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La resaca de Marianella Salazar

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Escribió Marianella Salazar un artículo para El Nacional titulado “La gran resaca” en el que descarga contra la MUD toda la frustración y sensación de impotencia que nos dejaron a muchos los resultados de las elecciones del 07 de octubre.

Yo no voy a defender a la MUD. Primero, porque ya todos sus miembros están grandecitos y pueden defenderse solos. Y, segundo, porque en muchas oportunidades me han parecido timoratas, extemporáneas, desafortundas e inoportunas algunas de sus actuaciones y, en muchos casos, falta de pro-actividad a la hora de actuar.

Pero la descarga que le dio la articulista a la MUD me quedó rondando en la cabeza, como el estribillo de una canción que se queda en la mente hasta hacernos desesperar y buscar la forma de ponerlo en off.

Dice Marianella que la MUD ha debido exigir “…limpieza del registro electoral, el fin de las migraciones silenciosas con las cuales privaron a muchos electores de su derecho al voto, el que no se conculcaran derechos constitucionales de los venezolanos en el exterior, que se vieron imposibilitados de votar; en fin, si hubiéramos exigido mejores condiciones, a lo mejor no estuviéramos en esta esquina lamentándonos y en este estado de desolación, desconcierto, incredulidad”.

La leo y no puedo menos que estar de acuerdo. El grosero ventajismo del régimen en las elecciones, la evidente parcialización del ente rector de la elecciones (CNE) -puesto siempre de parte del gobierno-, la utilización de los recursos públicos tanto económicos como medios de comunicación y de logística a favor de la campaña del presidente candidato -nunca pudimos distinguir en qué momento era Presidente y cuándo candidato-. Y todas las condiciones injustas que se conocían de antemano y se aceptaron, hacen lucir la elección presidencial como cualquier cosa excepto justa y equitativa.

Pero la pregunta que me da vueltas en la cabeza hasta hacerla reventar es: ¿A qué se refieren Marianella y muchos otros articulistas cuando dicen que la MUD debió “exigir” condiciones?

Me pregunto ¿cómo se hace eso ante un poder electoral arrodillado y sumiso frente al poder ejecutivo?

¿Me paro y digo “si no revisan las condiciones y se hacen elecciones limpias, transparentes y justas “NO VOY A LA CONTIENDA?

Cuando pregunté en twitter, un usuario me respondió:

“con 6.5 MM en las calles y MUD pidiéndole al CNE q se desarrodille”.

Me pareció interesante y acertada la propuesta. Entonces pensé en qué podría suceder.

Seguramente, las cuatro vestales del CNE, con cierto mohín de damiselas ofendidas, recogerían la solicitud aparentando “imparcialidad” y luego de “analizarla” y “estudiarla a profundidad” llegarían a la conclusión de que dicha solicitud “no procede” porque todo es “claro y transparente” en los procesos electorales venezolanos, con el mejor sistema automatizado de votación de la bolita del mundo. Esto, seguramente, con el voto salvado del rector Vicente Díaz. O tal vez no.

Entonces, ¿qué hacer? ¿Quedarnos parados frente al CNE y “de aquí no nos movemos hasta ver satisfechas nuestras demandas”? ¿Comenzar una protesta violenta que le dé pie al régimen para decir que la oposición volvió por sus fueros golpistas y desestabilizadores? ¿Para que digan que la presencia de la gente convocada por la MUD equivale al grito de “A Miraflores” del 2002?

¿O ir ante los tribunales encargados de la materia electoral para exigir que ordene al CNE que atienda nuestra solicitud? Ah, pero ya sabemos también a qué intereses responde el sistema de justicia en este país y a quién rinde cuentas. Es decir que, muy probablemente, la sentencia dirá que “no procede” y volvemos al principio. ¿Qué hacer?

Pues nada. Así no vamos a elecciones el 16 de diciembre en la oposición. Boto tierrita y no juego más.

