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La resaca de Marianella Salazar

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Escribió Marianella Salazar un artículo para El Nacional titulado “La gran resaca” en el que descarga contra la MUD toda la frustración y sensación de impotencia que nos dejaron a muchos los resultados de las elecciones del 07 de octubre.

Yo no voy a defender a la MUD. Primero, porque ya todos sus miembros están grandecitos y pueden defenderse solos. Y, segundo, porque en muchas oportunidades me han parecido timoratas, extemporáneas, desafortundas e inoportunas algunas de sus actuaciones y, en muchos casos, falta de pro-actividad a la hora de actuar.

Pero la descarga que le dio la articulista a la MUD me quedó rondando en la cabeza, como el estribillo de una canción que se queda en la mente hasta hacernos desesperar y buscar la forma de ponerlo en off.

Dice Marianella que la MUD ha debido exigir “…limpieza del registro electoral, el fin de las migraciones silenciosas con las cuales privaron a muchos electores de su derecho al voto, el que no se conculcaran derechos constitucionales de los venezolanos en el exterior, que se vieron imposibilitados de votar; en fin, si hubiéramos exigido mejores condiciones, a lo mejor no estuviéramos en esta esquina lamentándonos y en este estado de desolación, desconcierto, incredulidad”.

La leo y no puedo menos que estar de acuerdo. El grosero ventajismo del régimen en las elecciones, la evidente parcialización del ente rector de la elecciones (CNE) -puesto siempre de parte del gobierno-, la utilización de los recursos públicos tanto económicos como medios de comunicación y de logística a favor de la campaña del presidente candidato -nunca pudimos distinguir en qué momento era Presidente y cuándo candidato-. Y todas las condiciones injustas que se conocían de antemano y se aceptaron, hacen lucir la elección presidencial como cualquier cosa excepto justa y equitativa.

Pero la pregunta que me da vueltas en la cabeza hasta hacerla reventar es: ¿A qué se refieren Marianella y muchos otros articulistas cuando dicen que la MUD debió “exigir” condiciones?

Me pregunto ¿cómo se hace eso ante un poder electoral arrodillado y sumiso frente al poder ejecutivo?

¿Me paro y digo “si no revisan las condiciones y se hacen elecciones limpias, transparentes y justas “NO VOY A LA CONTIENDA?

Cuando pregunté en twitter, un usuario me respondió:

“con 6.5 MM en las calles y MUD pidiéndole al CNE q se desarrodille”.

Me pareció interesante y acertada la propuesta. Entonces pensé en qué podría suceder.

Seguramente, las cuatro vestales del CNE, con cierto mohín de damiselas ofendidas, recogerían la solicitud aparentando “imparcialidad” y luego de “analizarla” y “estudiarla a profundidad” llegarían a la conclusión de que dicha solicitud “no procede” porque todo es “claro y transparente” en los procesos electorales venezolanos, con el mejor sistema automatizado de votación de la bolita del mundo. Esto, seguramente, con el voto salvado del rector Vicente Díaz. O tal vez no.

Entonces, ¿qué hacer? ¿Quedarnos parados frente al CNE y “de aquí no nos movemos hasta ver satisfechas nuestras demandas”? ¿Comenzar una protesta violenta que le dé pie al régimen para decir que la oposición volvió por sus fueros golpistas y desestabilizadores? ¿Para que digan que la presencia de la gente convocada por la MUD equivale al grito de “A Miraflores” del 2002?

¿O ir ante los tribunales encargados de la materia electoral para exigir que ordene al CNE que atienda nuestra solicitud? Ah, pero ya sabemos también a qué intereses responde el sistema de justicia en este país y a quién rinde cuentas. Es decir que, muy probablemente, la sentencia dirá que “no procede” y volvemos al principio. ¿Qué hacer?

Pues nada. Así no vamos a elecciones el 16 de diciembre en la oposición. Boto tierrita y no juego más.

Entonces, viene Chávez y, con su sacrosanto dedo, lanza supuestos candidatos opositores en todas las gobernaciones y alcaldías. Gana todo los cargos bien sea con su candidato o con “su opositor” bajo una apariencia de legitimidad y volvemos a empezar de cero en la oposición. ¿Les suena aquello de la Asamblea Nacional toda rojita de 2005?

La trampa en la que está en estos momentos la oposición no es nada fácil de desmontar. La lucha seguirá siendo la de “un candidato de a pie contra un Estado” (Lanata dixit) y yo, de verdad, pienso que artículos como el de Marianella y opiniones como las de Diego Arria (por quien voté en las primarias) hablando del fraude en cámara lenta, en los que se dicen grandes verdades y claramente indican lo que hay que hacer y, todos sabemos, se debe hacer; pero sin dar la más mínima pista de cómo hacerlo, poco ayudan a desenredar esta madeja en la que nos ha metido un régimen impúdico y desvergonzado al que no le importa ya ni siquiera guardar las formas y apariencias a la hora de mantenerse en el poder a toda costa.

Como pueden ver, el texto de Marianela Salazar y este mismo, son más las dudas y angustias que dejan, que las certezas. Por ahora (como dijo el funesto animador de concursos de reinas de pueblo y artífice del 4F), lo único que me queda claro es que el 16 de diciembre, a como dé lugar, estaré de nuevo frente a la urna electoral.

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Con el rancho en la cabeza

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En algún punto de la carretera que une los estados Trujillo y Mérida, mientras tratábamos de adivinar a qué se debía que el tránsito se había detenido por completo, al levantar la vista, me topé con la imagen que se ve en la foto:

La cara del presidente Chávez que está en la puerta del humilde rancho, hecho de bahareque, pareciera dar la bienvenida, con sonrisa de satisfacción, a quienes llegan a ese hogar.

