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Sentirse en Europa, estando en Buenos Aires

Foto: Cristian Espinosa

El autobús desde La Boca nos deja en cualquier punto indeterminado del paseo de Recoleta. En realidad, no es que nos importe mucho conocer las coordenadas exactas de dónde nos encontramos, solo con caminar y disfrutar de la arquitectura y las plazas y parques de la zona ya uno siente el espíritu pleno y el viaje justificado.

Sin tener muy claro de hacia dónde dirigirnos, vagamos por el área de Recoleta, en Retiro. Uno de los tantos hoteles lujosos de la zona nos llama la atención y un taxista que conversa con dos compañeros mientras esperan clientes, nos cuenta que, originalmente, toda la manzana en la que se encuentra el hotel era la casa de una de las tantas familias adineradas de la zona, quienes dividieron la propiedad dejando la mitad como su residencia y la otra mitad para el lujoso hotel. Se trata del Palacio Duhau, en la avenida Alvear donde actualmente se encuentra el hotel Park Hyatt uno de los diez mejores hoteles del mundo.

No me queda muy claro y el taxista no termina de aclararme si la edificación que está junto al hotel es en la actualidad la residencia de la familia Duhau y entre las bromas acerca de Chávez y Cristina y las indicaciones sobre cómo llegar a la calle Arroyo, no terminamos de descifrar el punto.

Caminar por la calle Retiro es sentirse en París. Junto al Park Hyatt, está la Nunciatura Apostólica, ambos edificios de evidente estilo francés como lo es la propia embajada de Francia y la de Brasil, que se encuentran por la zona, la casa de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y muchos otros edificios de Buenos Aires que recrean el academicismo francés.

En Retiro, por Recoleta se encuentran muchas de las sedes de las embajadas y recorriendo sus  calles se ven lujosas tiendas y exclusivos cafés y restaurantes. Husmeando entre las puertas y rejas de las edificaciones de la zona uno puede descubrir hermosas fuentes, patios y esculturas, como la réplica de la Victoria de Samotracia que se distingue en un patio central, tras las rejas de entrada de un conjunto residencial.

El antiguo palacio Ortiz Basualdo es actualmente la embajada de Francia y el viejo palacio Pereda es la sede diplomática de Brasil. Ambas sedes se encuentran en las adyacencias del monumento a Carlos Pellegrini una bella plaza circular ubicada en Retiro.

Siguiendo las indicaciones del taxista, caminamos en pos de la calle Arroyo, una calle que cuenta con unas dos cuadras llenas de galerías de arte. Es una zona tranquila y cuna de las galerías de Buenos Aires. Esas dos cuadras conforman un interesante circuito de artes plásticas.

Asomados contemplando unas pinturas de uno perros en un extraño estilo realista y de unos seres gigantes, desproporcionados con respecto a su entorno que nos llaman la atención tras el cristal de una vitrina y asombrados con la escalera de vidrio de la galería, nos sorprende la encargada y nos invita a pasar.

Ella se encuentra atareada con los últimos rótulos de los cuadros en la mano. Pasa de las dos de la tarde y esa noche inaugura la muestra de Darío Zana, un inquietante pintor realista que hace unos cuadros en los que las (des)proporciones de los personajes con su entorno logran descolocarlo a uno y lo inducen a buscar historias y significados más allá de lo aparente.

Foto: Cristian Espinosa

La galería de arte se llama Holz arte&más, y la chica nos cuenta que Zana, un joven artista argentino,  lleva unos cuantos años montando sus exposiciones allí. En esta oportunidad, la muestra se llama MUNDO ENANO, unas imágenes realistas con toques oníricos en las que Darío juega a sus anchas con las escalas, valiéndose de personas, muñecos, perros, mesas, barcos o cualquier objeto que le permita mostrarnos un interesante mundo de (des)proporciones inquietantes.

-Esta es una nueva etapa de Darío –dice la galerista-. Con este trabajo se distancia un poco de sus inicios con el birome, con el que conseguía dibujos realistas imposibles de creer.

La chica corre a buscar en el computador las imágenes de las obras de Zana hechas con bolígrafo sobre tela y, de verdad, es imposible creer que lo que uno está observando haya salido de un instrumento tan cotidiano y utilitario como un bolígrafo.

