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¿Saben una vaina? Yo también #Meiríademasiado

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Cuando el sábado subí al facebook, con el comentario que copiaré aquí más adelante, un artículo de Milagros Socorro con su “opinión personal” sobre el video “Caracas ciudad de despedidas”, pensé que con eso daría por despachado el tema y no se me había ocurrido escribir sobre el asunto en mi blog pues han sido muchos los artículos de opinión en prensa y web que han surgido al respecto y, para mí, el tema estaba como agotado al encontrar tanta abundancia de escritos, saturado con textos y comentarios en las redes sociales. Algunos artículos mejores que otros, unos de escritores y periodistas reconocidos como la propia Milagros o como Rafael Osío Cabrices -quien también le dedicó al video un post en su blog que, al momento de yo escribir estas líneas, ya lleva al pie 157 comentarios de sus lectores- y otros de personas menos populares, pero todos girando en torno al video de las despedidas.

Escribí en mi muro, para presentar el artículo de la Socorro: “¡Bravo! Debo confesar que cuando tropecé por primera vez con el video, lo paré a los pocos segundos de haber empezado y pensé: “Esta historia me la sé y no me interesa verla”. Luego, con la insistencia en Twitter denigrando de la película, burlándose de los muchachos que la hicieron y de los que dieron su testimonio, me tomé el tiempo de verla y llegué a la conclusión de que en esa pieza audiovisual es mucho más impactante lo que no se ve que lo que nos muestra. Está allí presentada de manera tal vez un poco torpe en la forma de expresarla una angustia que no solo atormenta a los chamos de Caracas, sino a los de todo el país. La angustia de sentirse en un lugar que no les ofrece un futuro y en cuyo presente no se pueden desarrollar a plenitud. Un país del que más que querer irse, sienten que los están expulsando. También pensé al ver que los testimonios los dan “hijos de papá” del este, como los estigmatizan en las redes, en esos “hijos de mamá” del oeste que seguramente también quisieran despedirse de Caracas y del país pero no tienen los medios para hacerlo. No nos gusta vernos cómo realmente somos, creo yo, y el video nos muestra algo que nos escandaliza por lo fatuo de los planteamientos pero eso también somos. En muchos casos fatuos, fútiles, y algunos quisieran poder sacar de Caracas a gente como la que da su testimonio en el video. Por eso digo que más dice lo que no muestra el video que lo que muestra que, al final, si lo hubieran querido, con edición y locución lo habrían enmendado pero prefirieron mostrarlo tal cual”.

No pensé en volver sobre el asunto hasta hoy, cuando al abrir el Facebook me consigo con que han creado una página que se llama “Me iría demasiado” en clara alusión a una de las frases expresadas en el video por uno de los entrevistados y destinada a mofarse no sólo del video, sino de sus realizadores y de quienes, de manera honesta, ofrecieron sus pareceres y opiniones a los que hacían el audiovisual y, no conforme con esto, al revisar mi muro, encuentro que el periodista de CNN, Carlos Montero, ha publicado en su página:

“¿Vieron el video “Caracas, ciudad de despedidas”? Me gustaría saber que les parece. Mañana lo analizaremos con Fernando Ramos, enviado especial de CNN a Venezuela”.

Y a continuación postea el video con la coletilla que reza:

“aquí el infame “documental” sobre Caracas ciudad de despedidas que tuvo más dislikes que reproducciones LOL”.

Al ver todo esto, no pude evitar preguntarme ¿Qué carajos nos está pasando? ¿En qué nos estamos convirtiendo? ¿Qué país es este?

¿Con qué derecho nos atrevemos a menospreciar, denigrar, maltratar, acosar, destruir a unos muchachos que lo único que hicieron fue expresar una opinión y manifestar una angustia, válida por lo demás, por la vida que se les está ofreciendo en un país donde en cualquier esquina parece haber una bala con nuestro nombre?

¿Qué país es este, donde ya vamos para una semana hablando de un video de poco más de siete minutos que no debería ofender a nadie porque allí solamente se muestra una verdad y una parte de una país, mientras que sale un exmagistrado del Tribunal Supremo de Justicia como Aponte Aponte a enseñarnos la gravedad del sistema judicial por el que nos regimos y la inmundicia del régimen que nos gobierna y con dos días de comentarios y unos cuantos artículos que casi nadie ni comentó, despachamos el asunto como si habláramos de la telenovela de moda?

¿Con qué derecho acosamos a estos muchachos del video por “sifrinos” y “superficiales” en un país donde el libro sobre comportamiento social y etiqueta de Titina Penzini donde al parecer nos enseña algo tan importante como “cómo sostener con una misma mano la copa de vino y el Blackberry para dejar libre la otra y así poder saludar a quienes se nos acerquen” se ha agotado en las librerías y en Twitter muchos darían lo que fuera porque la socialité les dedicara el más mínimo comentario?

