catártica y liberadora de esos primeros días y noches en La Habana, con pocas horas de sueño a cuestas y muchas de pesadilla vividas a diario.

Llegué a los últimos capítulos del libro con el corazón arrugado de tristeza y nostalgia y el alma dolorida de una historia que no por conocida, duele menos.

María Elena Lavaud puede que no sea una de las mejores tuiteras de mi timeline pero, sin duda, es una periodista sensible, con una pluma encantadora, excelente manejo del supense. Con su prosa sencilla y sin rebuscamientos, logra cautivar y hacer de la lectura de sus crónicas una vívida experiencia. Al final ni siquiera extrañé esas malas y peor impresas fotos que tiene el libro porque la descripción y narración de MEL me sembró la retina de espectaculares imágenes que todavía persisten en mi mente.

Al cerrar el libro no pude evitar pensar: ¿Quejeso, María Elena? ¿Me vas a decir que estuviste todos esos día en Cuba, soltera, sola, pavoneando tu belleza y savoir faire por La Habana, y te viniste sin tener siquiera una propuesta de boda, una insinuación de matrimonio? ¡Vamos, periodista, echa tu cuento como es!

 
Memorias de un viaje a Cuba http://golcarr.wordpress.com/2013/11/08/memorias-de-un-viaje-a-cuba/

Dos canciones, una verdad

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En estos días en que Catia se ha alzado en contra de los desalojos y expropiaciones del régimen de Chávez -¡Catia! No La Lagunita, ni Altamira, ni El Marqués. Catia, la de escasos recursos y populosa que se lanzó a la calle a defender lo que es suyo por trabajo y esfuerzo propio-, entro a youtube y me consigo un video montado con una canción de Alí Primera:

Yo vengo de donde usted no ha ido

Lo veo y lo escucho con detenimiento. En él se habla de cómo a a los turistas que llegan a Venezuela le muestran la parte bonita del país y acompañan la canción con imágenes de esos extranjeros defensores a ultranza del Socialismo del Siglo XXI del presidente venezolano a quienes los trae el régimen, los hospeda en hoteles cinco estrellas, los pasea, les muestra lo que les conviene que vean y de vuelta a Maiquetía para salir a dispersar por el mundo la “buena nueva” de la revolución bolivariana. 

Yo vengo de donde usted no ha ido
yo he visto las cosas que no ha visto
en mi Patria al turista
se le agrada la vista
con las cosas bonitas
la Venezuela rica
pero a los cerros
donde se rumia la miseria
y se aleja la esperanza
nadie los lleva
les esconden con vergüenza
a la otra Venezuela
la Venezuela del pobre
la Venezuela sin razón
sin razón para que exista
pero que existe señor

La verdad de Venezuela
no se ve en el Country club
la verdad se ve en los cerros
con su gente y su inquietud
venga, lo llevaré de la mano
allí vera a los niños
a esos niños terrosos
que son niños venezolanos
venga, antes de que usted se vaya
subiremos a los cerros
luego diremos con rabia
que está sufriendo mi pueblo

(recitado)
“Venezuela fue tuya, recupérala”

Yo vengo de donde usted no ha ido
yo he visto las cosas que no ha visto

Yo he visto a los hombres
de los que se dicen
“y que” tienen libertad
mas cuando busco
la verdad de lo dicho
concluyo diciendo
que tienen, que tienen libertad
libertad para sufrir

Oigo y veo el video y pienso en los habitantes de Catia que están peleando por lo suyo y, video y lucha, me devuelven 20 años. A 1991 en La Habana, conociendo el socialismo de la isla, comprobando que en una casa viven hasta cinco familias porque la revolución las expropió y, sin siquiera adecuarlas, metió en esas mansiones de los ricos exiliados a varias familias. Pero en Catia no son mansiones y los expropiados no son precisamente ricos. Más bien, ellos forman parte hasta cierto punto de esas cosas que no se le muestran a los turistas, la parte pobre de Venezuela que luego de 14 años de “proceso” sigue siendo tanto o más pobre que antes. Ellos no creo que estén dispuestos a que los hacinen de a cinco familia por casa. Por lo que se ve,  están dispuestos a pelear con uñas y dientes por lo que es suyo por derecho.