La galerista muy amablemente nos da unos catálogos de las obras de Darío Zana y nos invita a acercarnos en la noche para tomar una copa de champán en la inauguración de la exposición. Agradecemos su amabilidad y la invitación, pero le explicamos que estamos de paso y, como el  día ha clareado, nos gustaría visitar Tigre hoy mismo, no vaya a ser que al día siguiente la lluvia no nos lo permita.

Unos cuantos metros más abajo, al final de la calle Arroyo, donde se une con Suipacha, y vía a la estación de trenes de Retiro, en una esquina, nos encontramos con la Plaza de la Memoria o de la Embajada de Israel, un espacio dedicado desde 2010 a conmemorar el terrible atentado terrorista perpetrado contra la casa diplomática y que cobrara la vida de 19 personas y dejara 242 personas heridas.

En la pared de fondo, como si de una instalación arquitectónica se tratara, se ven los rastros de los muros de lo que fue la embajada y en lo que ahora es zona para la meditación y el reposo, han sembrado dos hileras de árboles de tilo que recuerdan a cada una de las víctimas fatales del siniestro atentado de 1992 y en un muro de la construcción original pone:

PLAZA EMBAJADA DE ISRAEL

EN MEMORIA DE LAS VICTIMAS DEL ATENTADO

A las dos y 42 minutos de la tarde del 17 de marzo del 92, un furgón Ford F-100 cargado de explosivos fue estrellado, en el atentado suicida, contra la edificación de la embajada, dejando el trágico saldo y daños en los edificios cercanos como la  Iglesia Mater Admirábilis que está al frente y el Colegio Adjunto.

Dos mujeres amenamente conversando pasan a mi lado y apresuro el paso para pedirles que, por favor, me indiquen cómo llegar a la estación del tren.

-Vente con nosotras que vamos justo por esa zona.

Así lo hacemos, las seguimos y como a ratos nos quedamos rezagados  contemplando la ciudad y tomando fotos, de vez en cuando nos toca apresurar el paso para que las mujeres, que parecen haberse olvidado por completo de que Cristian y yo las seguimos para que nos guíen, no nos dejen botados.

-Acuérdense que vamos tras ustedes para que nos digan dónde está la estación –les digo-. Si se les olvida y no nos indican a tiempo, llegaremos hasta la casa de ustedes.

Las mujeres ríen y dicen que de ser así nos invitarían un mate.

-No te preocupés, todavía falta un poco –dijo una de ellas, y continuó su conversa con la amiga.

Al llegar a una inmensa construcción de estilo academicista francés también, las mujeres nos indican que ya estamos en la estación. Piensan un momento y deciden guiarnos hasta el lugar mismo de la taquilla donde debemos comprar el boleto para tomar el tren que nos llevará a Tigre. Su amabilidad llegó al punto de que, una vez que compramos dos boletos por 2 pesos cada uno, nos acompañaron hasta el propio anden donde ya estaba a punto de partir el tren.

Cristian y yo nos ubicamos en asientos separados. Al poco rato, el tren a Tigre arranca. Un viejo aparato que, no sé por qué motivo va super lento. El trayecto de 32 kilómetros que separan la estación de Retiro del terminal de Tigre lo hace en cerca de 50 minutos.

En el vagón conversamos con quienes van frente a nosotros. Una señora nos pregunta que hacia dónde vamos y le contamos que a conocer Tigre. “Es un paseo muy bonito, dice la señora, les va a gustar”.

Les comento acerca de la experiencia en La Boca y la señora baja la voz para decirme que a ella no le gusta, que esa pobreza no le parece turística. Su marido le susurra algo al oído y la señora me mira y sonríe. Aún con la voz baja, como si temiera ser escuchada por otros, me dice:

-El dice que si querés ver pobreza, que vayás a La Cava.

La Cava es una de las llamadas villas miseria de Argentina, barriadas marginales donde viven los más pobres de Buenos Aires y La Cava es una de las más grandes y peligrosas.

Foto: Cristian Espinosa

-Buenos Aires se ha puesto muy peligroso –sigue susurrando la doñita- . Nosotros, como nos jubilamos, vivimos retirados, pero cuando vamos al centro, vamos con mucho cuidado. Yo esto (se señala los zarcillos de oro) ni pienso usarlos en la ciudad. Y donde vivimos nos hemos organizado porque, aunque está retirado, ya ha habido casos de robos. Todos tenemos un silbato y si notamos algo extraño, lo sonamos para alertar a los vecinos. Así hemos controlado los robos en nuestro barrio.