Entonces, viene Chávez y, con su sacrosanto dedo, lanza supuestos candidatos opositores en todas las gobernaciones y alcaldías. Gana todo los cargos bien sea con su candidato o con “su opositor” bajo una apariencia de legitimidad y volvemos a empezar de cero en la oposición. ¿Les suena aquello de la Asamblea Nacional toda rojita de 2005?

La trampa en la que está en estos momentos la oposición no es nada fácil de desmontar. La lucha seguirá siendo la de “un candidato de a pie contra un Estado” (Lanata dixit) y yo, de verdad, pienso que artículos como el de Marianella y opiniones como las de Diego Arria (por quien voté en las primarias) hablando del fraude en cámara lenta, en los que se dicen grandes verdades y claramente indican lo que hay que hacer y, todos sabemos, se debe hacer; pero sin dar la más mínima pista de cómo hacerlo, poco ayudan a desenredar esta madeja en la que nos ha metido un régimen impúdico y desvergonzado al que no le importa ya ni siquiera guardar las formas y apariencias a la hora de mantenerse en el poder a toda costa.

Como pueden ver, el texto de Marianela Salazar y este mismo, son más las dudas y angustias que dejan, que las certezas. Por ahora (como dijo el funesto animador de concursos de reinas de pueblo y artífice del 4F), lo único que me queda claro es que el 16 de diciembre, a como dé lugar, estaré de nuevo frente a la urna electoral.

Se acabó el fuego, pero el show continúa (o lo que nos dice una foto)

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Luego de varios días de infierno y fuego en Amuay, después de que llegara la espuma apaga incendios comprada al imperio mesmo a la carrera y, según dicen las malas lenguas -y repite la mía que no es muy santa-, de recibir en la madrugada la asesoría de expertos norteamericanos, a hurtadillas, sin que se sepa, pues la orden fue: me dicen en tres horas lo que hay que hacer y se me largan por donde vinieron, las gigantescas llamaradas que salían de los tres tanques incendiados de la refinería fueron extinguidas.

Se acabó el fuego. El país quedó sumido en una profunda depresión y tristeza. Las cientos de imágenes que se tomaron del suceso aún desfilan en nuestras mentes y cuando cerramos los ojos nos atormenta aquella foto de la camioneta Pick up con los cuerpos calcinados arrumados unos sobre otros, la de la señora sentada en la calle con lo poco que había podido rescatar de las brasas y su guacamaya abrazada, las de los automóviles convertidos en chatarra con la humareda y el fuego al fondo que parecían sacadas de una película de ciencia ficción de las que relatan historias del fín del mundo.

El estado de bb messenger de Rigoberto Colina, trabajador de Puramin, muerto en la tragedia, retumba en nuestras mentes:
“Gas metano a 24%. Gas H2S (sulfuro de hidrógeno) 4%. Nos estamos muriendo”.

Y las fotos de los animales quemados despiertan la sensibilidad del mas duro de los mortales. Luego de cuatro largos días de dolor, terror, impotencia, rabia y frustración, Venezuela queda hipersensible, a punto de llanto. Gran parte de los ciudadanos estamos en un estado de desolación tan fuerte que pareciera que en cualquier momento, por la más mínima cosa, arrancaremos a llorar.

Para la mayoría, tristeza y depresión son los sentimientos que nos acompañan y que sentimos nos obsesionarán por largo rato.

Es por eso que nos choca, sentimos una profunda repulsa y animadversión al contemplar la foto del Ministro Ramírez de lo más sonreído, posando alegremente, con sus ofensivas chaqueta y gorra “dojas-dojitas”, como diría él, frente a la cámara, como quien posa en un cumpleaños para el apagado de las velas.

La imagen es grotesca, el rojo de la vestimenta para una ocasión de duelo hiere la vista. Es como para gritarle: ¿Qué fue, Ministro, se está quitando el luto por las más de 40 víctimas fatales poco a poco?

Uno ve la fotografía y de inmediato recuerda a la hiena Izarra con su cínica sonrisa en CNN y su insensible comentario acerca de que Franklin Brito olía a formol cuando el agricultor se encontraba en los últimos días de la huelga de hambre que le costó la vida.