En todo esto pienso mientras veo el video con la canción de Alí Primera y salta a mi mente:

TROPICOLLAGE

La canción de Carlos Varela que conocí en mi viaje a Cuba y que con un ritmo más tropical y con diferentes imágenes nos cuenta, en el fondo, lo mismo que la del “Cantor del pueblo”. Oigo las canciones y recuerdo cuando Raul Castro dijo que Venezuela y Cuba eran lo mismo y se me eriza la piel al recordar lo visto y vivido en La Habana. 

Se fue en Habanautos

rumbo hasta Varadero

apanado en la arena

fumándose un Habano,

se tiró algunas fotos

recostado a una palma.

Volvió al Habana Libre

alquiló un Turistaxi

para ir a Tropicana

después al aeropuerto y

así se fue creyendo

que conoció La Habana.

Ese tipo pagó la cuenta

que me estaba sacando,

pero en la polaroid

y en su cabeza lleva

tropicollage, collage, collage…

No fue a la Habana Vieja

no conoció los barrios

de obreros y creyentes.

No se tiró unas fotos

sobre los arrecifes

donde hay un mar de gente.

No vió a los constructores

ladrillo y aguardiente

cementando el futuro.

No tropezó en la calle

con uno de esos tipos

que dan cinco por uno.

Eso también es mi país

y no puedo olvidarlo

y el que quiera negarlo

en su cabeza lleva tropicollage,

collage, collage…

Tropicollage, tropicollage,

collage, collage…

Y a los refutadores

que me están escuchando

piensen en lo que digo

yo sé que la divisa

hace la economía

como hace al pan el trigo.

Pero lo que no entiendo

es que por el dinero

confundan a la gente

si vas a los hoteles

por no ser extranjero

te tratan diferente.

Eso ya está pasando aquí

y yo quiero cambiarlo

cómo no, y el que quiera negarlo

en su cabeza lleva tropicollage.

collage, collage…

Tropicollage, collage,

tropicollage, collage…

Quieren llevarse a mi país

en una bolsa de Cubalse

de esas que dicen en inglés

que se compra fácil

esta ciudad no cabe en una foto

de almanaque de París.

La gente está inventando antenas

para ver Canal del Sol,

es que a tropicollage

le gusta salir en la televisión.

“Easy shopping”, tropicollage…

“Easy shopping”, tropicollage… 

Pienso en Alí Primera, con cuya música crecí, y me convenzo que, si viviera, sus canciones en la actualidad tendrían la misma composición y significado pues los motivos que las inspiraron están tan vigentes como cuando las compuso, a pesar de lo que sus hijos y viuda puedan decir. Yo prefiero pensar que Alí estaría de este lado de la acera, siempre en la lucha por la justicia y la igualdad,siempre cantando para denunciar el estado de las cosas.

Vuelvo a escuchar las dos canciones, diferentes ritmos, diferentes voces, una misma verdad… y escribo estas líneas.

Absceso Pélvico, ¿blackout informativo o burla?

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Foto conseguida en la web

Me había propuesto no escribir acerca de la enfermedad que le surgió al presidente Chávez durante su visita a Cuba. Al menos, tenía decidido no referirme a ese hecho de manera seria, sólo lo acometería en forma sarcástica o irónica, de la misma forma cómo se lo han presentado al país los voceros oficiales, incluyendo al propio presidente.

A modo personal no me interesa en lo más mínimo si a Chávez le salió un forúnculo en una nalga o un absceso pélvico, me da igual si es un cáncer de colon o una espinilla, pero como ciudadano pensante de un país, me parece que los venezolanos nos merecemos que nos den cuenta acerca de lo que le puede estar sucediendo a nuestro presidente, qué lo hace que se ausente por más de 15 días de su cargo sin rendir explicaciones serias ni de él ni de voceros autorizados y sin prever las posibles consecuencias de una ausencia más larga.