El matrimonio desciende al rato de estar andando en una de las estaciones. El tren continúa su lento recorrido. Unas maestras que acaban de subir van pendientes de un grupo de estudiantes que están a su cargo. Se trata de adolescentes con capacidades especiales que no paran de parlotear, reír y jugar. A nuestro lado se sienta uno que no para de hurgarse la nariz con el dedo índice mientras conversa con la maestra y, de vez en cuando reprende a sus compañeros que están un poco más lejos.

-¡A ver, a ver, la risita la dejan en la casa! Les grita mientras hace pelotitas con los mocos, los sacude y vuelve el dedo a la fosa nasal.

Al poco rato se levanta y va decidido a reprender a los compañeros revoltosos. Afuera la tarde sigue soleada, una que otra nube se aparece en el paisaje pero todo parece indicar que lograremos hacer el paseo por Tigre.

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La Boca, el color de la pobreza

La Boca, el color de la pobreza

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Si a alguien que esté en La Boca, el legendario barrio de Buenos Aires le preguntarán de qué color es la pobreza, seguramente contestaría que rojo escarlata intenso, verde vegetación recién brotada, azul rey, amarillo sol de mediodía, naranja incandescente. Los colores de Caminito.

Es que ese es el colorido paisaje que arrebata la vista al terminar el boulevard del río y tropezarse con los conventillos de la zona. Esas edificaciones de dos o tres niveles hechos con madera y láminas de zinc que están especial y estratégicamente emplazadas a la entrada del barrio, en la calle Caminito, para deleitar la vista de los turistas.

Es poco más de una manzana en la que los visitantes encuentran tiendas de todo tipo de artesanía, artículos de cuero,  restaurantes, artistas callejeros, bailarines de tango y milonga, todo diseñado de tal manera que enamora al turista y lo hace gastar a gusto sus divisas para llevarse un alegre recuerdo de Buenos Aires y los típicos souvenirs.

En Caminito, con un día soleado, se pueden obtener las más coloridas y espectaculares fotos de todo el viaje a Argentina. La cámara, como el ojo del paseante, no parecen saciarse nunca de tanta luz y color.

Pero, al pasar unos pocos metros más allá de esa manzana turística, ya comienzan a verse los verdaderos conventillos. Esos que muestran sus láminas de zinc oxidadas y maderas corroídas, donde viven familias enteras en habitaciones de tres metros por cuatro por las que pagan hasta 200 dólares de alquiler.

Al puerto de La Boca llegaron los primeros inmigrantes españoles y, sobre todo, italianos, quienes llegaban pobres de solemnidad, con una mano adelante y la otra atrás, a forjarse un mejor futuro, ese futuro que Europa parecía negarles. Para muchos, era un estada solo pasajera. Su vida en los conventillos duraba lo que tardaban en ahorrar dinero con sus trabajos para establecerse en otras zonas más prósperas.

Pero mientras vivían en La Boca, una manera de hacer más digna y vivible su permanencia allí era pintando sus conventillos con los sobrantes de pintura con la que pintaban los barcos anclados en el puerto, de allí el intenso colorido del lugar.

Cristian y yo llegamos a eso de las 11 de la mañana. las nubes se han disipado en el cielo que ahora muestra un hermoso azul que combina perfectamente con los colores encendidos de los conventillos. La pupilas, como el lente de la cámara reciben sin acusar cansancio los golpes constantes de color. Recorremos el lugar alrededor de la zona de turismo sin atrevernos a ir mucho más adentro, a donde el color de la pintura sede espacio al óxido que evidencia el estado de pobreza de la zona, porque nos habían advertido que tuviéramos cuidado. De día no es peligroso, pero es mejor ir prevenidos.

En uno de los conventillos turísticos, en un rincón de la segunda planta, consigo a Marcelo trabajando en sus artesanías.  El interviene fotografías de la zona, las trabaja y monta artesanalmente en marcos de pdf teñido para vender a los turistas como souvenir. En sus imágenes se ve La Boca que está más allá de la especialmente preparada para el disfrute de los visitantes.

Marcelo cuenta que por el espacio donde tiene su tienda y taller en el conventillo, unos 12 metros cuadrados, paga 600 dólares de alquiler al mes. Entonces me habla de su trabajo y de lo difícil que resulta la vida para quienes viven en los “verdaderos” conventillos. Esos que tienen que pagar 200 dolares por una habitación que en invierno es un freezer y en verano un infierno.