No podremos olvidar nunca la, en mal momento, citada frase del presaliente: La función debe continuar.

¿De qué materia fecal están hechos estos “socialistas” de pacotilla? ¿En qué albañal cultivan sus sentimientos estos “revolucionarios”?

No era nada difícil para el presaliente aparecer 40 horas después, como lo hizo,  y saludar humildemente a las víctimas y a sus familiares, pedir un minuto de silencio por los fallecidos en el accidente, pedir excusas a quienes pudieran pensar que esas muertes son su responsabilidad tomando en cuenta que él es el jefe del Estado que tiene a su cargo la administración y el resguardo de esas instalaciones petroleras y las vidas de quienes allí laboran. De una manera u otra, son su responsabilidad. Podría haber inmediatamente solicitado una investigación y anunciar al mismo tiempo que se indemnizaría a las víctimas.

Pero no. Todo lo convierte en un show que debe continuar. En el espectáculo con el que pretende humillar a quienes están en minusvalía frente a él, como la periodista de RCN. Todo termina reducido a show y a campaña electoral sin el más mínimo sentimiento de solidaridad con quienes sufren.

La imagen de Ramírez muerto de risa entre las ruinas de Amuay, es la representación gráfica de lo que hemos vivido los venezolanos estos 14 años. Largos 14 años de burlas y desprecio, de manipulación y vejación de un país al que le han bajado su autoestima a los subsótanos de la humanidad.

El fuego en Amuay se extinguió gracias a la llegada tardía de una espuma apaga incendios que, según mi escaso conocimiento y entender en materia de seguridad industrial, no debería faltar en unas instalaciones de alto riesgo como una refinería, pero el show continuó.

Es que la formación de todos estos revolucionarios del siglo XXI pareciera estar marcada por las pautas “showceras” que les da su comandante presaliente. El sabelotodo de todo. El que conoce a la perfección hasta de sonido de espectáculos públicos pues, según confesó en cadena nacional, en mejores tiempos para el país, fue animador de concursos de reinas de pueblos y narrador de caimaneras deportivas. Afición a la que lleva catorce años haciéndole honor pues, no puede ver un micrófono porque allí se queda pegado por horas, hablando más paja que radio “fiao”, echando cuentos y anécdotas que parecieran sacados de una edición barata de imitadores de García Márquez.

El Ministro podría haber honrado las circunstancias y una vez apagado el fuego, aunque fuese por pudor y humanidad poner cara de circunstancia, agradecer a los bomberos, pedir un minuto de silencio por los fallecidos, cantar el himno nacional en honor de las víctimas y largarse a celebrar en la intimidad de su casa, si era lo que se le antojaba.

Pero es que humanidad, sensibilidad, sentimientos, solidaridad, respeto, honor, si estos “socialistas” tenían, eran verdes y se los comió un burro. Como diría mi difunta madre.

¿Cómo no indignarse?

Ramírez sale hecho una fiesta en la foto de marras y Chávez lo felicita por la eficientísima labor extinguiendo el fuego. Nada dicen de los destrozos causados, de los costos económicos y ambientales, además de las vidas humanas y animales cobradas por el fuego que al decir de la mayoría de los expertos se originó por la falta de mantenimiento. La sonrisa de Ramírez demuestra que no tiene el más pequeño remordimiento, como si la refinería, su funcionamiento y control y las vidas de quienes allí trabajan no fueran su responsabilidad. Son más de 40 muertos y más de 80 heridos los que suma la tragedia. Por lo menos 100 millones de dólares diarios de pérdidas por paralización de la producción, miles de millones de dólares para reconstruur las instalaciones. El medio ambiente se ha visto seriamente afectado con daños irreversibles de contaminación atmosférica,  de los suelos y las aguas. Y, como dice el ingeniero Efraín Campos, especialista en confiabilidad, la reputación de Pdvsa queda en entredicho y su imagen internacional muy comprometida, ahora figura como empresa  ineficiente e insegura que aleja a los inversionistas.

De nada de estas consecuencias han hablado ni el Ministo ni el presaliente. A ninguno de los dos parece remorderles en lo mínimo sus consciencias. Hacen espectáculo repartiendo casas cual nuevo rico que a punta de real pretende expiar sus culpas y, por supuesto, el show debe continuar.

Se fue el fuego de Amuay. Nos queda la tristeza, el dolor, la indignación y la terrible certeza de que, para el oficialismo, Venezuela no es mas que una tarima en un templete de feria de pueblo en el que al animador de la elección de la reina lo único que le importa es que el show continúe.

48 horas de indignación y tristeza por Amuay

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Debo confesar aquí que para reaccionar con ira ante las cosas importantes de la vida soy un poco lento. Así como para las nimiedades tiendo a armar un escándalo y a gritar de manera inmediata, como cuando me consigo el tubo de pasta dental apretado por la mitad; para lo realmente serio, tiendo a ser caviloso y tomarme mi tiempo para reflexionar sobre el tema.

Así me sucedió la mañana del 25 de agosto cuando me desperté y me encontré con la noticia de la explosión en el Centro Refinador de Paraguaná, CRP. De entrada, sentí como un dolor en el pecho, se me hacía difícil imaginar la magnitud de la tragedia. Comencé a leer informaciones, a ver fotos, a enterarme de la cantidad de muertes acaecidas y la furia se fue apoderando de mí.

Recordé informaciones leídas con anterioridad en las que se decía que la falta de mantenimiento de las instalaciones de la petrolera hacía que el lugar fuera un polvorín que en cualquier momento podría explotar y las que daban cuenta de que había habido una explosión o que habían tenido que realizar una parada forzosa por fallas producidas. Estos eran eventos, fallas que debían haber sido consideradas como síntomas de que algo estaba funcionando mal en el CRP y que se debía tomar medidas de prevención y seguridad de inmediato. Pero no se hizo y mi rabia e impotencia aumentaban.

El riesgo que se corría y se corre en las instalaciones petroleras del país es vox populi. Cuando me enteré de la tragedia, lo primero que recordé es que hace aproximadamente unos 8 meses conversaba conmigo un señor que trabajó en el CRP hasta hace unos 3 años y me comentaba que quienes allí trabajaban lo hacían sobre un barril de pólvora. Que las condiciones de seguridad de la industria eran paupérrimas y que cualquier día se desataría una catástrofe. Se despidió dando gracias a Dios de que él ya no trabajaba en ese sitio.

Así pasé el día. Obsesionado con la noticia y a medida que transcurrían las horas y pensaba en el tema, mi indignación y “arrechera” aumentaban. Hasta el punto que a eso de las 10 de la noche sentí la necesidad de sentarme frente a la computadora para escribir el post  “¿Qué no se meta la política en la tragedia de Amuay?”, para de alguna manera tratar de exorcizar los demonios que durante todo el día me habían perseguido y drenar a través de las letras la frustración, el dolor y las ganas de llorar que a lo largo del día también habían ido in crescendo.

Dormí incómodo, inquieto. Me desperté en varias oportunidades con la tragedia en la mente y pensando en lo triste que es saber que no habrá sanciones a los responsables, a los asesinos porque, entre más lo pienso, más me convenzo de que la falta de actuación en una catástrofe tan vastamente anunciada constituye un delito penal y la muerte por negligencia debería ser castigada con cárcel  como lo establece el artículo 131 de la LOPCYMAT.

Me levanté el 26 de agosto con una sensación de vacío en el alma. Al leer el comentario que dejó Yofrank Carrizo en el post, recordé un artículo sobre seguridad industrial que hacía unos 20 años había traducido del inglés para una publicación argentina, en el que se hablaba acerca de los niveles y grados de seguridad de construcciones y los comparaban con los márgenes de seguridad del cuerpo humano.

Pido disculpas a quien lee esto por los simplista de la siguiente explicación y porque muy probablemente no utilizaré los términos apropiados de acuerdo a la jerga especializada utilizada en seguridad industrial pero la memoria no me da para tanto. Lo esencial, indicaba que, por ejemplo, en el cuerpo humano, los riñones tenían un índice de seguridad de 2. Contamos con 2 riñones lo que significa que si falla uno, tenemos el otro para hacer su trabajo. En los mecanismos de los ascensores, por ejemplo, si mal no recuerdo, el margen de seguridad de las guayas es de 7. Es decir, que una guaya de ascensor soporta por seguridad hasta 7 veces más del peso indicado en sus especificaciones. O sea que habría que exceder en 7 veces el nivel de riesgo indicado para que se produzca una tragedia. Y, si mi  memoria no falla, en instalaciones de alto riesgo como las siderúrgicas, el margen de seguridad sobrepasaba los 8 puntos.

Al recordar esos datos, la furia resurgió porque ¿cómo es posible que en unas instalaciones con un margen de seguridad de más de 8, la desidia, el abandono y la falta de un gobierno que cumpla con lo que la ley le ordena en materia de seguridad y resguardo de la vida de los trabajadores de las empresas a su cargo, haya hecho que se sobrepasaran los ocho grados de seguridad y se produjeran más de 40 muertos?

No pude evitar pensar en la angustia que deben haber vivido las víctimas fatales en esos últimos momentos de vida, la zozobra en la que tanto los fallecidos como los heridos y el resto de los trabajadores del CRP deben llevar a cabo su trabajo pues, nadie mejor que ellos para saber el riesgo que allí corren, el terror constante en el que viven esas personas que sienten el temor de la violencia callejera al salir de sus casas y que ni siquiera en sus puestos de trabajo deben estar tranquilas porque saben que trabajan en un barril de pólvora. ¡Eso no es vida! Y para mayor tristeza me encuentro en twitter con esta publicación que, aunque no sé si es verdadera, forma parte de los fantasmas que desde que supe la noticia me atormentan y me aflojó los mocos: 

Carlos Carrasquero ‏@krlosmusica

El era RIGOBERTO COLINA, muerto en la tragedia, trabajador de Puramin, esta fue su ultima actualizacion de BBM! Haz RT pic.twitter.com/3h9urROK

Qué rabia cuando leo que algunos “lameculos” del régimen empiezan a lanzar hipótesis de sabotajes y complot en la tragedia. Una hipótesis que, de resultar cierta, deja mucho que desear de un gobierno que tiene años con las instalaciones petroleras militarizadas y resguardadas por Guardias Nacionales las 24 horas del día, los siete días la semana, los 365 días del año. Es decir, si fue un ataque “terrorista” y “saboteo”, aunque no hay evidencia ni siquiera de una bomba molotov, lo hicieron en las narices de los militares que, se supone, nos defenderán de una posible invasión del imperio. #VayaPalaMierda

Entonces, me consigo en las redes sociales algunos comentarios de gente afecta al oficialismo que para tratar de justificar lo injustificable, dicen que por qué exigimos que se identifiquen responsables y se apliquen sanciones en el caso de Amuay, si cuando la catástrofe de Tacoa, producida en la “IV” no hubo responsables ni sancionados.

En ese instante la furia y la ira se me convierten en tristeza al ver a lo que hemos llegado en este país. Siento que ese comentario es casi como decir: “Bien hecho que pasó lo de Amuay. Si la cuarta república tuvo los muertos de Tacoa, pues la V quinta tiene los de Amuay”.

Para mi escaso entendimiento, decir que no se deben sancionar a los responsables de hoy porque no se sancionaron a los de ayer, es la esencia de cómo nos han gobernado estos 14 años en Venezuela. Esa es la forma de reaccionar desde el odio y el resentimiento que los ciega y les anula el sentido crítico. En honor a una supuesta “memoria histórica”, los afectos al régimen hablan y pareciera que quieren decir que  los desmanes que se sucedieron en la cuarta como las violaciones a los Derechos Humanos, las persecuciones, la desidia, la ineptitud, la incapacidad y la corrupción tienen que ser superados por la V. Entonces siento como una especie de corrientazo que me hace entender la esencia de este régimen: repetir lo peor del pasado, aumentarlo y hacerlo aun peor. Todo desde el resentimiento y la venganza. No hay duda, lo están logrando. ¡Qué eficiencia!

¿Cómo no sentir una profunda impotencia y tristeza cuando vemos que estas personas se ciegan y no ven, por ejemplo, que mientras PDVSA le da a Pastor Maldonado miles y miles de dólares que terminan estrellados en una vía, los heridos de la explosión de Amuay son trasladados en tolvas de camionetas sin las mínimas condiciones de salud porque no hay ambulancias?

El incendio no se ha podido controlar porque no hay suficiente espuma para mitigar las llamas en un país tan rico y tan espléndido con Cuba, Ecuador, Argentina y Bolivia y tan mezquino con sus propios hijos.

40 horas después de la catástrofe el Presaliente, sin dar la más pequeña explicación de dónde estuvo todas esas horas, aparece en el sitio para con gráficos y testimonios de “expertos” pretender dar explicaciones que no llegan a convencer ni a idiotas y se ceba con una periodista de RCN tratando de ridiculizarla y de “enseñarle” a hacer periodismo porque le hizo las preguntas que todos los venezolanos nos hacemos y que al gorila bananero le molestan e incordian.

“La función debe continuar” dijo el presaliente en su perorata sobre la tragedia, una forma muy indigna de referirse a una catástrofe en la que murieron tantos venezolanos que estaban bajo su responsabilidad como máximo representante del Estado venezolano en cuyas manos se encuentran esas empresas petroleras.

Ya aquí mi indignación y mi tristeza han llegado a su máximo nivel en estas 48 horas. Unos lagrimones me corren por el rostro mientras pienso que, ahora no se trata de si gana el 7 de octubre en las elecciones, si siquiera saca un pequeño porcentaje significativo de votos más allá de los que le otorgarán quienes se vienen enriqueciendo de manera fraudulenta con su gobierno, este país entero se convertirá en cómplice de quienes con su tozudez, sordera, ineptitud, desidia, incompetencia y negligencia son responsables de todas esas muertes.

“Por estas calles” – “A mi hermano lo mataron” – ‎#FuerzaOneChot

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Esta historia puede escribirse de atrás para adelante o de adelante para atrás. Puede empezar en 1992 con “Por estas calles”, la telenovela de RCTV original de Ibsen Martínez, que nos retrataba descarnadamente como país perfectamente resumida en la canción de Yordano, pasar por el video del presidente con el niño de dos años que en cadena nacional desnuda con dos frases una realidad

@Taru_Small: Aquí una imagen para la reflexión sobre el caso de #OneChot (Tomado del Twitter)

del país cuando dice (A mi hermano) “Lo mataron” y más adelante agrega: (Mi mamá) “No tiene casa” y terminar con la tragedia vivida por OneChot al ser víctima de un asalto.

Pero el orden puede ser inverso. Al final, el resultado va a ser el mismo: Una historia de violencia, dolor, impunidad, impotencia… ¿Resignación?

Hoy nos despertamos con la terrible noticia de que el creador Juan David Chacón, “OneChot”, se encuentra recluido en el área de cuidados intensivos de una clínica luego de que en la madrugada recibiera un disparo en la cabeza para robarlo.  La noticia rodó velozmente por las redes sociales y llegó a ser “trending topic” mundial en pocas horas. El país y el mundo se conmocionaron con lo sucedido. Su video “Rotten Town” con una importante carga de violencia pareció convertirse en una premonición.

Mientras tanto,  en los medios oficialistas pasan el 27 y 28 de febrero recordando los terribles sucesos del Caracazo. Programa tras programa se dedican a mostrar las violentas escenas de la locura que durante dos días invadió a la capital del país cuando la gente en una especie de arrebato colectivo se lanzó a las calles a saquear, robar, en un desenfreno nunca antes conocido y los medios policiales del Estado a reprimir de manera implacable y violenta, dejando como saldo innumerables muertos y heridos que al día de hoy claman por justicia, y cuantiosas pérdidas económicas para todos los sectores del país.