En el “techo” se ve como sembrada, lo que pareciera ser una vieja antena para recibir la señal de televisión. Indudablemente, un televisor al que sólo deben llegar las señales de VTV y, posiblemente, Tves y Venevisión.

En la pantalla de “la caja boba” debe aparecer, varias veces al día, la imagen del presidente hablando al país y, en innumerables ocasiones, esa alocución debe surgir en los tres canales que capta el aparato porque se encuentra en cadena de medios radioeléctricos.

Por esa pantallita, quienes allí viven, deben escuchar claramente que “están muy bien”. Que su situación “nunca ha sido mejor”. Que Chávez los ama y por su amor es que ahora cuentan con la “mayor felicidad del mundo” porque, “Venezuela es uno de los países más felices de la tierra”.

Los habitantes de esa morada están convencidos de que su felicidad se debe a los excelentes tratados con China. A los dineros que se le regalan a Uruguay, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y, especialmente, a los “intercambios económicos con Cuba”.

Están convencidísimos que nada los puede hacer más felices que el contar con el lanzamiento de un segundo satélite venezolano al espacio exterior, aunque no tienen ni idea de qué pasó y para qué ha servido, el primero.

El atasco de carros cede un poco y, al avanzar unos cuantos metros, se ven otras casas (unas más humildes y pobres que otras) con el afiche del presidente sonriente en puertas y ventanas.

A lo largo del camino, por esas zonas rurales y empobrecidas, con una carretera plagada de huecos y reductores de velocidad, uno nota que mientras el afiche del presidente engalana las entradas de las viviendas, la propaganda del candidato opositor solo se encuentra ubicada en muros que son de nadie, en árboles y en postes eléctricos.

Es que ellos sienten que “Chávez los ama”. Están “felices” por la felicidad que les da el gobierno “socialista” y, seguramente, por la misión a la que deben estar suscritos y que les garantiza que, una vez al mes o cada dos meses, le darán un dinero en efectivo para comprar lo que necesiten, sin importar si cada vez compran menos con ese dinero, si compran productos de menor calidad a mayor precio o si el período de tiempo entre la recepción de una mensualidad y la otra parece alargarse porque la duración de lo que compran es cada vez menor.

Para ellos lo único importante es que el “socialismo es buen vivir”, como reza la propaganda que reiteradamente ven en la pequeña pantalla innumerables veces al día.

Esas cosas no son de mucha importancia. Lo que importa es la felicidad que sienten al recibir la misión y el “amor” que con ese dinero les está enviando su querido presidente.

Mientras contemplo las casas con la imagen de Chávez en la puerta, mi mente divaga en lo impresionante que ha sido el manejo de la psicología del colectivo que ha hecho este régimen. Parece funcionar como una religión. Para el chavista del rancho, creer en su actual “felicidad” es como para el católico creer en Dios: no les hace falta verlos. Es como si se hubiese puesto en práctica aquello dicho por Marx de que “la religión es el opio de los pueblos”.

Al pensar en el manejo de la psicología social, recuerdo la historia del hijo de 9 años de una señora, fanático de Carpiles Radonski hasta el día cuando se fue una semana a un plan vacacional organizado por un grupo de chavistas y regresó a su casa, no solo convertido en seguidor de Chávez, sino peleando con sus padres porque son opositores.

Absorto en esos pensamientos me encontraba cuando, de repente, sentí que algo caía del carro que iba adelante. Levanté la mirada y vi una camioneta de lujo, último modelo. Carísima. De esas que, además de lo caro que cuestan, la gente tiene que pagar una cuantiosa cantidad de dinero extra si quiere comprarla porque autos no hay en el país y, quien dé la “mordida” más grande, tiene el privilegio de acceder al vehículo cuando llega al concesionario.

Pues bien, quienes iban en la oscura camioneta, bajaron el vidrio y, sin mayor remordimiento y con mucho desparpajo, echaron a la calle vasos de plástico y papeles.

Por el canal izquierdo, nos pasaban los “vivos”. Unos en Aveos de este año, otros en Malibús de hace 30. Todos más “vivos” que quienes pacientemente esperábamos que la cola avanzará sin pasar por encima de nadie. Más “vivos” que los pendejos que siempre tratamos de hacer las cosas como, se supone, se deben hacer.

Miré de nuevo la camioneta negra lanzar más desperdicios a la orilla de la carretera y a los guapetones continuar aventajando a los pendejos y pensé:

“El rancho con la cara de Chávez en la puerta, lo llevan algunos en la cabeza”.

¿De dónde salieron esos votos?

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El domingo 07 en la noche, mi urbanización se sumió en un tenso silencio. Los televisores se apagaron. La música cesó. A lo lejos se oía la detonación de uno que otro mortero como muestra de celebración. Pero en las cercanías el silencio era sepulcral.

Esa noche mucha gente se durmió vencida por el llanto. La asaltaron las dudas. Se preguntaba qué pasó. No daba crédito a la información que la rectora del CNE daba por televisión.

El sentimiento de burla, de estafa, de robo, hizo presa de gran parte de los que hasta hacía pocas horas, se encontraban, si no felices, con muchas esperanzas de triunfo. No era para menos. Los ríos de gente desbordada en las calles del país, alegre y emocionada, vitoreando el paso del candidato Capriles nos sembraron la esperanza de que el triunfo estaba cerca.

El lunes 08, muchos siguieron llorando. Había duelo y algunos se preguntaban de dónde salieron tantos votos para Chávez si sus actos fueron tan pocos y, por Globovisión, nos mostraban la “escasa concurrencia”, al tiempo que remarcaban que era gente obligada y comprada. Que muchos estaban allí pero votarían por Capriles, como en efecto pudo haber pasado.

Ese lunes 08, los más desbocados, sin pruebas ni evidencias se lanzaron a gritar “fraude”. “Esos votos no están”. “Esos los crearon con las maquinitas y con la complicidad del CNE y el plan República”.
Mientras que algunos se preguntaban dónde estaban esos 8 millones que no los veían por ningún lado y otros, entre los que me cuento, empezábamos a pensar en qué se falló, qué faltó, por qué no vimos que esos 8 millones seguían allí, inamovibles, cómo es que no nos los tropezábamos por ninguna parte.

Durante la campaña, mucho se habló del “voto oculto”, del voto que no se reflejaba en las encuestas, del “voto silencioso” a favor de Capriles por temor a las represalias del régimen. Ahora, días después, creo que ese voto silencioso no contaba para las encuestas. En realidad, contaba para nuestra cotidianidad, nuestro día a día. Esos votos estaban allí, callados, agazapados y nosotros, en nuestra euforia y optimismo, nos negábamos a verlos.

Muchos de esos votos estaban en los barrios a los que yo, y probablemente el que me está leyendo tampoco, no entramos porque el solo nombrarlos nos atemoriza, pero desde donde, seguramente, provenían los sonidos de cohetones y morteros celebrando. Y estaban, también en una gran masa de trabajadores públicos de todos los niveles en un Estado empleador hasta la exageración.

Esos votos estaban en la muchacha que en la panadería te embolsa los 20 panes mientras te escucha decir que los chavistas son unos desgraciados. Estaban en la cajera del supermercado que, mientras te chequea la compra, te oye comentar con el que está en la cola que los chavistas son todos unos arrastrados.

Los votos de Chávez estaban en la chica esa de uñas postizas y tetas compradas, dependiente de una tienda de ropa que, en la tintorería, escuchaba a las dos señoras encopetadas decir, que las chavistas son todas unas putas vendidas, mientras ella le comentaba a su amiga, receptora de ropa en esa tintorería y también chavista, por lo bajito:

-Si, yo tengo loco a Andrés, el cajero del banco, se desvive por mí, lo que no sabe es que yo soy del otro lado. El no sabe que soy chavista porque, si lo llega saber, me odia y no me hace el favor de depositar los cheques sin hacer la cola.

El voto chavista estaba en el chofer de la camionetica que llevó a la gente al mitin de Capriles y esperó pacientemente a que llegara la hora de devolverlos a sus casas, escuchando como los pasajeros decían: “Los chavistas son todos unos flojos borrachos, menos mal que esto se acaba el domingo”.

Por Chávez votó ese mesonero que dijo a su compañero el sábado en la noche:

-Dame cuatro palos ahí y si gana Capriles, te los devuelvo-. Mientras iba a llevar la pizza y miraba de reojo con resentimiento a dos de gorra tricolor que decían:

“A esos chavistas de mierda hay que acabarlos, no sirven para nada. Son una parranda de flojos que solo quieren que les den plata de las misiones sin trabajar”.

Los votos estaban en ese gerente de banco que era opositor y que se quedó sin empleo cuando el gobierno acabó con el banco Federal y que, ahora, absorbido por el Banco de Venezuela, ha conseguido mejor sueldo y trato, aunque no salga a alardear de que es chavista. También en esos que, siendo opositores con “plan B” para USA, cansados de tratar de abastecer su bodega con los productos que escasean y precios regulados, se dejaron seducir, un mes antes de las elecciones, por el militar mafioso, se asociaron con él y, en una semana, echaron abajo la bodega, metieron máquinas de juego e instalaron un casino clandestino. Obteniendo en un mes la ganancia que no obtuvieron en un año de trabajo.

Por Chávez votó el viejito que se sentía anulado e ignorado y que ahora está convencido de que su pensión se la debe a él y no que es un derecho obtenido gracias a su trabajo y dedicación al país y que en la cola del banco oye como un hombre le dice a la cajera:

-No le doy paso al viejo ese coñoemadre, porque todos son unos chavistas vendidos, que votan por el desgraciado solo por una pensión.

Los votos de Chávez salieron de esos a los que no se pueden asustar con el socialismo porque ellos no tienen nada que le puedan quitar y sí una misión que están recibiendo. De los que no se asustan con la inseguridad y la violencia porque nacieron en medio de una balacera y en ella han crecido. De la señora de servicio que cuando iba a llevar café a la patrona y su amiga escuchó que la visita le decía compungida: “Chica, Juanita, la que trabaja en mi casa, es chavista”, y la patrona le respondía:

-¡Es que son brutas! ¿Qué se puede esperar de ellas? Si fueran inteligentes, no serían cachifas y menos chavistas.

Ante tantas muestras de desprecio que damos a diario, a veces sin darnos cuenta, pero siempre a todo pulmón, ¿cómo podemos pretender que quien está a nuestro lado muestre sus preferencias políticas?

Chávez ha basado su poder y su permanencia en resaltar el resentimiento y el odio de los que nunca han tenido contra los que tienen. Ese ha sido su gran triunfo, fomentar una lucha de clases y acentuar la división y, para ello, se vale de las misiones que maneja como dádivas y limosnas para mantener sometido y a su lado a esa gran masa que siente que, por primera vez, los toman en cuenta. Chávez trata a “sus pobres” como a perritos a los que se les tira un hueso para conquistarlos. De esa forma los ha logrado mantener fieles a su lado.
Pero el otro gran triunfo de Chávez es haber inoculado ese odio y ese resentimiento en quienes lo adversamos.

Los que no queremos a Chávez y su proyecto “socialista”, hemos caído en la trampa de su odio. Nos ha faltado sensibilidad e inteligencia para no dejarnos arrastrar por su discurso violento y hemos terminado maltratando y humillando a sus seguidores cotidianamente, diciendo que son arrastrados, vendidos, tarifados, percucios, tierrúos, vagos, flojos, borrachos, malandros, violentos, ladrones. Para después pretender que nos digan: “yo voto por Chávez”.

De todo eso hay en las filas del Chavismo, y en las filas de la oposición también. Como en la oposición hay sifrinos, corruptos, encopetadas, patiquines, adecos y copeyanos, al igual que en el chavismo.

Lo que no podemos y debemos empezar a evitar, es decir que todos los chavistas son así o que todos los opositores son asá.

A veces, oigo decir que el país necesita “reconciliación” y, algunas bocas, pareciera sonar como si dijeran, “hay que reconciliarse con esos brutos chavistas” o, “hay que abrazar a los desgraciados burgueses”. Así, la reconciliación estará muy lejos. Tan lejos como esperar que se produzca cuando Chávez le dé la mano a los de la oposición sin ofenderlos.

Cuando uno ve que en Caracas, a las 6 de la mañana, el metro va lleno hasta el tope de gente que se dirige a sus trabajos, cuando al Ruta 6, de Maracaibo a las horas pico, a las horas de entrada y salida del trabajo, parece que la gente se le desbordará por las ventanillas y puertas, yo los veo y me pongo a pensar en lo injusto que es decir que “Venezuela es un país de vagos”. La injusticia que significa decir que los chavistas que van en esos transportes son unos delincuentes, borrachos, buenos para nada.

La gran mayoría de este país (al menos así quiero creerlo en mi ingenuidad) es gente trabajadora, sin importar por quien vote.

Me decía un amigo, refiriéndose a los chavistas:

-Son flojos. Esos no aprenden. Lo que quieren es que le den los reales para bebérselos y luego sentarse a esperar que les vuelvan a dar. Son como cerdos que, por más que los saquen del chiquero y los enseñen, cuando ven la porquería, corren a revolcarse en ella.

Yo me niego rotundamente a pensar así y mucho menos a creerlo. Si los seres humanos fuéramos así y no tuviésemos capacidad para aprender, seguiríamos en cavernas. Así se lo decía, pero en su ceguera, parecía no entender que esa situación como él la describe no puede ser una fatalidad, no es algo congénito, un mal que no tiene cura.

Yo creo que mucha de esa gente que hoy está recibiendo una ayuda del gobierno -que se la administran como limosnas-, no han tenido oportunidad de aprender a sacar partido de esa ayuda porque, entre otras cosas, al régimen no le conviene que aprendan y se independicen de esa limosna.

Chávez ha continuado la política de la lata de zinc, los bloques y la bolsa de comida de los adecos y copeyanos, solo que la ha sistematizado, regularizado. Pero para nada le conviene que la gente aprenda a sacar provecho de esa ayuda para buscar la forma de obtener ingresos sin depender de la Misión.

A Chávez no le interesa que la gente conciencie que la limosna que le dan hoy, si no la aprende a usar, se le acaba mañana y que seguirá en la misma situación.
El quiere que se la consuman y se sienten a esperar la próxima limosna para mantenerlos atados a él, como bueyes.

Pero la oposición tampoco ha asumido la labor de ir casa por casa a enseñarles qué pueden hacer con lo que obtienen de ayuda del gobierno. Creo que ese es el trabajo que políticos, líderes sociales y empresarios tienen que asumir. Esa es la lectura que nos debería dejar el resultado de las elecciones y lo aprendido en los meses de “casa por casa” de Capriles en campaña.

Hay una necesidad de educación y capacitación de la gente a la que le llegan las misiones que tiene que ser asumida. La empresa privada tiene que asumir un compromiso social y aportarle calidad de vida a los más pobres. No es dar limosna como lo hace Chávez, es un verdadero compromiso social que se enfoque en la educación y aprovechamiento de lo que les dan, al tiempo que les brindan la posibilidad de acceder a los servicios básicos.

Ese es el trabajo que hay que hacer, a mi entender, y que queda muy claro en esta anécdota que mi sobrina Sandra Moros, relató en un comentario en mi post “No hubo fraude, lo que sí hay es un camino”:

Definitivamente, la clave es educación, es el trabajo social que no se ha hecho. Es enseñarles que se pueden valer por sí mismos, que la misión es algo que debe ser pasajero y puntual, que no es un yunque al que estará atado de por vida. Enseñarles que no hay necesidad de llenarse de hijos para demostrarle a cada hombre que aman que lo aman y, mucho menos, para retenerlo. Enseñarles que es más fácil echar para adelante con uno o dos hijos y no con cinco en la esperanza de que, alguno de ellos crezca, sea exitoso y los saque de la pobreza.

En fin, educar, insistir, seguir educando. Educándolos a ellos pero también educándonos a nosotros. Entendiendo que cada vez que generalizamos y utilizamos términos peyorativos para referirnos a todo un sector de la población, nos retratamos a nosotros mismos como personas y demostramos que no estamos muy lejos de los adjetivos con los que estigmatizamos a los demás.

Tibisay Lucena dijo unas palabras muy sabias cuando proclamó a Chávez como presidente para el período 2013-2017. Dijo, palabras más, palabras menos, que reconocer el triunfo del otro y la propia derrota, pasa por reconocer también a los que votaron por el vencedor, por eliminar los términos peyorativos y discriminatorios para referirnos a sus votantes.

Lamentablemente, la rectora del CNE, olvidó que dirige una institución que es de todos los venezolanos, y no nada más del sector oficial, no se percató de decir que el vencedor al aceptar el triunfo también debe pasar por ese mismo tamiz, también debe reconocer al otro, respetarlo y eliminar de su discurso palabras como majunches, burgueses, pitiyanquis, hijos de papá y mamá…

Pero, bueno, ya todos sabemos de qué pata cojea la Rectora, a qué tendencia se inclina, a qué intereses responde y a quién rinde cuentas. O sea, que no podemos pedirle peras al olmo. Tiempos mejores vendrán cuando entre vecinos nos tratemos con respeto y que ese trato sea un reflejo del modelo que nos dan desde las instituciones del Estado. Algo que ya vamos para 14 años sin conocer.

La actitud del Presaliente me dice que “Hay un camino”


Cuando salgo a la calle y veo tantos afiches del Saliente por todos lados, tantas vallas gigantes contaminando visualmente la ciudad, tantos carros a los que les pagan un dineral para que porten las calcomanías del corazón a lo largo y ancho del vidrio trasero. Cuando hago zapping en la TV., recorro los diales de la radio, veo la cantidad de publicaciones impresas con las que cuenta el oficialismo, me siento apabullado por el gran aparataje comunicacional del régimen, me desilusiono y entro en pánico al pensar en lo difícil que es vencer tanto dinero y poder dedicados a obtener la victoria el 7 de octubre y perpetuarse en el poder.

Pero mis temores se disipan cuando al pasar por VTV me encuentro con una edición de La Hojilla o de La Iguana en las que en lugar de dedicar las más de 3 horas que duran esos espacios a promocionar las propuestas del candidato de gobierno para un nuevo mandato, se dedican a insultar a Capriles. En esos escatológicos programas, no escatiman en ofensas para el candidato opositor. Para desacreditar a Capriles se valen de mentiras, medias verdades, manipulaciones y montajes. Entonces siento que el miedo que ellos están manifestando indica que algo debe estar pasando.

Cuando veo a Vanessa Davis entrevistando a gente del oficialismo, manipulando la información de manera descarada, induciendo al entrevistado a responder a sus preguntas de la forma como ella quiere escuchar las respuestas, no tengo más remedio que pensar que el desespero demostrado a tal punto que no le importe perder el poco respeto que como comunicadora social pueda aún tener, habla de que debe tener números guardados bajo llave en los que su candidato no queda muy bien parado de cara a las elecciones de octubre.

Y cuando veo y escucho al saliente con la yugular brotada de tanto gritar insultos contra Capriles, queriendo meter miedo en el electorado diciendo que el candidato de oposición tiene una agenda oculta, que eliminará las misiones, que le quitará las pensiones a los viejitos, que le regalará el país al imperio, que es un majunche, un jalabolas, un judío de mierda, un maricón de closet. Que va a privatizar hasta el aire que respiramos, que es el demonio disfrazado de angelito. Apátrida, imperialista, fascista, golpista… La memoria no me da para recordar toda la retahila que en sus cadenas de medios vocifera el Presaliente, para enumerar aquí todos los insultos que en grandes derroches de creatividad espeta a los cuatro vientos mico- mandante presaliente sin importarle irrespetar los horarios infantiles ni poner a los pies de los caballos la dignidad y majestad del cargo que desde hace 14 años ostenta.

Cuando el saliente se fija y habla tanto del bojote y del paquete oculto de Capriles y quiere meternos miedo a todos con un supuesto programa de gobierno de la unidad que llevará al país a un infierno, que eliminará las misiones, cuando amenaza con guerra civil si él pierde, con crisis si el capitalismo vuelve, y le dice 20 veces jalabolas a Capriles en menos de 2 minutos. Cuando ordena a sus manganzones que se dediquen vía twitter a desmontar y manipular los discursos del candidato opositor inventando hashtags que pretenden subir en los trending topics. Cuando veo semejantes desafueros y desespero, respiro tranquilo porque la sensación que transmite el saliente es de tener terror de perder y de derrota.

Las últimas escasas apariciones y discursos del candidato de gobierno, ¡me recuerdan tanto la campaña de 1998! Cuando sus oponentes querían asustar a los venezolanos diciendo que Chávez era un comunista, socialista, come niños, ateo o, por lo menos, evangélico. Golpista, fascista, de ultraizquierda. Con que si él ganaba nada sería de nadie, porque lo que se nos venía encima era comunismo ultroso. Ante lo cual, el líder del golpe de febrero del 92, tenía que salir a decir que él no era socialista y mucho menos comunista. Que no irrespetaría la propiedad privada y que entregaría la presidencia al finalizar su mandato. Que él no era un político ni un dictador.

Como todos sabemos, y muchos lamentamos, la guerra sucia en el 98 no rindió frutos. El miedo que quisieron inocular en los votantes no surtió efecto. Por el contrario, parece que hizo que la gente se decidiera a votar por el líder golpista del 92.

Ahora al oficialismo le incomoda y molesta que Capriles ofrezca lo que en el 98 ofrecía Chávez y que después de 14 años en el poder no cumplió. Muchas de las cosas que se le endilgaban a Chávez en el 98 para asustarnos terminaron siendo ciertas y eso me hace pensar que cualquier día el candidato del gobierno dirá, en su frenético desespero:

-Hagan caso. No voten por Capriles. Vean lo que pasó conmigo, no creyeron lo que decían de mí y ya ven que tenían razón en casi todo.

No entiendo por qué el oficialismo piensa que esa guerra sucia que está llevando a cabo en la campaña actual sí funcionará esta vez. Parece que creen que en esta oportunidad los venezolanos sí nos asustaremos por un posible gobierno de derecha. Como pretendieron asustarnos en el 98 con un posible gobierno de izquierda. Es difícil de entender que un hombre que ganó, entre otras cosas, porque la gente no lo veía como un político, ahora pretenda descalificar a Capriles y a los que lo acompañan en el equipo de campaña diciendo que “no son políticos”.

Cuando el saliente sale a hablar del “paquete oculto del majunche” lo que nos recuerda es el paquete socialista oculto que él tenía en el 98 y que negó hasta el último momento. Como negó admirar a Fidel hasta que ganó y terminó diciendo que la momia cubana era como un padre.

En fin, que lo errático de la campaña del oficialismo, el desespero manifiesto en insultos, patrañas y mentiras, hacen que me vaya tranquilo a mis próximas vacaciones. Pasearé feliz por tierras uruguayas, argentinas y panameñas. Trataré de escribir algunos posts sobre mi nueva experiencia turística y publicarlos con sus respectivas fotos. Me voy por quince días tranquilo y regresaré tranquilo -y a tiempo para votar- porque la campaña de Capriles me llena de confianza pero, sobre todo, porque la campaña del saliente me indican que, definitivamente, “Hay un camino”.

Lógica e ingenio del socialismo del siglo XXI o elogio a #VayaPalamierda

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Si algo no se le puede negar a los personeros del régimen “socialista” y “revolucionario” de la Venezuela Bolivariana es la capacidad e imaginación que tienen para crear eufemismos y el ingenio del que son capaces de alardear a la hora de dar explicaciones acerca del estado de deterioro y de la pérdida de calidad de vida del venezolano gracias a la ineficiencia, incapacidad, falta de previsión, mantenimiento e inversión y, en muchos casos, a la mala intención pues, muchos de los males que nos aquejan no son exclusivamente producto de la ineptitud del gobierno sino bien pensados y planificados con fines muchas veces no confesados y ocultos, pero que no son difíciles de adivinar para cualquier persona que no sea tan pendeja como el régimen pretende hacernos sentir. #VayaPalaMierda

Dentro de esas maravillas del ingenio revolucionario encontramos la explicación para los actuales cortes eléctricos que de manera frecuente y sorpresiva nos azotan. Ya no es, como hace unos años, cuando gritábamos #VayaPalaMierda al oír hablar de un racionamiento programado, producido por los efectos del fenómeno del niño o resultado de las tremenduras de la iguana que parece haber perecido electrocutada con una llegada violenta del fluido eléctrico mientras mordía los cables. Tal y como hemos visto fallecer infinidad de equipos eléctricos y electrónicos sin que nadie nos responda por ellos.

El gobierno no quiere bajo ningún concepto que llamemos a los cortes actuales “RACIONAMIENTO”. Por lo tanto, cuando usted llama a Corpoelec para averiguar a qué hora y por cuánto tiempo le corresponde el corte de electricidad a su zona, una señorita muy amable y muy bien entrenada, le responde al otro lado de la línea telefónica:

-En estos momentos no contamos con esa información, señor. Sucede que como “NO ES RACIONAMIENTO” sino “cortes preventivos” para evitar recalentamiento de las líneas, no sabemos en qué momentos se suspenderá el servicio en cada sector. Gracias por llamar a Corpoelec. Buenas tardes.

#VayaPalaMierda

De lo cual uno inmediatamente colige:

¡Qué magnánimo y eficiente es este gobierno! Me quita la luz sin avisar y sin darme oportunidad de programar qué hacer mientras estoy sin ella, para evitar que se me vaya la luz. O sea, te quito la electricidad para que no te quedes sin electricidad.

Porque, claro, como el gobierno es “tan eficiente” y ha dado tanto dinero para que la gente compre electrodomésticos, el consumo ha aumentado vertiginosamente y, como Corpoelec es “tan eficiente”, monitorea las zonas y, cuando ve que en alguna está aumentando el consumo, antes de que llegue a un pico de recalentamiento, ¡Zas! te quita la luz para que no te quedes sin luz. #VayaPalaMierda

De la poca o nula inversión hecha en el área eléctrica no hablemos, ni de la falta de previsión de que, si aumenta la población, por lógica, aumenta el consumo y, de forma proporcional, debería aumentar la infraestructura. Menos se hable de los negocios chimbos hechos con China a donde fueron de la compañía que gerencia la electricidad a comprar equipos y repuestos, con el consabido chanchullo de por medio, y que resultaron ser prácticamente desechables.

Pero para el régimen el problema no es por falta de inversión, planificación, previsión y mantenimiento, el problema ahora se origina en la falta de conciencia del venezolano que despilfarra el recurso eléctrico. #VayaPalaMierda

Por ese motivo, se ideó unas multas a las que no llama multas sino, con los maravillosos eufemismos de los que hace gala, denomina “Ajuste por consumo eléctrico” y que a la larga ha resultado ser nada más y nada menos que un aumento disfrazado, discriminatorio y cruel de la tarifa eléctrica con el cual la gente termina pagando más del doble de lo que dice la factura que consumió y, encima, sintiéndose mal ciudadano por su inconsciencia al derrochar energía  y consumir más kilovatios/hora que los que consumía en el 2009, que es el año de referencia para aplicar las multas. #VayaPalaMierda

Pero, el ingenio no se limita al campo eléctrico. Por ejemplo, el régimen en los sectores alimenticio y farmacéutico también ha dado pruebas de la “eficiencia” a la hora de implementar “medidas efectivas”.