-Por eso es que yo, a veces, entiendo que es lo que está pasando con la política en Argentina y por qué algunas personas más pobres se sienten reivindicadas con algunas de las políticas del gobierno. -Dice mientras continúa haciendo los marcos para sus fotografías.

A Marcelo no le gusta la polarización que se está generando en la sociedad argentina entre los que apoyan al gobierno de Cristina Kirchner y los que la adversan, pero dice que hay medidas que han afectado a los ricos y a sectores de poder que se tendrían que haber tomado hace tiempo y que como ahora lo están haciendo, muchos reaccionan fuertemente contra el gobierno.

-Algunos dicen que yo soy kirchnerista. No lo soy, pero reconozco lo que me parece que está haciendo bien y me molesta esa postura de enfrentamiento que hay de ambos lados.

El artesano es evangélico, me habla de la labor que hace su iglesia en cárceles y escuelas y dice que, por eso, a él le parece bien que el gobierno le quite poder a la iglesia católica, que la enfrente y desenmascare porque solo ha servido para someter al pueblo.

Le digo que algo similar ha pasado en Venezuela, que el gobierno se ha enfrentado con todos los sectores y que, le puedo asegurar, no es la mejor forma de hacer justicia porque solo se exacerba el odio y el resentimiento. Que buenos y malos hay en todos lados y que así como en la iglesia católica hay corrupción, también la hay en las cristianas.

-En Venezuela, por ejemplo, hay muchas escuelas que han sido levantadas por la iglesia católica con excelentes resultados en la educación de los jóvenes y donde se les enseña un oficio del cual pueden vivir.

Asiente y dice que en Argentina también, pero insiste en que son los menos y que ya tiene demasiados años de hegemonía la iglesia católica.

Marcelo me cuenta un poco sobre La Boca, me dice que de allí han salido importantes artistas plásticos, músicos, bailarines de tango. Es una comunidad que ha sido cuna de mucho arte en Argentina.

-En eso fue muy importante el aporte hecho por Quinquela, el hombre que está en la escultura del boulevard.  Él ayudó a organizar y dignificar a la gente de La Boca.

Benito Quinquela fue un artista plástico autodidacta, abandonado por su madre de niño y criado por el inmigrante italiano Manuel Chinchella, quien, como muchos otros italianos llegó a La Boca para mejorar sus condiciones de vida trabajando en la descarga de carbón en el puerto. El pintor, que convirtió su apellido a Quinquela, españolizándolo de acuerdo a su pronunciación, en sus pinturas mostraba la vida difícil y dura de los pobres de La Boca y  fue quien donó a la barriada la escuela-museo conocida como Escuela Pedro de Mendoza, entre muchas otras donaciones que hizo a la comunidad con el objetivo de hacer llegar a sus habitantes el arte, la salud y la educación, para elevar su calidad de vida.

La misma idea de la calle Caminito, pensada originalmente para que fuese un lugar para el arte y la alegría, una calle museo de creación colectiva, fue decisión de Quinquela junto con un grupo de vecinos a partir de la recuperación la una abandonada vía de tren y le dieron su nombre a partir del la vieja canción.

La conversación con Camilo me reafirma una vez más la sensación de que Argentina está viviendo un proceso tan similar al venezolano, que me eriza la piel. Él parece ser uno de esos “ni ni” que, o bien se radicaliza a favor del gobierno o termina siendo uno de sus desencantados y opositores. Lo que sí es seguro es que no podrá mantenerse indiferente a lo que está sucediendo en su país.

Le agradezco a Marcelo la buena conversa y su valiosa informacion y con un apretón de manos nos despedimos. Dejo Caminito con la sensación de haber estado sobre un escenario tras cuyo telón de fondo se encuentra una realidad mucho más cruel y triste que lo que me muestran entre bambalinas. Me queda la duda de cuánto de la idea original de Quinquela y los vecinos hay en la actualidad en Caminito y cuánto del dinero que produce la calle realmente va a ayudar a los de menos recursos económicos de La Boca pues, muchos de los que allí tienen negocios establecidos, no viven precisamente en La Boca.

Adentro de La Boca quedan la vieja iglesia Nuestra Señora de los Inmigrantes, la torre donde dicen que se aparece el fantasma de una pintora que se suicidó, el estadio La Bombonera, del Boca Juniors, y otra serie de puntos de interés que serán tarea pendiente para una próxima visita a Argentina.

Son cerca de las dos de la tarde y ya me encuentro montado en el autobús de regreso. Quiero llegar temprano a la calle Arroyo para hacer un recorido por sus galerías de arte como me recomendara en la mañana el chico con gabardina y paraguas del banco.

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Una semana con el hombre nuevo

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LUNES

Llegas a la casa después de un largo día de trabajo y para relajarte un poco comienzas a curucutear en la web. Abres tus redes sociales: Facebook, Twitter, Pinterest, Google+, Youtube y, distraídamente, empiezas a picar aquí y allá. Abres ventanas, lees informaciones, ves videos. De repente, te encuentras con un video cuyo nombre te llama la atención: “Como ser negro y no morir en el intento”.

Lo abres y te consigues con un cantautor cubano quien por la edad que aparenta debe haber nacido durante la revolución o haber estado muy pequeño cuando Fidel Castro asumió el poder. Es decir, vendría a ser un representante del “hombre nuevo” que nos han querido vender por más de 50 años.

Su nombre es Frank Delgado y con humor cáustico y lleno de ironía nos hace el cuento de un escritor amigo suyo cuyo color de la piel siempre lo hace sospechoso:

Observas el video y no puedes evitar sonreír con las ocurrencias contadas, al tiempo que admiras la buena voz de Frank y su contagioso ritmo con la guitarra. Pero un poco de sabor amargo empiezas a sentir en la boca cuando constatas que, tras la broma y la ironía, hay una grave denuncia en la que se evidencia que, luego de tantos años de perorata igualitaria del socialismo, el racismo y la discriminación en la isla no ha cambiado en lo más mínimo.

Para la policía cubana, un negro siempre será un ser sospechoso, un individuo del que hay que desconfiar, detener y pedirle sus papeles.

Alberto Guerra, el hombre de color que dio origen a la canción de Frank, tiene la suerte de pertenecer al “Partido”, con lo cual, la discriminación por su color tiene un matiz diferente que lo puede hacer salir bien librado de la situación. Pero si, además de negro, fuese homosexual y no perteneciese al partido seguramente habría podido terminar con sus huesos en una prisión o, en el mejor de los casos, puesto en la calle con una patada en el culo por atreverse a entrar a un hotel de turistas.

MARTES

Como el día anterior quedaste picado con los videos de Frank Delgado, llegas a tu casa y luego de verificar que no hay ningún mensaje importante en tus bandejas de correo o en las redes sociales, te vas derecho a Youtube donde has dejado “favoriteado” algunos videos del cantautor cubano.

Encuentras entre los primeros el que se llama: Carta de un niño cubano a Harry Potter.

Picas allí y te encuentras una canción llena de humor negro y sarcasmo en la que “el hombre nuevo” de Cuba compara la magia de las historias de Harry Potter con la magia que tienen que hacer en la isla para poder sobrevivir a sus penurias. Sonríes y aplaudes el ingenio y el buen humor del cubano pero no puedes dejar de pensar que para Fidel como que no fueron suficientes los 50 años que lleva en el poder para darles a los cubanos el bienestar, la abundancia y la satisfacción que se suponía encarnaba el socialismo.

A lo máximo que ha llegado el régimen cubano es a sembrar en sus ciudadanos un falso sentido de dignidad y orgullo con el que les han lavado el cerebro para que sientan que la pésima calidad de vida que tienen es un honor pues los convierte en un pueblo que “con dignidad ha sobrevivido a la maldad del imperio que se ha afincado contra su país y su máximo líder”.

MIERCOLES

Acabas de bajar la santamaría de tu negocio. Son pasadas la siete de la noche. Aunque te sientes cansado porque el día de trabajo ha sido intenso y largo, estás satisfecho de haber terminado con una buena venta y lo único que quieres es llegar a casa, darte un baño y echarte a ver televisión y a revisar el internet. Vas hacia tu carro con esa idea fija en la cabeza: baño+tv+internet.

Cuando estás a punto de meter la llave en la cerradura observas que vienen dos muchachos de frente. Uno trigueño y el otro con pelo castaño claro matizado con mechitas teñidas. Los dos tienen el pelo super bien peinado con gelatina. No hay un cabello fuera de lugar. Sus franelas son de marca. Uno lleva una Polo original y el otro una chemise Lacoste. Los jeans de ambos son Levi´s y por la calidad del corte y de la tela, adviertes que son originales también y no copias compradas en Las Playitas y, sus zapatos deportivos son Adidas y Nike, evidentemente, originales también.

