Canal RSS

Archivo de la categoría: Yoani Sánchez

#TwitterBlackOut mi TL sí estuvo apagado por 24 horas

Publicado en
Reporteros sin fronteras califica de inaceptable los argumentación de twitter para censurar

Reporteros sin fronteras califica de "inaceptable" la argumentación de twitter para censurar

La protesta convocada para el sábado 28 de enero en respuesta al anuncio de que Twitter censurará tweets en algunos países donde estos puedan ser considerados ofensivos o ir en contra de la legislación vigente fue acatada parcialmente.

Si, parcialmente. Inmediatamente, salieron quienes no estaban de acuerdo con la convocatoria a esgrimir sus argumentos en contra. Algunos decían que era

La bloguera cubana, Yoani Sánchez también se sumó al #TwitterBlackOut

preferible tener un twitter censurado que no tenerlo en absoluto. Otros que era absurdo protestar contra la censura, cesurándose. O que los ciudadanos de países con regímenes autoritarios serían los que más perderían. No obstante, la bloquera cubana Yoani Sánchez anunció su apoyo a la medida de protesta. Y el presidente de la Asociación de Internautas dijo que “en Twitter parece que se aplican a sí mismos la ley Sinde“,  el artista disidente chino Ai Weiwei quien dijo: “Si Twitter censura, dejaré de “tuitear”. También el bloguero egipcio, Wael Abbas se pronunció recordándole a Twitter que “todos nuestros tweets están violando la ley”.

En fin que las excusas para no sumarse a la protesta fueron variada, cada quien fue justificando su no acatamiento a la protesta y haciendo presencia en la red social de los 140 caracteres.

Yo, como vivo en un país donde las protestas desde hace 14 años tienen pocos o casi ningún resultado, precisamente porque siempre sale alguien que no está de acuerdo con lo que sucede pero tampoco lo está con el tipo de protesta que se proponga, acaté la medida y, resistiendo y venciendo el síndrome de abstinencia cumplí con mi Black Out. Ni un solo tweet salió ese día de mis dedos. Me volqué desesperadamente al facebook como el fumador que quiere dejar el vicio y se aferra al caramelo. Tomé agua, respiré profundo, caminé en circulos pero vencí la debilidad y no dije ni pío en la red del microblogging.

Lo cumplí, principalmente, porque me parece que cuando se trata de protestar por algo que no nos gusta o nos amenaza debemos hacerlo sin ponerse a

buscarle “peros” a la forma de protesta. Así lo he hecho desde siempre. Cuando llamaban a “cacerolear” desde las casas, me paraba en el balcón a darle al fondo de la olla hasta abollarla sin importarme ser el único en varias cuadras a la redonda que lo hacía. Llamaban a una marcha y allí estaba yo sin importar la hora y el calor sofocante de Maracaibo -llegué a mantener en el carro el kit de marcha: bandana, pito, bandera, y en cuanta manifestación encontraba me paraba y me sumaba-. Cuando llamaron a cerrar los negocios, mi tienda no subía la santamaría…

¿Qué pasa cuando convocan a una protesta y la gente afectada se divide entre los que la acatan y los que no?

Que la gente, acciones, organismos o instituciones contra los que se protesta se dan cuenta de que la división los favorece y llega a no importales que se proteste porque siempre habrá personas a las qué llegar. Entonces el poder ciudadano se diluye, se minimiza.

Si decimos: no compremos más esta marca porque no cumple con los requisitos de calidad o vamos a dejar de ver por 24 horas tal canal de televisión en protesta por su programación y salen individuos que son afectados por la marca o por la cadena de tv y, con la excusa de que no les gusta esa protesta, compran la marca o ponen el canal, los propietarios dirán:

-¿Qué me importa que unos cuantos no me vean o no compren si siempre habrá quienes sí, aunque no les guste?

Y tendrán razón con lo cual ellos se harán más poderosos, sus faltas quedarán impunes y los ciudadanos o usuarios cada vez más desvalidos y las protestas cada vez más vacías y sin sentido. Igual sucede con los gobiernos, como el venezolano al que las protestas le resbalan y siempre termina volteando la tortilla a su favor, la subvalora, banaliza y, por supuesto, no las atiende.

