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Archivo de la categoría: Fotografía

Faroles y postes

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Revisando CD de fotos que tenía guardados, conseguí este lote de imágenes que me llamó la atención pues corresponden a fotografías tomadas en Europa en el 2006, en Estados Unidos en el 2011 y en Venezuela en el 2012 y todas tienen, bien sea en primer plano o en un plano destacado postes y faroles que les dan un cierto aire de nostalgia.

Al observarlas, noté que los postes y faroles ejercen una cierta fascinación en mí que no sé exactamente como definir y que no es de reciente data. Tal vez la manía de incluir en el encuadre los postes o los faroles sean producto del cine, de esas películas románticas en las que siempre aparece en plano protagónico un farol en la escena de la separación o del encuentro de los amantes. A lo mejor es una metáfora en la que la mente pide “más luz” o, probablemente, en la actualidad se una especie de premonición de que en cualquier momento en Venezuela nos quedamos sin la corriente eléctrica.

No sé a qué se debe la obsesión con ellos, solo sé que  me gusta, en lugar de eliminarlos de la imagen, convertirlos en personaje principal de la foto.

Si pasas por este post, las miras y te animas, deja la impresión que te causan, tal vez tu opinión ayude a desvelar la obsesión.

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Festival del Renacimiento en Texas 2011

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En un pequeño pueblo, al norte de Houston, Texas, en Estados Unidos, se desarrolla cada año el Festival del Renacimieto, un evento en el que se recrea la vida del Siglo XVI, sus vestidos, aromas, sabores y fiestas. Es una experiencia que vale la pena disfrutar y que en octubre de 2011 tuve oportunidad de vivir.

No es un viaje en el tiempo, es bueno aclararlo, nada riguroso ni completamente fiel a la época. Es solo una diversión, una especie de parque temático donde la gente acude a pasar un día divertido y diferente. Un evento muy al estilo gringo, superficial y entretenido que cumple con su cometido de ofrecer al público una feria con personajes y eventos, juegos y productos alimenticios y de artesanía que lo sacan a uno de la cotidianidad para imbuirlo en un mundo de sueños y fantasía y donde los americanos beben hasta convertirse en verdaderos bufones cómicos y atrevidos.

Sobre la edición del festival en el 2011 van las fotografías que comparto a continuación.

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Lucubraciones de un Rey cazador o ¿debe un monarca pedir permiso o pedir perdón?

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Creo que ha llegado el momento de dejar este palacio y salir a ver el mundo de verdad. Comunicarme con la gente más allá de actos oficiales y de asesores que, o bien no están al tanto de lo que acontece, o simplemente no se atreven a hablarme claro y sin tapujos sobre lo que se debe hacer o no hacer en estos tiempos. Sobre lo que es políticamente correcto o no.

El mundo parece haber cambiado en los últimos años y yo como que estoy estancado en el pasado, creyendo que la gente es la misma de antes y que con el simple hecho de ser Rey todo se  me aplaude y todo se me disculpa.

Estos días de reposo los voy a destinar a ponerme al día sobre los cambios que se han experimentado en el mundo. Me voy a abrir una cuenta en twitter, aunque sea con seudónimo,  y voy a tratar de conocer personalmente lo que la gente realmente piensa del Rey y de la monarquía porque sospecho que ya no somos tan bien vistos como antes o, al menos, parece haber un importante sector de la opinión pública interesado en desprestigiarnos en hacernos ver como algo más perjudicial para el país que beneficioso.

Intereses ocultos tienen que estar detrás del escándalo por la fotico con el elefante. ¡Joder, si hasta hace nada una foto como esa habría despertado la admiración del mundo entero! ¿Cuándo dejó de ser la cacería una actividad deportiva bien vista para convertirse en un acto cruel y deleznable?

Gente que yo jamás pensé que se me enfrentaría ahora anda hablando mal de mí por la foto de marras. Idiotas que hasta hace nada aplaudían y se inclinaban a mi paso hoy se atreven a criticarme y a señalarme con el dedo como una persona impresentable. Hasta el periodista aquel que hace unos 30 años me felicitaba por la caza del tigre y me pintaba en sus reseñas como un héroe en safari y alababa mi valentía por enfrentarme a semejante fiera salvaje con tan solo una escopeta, hoy se atreve a decir que la imagen del Rey delante del elefante moribundo le produce náuseas y siente herida su sensibilidad ante el sufrimiento del pobre animalito.