Para que la gente pueda tener acceso a las medicinas y a la comida, Chávez, el comandante presidente, arbitrariamente, decidió regular sus precios. Inmediatamente, los productos comenzaron a escasear o desaparecer por completo del mercado. Pero eso no importa porque tienen un precio justo. Esa medicina que usted no puede comprar porque no es rentable para las compañías producirla vale lo que el régimen dice que debe valer. ¿Que no la puede tomar porque no se consigue? Eso no importa. No existe pero cuesta poco. #VayaPalaMierda

Igual sucede con esa vivienda que no consigues para alquilar. La justísima Ley de Inquilinatos socialista ha hecho que prácticamente desaparezcan del mercado las casas y apartamentos para alquiler. Eso no importa porque, con esa ley, nadie te podrá sacar de la casa donde no vivirás porque el dueño no te la va a alquilar. Y, además, el canon de arrendamiento de esa casa que no te alquilarán no lo podrán aumentar. #VayaPalaMierda

Con el empleo sucede algo más o menos parecido. La recientemente aprobada Ley Orgánica del Trabajo te da la garantía y la seguridad de que de ese empleo, que no conseguirás porque los empleadores asustados con el mamotreto legal no querrán contratar gente, no te podrán botar.

Solo tendrás que trabajar 40 horas semanales en esa compañía que no te contratará porque la carga en prestaciones sociales y beneficios de ley la llevaría a la quiebra. Y, por supuesto, tendrás dos días libres seguidos a la semana en ese trabajo que no tendrás porque el dueño no puede enfrentar los costos de pagar el sábado doble y, encima, tener que darte, igual, los dos días libres continuos.

Con todo lo cual, tendrás todos los días libres para ir de dependencia en dependencia del gobierno a llenar planillas e inscribirte en cuanta Misión hayan creado y que te permita, sin trabajar ni producir, tener ingresos económicos suficientes para medio sobrevivir y hacerle frente a esa canasta alimentaria que con precios regulados pasa de los 3 mil 500 bolívares al mes. O sea, casi 2 salarios mínimos, de este salario que es uno de los salarios mínimos más alto de Latinoamérica. También según los malabarismos del socialismo que calcula el valor del mismo con dólar oficial de 4,30 y no en dólar negro de 9,50 que es el dolar con el que los venezolanos tenemos lidiar a diario y que, muchos comerciantes, para efectos de productos importados, calculan a 14 bolívares por dólar. #VayaPalaMierda

Así se ha ido abonando el terreno para que los venezolanos aprendamos a vivir en este mundo de realismo mágico en el que hemos llegado al punto de tener un presidente que no tenemos, que ha gobernado desde Cuba sin que tengamos la certeza de que realmente ha sido él quien ha escrito y nos ha informado por Twitter de las decisiones que tomó y de los presupuestos que aprobó y que está enfermo de un cáncer del que no sabemos si es cáncer o es gripe. Sólo sabemos que es una enfermedad de la que se ha curado y vuelto a enfermar. Ha prácticamente muerto y resucitado y vuelto a morir.
Así llegamos al máximo del absurdo y la locura. Es candidato pero no sabemos si lo será… #VayaPalaMierda

El grito de 3.059.024 ciudadanos…

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En un principio, este video se realizó como una celebración por las elecciones Primarias que se hicieron en Venezuela el 12 de febrero de 2012 y de donde salió electo Henrique Capriles Radonski para enfrentar por la oposición al régimen de Hugo Chávez en las elecciones presidenciales del 07 de octubre.

También pretendía ser un homenaje al estudiante que fuera arrollado en Aragua durante las manifestaciones contra la pretensión del régimen de, con estratagemas judiciales, ponerle la mano a los cuadernos de votación, donde estaban registrados los nombres y números de cédula de identidad de los más de 3 millones de personas que acudimos a los comicios primarios.

Ya en nuestro país tenemos una larga historia de discriminación y segregación de ciudadanos que se han atrevido a manifestar su opinión en diversas oportunidades y cuyos nombres pasaron a formar parte de las llamadas “Lista Tascón” y “Lista Maisanta”. Razón por la cual en esta oportunidad, para defender el anonimato que quienes ejercimos el derecho al voto, los organizadores prometieron quemar los cuadernos, acto que el presidente cataloga como fascista, cuando lo que pretende es defender el secreto del voto y evitar la conformación de una nueva lista que discrimine a los venezolanos. Acto que sí es inconstitucional y que en las oportunidades anteriores se hizo bajo la mirada complaciente del mandatario, según se evidencia en la carta que aparece en la foto.

Pues bien. Como en Venezuela el derecho a informar y ser informado se encuentra tan disminuido pasaron más de 24 horas durante las cuales teníamos entendido que el arrollado por la grúa de la policía de Aragua era Arnaldo Espinoza, supuestamente estudiante de la UCV, y así lo tenía entendido yo al momento de realizar y publicar el video.

Resultó que a los pocos minutos de publicado “El grito…” me enteré que el fallecido se llamaba JULIO CÉSAR MACÍAS de 42 años y estudiante de la Univerisdad Bolivariana.

Cosas que pasan cuando en un país no hay acceso a la información y los medios se cuidan al extremo de mostrar imágenes y difundir informaciones que puedan ser catalogadas como “incitadoras a rebelión” o a la violencia.