Cuando los ciudadanos nos unimos en una protesta, hacemos sentir que tenemos aunque sea un poco de poder y a quienes les protestamos les podría importar y afectar, tomando alguna medida al respecto. Pero si la protesta se hace aisladamente, parcelada o por pequeños grupos, y algunos incluso salen a hacerle el favor al protestado de desmerecer de antemano la actividad, todo seguirá como está y nada mejorará.

Sí creo que es mejor un twitter a medias que nada de twitter pero, si puedo

Al pájaro ya le han hecho una jaula

hacer sentir mi voz para tratar de mantener un twitter completo y sin mordaza, lo haré.
Si se consigue el objetivo, tendremos un twitter completamente libre, si no, pues habrá que buscar la forma de sortear la censura y de decir lo que queremos, aunque sea como lo hacen los cubanos que tuitean a ciegas a través de mensajes de texto telefónicos o bloguean por medio de interpuestas personas en el exterior por las limitaciones que tienen. Siempre se conseguirá la manera de evadir la censura, pero mientras se pueda pelear por mantener a twitter libre de censura, creo que es nuestro deber hacerlo.

Habría que darle de nuevo sentido a la consigna “En la unión está la fuerza” que, de tan manida y mal utilizada se ha prostituido y parece que ya no nos dice nada, palabras huecas…

A mis 47, descubrí que me siguen gustando las tetas de sabores.

La chef de la zulianidad, Ivette Franchi

Normalmente, para los 17 de noviembre en la noche, víspera del día de la Virgen del Rosario de Chiquinquirá,  la querida Chinita, patrona de los zulianos,  prefiero llegar a casa temprano y evadir el bullicio que se esparce por toda la ciudad, con amaneceres de ferias por todos lados, ventas de comidas y bebidas ambulantes por doquier que no hacen más que exacerbar mi agorafobia y el temor a salir a la calle y pasar a ser un guarismo más en las estadísticas de la inseguridad que galopa a gran velocidad por todas las ciudades del país. Prefiero llegar a la casa, ver televisión, leer, curucutear internet, vivir a través de las redes sociales la feria de La Chinita con las publicaciones que los amigos virtuales, menos temerosos que yo, postean desde los lugares donde se encuentran disfrutando de la fiesta.

Sin embargo, este año como se encontraba en Maracaibo para una visita relámpago mi sobrina María Fernanda, quien venía a pagarle una promesa a la milagrosa Virgen Morena, me sentía obligado a vencer mis miedos y llevarla a cenar algún sitio. Quería llevarla a algún lugar que le mostrara un poco la gastronomía maracucha sin tener que padecer los rigores del maremágnum de gente que se arremolina por todos los rincones de la urbe marabina para estas fechas.

Entonces recordé que, justamente la noche anterior, la chef de la zulianidad,

Hamburguesitas de carne, pollo y vegetariana

Ivette Franchi me había comentado vía BB Messenger que estaría junto al chef Néstor Colina, su inseparable colega, con un nuevo menú en el restaurant Bamgú en honor a la Virgen de Chiquinquirá, presentando su sabor zuliano en tríos, además de algunas especialidades que conforman parte de la comida callejera zuliana, reinterpretada por Ivette, con su estética característica y su inconfundible sabor zuliano.

Así que me pareció que la opción de ir a saborear los platos del menú “De lo urbano a lo profano”, como lo denominaron, en Bamgú era adecuada para mostrarle a mi sobrina parte de la zulianidad sin tener que sufrir el atronador ruido y la excesiva aglomeración de gente. Bamgú es un restaurant pequeño, acogedor, con pocas mesas y, esa noche, tenía el excelente acompañamiento de la sesentosa música en vivo de la agrupación “LPSesenta”.

Al llegar, las mesas estaban llenas, la misma Ivette Franchi salió a recibirnos y darnos la bienvenida con su dulce sonrisa y un fuerte y cálido abrazo. Luego de los correspondientes saludos, en vista de que las mesas estaban ocupadas, la chef nos invitó a sentarnos en lo que ellos denominan “la mesa de los chefs”, que no es otra cosa que la barra del local, donde estuvimos conversando con Ivette de todo un poco, escuchando sus proyectos para fines de mes en Mérida, a donde irá para un festival de pastelitos que, por casualidad, tendrá una de sus sedes en La Parroquia, mi pueblo natal, y sobre un programa que piensan desarrollar en diciembre y que consiste en intercambiar recetas impresas en

Yoyo, arepa de “agüita de sapo”, “tumbarrancho” y al fondo sandwich de punta trasera.

calendarios por juguetes que luego serían regalados a niños de escasos recursos.