¿Cómo Melissa Rausseo desde el sesudísimo programa “Sabado en la noche” se atreve a hablar, con su mandibuleo particular y sus piernitas cruzadas a lo miss, sobre los “sifrinos” del video?

¿Cómo se ha, prácticamente, obligado a los muchachos a retirar su video de Youtube por el acoso al que los sometimos por “superficiales” y “apátridas” porque se quieren ir a buscar un poco de seguridad y calidad de vida en otro país, después de que Venezuela entera contempló casi sin inmutarse cómo Franklin Brito perdía su vida en una huelga de hambre clamando por justicia?

Nos burlamos del “Me iría demasiado” del muchacho y estoy seguro que muchos de los que lo hacen, hace unos 20 años habrían dicho “Me iría burda” o “tomaría sendo avión y me iría”, o hace poco habría dicho “Bueno, yo tipo me iría”. Muchos venimos de aquella “generación boba” de Chirinos y ya sabemos en qué paró el exrector.

Comunicado de los realizadores de CCDD

Lo que diferencia a estos jóvenes es que lo dijeron ante unas cámaras y los realizadores lo pusieron tal como sucedió. Podrían haberlo editado, podrían haberles dado un texto escrito con palabrotas esdrújulas de esas que tanto parecen gustar a la intelectualidad del país, podrían haber presumido de profundidad, pero optaron por mostrarlo tal y como pasó. Y por eso los crucificamos. Los estigmatizamos diciéndoles “hijos de papá y mamá” porque nos acostumbramos a vivir en un país donde la mayoría son hijos solo de mamá y, en muchas familias, varios “hijos de mamá” con diferentes padres, todos ausentes.

Acaso esos muchachos de los barrios de Caracas, mensajeros de oficina que se gastan su sueldo de un mes en un par de zapatos Nike, no deben haber dicho también “Me iría demasiado” cuando los apuntan con un revólver para quitarles sus “pisos”. Tal vez el mandibuleo de estos sea menos pronunciado, a lo mejor un poco más malandreado el tono y, posiblemente, le agregarían al final a la frase: “De esta mielda”. Pero la intención y la angustia es la misma.

Inti Acevedo (@Inti) tuvo hace poco un terrible suceso en su casa, un robo en el que los amordazaron,  y en uno de sus tuits dijo que se iría del país y todos lo entendimos, lo apoyamos, le dimos palabras de consuelo. ¡Ah claro! pero es @Inti, el gurú de internet, el pana de muchos tuiteros. Pero los muchachos del audiovisiual manifiestan el mismo deseo y la misma angustia y los tildamos de “Sifrinos”, “Apátridas”, les decimos que se larguen, los despreciamos.

Imagino que después de todo este acoso esos muchachos además de quererse largar del país deben tener pavor de salir a la calle y que las hordas que los han insultado desde las redes sociales los agredan físicamente.

¿Es que nos hemos vuelto tan obtusos que ni siquiera somos capaces de entender una metáfora. Buena o mala, pero metáfora? Entonces un joven dice “me quiero ir porque quiero poder salir a las 3 de la mañana de una rumba” y lo tomamos al pie de la letra, no tenemos la capacidad de ir un poco más allá de esas palabras y entender que quiere decir que anhela vivir en un país seguro donde pueda salir a cualquier hora sin el terror de ser matado o, en el mejor de los casos, robado. No somos capaces de entender que esa frase encierra un deseo de poder salir con sus zapatos de marca, con su teléfono, con su Ipad, con su salario de motorizado, vendedor, lavacarros, o lo que sea, en la cartera sin el terror a su espalda.

La otra dice que quisiera sacar de Caracas a la gente o irse y llevarse en una cajita lo que le gusta de la ciudad, o algo parecido, y no podemos ver que lo que expresa es un profundo amor por esa ciudad en la que vive y quiere vivir y, como se le ha hecho tan invivible, quisiera poderla hacer a su gusto para disfrutarla sin tener que dejarla. Sin tener que irse porque más que querer irse lo que siente es que el país la está echando.

En fin, que no entiendo en qué nos hemos convertido. Veo lo sucedido con “Caracas ciudad de despedidas” sobre el que incluso opinan muchos que ni siquiera lo han visto, y digo “¡un poquito de por favor!”. No puedo menos que pensar (como muchas veces lo he pensado, por los mismos motivos que esos muchachos) que, de no ser porque no tengo papeles para estar legal en ninguna otra parte del mundo, yo también “me iría demasiado”.

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El “antes” es, hoy, más “ahora” que nunca

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La noche que transmitieron la entrevista que Eladio Aponte Aponte le dio a Verioska Velasco, yo jugaba con algunas fotos en la computadora. Las ampliaba, les daba más brillo y contraste, revisaba el Facebook y el Twitter, mientras escuchaba lo que el exmagistrado decía sin mirar mucho a la pantalla para evitar las náuseas.