Los tienes ya tan cerca que puedes oler sus perfumes: Jean Paul Gaultier y 212 de Carolina Herrera. Al mirarlos a la cara descubres que tendrán máximo unos 20 años cada uno. La pareja es, ni más ni menos, la viva imagen de cualquiera de los hijos de tus amigos que vienen conversando entre ellos sin prestar mucha atención a lo que sucede.

Cuando están ya a tu lado y tu a punto de subir al carro, sin que te des cuenta de dónde, saca cada uno una Glock .50, las apuntan a tus costados y te dicen:

-Tranquilo papá. No te va a pasar nada que no quieras que te pase. Dame el bolso, el teléfono y las llaves del carro y piérdete.

Obedeces sin rechistar. Los tipos se suben a tu carro y entre carcajadas uno le dice al otro:

-Marico, ya con esto me voy pa´la casa. No trabajo más por hoy. Estoy remamao.

Oyes que tu carro arranca, volteas y ves cómo allí va tu Blackberry de 4 mil bolívares, el efectivo de la venta del día que llegaba a unos 3 mil bolívares y ese carro al que, justamente, el mes pasado se le había vencido el seguro y que, por falta de dinero, no habías podido renovar.

“Estos dos en diez minutos se llevaron el equivalente a un año o dos de mi trabajo”. Piensas esto y suspiras pensando que, evidentemente, esos muchachos eran unos niños cuando Chávez llegó al poder ofreciendo la utopía del “hombre nuevo” del socialismo. Esos chamos crecieron escuchando que robar por hambre no es delito y ahora actúan tranquilos, amparados en la impunidad que campea en el país.

JUEVES

Sin haber podido conciliar el sueño en toda la noche pues, al cerrar los ojos veías la cara de los atracadores y los cañones de las pistolas en tus costillas, vences el temor y te levantas de la cama para bañarte y tratar de recuperar la “normalidad” de la vida. Esa normalidad que está cundida de miedo y paranoia, de “mosca en la calle que la cosa está pelúa”, de “no te confíes ni de tu sombra”.

Pagas un taxi para ir a tu negocio porque desde que te pasearon durante más de una hora por la ciudad con un revólver en la nuca para robarte en un carrito por puesto, no te has atrevido a montarte en un trasporte público de nuevo. Llegas a tu tienda y acostada en el suelo, frente al muro del local, ves a una pareja.

Atemorizado por la experiencia del día anterior pasas a su lado lo más rápidamente posible. Hombre y mujer duermen a sus anchas, como quien descansa una siesta luego de un opíparo almuerzo. Aunque no quieres, no puedes evitar que los ojos se vayan solos hacía dónde se encuentran. Les miras los pies del color del pavimento, los pelos sucios. Calculas que estarán entre los 20 y 25 años de edad y adviertes que la mujer está embarazada de unos cinco meses.

El hombre se quita la mano que le cubre los ojos para tapar la luz, hace un esfuerzo por enfocar y te dedica una mirada de resentimiento y fastidio. Entras a tu negocio, te aseguras de que la puerta quede bien cerrada para que los callejeros no puedan entrar si se les antojas, recuerdas la panza de la mujer y piensas: “Sin duda, allí lleva la semilla del hombre nuevo”.

VIERNES

Te levantas como todos los días. Venciendo el miedo que desde hace algunos años te invade y que hace que te provoque quedarte en la cama -único lugar donde te siente seguro-, en lugar de ir a trabajar, te bañas y enciendes el televisor para ver un poco las noticias antes de irte al trabajo.

Una música orquestal hace que, con los pantalones a mitad de piernas, interrumpas el proceso de vestirte para mirar al monitor del televisor. Cómo un idiota, con las manos sosteniendo tus pantalones sin decidirte a terminar de subirlos, no puedes creer lo que ves en la pantalla y, menos aún, lo que oyes.

Un hombre de contextura gruesa cuenta la “historia de su vida” en un minuto y no puedes dar crédito a lo que escuchas. De la manera más palurda y sin el más mínimo rubor en la pantalla se manipula la historia para hacer ver que Chávez es la “reencarnación” de Bolívar y apelando a los sentimientos religiosos ponen al mandatario como una especie de dios a los ojos del protagonista.

Te sientes indignado. No puedes creer que desde el gobierno se pretenda estimular el parasitismo de la población para que dependan del régimen si quieren conseguir lo más básico de su subsistencia. Piensas que así actúan los regímenes dictatoriales que quieren tener absoluto control de sus ciudadanos.