Todo lo que se ve en la pantalla oficial solo tiende de manera indirecta, algunas veces, y completamente explícita, en otras, a tratar de justificar el robo, el saqueo y la violencia, amparados en el hambruna que vivían los sectores más desposeídos del país. Es el discurso que hemos venido escuchando desde los altos estratos del poder desde hace 13 años. Abiertamente o entrelíneas nos dicen: “Si tienes hambre, roba”.

Allí vi a una Vanessa Davies que se ponía las manos en la cara para con gran dolor decir que lo del “Caracazo” son recuerdos que no quiere recordar. Y a un Mario Silva escandalizado porque a un compañero de trabajo suyo lo botaron porque se robó en ese entonces 20 kilos de carne y los escondió en el sótano del edificio de su lugar de labores.

Pero por ningún lado vi que se pusieran las manos en la cabeza en muestra de horror por la terrible historia del niño de dos años que desencaja por completo al presidente cuando le dice que a su hermano “lo mataron”. Para esos medios parece que no existió la historia. Chávez tartamudeó, perdió el hilo de lo que decía, evidentemente estaba en shock por lo que acababa de escuchar de la inocente boca infantil que comentaba que a su hermano lo mataron con la misma naturalidad que podría contar que se acababa de comer un caramelo.

Chávez trata de recomponerse. Sabe que está en cadena nacional y como buen showman, animando un evento electorero, debe cumplir a cabalidad la manida frase “El show debe continuar”. Endereza el capote y sale del trance, pero al país le quedo clavada en el alma la imagen de la criatura, que, no conforme, mas adelante complementa diciendo que su mamá “no tiene casa”.

Esto conmovió al país. Bueno, a parte del país porque para los medios oficiales la “anécdota” no sucedió. Como no sucedió el disparo dado en la cabeza  a “OneChot” para robarlo. Para estos medios solo existe por estos días el “Caracazo” y el cáncer de Chávez.

A la enfermedad del presidente le han dedicado incontables horas de programación, incluyendo cadenas de medios, y shows montados muy por el estilo del visto en televisión hace poco cuando murió el dictador Coreano. La despedida de Chávez para someterse a operación de la lesión en Cuba fue la única noticia importante para los medios del Estado.

Sin duda, el cáncer del presidente puede ser muy lamentable para muchos, pero ese es un hecho “natural”, inevitable. Es una enfermedad que debe ser tratada, nada más. La muerte del hermano del niño del video, el disparo en la cabeza del artista, el niño que asustado por disparos corre a esconderse en su rancho y allí, aterrorizado, lo alcanza una bala y lo mata, eso, no es “natural” aunque de tanto vivirlo pareciera serlo. Eso es responsabilidad del Estado. Un Estado que, al decir de algunos, propicia, alcahuetea y aúpa la violencia porque un pueblo sometido por el miedo es mucho más difícil que reaccione a la realidad que lo abate y más fácil de controlar.

La violencia se nos ha hecho tan cotidiana que ya deja de ser noticia. Los medios no se dan abasto para detallar los casos, los ciudadanos que mueren terminan siendo solo un guarismo que engrosa una cifra semanal. 50, 75, 83 muertes el fin de semana son los titulares habituales. Ya las víctimas de la violencia no tienen nombre, se hace imposible nombrarlas. Solo cuando sucede a alguien como al  cantante de reggae, a un personaje público o cuando la violencia del hecho traspasa los límites del realismo mágico o de lo real maravilloso, un caso particular es destacado.

En estos 20 años transcurridos desde que la telenovela “Por estas calles” nos diera una bofetada como país al mostrarnos la realidad de los barrios y de la pobreza en Venezuela, lo único que ha cambiado es el número de víctimas al mes que aumenta sin parar, el nivel de la agresividad con la que se acometen los hechos delictivos, la edad de quienes ejecutan los asesinatos y robos que cada vez son menores. Entonces, veo el video de OneChot, escucho la canción de Yordano que cada día tiene más vigencia y lo único que puedo hacer es mirar al cielo, rezar porque los míos lleguen salvos a casa cada tarde e implorar porque, algún día, algo pase…

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