Es que la Franchi es así, inquieta, imparable, siempre está rumiando nuevas actividades, nunca se toma ese reposo que desde hace algún tiempo realmente necesita para superar una persistente bronquitis que la atormenta.

Entre la amena conversa, la música del grupo, las sonrisas y bailes de mesoneros y dueños quienes no paraban de moverse y cantar al ritmo de esas viejas canciones interpretadas por “LPSesenta” y que hacían que nuestras cédulas rodaran sin piedad por el piso de Bamgú, la noche fue transcurriendo con armonía y alegría. La chef estaba feliz, las mesas no dejaban de ocuparse, durante toda la velada seguía llegando gente y, a ratos, parecía que fuera una reunión de amigos pues, como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, muchos amigos coincidimos en esa rica noche de zulianidad.

De comer pedimos un trío de patacones que constaba de tres rodajas de plátano verde tipo tostón cubiertas una con pernil y queso, otra con carne mechada y una última  con pollo; un trío de hamburguesas, una de carne, una de pollo y una tercera vegetariana a base de lentejas. El último trío estaba compuesto de

Patacones con pernil y queso, carne mechada, y pollo.

un “yoyo” (plátano maduro rebosado en huevo y relleno con queso y jamón), un “tumbarancho” (arepa rebosada en huevo y rellena con mortadela y queso) y una arepita de “agüita de sapo” rellena con pernil. Por sugerencia de Ivette, pedimos un sándwich de punta trasera para compartir.

La noche anterior, cuando Ivette me contó el menú, le había dicho que quería comer de todo.  Así fue. Probamos de todos los platos y pudimos comprobar una vez más que la chef logra captar todo el sabor callejero en sus platos, atribuyéndoles una estética particular al presentar la comida propia de puestos de la calle con formato de miniatura, pero conservando los sabores de la comida que le dan origen, refinándolos y convirtiéndolos en verdadera comida gourmet. Para terminar, de postre, pedimos unas “tetas” de toddy y de tamarindo, que me transportaron a mis 18 años, cuando por primera vez fui a Isla de Coche en Nueva Esparta, donde conocí por primera vez esos

Tetas de Toddy y de tamarindo

helados que hacen congelando los líquidos de sabores en bolsas plásticas transparentes de manera que queden con la forma de un pecho de mujer y a los que uno les abre un huequito por la punta para sorber el hielo, extrayendo todo el sabor dulce y frío del helado. A mis 18 años me encantaban y hacía mucho tiempo no los comía. La noche del 17 de noviembre, a mis 47,  descubrí que me siguen gustando las tetas de sabores.

Venezuela a imagen y semejanza de Cuba

Publicado en

Veo la foto de la “celebración” oficialista en la edición web de El Nacional y, de inmediato, cruza mi mente este texto publicado por Yoani Sánchez en su blog Generación Y el 7 de abril, exactamente, seis días antes de que se llevara a cabo la marcha de los oficialistas hacía Miraflores para festejar el regreso del comandante supremo el 13 de abril de 2002, luego del golpe de estado del 11 de abril.

“El eco de los gritos llega hasta mi balcón, en un compás marcado inicialmente con las piernas y acompañado por las gargantas. Faltan menos de dos semanas para el gran desfile que se planea hacer en la Plaza de la Revolución y los vecinos de varios kilómetros a la redonda ya estamos agotados por tantos preparativos. Calles cerradas, policías impidiendo el tráfico y pelotones haciendo estremecer las avenidas y sus aceras, por donde deberían estar circulando ahora autos, gente, cochecitos de bebé.

Me subo a la azotea para ver la coreografía de la guerra en toda su extensión. Mal van las cosas si el congreso del PCC comienza con esta procesión de bayonetas. Si realmente se quisiera dar una imagen de reformas, no serían estos uniformes de verde olivo los que se exhibirían en la jornada del sábado 16 de abril. ¡Cuánto desearíamos que ocurriera ese día una peregrinación de resultados, no de miedos! ¡Que se mostrara la larga fila de lo que pudiésemos lograr, no la aplastante demostración de un poderío militar que ni siquiera tenemos! ¿Se imaginan? ¿La calle Paseo y sus inmediaciones dando cobija a los sueños que proyectamos, no a los fusiles AK de metal frío y gatillo amenazante?