Pero mi decisión de no prestarme a esa especie de circo que se ha montado en torno a la supuesta enfermedad del presidente se topó con un artículo de un bloguero italiano en el que habla de una supuesta alineación de la prensa estadounidense con la italiana para generar una campaña de desinformación sobre el tema y, de verdad, se me volaron los tapones.

Dice Attilio Folliero en su blog, y ruego me disculpen la mala traducción ya que mi italiano es bastante limitado y pobre:

“Desde que Hugo se está recuperando en Cuba de un “absceso pélvico”, que dicho en otras palabras es una apendicitis, es decir, una enfermedad que hace unas décadas podría llevar a una muerte fulminante y que hoy se cura tranquilamente, la prensa italiana, alineada con la estadounidense, comenzó una sostenida campaña de desinformación. Recordamos que Chávez estuvo en Cuba en visita oficial, proveniente de una visita anterior a Brasil y Ecuador.

Todos los medios de comunicación italianos, los oficiales, por supuesto, los del régimen, están creando una matriz de opinión tendente a hacer creer que Hugo Chávez está sufriendo de una enfermedad grave y está prácticamente muriendo! Nada más falso.

El presidente Hugo Chávez está, evidentemente, convalesciente, pero en fase de recuperación, está bastante bien, tanto es así que incluso en una cama de hospital sigue a la cabeza del gobierno de Venezuela. No sólo ha firmado varios decretos, sino que se ha hecho sentir a través de la red social Twitter, donde es uno de los personajes con más seguidores en el mundo. Además, en la foto tomada durante la visita de los hermanos Fidel y Raúl Castro aparece definitivamente con buena salud.

Por último, los testimonios directos de la familia de Chávez han tranquilizado totalmente la opinión pública Venezolana a cerca de las buenas condiciones de salud en las que se encuentra presidente venezolano, Hugo Chávez. El hermano del presidente, Adán Chávez, gobernador del estado Barinas, Venezuela, después de haber estado cercano a su hermano durante el primer día de recuperación, ha hablado de un normal curso del post operatorio y ha asegurado a los venezolanos que el presidente, a la vuelta de 10 o 12 días estará de regreso en Venezuela…”

Y por allí sigue, tratando de demostrar su hipótesis de la campaña de desinformación. Lo leo y me pregunto cómo es que este señor, en Italia, puede tener más información sobre la enfermedad de Chávez que yo que soy venezolano, ¿O es que su post se basa también en suposiciones como la mayoría de las especulaciones que a diario aparecen en nuestros medios de comunicación de parte y parte? Tanto del lado del oficialismo como del lado de la oposición han surgido incontables informaciones sobre la salud del mandatario y, en su mayoría, no se basan más que en cuentos de camino, en supuestas “fuetes confiables”, en posibles interpretaciones hechas por médicos especialistas de acuerdo a la poca información que ha salido a la luz. ¡Hasta que sufre una septicemia y está ingresado en la casa de Fidel!

Esa campaña de desinformación total de la que habla el bloguero italiano, no se está sucediendo solamente en Italia y en Estados Unidos. Aquí en Venezuela y en la propia Cuba (Yoani Sánchez hablaba del hermetismo en la isla al respecto) hay un completo blackout informativo que propicia las más inverosímiles versiones de lo que pueda estar pasando con la salud del Presidente. Ese blackout informativo no tiene sentido ni se puede justificar en una era en la que todo lo concerniente a la salud del mandatario se aclararía con una video conferencia o con un twitcam ya que a Chávez tanto le apasiona la red social y en twitter es uno de los usuarios con más seguidores en el mundo. O una simple llamada telefónica de Chávez como la que hizo cuando llegó a cuba y le diagnosticaron el supuesto absceso pélvico. ¿Por qué si hace una llamada al comando del PSUV para transmitirle instrucciones no puede igualmente dirigirse a sus ciudadanos, aunque sea por pocos segundos para informarles acerca de su condición de salud?

Lo mínimo que en un país serio se podría exigir es un parte médico de los doctores que están tratando al mandatario. Médicos de los que no tenemos la más mínima información de quiénes son, de dónde son, qué especialidad tienen.