¡Coño, pero es que si hasta de ese país medio salvaje y bárbaro en Suramérica, cuyos habitantes me aplaudían a rabiar hace algún tiempo porque mandé a callar al gorila ese que los gobierna, han llegado firmas para que se me quite el cargo de presidente honorario del WWF! ¡Imagínense, un país donde mueren cerca de 200 personas en un fin de semana por la violencia y la delincuencia, se molesta en firmar una petición on line por la cacería de elefantes en África!

Hace 200 años cualquiera que se atreviera a hacer semejantes señalamientos al Rey habría muerto en la horca… Cuando Franco tal vez habría habido algún crítico desaparecido o torturado hasta hacer que se retractara pero, evidentemente, el mundo es otro. Tan otro, que me tildan de cruel por practicar algo que hasta hace nada era visto como un deporte de gente bien. Una tradición incluso, que despertaba la admiración de nobles y plebeyos. ¿Acaso no es una actividad permitida en África? ¿Qué ley se supone que infringí al disparar a la bestia de más de 3 mil kilos?

Tanta sensiblería por una bestia me tiene desconcertado. Nadie me quita de la cabeza que todo no es más que una campaña de desprestigio estimulada desde la cochina izquierda radical que siempre ha querido hacer que la monarquía desaparezca y ahora se vale de la protección a los animales, que parece estar de moda en todo el mundo, para hacerme ver como un ser cruel que goza con el sufrimiento de los animales.

Lo peor es que no se qué debo hacer en estos momentos. Me siento como aquella miss que se pregunta si es preferible pedir permiso o pedir perdón. ¿Tendré que salir a ofrecer disculpas a la gente que se sintió ofendida por la foto del elefante o, por el contrario, me hago el tonto, aprovecho que estoy de reposo y dejo que el tiempo se encargue de hacer que todo el escándalo se olvide?

¿Tendré que pedir permiso la próxima vez que se me ocurra salir de cacería o, simplemente, debo decir que no volveré a cazar porque ya no tengo edad para eso y representa un verdadero peligro?

¡Coño, que no logro entender por qué tanto revuelo! ¿Qué creían esos que hoy se escandalizan, que antes salía a cazar con dardos de anestesia para no hacer sufrir a las bestias?

Definitivamente, el mundo ha cambiado. No sé si esta gente realmente está tan sensibilizada con respecto a los animales o si es sólo una moda más que pasará. Lo que tengo claro es que al levantarme de esta cama haré menos caso de asesores y expertos y me dedicaré a estar más en contacto con el mundo, con lo que pasa, con los cambios, con la gente, para que no me vuelvan a crucificar por algo que, hasta hace nada, era visto como normal, esperado y admirado en un Rey.

Oh la la! aventura parisina

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Octava entrega de “Viaje a España y París en 2006″.

Fin del viaje.

Martes, 28 de marzo
El viernes nos levantamos temprano y nos fuimos a almorzar con una prima de Mercedes. Caminamos un rato por los alrededores de la Almudena y luego almorzamos en un sitio bien sabrosito. Después regresamos a casa y a preparar las maletas para irnos a París.
Salimos del aeropuerto de Barajas a las seis y pico de la tarde y llegamos a París a las nueve y pico, tomamos un autobús hasta la estacion del metro Les Invalides y de allí nos explicaron cómo llegar al hotel que teníamos reservado, que queda un poco en las afueras de la ciudad.
En fin, que cuando llegamos al hotel  ya eran casi las once de la noche. Tocamos para que alguien nos abriera y poder entrar y resultó que nadie salía. Después de varios intentos, nos dimos cuenta que en la hoja de reserva había una nota en la que decía que si uno iba a llegar después de las nueve de la noche debía pedir un codigo de acceso por teléfono para poder ingresar al hotel.
Entonces, resolví ir a averiguar en un restaurant-bar que estaba cerca y, en mi francés chimbo, le pregunté a la señora si sabía dónde había un teléfono público cerca. Ellá, muy amablemente, me prestó el suyo y resultó que hablaba bastante español por que es de Marruecos, de una zona fronteriza con España.
LLamamos al número que ponía la reserva y nadie respondió, salío una grabadora para dejar mensaje, lo hicimos y luego la chica, que en realidad tenía pinta de putona, me explicó que en ese hotel no quedaba nadie en recepción por las noches y que debíamos buscar otro hotel para esa noche.
Desgraciadamente, la noche ya estaba pagada en ese hotel y, de todos modos, tuvimos que salir a buscar un sitio que me indicaron allí en el restauran.
Después de mucho caminar y dar vueltas, ya eran cerca de las doce de la noche y estaba empezando a llover, nos conseguimos a un chico a quien le pregunté por un hotel y afortunadamente, no solo nos explicó cómo conseguirlo sino que nos acompañó en el metro hasta la estación donde nos debíamos bajar.
Además, nos enseñó cómo pasar en el metro, dos personas con un mismo ticket y así ahorrarnos unos cuantos euros. A partir de allí, pasábamos de a dos con cada ticket del metro.
Llegamos a donde Fabio, el chico que nos dijo dónde podiámos encontrar alojamiento nos dijo, y allí pasamos la noche en dos habitaciones a 46 euros cada una. Dejamos las cosas en el hotelucho y fuimos a comer al Mc Donalds que estaba en frente que era lo único que estaba abierto a esa hora. Comimos, dimos una caminadita y, como la zona no era muy bonita, decidimos irnos a dormir.
El sábado nos paramos temprano y nos fuimos al hotel que ya teníamos pagado, nos instalamos, desayunamos, nos bañamos y nos fuimos a patear por las calles de París.
Al primer sitio que fuimos fue a la Tour Eiffel, bellísima, allí nos tomamos unas cuantas fotos, caminamos un rato, bajo una lloviznita ladilla y seguimos camino a otros sitios. Cuando íbamos pasando por la orilla del Sena, vimos unos botecitos en los que la gente paseaba y decidimos averiguar para ver si el presupuesto nos daba para el paseo.
¡Ay, qué pobres somos! Había unos paseos que incluían almuerzos, champaña y música en en vivo por 100 euros o más por persona. Afortunadamente, hay unos botes menos lujosos para el bajo perraje, sin comida ni champan ni música en vivo pero igual se recorre parte del rió y en ese sí nos montamos.
El paseo fue maravilloso, es bellísimo ver las ciudad desde las aguas del río. Ya al final del paseo, nos cayó un aguacero, pero de todos modos lo disfrutamos un montón.
De allí nos fuimos a recorrer los Campos Elíseos. Un paseo muy hermoso pero, cuando íbamos por la mitad, se desató el palo de agua y nos echamos tremenda mojada. Total, que entonces decimos ir al hotel y descansar para prepararnos para la noche. Comimos en un sitio cerca del hotel, comida árabe bien sabrosa, dormimos y en la noche nos paramos, nos bañamos y nos fuimos a buscar juerga.
En un bar nos vieron la cara de pobres y como estaba bastante repleto no nos dejaron entrar, así que nos fuimos a otro y allí estuvimos hasta las cinco y media de la mañana, cuando regresamos a dormir al hotel.
A las diez de la mañana nos levantamos y nos fuimos a patear París. Eso fue el domingo, fuimos a terminar de  recorrer los Campos Elíseos, los Jardines de las Tuilleries, la Plaza de la Concordia, el Museo del Louvre (por fuera, porque no daba tiempo de entrar), la Catedral de Notre Dame por fuera y por dentro. De allí, fuimos a comer a un sitio donde conseguimos un menú con sopa de cebolla de primer plato,carne a la pimienta de segundo y de postre crepes de chocolate, todo por supuesto con un vinito de la casa.
Después comenzamos a buscar La Bastilla y, camino hacia allá, vimos un sitio que se llama la Plaza Vosge. Como nos llamo la atención, entramos y resultó ser una especie de plaza a cuyo alrededor hay un montón de galerías de arte, cafés y restoran, todo muy bello y la gente con pinta de ser muy bohemia. Allí mismo, está la casa de Víctor Hugo.
Luego fuimos a dejar las babas por todo el piso del centro George Pompidou, con la tiendita de objetos de diseñadores y la librería ¡y uno tan pobre!
Desde allí nos fuimos a La Bastilla, llegamos, la vimos y luego nos fuimos a Monmartre, a visitar la catedral del Sagrado Corazón, una de las iglesias más bellas que hemos visto, incluso nos gustó más que Notre Dame. Tiene una energía muy especial y particular que hasta el más insensible de los seres (yo, por ejemplo) la percibe y como ya era de noche se veía París bellísimo.
De Monmartre bajamos y nos fuimos a buscar el Moulin Rouge. Caminamos hasta allí y, por supuesto, nos conformamos con verlo por fuera y tomarnos las fotos en la fachada, porque cobres, no hay.
Caminamos esa calle de la perdición y el sexo donde está el cabaret y allí cenamos en un sitio de comida china rápida, con pato laqueado y todo. Fast food pero muy sabrosa. Después, como se imaginaran, nos fuimos a dormir, mamaos pero felices.
Ya el lunes, como era el día del regreso, nos paramos y nos fuimos directo a la iglesia de Sant Denís, una joya del gótico donde están enterrados los reyes de francia. La vimos, entramos, me sorprendió ver a unos niños como de primer grado que habían llevado para hablarles de la Historia del Arte y de la arquitectura,  ¿qué tal?
De allí nos fuimos a la callé Rivolí, donde habíamos visto una tienda de ropa con unos precios buenísimos. Nos compramos unas mariqueritas y, como nos quedaba un tiempito, nos fuimos a la Defense, la parte más nueva de París y que realmente vale la pena conocer y ver el contraste con la parte antigua. Las dos parises son espectaculares y en ambas hay arte para donde uno mire.
Nos comimos unos pancitos con queso de raclette y tomates confitados, sentados allí, en los banquitos de granito de la plaza de la Defense y de allí al aeropuerto para el regreso a Madrid.
El vuelo de regreso salió con una hora de retraso. Cuando llegamos a Madrid, ya no había autobuses y tomamos un taxi. Al ratico de estar montados, nos paró la policía, nos hizo bajar y uno de los guevones esos se arrechó porque le dije que yo pensaba que eso ocurría solo en Venezuela. Total que se puso a echar pestes de los latinoamericanos, discutimos, al rato el pidió disculpas, yo pedí disculpas y, por fin, de nuevo a la casa a dormir.
Hoy, nos paramos bien tarde, comimos y por la tardecita nos fuimos a ver la Basilica de San Francisco El grande, es de las mejores que hemos visto, incluso mejor que La Almudena. Después, nos fuimos a ver un espectáculo con el Ballet Nacional de España en el Teatro de la Zarzuela. La pieza era la clásica “El Café de Chinitas”, con las canciones de García Lorca y con reproducciones de los telones originales de Dali. Nos quedamos todos con la boca abierta de lo maravilloso que estuvo el ballet.
Del teatro para la casita, a comer y a escribirles estas pendejadas y a ver como le sacamos el jugo a los poquitos días que nos quedan aquí…

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De vuelta de Barcelona…

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Sexta entrega de “Viaje a España y París en 2006″

Martes, 21 de marzo 
No se a qué coña tecla le dí que, cuando ya estaba terminando de contarles del viaje a Barcelona, esta verga me lo borró, así  que aquí voy de nuevo.
Nos fuimos en autobús a las 3 y media de la tarde y llegamos a Barcelona como a las once y cuarto con las debidas disculpas del chófer del autobús por el retraso ya que, se suponía, de debiamos llegar a las once.
Del terminal de Sants en Barcelona, agarramos el metro y nos fuimos al ático que teníamos reservado en un hostal. Un apartamentico con dos habitaciones, baño y cocina. Comimos unos panes con chorizo y queso al llegar y nos lanzamos a las calles catalanas a descubrir la noche.
La Rambla y el Paseo de Gracia estaban hasta el papo de gente. Todo el mundo buscando marcha a pesar de que había un frío que te cagas.
Después de dar unas cuantas vueltas, perdidos como es costumbre, nos metimos en un barcito de lo mas agradable y luego nos fuimos a una disco que es el templo de la perdición pero donde uno la pasa muy bien.
Lo malo del viaje fue que el tiempo no estuvo con nosotros y estuvieron los días nublados e, incluso, llovió un rato. De resto, Barcelona nos encantó.
Conocimos la iglesia de la Sagrada Familia y subimos el mollejero de escalones de la torre para ver la ciudad. No se quien me manda a mi a inventar si yo me monto en una silla y me da vértigo. Pues, igual subí y de verdad que a pesar de las ganas de vomitar es un espectáculo ver la ciudad desde arriba y ver los detalles de la iglesia desde cerca.
También estuvimos en el parque Güell y visitamos la casa donde vivía Gaudí, aunque el paseo es agotador proque es todo en pendiente y monte arriba todo lo que uno se encuentra es maravilloso y, desde arriba, se ve muy bonita la ciudad.
Conocimos el hospital de Sant Pau, vimos por fuera La Pedrera y la casa Batlló porque para entrar hay que pagar muchos euros, para variar, y ni que hubieramos traído un costal de plata…
Paseamos por la plaza Catalunya, el Barrio Gótico, el Puerto, el Arco de Triunfo y, por supuesto, por la Rambla un monton de veces, porque uno no se cansa de recorrerla y cada vez descubre cosas nuevas, aparte de que la gente que se ve por allí es bellísima.
En la Rambla vimos los stands de animales. Si buhoneros que venden animales y accesorios para mascotas en pleno paseo. Hay por montones y es muy bonito verlos, además de los puestos de flores, el mercado de la Boquería y las estatuas vivientes que hay por coñazos.
También entramos a la Catedral, donde nos afocaron pues había servicio en ese momento y a la mitad del templo, tenían puesto un videovim para que los devotos pudieran ver al cura mientras daba la misa, realmente un contraste esa tecnología con la piedra antigua de la construcción.
Almorzamos 2 días en un sitio que se llama la Vaca Paca. Es un lugar de todo lo que puedas comer por el mismo precio, muy sabrosito y resultó que el segundo día nos atendió un gocho de San Cristobal que tiene 3 meses en Barcelona, su cuñado que es gocho de Mérida es el encargado del restaurant, ¿que tal? los gochos estamos en todos lados como el hambre.
El domingo en la noche nos volvimos a ir de marcha, pero solo hasta las 3 y media de la madrugada, no como el primer día que llegamos al hotel ya cerca de las seis y, el lunes, dimos un paseo con Juan Pedro y de vuelta al autobús, con el cuerpo magulladito pero con un saborsito a felicidad por dentro que a ver quien nos quita lo bailao y lo pueden tomar literalmente.
Hasta aquí por ahora, ya les contaré cómo nos va estos días en Madrid y, por supuesto, como estará el fin de semana en París, oh la la…!

En busca del museo perdido…

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Quinta entrega de “Viaje a España y París en 2006″

Jueves, 16 de marzo
El viaje a Segovia se volvió a posponer porque no íbamos a tener cámara fotográfica y yo sin una cámara en España no soy nada. Ya quedará para la semana que viene cuando regresemos de Barcelona.
Por lo pronto, ayer nos fuimos a buscar el Museo del Traje (traje de vestido no de traer, brutos), pateamos como desesperados porque, cosa extraña aquí, no hay casi información acerca de este museo. Sólo sabíamos que debíamos bajarnos en la estación Ciudad Universitaria del metro, y así lo hicimos.
Salimos justo a la Universidad Complutense, inmensa como todo aquí y muy bonita. Lo mejor de todo es que el frío ya está pasando y algunos árboles ya están empezando a florear, todo está agarrando más colorido y se está poniendo mucho más hermoso, ya hasta han puesto algunas flores en los jardines y en los postes de luz. En fin, me imagino que dentro de un mes todo estará más lleno de vida y color, con la primavera en todo su esplendor, lástima que ya no vamos a estar por aquí.
Bueno, me desvié. como les decía, salimos a la Complutense y al decidir hacia qué lado agarrar para conseguir el Museo del Traje, pues sí, decidimos mal y nos fuimos al lado contrario. Cuando llegamos a una esquina y preguntamos, nos enteramos que debíamos regresar todo lo andado. Lo bueno es que aquí vale la pena perderse porque siempre se consiguen cosas interesantes que ver.
Total que preguntamos y una chica muy amablemente nos dijo “pues tira para allá y en la rotonda (léase redoma) coges hacia allá y justo allí está el museo” y emprendimos la marcha atrás.
Caminamos de nuevo toda la avenida que divide la complutense y seguimos dándole y, de pronto, nos conseguimos con el Museo de las Américas y el Faro de la Moncloa y allí se acababa el camino.
Vuelta a preguntar y nos dicen que nos habíamos pasado un buen trecho y que debíamos regresar hasta la rotonda. Una vez allí, volvimos a preguntar y esta vez sí, a la señora que le consultamos se le ocurrio decirnos que debíamos cruzar la calle pues, el museo se encuentra en la acera de enfrente.
Por fin, encontramos el dichoso museo, entramos y resulta que ya eran las cinco de la tarde y el museo cierra a las seis, así que no nos iba a dar tiempo de ver gran cosa. Decidimos no entrar, y dejar la visita para hoy.
Entonces, nos fuimos a Popland, una tienda cheverísima en la que uno puede pasar como dos horas jurungando y descubriendo un montón de objetos y curiosidades, todas de la época y estilo pop, y muchas cositas de uno o dos euros. Total, un espectáculo, con cosas de Elvis Presley, Marilyn Monroe, Betty Boo, Mazinger Zeta, lámparas y objetos sesentosos y setentosos que provoca tener un costal de cobres para llevarse muchas cosas, de verdad que es una tienda increíble.
De allí, nos regresamos a la casa y a dormir.
Hoy, después del almuerzo, estos días me estoy levantando un poco más tarde porque duermo menos ya que estamos compartiendo el cuarto Yofrank, José, Cristian y yo y, de verdad, que el concierto que dan ese trío de tres es un poema. No cierran la jeta un minuto en toda la noche y los ronquidos suenan como una locomotora mezclada con una cafetera vieja y metidas en una jaula con oso y leones. ¡Ojo, que no exagero!
Total que almorzamos y nos fuimos al dichoso Museo del Traje. Pues, valió la pena todas las vueltas. El edificio es una construcción moderna que gano el Premio Nacional de Arquitectura en 1969 y, originalmente, era el Museo de Arte Contemporáneo pero, una vez que sacaron a éste de allí, dedicaron el espacio al Museo del Traje.
El recorrido por el museo es interesantísimo y todo es muy interactivo con pantallas de computadoras para consultar y hacer una visita virtual al tiempo que se hace la real. Allí vimos trajes muy antiguos y muchos actuales de grandes diseñadores. Incluso consegumos un vestido, a que no adivinan de quién, pues sí, de la venezolanísima Carolina Herrera, junto a Dior, Galiano, Pertegaz, Vittorio y Luchino, Balenciaga, Agatha Ruiz de la Prada, y un largo etcétera.
Después de allí, pateamos otra vez para buscar la calle Almagro, en la que en el número 30, sótano, habría una éxposición colectiva en la que se expondrían unos dibujos de Orlando Urdaneta (hechos por él no de él) pero, al llegar allí, nos conseguimos que estaba cerrado y un chico que estaba haciendo el montaje de una exposición de un colombiano en la galería que se encontraba en el primer piso, nos dijo que en ese sótano casi no habían visto luces encendida durante la semana. En fin, que volveremos a intentarlo otro día.
De alli, empezamos a caminar sin rumbo fijo, lo cual es una delicia en esta ciudad. Pasamos por el Tribunal Supremo y caímos a la calle Alcala. La recorrimos un trecho y, en eso, vimos una iglesia que estaba abierta, la Capilla de San José, entramos y nos deleitamos con la arquitectura y las imágenes de los santos, muy hermosas todas.
Cuando ya íbamos de salida vimos una lápida en la pared y ¡oh, sorpresa!, allí ponía que en esa capilla se había casado Simón Bolívar con María Teresa del Toro ¿qué tal? Entonces vimos que entró un grupito de cuatro turistas y se pararon al lado de la lápida a tomarse fotos. Eran venezolanos y, aunque no hablamos con ellos, por la actitud y la pinta se veía que eran chavistas. Entraron, se tomaron la foto junto a la lápida y, sin ver más nada, salieron. Me pareció que uno de ellos es uno de los nuevos diputados de la Asamblea, creo haberlo visto en tv.
Y así terminó, el día, caminamos otro ratico, nos tomamos un café y de vuelta para la casa.