Este podría ser el desfile de las cosas que añoramos, una romería de júbilo en la que no habría que obligar a nadie a participar. Ningún director reclutaría a los escolares para pasar bajo el sol saludando hacia la tribuna y los trabajadores sentirían que el ausentarse no provocará una mácula en su expediente laboral. Una verdadera parada popular no derrocharía en un día los recursos que a la Nación le lleva varios meses gastar. Más bien brotaría espontánea, sacaría a la gente sonriendo a la calle y no nos dejaría con esta sensación de congoja que estos gritos sincopados nos producen hoy”.

Al contrastar las líneas de la bloguera cubana con la imagen plagada de verde militar y rojo revolución, el corazón se me paraliza por un instante. La similitud de lo narrado con la imagen vista en internet hace que me pregunte ¿cómo hemos permitido los venezolanos que la situación del país llegara a este extremo?

¿Por qué se ha ido convirtiendo un país sin libertades, una isla llena de injusticias y represión en el espejo del nuestro?

Todavía hoy, luego de 12 años, me es imposible ver la fotografía de la marcha hacia Miraflores y sentirme identificado. Me parece que la imagen no tiene nada que ver con la Venezuela que llevo en el alma y en la piel. No puedo creer que Venezuela sea un país de milicianos donde también, desde hace años, obligan a los empleados públicos, bajo serias amenazas de perder su trabajo, a asistir a ese tipo de concentraciones, a las que también llevan reclutados a los escolares.

Es difícil aceptar que todo eso por lo que en Cuba están luchando por superar, en nuestro país, lo estén imponiendo a fuerza de sobornos y amenazas.

Un día triste

Carmen Marquina y Golfredo Rojas, mis padres

Hoy, no he dejado de pensar en todo el día en papá, Golfredo Rojas. Murió hace 40 años, cuando yo apenas iba a cumplir los siete y, aunque lo pienso con frecuencia, el día de hoy se me ha hecho imposible apartar de mi mente su recuerdo y en mi memoria ha retumbado por horas la imagen de aquel pariente suyo a quien la Seguridad Nacional de Pérez Jiménez apostó, por días enteros, a la puerta de su casa para que lo vigilara y reportara todos sus movimientos.

También se me ha cruzado por la mente en muchas oportunidades durante el día de hoy, la imagen de Luis Vera Gómez, recordado gobernador del Zulia, pero sobre todo periodista, columnista y luchador por la democracia quien, también en tiempos de Pérez Jiménez, padeció cárcel y tortura y sufrió los rigores del exilio.

Creo que la presencia de estos dos hombres, venezolanos y luchadores por la libertad, a quienes conocí y

Luis Vera Gómez

admiré, es la responsable de la profunda tristeza que me ha invadido durante todo el día. Ni el trabajo –que hoy estuvo particularmente movido- ni las noticias de los acontecimientos ocurridos en el Sur del Lago o de los disturbios que se llevaron a cabo en Caracas por las protestas de los buhoneros, por un lado, y de los estudiantes, por el otro, lograron disipar esa nube gris de nostalgia que se apoderó de mi cielo durante todo el día.

He pensado mucho también en Yoani Sánchez, la valiente bloguera cubana. En sus dificultades para hacer

Yoani Sánchez

escuchar su voz de protesta a través de internet. En cómo se las ha tenido que ingeniar durante años para que su blog “Generación Y” pueda superar las barreras impuestas por el régimen de Castro. En cómo tiene que dictar sus textos por teléfono a amigos en el exterior para burlar la censura y que sus escritos vean la luz en el ciberespacio.

He recordado mucho la telenovela Estefanía con la eternamente bella Pierina España y la serie Gómez, con el inmortal hijo de Mérida, Rafael Briceño, ambas producciones de la ya hace tiempo fuera del aire RCTV.

No sé por qué, hoy, ha sido un día particularmente triste para mí. Tal vez mi tristeza se deba a los efluvios energéticos de la proximidad del solsticio de invierno y del último eclipse lunar del año que se verá hoy en todo el país. Desde 1554, no coincidía el solsticio con el eclipse lunar. Creo que el hecho de que la luz de la luna se apague, aunque sea por un ratico, me afecta más de lo que yo quisiera.

¡Ah, por cierto! Hoy aprobaron la Ley de Resorte que regirá las telecomunicaciones.

A %d blogueros les gusta esto: