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Madrid-Granada-Córdoba

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Cuarta entrega de “Viaje a España y París en 2006″

Lunes, 13 de marzo
Pues como se los dije, este fin de semana nos fuimos a Granada, alquilamos una camioneta Peugeot y salimos como a las 4 de la tarde, con Cristian manejando porque es el único que maneja sincrónico, así  que se jodió porque le toca manejar a él todo el viaje.
Llegamos a Granada como 10 de la noche y, la verdad, es que es un verdadero peo ir sin tener reservado un hotel o una pensión. Tuvimos que recorrer muchas avenidas y calles buscando dónde quedarnos y, finalmente, nos tuvimos que alojar en un hotel más costoso de lo que pensamos, pero bueno, teníamos que dormir.
No sé que energía extraña tiene esa ciudad que uno no se cansa, a pesar del viaje y del cansancio buscando el hotel, esa noche casi no dormí, con solo descansar un poco ya uno se repone y carga las pilas.
El sábado nos levantamos y nos fuimos directo a la Alambra, una verdadera maravilla. Allí uno termina de cargarse de energía y, a pesar de que es inmensa y uno se la recorre a pie, no se siente la fatiga.
Después de la visita a ese lugar espectacular, recorrimos un rato la ciudad, comimos y otra vez a patear Granada buscando donde dormir que fuera un poco mas económico.
Por fin, coseguimos una posadita que, en un principio, pensamos era una posilga, pero no. Eran unas habitaciones de lo más bonitas y aseadas, en un edificio de esos típicos andaluces con sus ventanitas y balcones pequeñitos.
Alli descansamos un buen rato y luego nos fuimos de marcha. Entramos en un antro de lo más simpático y, luego, visitamos una disco de pura gente jovencita.
Realmente es impresionante ver el movimiento que tiene esa ciudad, sólo a partir de las 12 o una de la madrugada es que empiezan a abrir algunos sitios y a esa hora se ve el montón de gente caminando por las calles buscando bonchar.
Sin peos de inseguridad, ni miedos y sin que nadie se meta con nadie. A la disco llegamos como a las 3 de la mañana y estaban apenas abriendo y la chica de la barra nos dijo que el sitio se llenaba a partir de las cuatro y media de la madrugada, ¿que tal?
Y, efectivamente, así fue. Ya cuando los cuatro viejitos nos ibamos a dormir muertos de cansancio, la  discoteca se estaba poniendo a tope.
El domingo, nos levantamos a las 9 y media, desayunamos y arrancamos rumbo a Cordoba, a donde llegamos como a las dos de la tarde, comimos en una terraza bien bonita y sabrosa y luego nos fuimos a visitar la mezquita, otra de esas maravillas que uno no se cansa de ver en España. El recorrido duro como dos horas y media y luego, de allí fuimos a los callejones de mercancia típica y árabe.
Finalmente, despues de dar un último paseíto por las calles de Córdoba, agarramos el coche y de vuelta a Madrid, a donde llegamos a eso de las diez de la noche, dormimos y el lunes lo dedicamos a reponer fuerzas para continuar pateando estas calles ibéricas esta semana. El miércoles pensamos ir a Segovia y, si Dios quiere, el jueves vamos a Valencia, para el viernes ir hasta Barcelona. Ya los tendremos al tanto de cómo continúa nuestra aventurilla por estas tierras peninsulares.
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