Madrid-Granada-Córdoba

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Cuarta entrega de “Viaje a España y París en 2006″

Lunes, 13 de marzo
Pues como se los dije, este fin de semana nos fuimos a Granada, alquilamos una camioneta Peugeot y salimos como a las 4 de la tarde, con Cristian manejando porque es el único que maneja sincrónico, así  que se jodió porque le toca manejar a él todo el viaje.
Llegamos a Granada como 10 de la noche y, la verdad, es que es un verdadero peo ir sin tener reservado un hotel o una pensión. Tuvimos que recorrer muchas avenidas y calles buscando dónde quedarnos y, finalmente, nos tuvimos que alojar en un hotel más costoso de lo que pensamos, pero bueno, teníamos que dormir.
No sé que energía extraña tiene esa ciudad que uno no se cansa, a pesar del viaje y del cansancio buscando el hotel, esa noche casi no dormí, con solo descansar un poco ya uno se repone y carga las pilas.
El sábado nos levantamos y nos fuimos directo a la Alambra, una verdadera maravilla. Allí uno termina de cargarse de energía y, a pesar de que es inmensa y uno se la recorre a pie, no se siente la fatiga.
Después de la visita a ese lugar espectacular, recorrimos un rato la ciudad, comimos y otra vez a patear Granada buscando donde dormir que fuera un poco mas económico.
Por fin, coseguimos una posadita que, en un principio, pensamos era una posilga, pero no. Eran unas habitaciones de lo más bonitas y aseadas, en un edificio de esos típicos andaluces con sus ventanitas y balcones pequeñitos.
Alli descansamos un buen rato y luego nos fuimos de marcha. Entramos en un antro de lo más simpático y, luego, visitamos una disco de pura gente jovencita.
Realmente es impresionante ver el movimiento que tiene esa ciudad, sólo a partir de las 12 o una de la madrugada es que empiezan a abrir algunos sitios y a esa hora se ve el montón de gente caminando por las calles buscando bonchar.
Sin peos de inseguridad, ni miedos y sin que nadie se meta con nadie. A la disco llegamos como a las 3 de la mañana y estaban apenas abriendo y la chica de la barra nos dijo que el sitio se llenaba a partir de las cuatro y media de la madrugada, ¿que tal?
Y, efectivamente, así fue. Ya cuando los cuatro viejitos nos ibamos a dormir muertos de cansancio, la  discoteca se estaba poniendo a tope.
El domingo, nos levantamos a las 9 y media, desayunamos y arrancamos rumbo a Cordoba, a donde llegamos como a las dos de la tarde, comimos en una terraza bien bonita y sabrosa y luego nos fuimos a visitar la mezquita, otra de esas maravillas que uno no se cansa de ver en España. El recorrido duro como dos horas y media y luego, de allí fuimos a los callejones de mercancia típica y árabe.
Finalmente, despues de dar un último paseíto por las calles de Córdoba, agarramos el coche y de vuelta a Madrid, a donde llegamos a eso de las diez de la noche, dormimos y el lunes lo dedicamos a reponer fuerzas para continuar pateando estas calles ibéricas esta semana. El miércoles pensamos ir a Segovia y, si Dios quiere, el jueves vamos a Valencia, para el viernes ir hasta Barcelona. Ya los tendremos al tanto de cómo continúa nuestra aventurilla por estas tierras peninsulares.
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