Por este motivo, suprimí los titulos que hablaban del fallecido pues el nombre estaba errado. Sin embargo, sigue en pie el homenaje a la víctima y, aunque digan que no tiene que ver su muerte con la revuelta por los cuadernos de votación, de no haberse producido el abuso del régimen, no habrían tenido que proteger el anonimato de los votantes y esa muerte podría haberse evitado.

Que en paz descanse JULIO CÉSAR MACÍAS

Este es mi candidato

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¿Existirá mi candidato?

Hace unos cuantos días ya, dije de manera muy resumida en las redes sociales, que yo ya llegue en política a un nivel en el que sinceramente votaría por aquel candidato que se parara frente a un micrófono y dijera:

“¿Ustedes saben cómo es la cosa? Yo no tengo ni la más remota idea de cómo vamos a hacer para sacar el país del estado de deterioro tanto físico como ético en que nos lo está dejando esta “revolución” pero tengo la voluntad y la valentía para intentarlo, si ustedes me acompañan para lograrlo. ¡Vamos a echarle bolas juntos!”.

Y es que, de verdad, los discursitos de que la educación tiene que ser para todos por igual, que la salud es un derecho humano consagrado en nuestra Constitución, que hay que derrotar la inseguridad porque no puede ser que la gente esté más presa en sus casas que lo que lo están los presos en los recintos carcelarios de donde muchos salen y entran o meten y sacan a su voluntad, que hay que desarmar a la población porque no puede ser más fácil tener un arma que comprar un kilo de leche, cada vez me suena más hueco, vacío, politiquero y sin sentido.

Que Venezuela no puede seguir dependiendo de la renta petrolera, que “hay que sembrar el petróleo”, que tenemos que diversificar la economía y convertirnos en país productor del campo porque en esta “tierra de gracia” uno siembra una piedra y al día siguiente hay dos, que el turismo tiene que ser desarrollado para que se constituya en una de las principales fuentes de ingresos de divisas aprovechando todas las maravillas naturales con las que Dios dotó a este privilegiado país, que el contrabando de extracción y la corrupción tienen que ser atacados de manera “contundente”, que los militares tienen que estar en los cuarteles, que la inflación tiene que ser controlada y los pobres tienen que tener oportunidades de empleo para superar su pobreza y ese largo etcétera cargado de frases hechas y lugares comunes que vengo oyendo desde que estudiaba cuarto grado de primaria y cada día tiene menos significado para mí que puedo decir que ya cuento con cerca de 40 años oyendo la misma cantaleta.

Cuando oigo que los candidatos a las primarias de la oposición y el mismo Chávez que termina convirtiéndose con frecuencia en su propia oposición salen con tonos airados a dar discursos con esa retahila que le escuché a CAP, a Luis Herrera, a Caldera, a Lusinchi y a Chávez (por nombrar sólo a los que llegaron a presidente y sin contar a los otros candidatos) me parece que lo que escucho son las letanías de un rosario al que nadie le para bolas y al que todos responden con gritos y aplausos como quien contesta “Ruega por él” sin haber siquiera escuchado de qué va el rosario.

Lo que hay que hacer lo vengo oyendo desde que tengo uso de razón, pero lo que nunca nadie ha logrado decirme, y mucho menos en una campaña electoral, es cómo lo va a hacer. ¿Cómo va un nuevo gobierno a hacer para controlar la delincuencia, cómo va a desarmar a la población, cómo va a hacer para que los derechos a la educación, al trabajo, a la vivienda y a la salud dejen de ser letra muerta en la Constitución? ¿Cómo va a hacer para controlar las mafias corruptas que se han enquistados en todos los niveles de la administración pública? ¿Cómo va a hacer para quitarle los aportes a esos consejos comunales cuyos directivos en la actualidad se están forrando de billetes en los barrios del país sin que esa gente, que en muchos casos son verdaderas mafias, salga a incendiar el país reclamando el dinero fácil al que se han acostumbrado? ¿Cómo se depurará, se hará eficiente e independizará un poder judicial en el que hay jueces conocidos por todos a los que llaman “tarifa plana” por las coimas que cobran para sentenciar, entre otros vicios que aquejan al sistema de justicia en Venezuela?

Es que, de verdad, lo que tendrá que enfrentar un nuevo gobierno en Venezuela no es nada fácil. Los vicios y corruptelas se han ido enraizando en todos los niveles de la población y del Estado y ponerle un parado a eso puede ser lanzarle el fósforo al verdadero barril de pólvora en que estamos viviendo.

Hacer que la industria petrolera vuelva a funcionar con óptimos niveles de excelencia va más allá de discursos que proponen que el talento que se fue regrese porque, ¿Qué se va a hacer con toda esa cantidad de gente que hoy malmaneja la industria para poder reingresar a quienes estén dispuestos a volver?

En fin, que no quiero seguir oyendo discursos caza bobos de boca de los candidatos en campaña, incluido el presidente Chávez. Tanto él como los precandidatos de oposición no han podido, por ejemplo, controlar la inseguridad y depurar los cuerpos policiales y militares que están bajo su tutela, entonces no me puedo calar más que salgan a decir que la seguridad será “prioridad” en sus gobiernos y que la combatirán, sin que me expliquen cómo lo van a hacer si en los años que tienen en el poder no lo han ni siquiera intentado. Por todo eso, a sabiendas de que lo que digo no es lo “políticamente correcto” ni lo aconsejable en una campaña electoral,  y porque sé que no será fácil ni rápido recuperar al país, a estas alturas, ya lo que pido de un candidato para darle mi voto es sinceridad, honestidad y valentía. Que me diga:

“Amigo, no tengo idea de cómo hacer para levantar este país en ruinas, pero vamos a echarle bolas juntos”.

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