Lo escuchaba y me sorprendía pensando: “Este desgraciado no está diciendo nada nuevo. Todo lo que dice lo conocemos de antemano. Seguramente, los del gobierno saldrán a decir que es un corrupto, como en efecto él mismo está asumiendo que lo es y como todos lo sospechábamos y, con la desfachatez y desvergüenza que caracteriza a estos revolucionarios de pacotilla, despacharán el tema”.

Me asombraba que lo que escuchaba no me causaba la más mínima sorpresa. Todo sonaba a más de lo mismo y parecería que mi capacidad de sentir asco rebasó su límite hace tiempo. Todo me lucía tan propio y “normal” de este “proceso” que lo escuchaba como quien escucha llover.

Entonces, hoy, me consigo con un artículo de César Miguel Rondón sobre las declaraciones del ex magistrado, titulado “El traidor Aponte” en el que termina diciendo:

“Esta es quizás la peor cloaca, la más asquerosa cloaca que se les haya evidenciado a los venezolanos.  Porque en el fondo, alguien decía ayer,  pero si esto no es nuevo, eso lo sabíamos. Sí, a lo mejor lo sabíamos o tan sólo, lo sospechábamos. Lo que no sabíamos era que uno de los delincuentes lo iba a destapar de esta forma o, como se dice vulgarmente,  “iba a prender el ventilador”.

 

Es cuando caigo en cuenta que, en realidad, no solo sabíamos lo que ha venido sucediendo en estos 14 años de “revolución” porque ha sido un secreto a voces que ha corrido como agua de cloacas desbordadas. Por un lado, alguna gente decente se ha encargado de decirlo pero, sobre todo, se sabía porque los mismos protagonistas se han dado a la meticulosa tarea de exhibir sus inmundicias sin ningún pudor y enorgullecidos de lo que hacen, con la actitud de matón de barrio que enseña sus tropelías para pavonearse de su poder y para amedrentar a quienes puedan pensar en atreveverse a enfrentarlos.

También esperábamos que en cualquier momento alguno de los involucrados saliera a “sapear” y a “echar dedo” para salvar su pellejo. Lo esperábamos porque es lo más lógico que suceda cuando se trata de chanchullos, tropelías, abusos de poder y corrupción entre malandraje de baja calaña como el que pulula en todas las instancias de poder de este carcomido, corrompido, prodrido y corroído régimen que parece eternizarse en Venezuela.

CHÁVEZ, ADAN, ALABÓ Y CONDECORÓ A APONTE POR “SU EMPEÑO EN IMPARTIR JUSTICIA”, etc

Entre matones de bajo perraje las palabras honor, pudor y vergüenza brillan por su ausencia. Entre este tipo de ratas de albañal lo que impera es el instinto más básico de supervivencia, ese mismo instinto que llevó a Aponte a cantar en los Estados Unidos toda la cochinada de la que fue cómplice y protagonista. Allí, en el criticado y señalado imperio “mesmo” donde seguramente pretenderá disfrutar de los dineros supuestamente obtenidos
a fuerza de sobornos, chantajes y pagos por hacerle el trabajo sucio al régimen y darle visos de legalidad.

A estos bandidos de bajo perraje ni siquiera se les puede catalogar como mafiosos porque en las mafias hay reglas y códigos de honor que se respetan hasta las últimas consecuencias. Es puro pillaje y piratería, traición y cobardía, supervivencia de ratas en un barco que se hunde y que por salvarse son capaces de hincarle el diente hasta a sus propias madres.

Los mafiosos de honor, como los de las mafias japonesas o italianas, una vez terminado de dar las declaraciones, hubieran tomado la daga y se habrían hecho sepukku para buscar limpiar su honor, como quiso el ex magistrado que creyéramos . Pero el suicidio por honor es mucho pedir a esta baja calaña que nos ha desgobernado por tantos años.

Creo que, al final, para lo único que sirve el asqueroso episodio Aponte Aponte es para derrumbarle la coartada a los amigos que continúan apoyando esta “revolución” bajo la excusa de que no quieren que vuelvan los excesos y abusos de la llamada cuarta república.

Después de escuchar de la propia boca del magistrado caído en desgracia lo que todos sabíamos pero que ellos se han negado insistentemente a ver, ya no les quedan excusas. Lo que tanto aborrecían de la democracia de hace 14 años, se continúa perpetrando y de manera más indigna, frecuente y soez que antes. Ya no pueden decir que no quieren volver a lo de antes porque Aponte Aponte nos demostró que ese “antes” es, hoy, más “ahora” que nunca. La pose de dignidad no les sentará nunca más mientras sigan alcahueteando con su silencio, complicidad y votos a este atroz régimen.

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