Todo el misterio y las especulaciones que hay en torno al absceso de Chávez son propiciados por los mismos voceros del oficialismo y del presidente que callan o dan versiones contradictorias. Por ejemplo, mientras Maduro dice que Chávez está dando una dura batalla por su salud, el presidente de la AN y José Vicente Rangel dicen que está muy bien y que regresará al país cuando le dé la gana, y a Maripili Hernández se le escapa en su programa de radio que el mandatario se recupera satisfactoriamente de su enfermedad y, de inmediato, como quien cometió una infidencia, corrige y dice que se recupera de su operación. Hasta el presidente paraguayo, se pronuncia sobre el caso y dice que su colega venezolano “no tiene nada grave“. Y así, han sido 15 días de especulaciones, inventos, manipulaciones, todo un caos informatico generado por un régimen que no respeta a sus ciudadanos, que se burla de quienes nos oponemos a su gobierno negándonos información pero que también se burla de sus seguidores y fanáticos que están ávidos por saber qué es lo que realmente le sucede a su comandante y líder.

En una época en la que los medios de comunicación se han masificado cómo ahora, cuando existen tantas vías para mantener a una población oportuna y verazmente informada no se justifica tanto misterio y mezquindad de parte del gobierno. Yo me pregunto cuando hablan de campaña de desinformación de los medios ¿Quiénes propician esa desinformación? ¿A quién le conviene que surjan tantas especulaciones? Y es más, ¿Por qué no tomar un micrófono y con seriedad dar la información que la población reclama? ¿A que perversos motivos se puede deber semejante blackout informativo? ¿Con qué fines?

Venezuela a imagen y semejanza de Cuba

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Veo la foto de la “celebración” oficialista en la edición web de El Nacional y, de inmediato, cruza mi mente este texto publicado por Yoani Sánchez en su blog Generación Y el 7 de abril, exactamente, seis días antes de que se llevara a cabo la marcha de los oficialistas hacía Miraflores para festejar el regreso del comandante supremo el 13 de abril de 2002, luego del golpe de estado del 11 de abril.

“El eco de los gritos llega hasta mi balcón, en un compás marcado inicialmente con las piernas y acompañado por las gargantas. Faltan menos de dos semanas para el gran desfile que se planea hacer en la Plaza de la Revolución y los vecinos de varios kilómetros a la redonda ya estamos agotados por tantos preparativos. Calles cerradas, policías impidiendo el tráfico y pelotones haciendo estremecer las avenidas y sus aceras, por donde deberían estar circulando ahora autos, gente, cochecitos de bebé.

Me subo a la azotea para ver la coreografía de la guerra en toda su extensión. Mal van las cosas si el congreso del PCC comienza con esta procesión de bayonetas. Si realmente se quisiera dar una imagen de reformas, no serían estos uniformes de verde olivo los que se exhibirían en la jornada del sábado 16 de abril. ¡Cuánto desearíamos que ocurriera ese día una peregrinación de resultados, no de miedos! ¡Que se mostrara la larga fila de lo que pudiésemos lograr, no la aplastante demostración de un poderío militar que ni siquiera tenemos! ¿Se imaginan? ¿La calle Paseo y sus inmediaciones dando cobija a los sueños que proyectamos, no a los fusiles AK de metal frío y gatillo amenazante?

Este podría ser el desfile de las cosas que añoramos, una romería de júbilo en la que no habría que obligar a nadie a participar. Ningún director reclutaría a los escolares para pasar bajo el sol saludando hacia la tribuna y los trabajadores sentirían que el ausentarse no provocará una mácula en su expediente laboral. Una verdadera parada popular no derrocharía en un día los recursos que a la Nación le lleva varios meses gastar. Más bien brotaría espontánea, sacaría a la gente sonriendo a la calle y no nos dejaría con esta sensación de congoja que estos gritos sincopados nos producen hoy”.

Al contrastar las líneas de la bloguera cubana con la imagen plagada de verde militar y rojo revolución, el corazón se me paraliza por un instante. La similitud de lo narrado con la imagen vista en internet hace que me pregunte ¿cómo hemos permitido los venezolanos que la situación del país llegara a este extremo?

¿Por qué se ha ido convirtiendo un país sin libertades, una isla llena de injusticias y represión en el espejo del nuestro?

Todavía hoy, luego de 12 años, me es imposible ver la fotografía de la marcha hacia Miraflores y sentirme identificado. Me parece que la imagen no tiene nada que ver con la Venezuela que llevo en el alma y en la piel. No puedo creer que Venezuela sea un país de milicianos donde también, desde hace años, obligan a los empleados públicos, bajo serias amenazas de perder su trabajo, a asistir a ese tipo de concentraciones, a las que también llevan reclutados a los escolares.

Es difícil aceptar que todo eso por lo que en Cuba están luchando por superar, en nuestro país, lo estén imponiendo a fuerza de sobornos y amenazas.

Mis deseos para el 2011 (Más allá de CAP Y HRCHF)

Tengo días pensando en escribir es este blog un mensaje de fin de año. Le daba vueltas al asunto y no me convencía escribir algo acerca de mis deseos de prosperidad, paz, amor, felicidad y todas esas cosas que normalmente se dicen por estos días y que, de tanto repetirlas, año tras año, a veces llegan a parecer frases vacías, lugares comunes que reiteramos para que nuestros seres queridos sientan que los tenemos presentes y que elevamos nuestras oraciones para que el nuevo año los colme con sus bendiciones y les ofrende el cumplimiento de sus más caros anhelos.

La idea del post llegaba y, al darme cuenta que todo lo que se me ocurría era más de lo mismo, la desechaba, la ponía a un lado con la esperanza de que la musa llegara y, si no se aparecía, pues sencillamente no escribiría nada y dejaría que el 31  de diciembre pasara por debajo de la mesa en mi bitácora.

Entonces pasó que, el 25 de diciembre, fallece el expresidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez y pareciera que el nacimiento del niño Jesús pasó a un segundo plano y se desataron los demonios. En Facebook, en twitter, por correo electrónico, en los medios impresos, audiovisuales y en la web en general, comenzaron a aparecer acaloradas discusiones acerca de CAP.

Exporesidente Carlos Andrés Pérez

Cómo es ya habitual en los últimos tiempos, no tardaron en aparecer dos  bandos enfrentados: Por un lado los que defienden a capa y espada las virtudes de la llamada IV República, en esta oportunidad encarnada en el recién fallecido presidente, y que aborrecen con inquina lo que está sucediendo en esta V República del socialismo del siglo XXI, protagonizada por el presidente Chávez y, por el otro, los que se desgarran vestiduras y ponen el pecho al frente para defender el mentado “proceso revolucionario” y juran con una mano en el corazón y la otra (no sobre una Biblia, que eso no sería de revolucionarios) sobre El Capital de Marx “¡No volverán!”.

Hasta insultos han corrido de lado y lado en esos dimes y diretes y, al leer lo que dicen unos y otros, uno se percata que, en realidad, todos los mensajes terminan en lo mismo, varían sólo en los tiempos verbales. Mientras unos dicen esos “fueron” unos malandros y corruptos, los otros dicen “estos son unos delincuentes y ladrones” y se acusan unos a otros de los mismos delitos y errores.

Flashback

Al ver tan inverosímiles comentarios y opiniones recordé una discusión que tuve, vía e-mail, con una querida amiga seguidora del presidente Chávez y que surgió por un correo cadena supuestamente escrito por una vidente y que, por error le envié, en él se pedía estar alertas y rezar mucho porque venían tiempos obscuros para Venezuela, se remitía el salmo 43 de la Santa Biblia para ser colocado detrás de las puertas de las casas y no sé cuantas cosas más que ya no recuerdo.

Repito, por error le envié a la amiga esa cadena y muy airadamente me respondió:

“¿Qué es esto? ¿Fundamentalismo tropical? ¿Otra vez con la vaina de mezclar religión con política para enloquecer a más de uno? ¿Otra vez prediciendo entre líneas el apocalipsis del chavismo? Dios es algo mucho más serio y más amoroso que estas prácticas de terror. Dios es el principio y el fin, es justicia y caridad; es servicio al prójimo y conciencia de la esencia sagrada que hay en todo ser humano y en la Creación entera (o biodiversidad, como la llamamos ahora). Dios no es, definitivamente, una convicción mal disfrazada de superioridad de unos sobre los otros. Y la Verdad es una, le pertenece a Él y no a un grupo azul o rojo”.

Yo, que para esos días de septiembre de 2009 me encontraba placenteramente disfrutando unos días de descanso en la playa no podía entender la reacción de la amiga y sobre todo no podía creer que alguien a quien tengo y sé que me tiene gran afecto me respondiera en esos términos. Entonces le respondí:

¡Ay, no sé qué ha pasado con vos! No entiendo esa agresividad y susceptibilidad para responder un mensaje que te fue enviado solo con la intención de que utilizaras un salmo para que te cuide. No tenía ninguna intención política de mi parte porque, si hubiera sido así, no te lo habría enviado pues sé muy bien cuál es tu posición como tú conoces la mía y, justamente, a ti no te envío nada que tenga que ver con el tema político porque respeto tu tendencia y tengo en alta estima nuestra amistad. Lamentablemente, estos desencuentros se hacen más cotidianos cada vez en esta Venezuela de la V y no he sido yo precisamente quien lo ha fomentado. Te pido disculpas si te molestó mi correo, nunca fue esa mi intención, mi cariño hacia ti permanece inalterable a pesar de las ideas que nos puedan distanciar. Sólo te pido que te revises para ver de qué lado está el fundamentalismo porque no es la primera vez que respondes un correo mío con esa agresividad y, te repito, no tengo ninguna intención de perturbarte con mis mensajes. De todos modos te prometo que antes de pinchar la tecla reenviar revisaré que no haya nada entrelíneas que te pueda molestar. Un besote grande y que Dios te cuide”.

Ella entonces me envía esta respuesta:

Yo no me molesté con vos; que yo sepa, lo que hiciste fue reenviar con buena intención un texto que ya he visto otras veces, palabras más, palabras menos, y que me parece lesiona la salud mental de la gente: además de ser sumamente manipulador, porque se escuda tras el tema religioso (eso sí me arrecha). El Apocalipsis Rojo agazapado detrás de un salmo. Y si hablamos de agresividad, prefiero una pelea franca y no esas pendejadas lesivas mal disimuladas. Te aclaro: estoy absolutamente segura de tus buenas intenciones, pero no de quien inició la cadenita. Y allí no hay entre líneas: las últimas frases están muy a tono con la histeria telefónica que desataron el jueves en la noche, anunciando un golpe. ¿A vos no te enviaron esos mensajes?
Yo conservo el mismo cariño hacia vos y,  no te mando a revisarte por el hecho de que sean opositores al RRRRRégimen y manden chistes y vainas en contra. Pero me llama la atención que cada vez que uno -los simpatizantes del RRRRégimen- reclamamos por alguno de estos mensajes, surge la misma recomendación: Creo que tienes que revisarte. De todas maneras, yo lo hago continuamente, como buena sagitariana (somos los filósofos del zoodíaco, siempre analizándonos) y, aunque el RRRRégmen me tiene desempleada (por lo tanto, no tengo un bozal de arepa), aunque sé de muchas cochinadas (la mitad del país es una farsa, con el gobierno lleno de exadecos y excopeyanos e izquierdistas de mentira), surgen en mi memoria los recuerdos de lo que acarreaba ser un periodista crítico en tiempos de CAP, Lusinchi y Caldera; la respuesta de los gobiernos democráticos, lo que ha sido el CNP, los pozos de la muerte, los viejitos sin seguro, las escenas dantescas que vi en los hospitales y cárceles, la penalización de ser pobre….todas experiencias personales, y definitivamente, digo: pa trás ni pa coger impulso. O inventamos o erramos. Como decía Nietzche (así se escribe?) tienen que morir dos generaciones para que surja una sociedad diferente. Y en eso me empeño en trabajar, con o sin pago. Ahora, de rezanderías, no me echan cuentos: recuerden que yo era casi monja.
Besos y un gran abrazo-“.

Hoy, más de un año después de ese mensaje, de verdad, no recuerdo que sentí cuando lo leí lo que sí recuerdo es que no podía creer que mi amiga del alma y yo estuviéramos hablando en esos términos. Entonces le escribí:

“Me alegra que me aclararas que la arrechera no era conmigo y que tengas presente que nunca te enviaría algo con malas intenciones. Yo, la verdad, cuando leo cosas como el texto que te envié no soy capaz de identificar en qué lado está el mal y en cual el bien porque considero que tanto del gobierno como de la oposición puede salir el tiro que nos suma en la desgracia. Nunca vote por Chávez porque por principios nunca podré poner mi confianza en un militar. Sin embargo, cuando oía a mis amigos que tenían esperanzas en él deseaba que en verdad hiciera lo que ellos esperaban que haría. Muchos de esos amigos son ahora los más furibundos opositores a este régimen. Yo, definitivamente, debo ser es “antigobierno” porque nunca me gustaron los gobiernos de antes y este mucho menos. No tengo que contarte en que terminó mi experiencia en la Gobernación porque tú la viviste en primera persona. También yo viví lo que cuentas con la cuarta pero en la actualidad no veo que sea diferente y, sinceramente, creo que empeora cada día. Lo único que creo tener claro es que era más fácil mejorar aquello que salir de esto. Me descorazona ver como día a día perdemos calidad de vida. Justo ahora estamos en Adícora (nos tomamos unos días para descansar) y siento por momentos que la estamos pasando rico. Entonces, pienso en que tuvimos que recorrer el pueblo entero para conseguir un kilo de azúcar a 5 bs. F. Que la luz se ha ido no sé cuántas veces y cuando no, pasa todo el tiempo subiendo y bajando la intensidad. Que el agua llega cada dos días, con suerte. Que las calles están en el estado más lamentable, sin contar los cráteres de la carretera. Que en Tucacas mataron a una chica de 16 años porque no tenía nada de valor qué robarle. Todo esto en 3 piches días que tomamos para descansar sin contar con el día a día de trabajo de lo cual no te hablaré porque sé que tu lo sufres también. Entonces me pregunto: ¿lo hemos pasado rico? Y al tratar de responder me percato que nos hemos ido acostumbrando a vivir mal sin darnos cuenta. Vivimos tan mal que hacemos una fiesta cuando conseguimos un litro de Mazeite a 10 bolívares o cuando algún amigo que trabaja en Centro 99 nos avisa que en un ratito van a sacar azúcar, que estemos pendientes para comprar antes que lleguen los revendedores a llevársela toda para ponerla en la calle a 5 bs. Y, por supuesto, si tenemos la suerte de que en lugar de 2 kg. nos dejen sacar tres, entonces la fiesta se extiende por el fin de semana. Cuando me pasan estas cosas, me entra una depresión tan profunda como la que me entro cuando estuve en Cuba y pude constatar cómo vive ese pueblo. No fue que me lo contaron, yo vi cómo unos amigos acabaron con su ración de por lo menos una semana para invitarme a comer unos huevos rellenos y de verdad muy a menudo siento que nos encaminamos a esa forma de vida sin poder hacer nada. En fin, mi querida amiga, así podría seguir enumerándote las pendejadas que a diario se me vienen a la mente, pero no terminaría nunca de escribir. Yo no puedo decir por qué llegamos a esto ni por qué seguimos así, lo único que tengo claro es que este no es el país que yo soñaba cuando joven para vivir mi adultez y mi vejez y me duele mucho contemplar la posibilidad de algún día tener que irme porque Venezuela se haga completamente invivible y siento que ese día se acerca velozmente. Un beso grande y de todos modos, por si las moscas, pon el Salmo detrás de la puerta porque, como te digo, no sabemos de qué lado saldrá el primer tiro, lo que sí tengo clarito es que no quiero que a mis seres queridos, entre los que te cuento en los primeros lugares, les pase nada malo y todo lo que nos pueda proteger no está de más”.

Y el ping pong de correos terminó con este mensaje de parte de ella:

“De verdad que la vida es dura cuando uno es como nosotros: decimos lo que pensamos, nos gusta transitar por la honestidad y ser leales a los principios. Hay gente que la está pasando muy bien, por lo menos materialmente, y son los mismos -quiero decir, de la misma catadura- que lo pasaron bien en la cuarta, hoy en la quinta, y así será en la sexta… a menos que haya un proceso de cambio de conciencia colectiva. Por supuesto, los análisis de la realidad varían de persona a persona, pero nosotros somos pares: creemos en los mismos principios fundamentales, y tuvimos familias que nos formaron en ellos. Yo no creo que pueda irme a ninguna parte, porque si emigrara a Europa, me joderían por el colorcito. Y en España el desempleo está galopante. Por lo menos, vos tenéis pinta de italiano. Tengo esperanzas de que este sacudimiento pueda dar a luz una mejor sociedad -y no sólo en Venezuela- aunque siempre hay el riesgo de que para un  monstruo. Vivimos en un continente signado por la mayor contradicción: abundancia de riquezas naturales y abundancia de pobres por igual. Así que algo tiene que cambiar.
En serio, ustedes forman parte de mi urdimbre afectiva vital: esa que no se rompe a pesar del tiempo o poco contacto epidérmico. Un abrazote”.

Mi deseo para el 2011

Esta discusión epistolar con mi amiga resurgió al ver que, a más de un año de aquella, hoy los venezolanos seguimos discutiendo en los mismos términos, tal vez un poco más llenos de rencor y resentimiento. Cualquier eventualidad, como la muerte de Carlos Andrés, nos desata las pasiones y se disparan las palabras hirientes y ofensivas de bando y bando.

Ayer, en el Facebook, una foto que guindó un amigo cuando Pérez le entregó el titulo en su graduación generó más de 30 comentarios enfrentados y, aunque trato de no entrar en ese tipo de discusiones porque me parece que uno nunca sabe cómo terminarán, no me pude contener y les dije que:

Luego, por mail, surgió la misma discusión, el mismo enfrentamiento entre amigos y, una vez más sucumbí a la tentación de opinar y les escribí:

“Qué tristeza siento cada vez que me consigo con discusiones tan lamentables como estas. Los de la IV justifican sus desmadres diciendo que no eran tan graves como los de ahora y los de la V pretenden justificarse porque lo mismo ocurría en la IV y ¿si en ese entonces se hizo por qué no ahora? Y así nos enroscamos como la serpiente que se muerde la cola y nos acostumbramos a vivir y a tomar como “normal” el malandraje y el pillaje hasta llegar al punto que pareciera ser una competencia entre quién es el más pillo, el más ladrón, el más impúdico para exhibir sus fechorías. De verdad que lo que deberíamos estar haciendo es tratando de eliminar de una vez por todas la corrupción, los atropellos, el vandalismo, los abusos de poder que se dieron en la IV y se han reeditado y, por efecto del largo tiempo en el ejercicio abusivo del poder, se han ampliado. Vergonzoso y lamentable que nos hayamos acostumbrado a vivir entre pillos, truhanes, corruptos, malandros, abusadores, ladrones, y cualquier otro adjetivo que se le pueda aplicar a quienes han ejercido el poder desde hace medio siglo para acá y, lo peor, que pretendemos justificar los desmanes de un lado o de otro. La IV fue una porquería que ha seguido prolongándose durante la V. Por mi parte, sólo me queda esperar poder ver una VI, donde sean otros los valores que defendamos, porque lo que he visto en mis 47 años de vida, tanto de un lado como del otro, ¡me asquea!

Y por todo esto decidí que ese sería mi deseo de fin de año. Un deseo que incluye como siempre el anhelo de paz, amor, abundancia y prosperidad pero enmarcado en una VI República que realmente sea digna de todos los que aspiramos y creemos que se puede tener un país decente donde el modelaje desde el poder sea emanado a partir de la honestidad y la vocación de servicio a los ciudadanos que somos, en definitiva, los que sufrimos las consecuencias de un corrompido ejercicio del poder y del gobierno.

¡Les deseo un próspero 2011 y una pronta VI República!

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