Le dan a entender a la gente que su líder es una especie de santo que le dará todo a lo que han aspirado en lugar de hacerlos ver que, para obtener lo que uno necesita y vivir de manera digna, solo hace falta trabajar y un gobierno que de oportunidades de empleos.

La propaganda no es más que una oda a la dependencia del gobierno. Por ningún lado se dice que el protagonista trabaja para conseguir lo que necesita. La vida digna no se la da el trabajo honesto, al contrario, el hombre nunca se “imaginaba, ni trabajando toda la vida, vivir acá”. Su vivienda no es producto de su esfuerzo, lo que tiene cae como un maná de las manos del super héroe, casi santo milagroso, que lo gobierna.

Con cierta sensación de asco ante la manipulación que acabas de ver, te vistes, te vas a tu negocio a sabiendas que trabajando duro y honestamente será casi que imposible conseguir obtener una vivienda propia e, incluso llegar a comprar un nuevo carro luego de que te robaran el anterior.

Piensas “ese que está en la pantalla es el “hombre nuevo” del socialismo. A eso nos quiere reducir el régimen. Quiere convertirnos en seres dependientes, en personas incapaces de procurarse, por sus propios medios, una vida digna. Nos quiere sumisos a un semi-dios, que nuestra vida dependa de ese ser divino cuya imagen debemos tener en nuestras casas, prenderle velas y venerarla para obtener sus favores”.

SABADO

Después de almorzar, decides pasar la sobremesa revisando un poco las redes sociales. Revisas las notificaciones de Facebook, echas una ojeada al Google+ y cuando entras al Twitter, salta entre los primeros tuits, uno que dice:

Pedro Carreño en la F1 como todo un “Rich and Famous” (foto exclusiva) http://shar.es/sx5Up via @la_patilla

Al leer el nombre del diputado chavista, no puedes evitar sonreír recordando aquel incidente en el que una periodista le preguntaba cómo podía hablar contra en consumismo mientras vestía una corbata Louis Vouitton y unos zapatos Gucci. Recuerdas como el hombre tartamudeó y no encontraba la forma de salir del mal rato y te mueres de la risa al acordarte de su teoría de que el imperio yanqui nos espiaba a través de los decodificadores de DirecTV.

Picado por la curiosidad, entras al link y te consigues una foto del diputado de marras, presidente de la Comisión de Contraloría de la Asamblea Nacional, en el pitbox de la escudería Williams. Un lugar al que, según dicen los entendidos, solo se accede con un pase que cuesta unos 10 mil euros. Mucho más que los pobres 3 mil dólares como máximo que el régimen te otorga a través de Cadivi para viajes de un mes al exterior.

Miras la gráfica del hombre con su cara llena de huecos junto a una hermosa dama. Ambos con su uniforme celeste y las credenciales colgadas del cuello, vuelves a recordar la corbata y los zapatos y no puedes dejar de preguntarte: “¿Será este el “hombre nuevo” que nos promete el socialismo?”.

DOMINGO

El día del descanso del Señor tu, que no eres muy católico, apostólico y romano, te lo tomas muy a pecho. El domingo aprovechas para dormir y permanecer en la cama hasta que el cuerpo aguante.

Te despiertas y te desperezas. Agarras el control remoto del televisor, lo enciendes y mientras aparece el audio y la imagen en la pantalla, te acurrucas y abrazas las almohadas para, medio dormido aún, ver qué ponen en la tele.

Cuando el aparato termina de ajustarse, ves en pantalla a Chávez rodeado de ministros y militares del alto mando en los actos conmemorativos del 191 aniversario de la Batalla de Carabobo y el Día Nacional del Ejército y escuchas que dice:

-“El chavismo es el patriotismo. Ser chavista es ser patriota, los que quieren patria están con Chávez”.

No sabes qué te indigna más, si lo que escuchas o lo que ves. Por un lado, el presidente está prácticamente diciendo que si no eres chavista, no eres venezolano. Entonces, sientes que los ácidos estomacales te suben a la garganta.

Pero, por el otro lado, ver cómo los militares al escuchar las palabras de Chávez pegan un brinco y comienzan a aplaudir frenéticamente, te llena de furia.

“¿A donde tendré yo que ir a reclamar una nacionalidad, entonces?” Piensas. Miras de nuevo al monitor de la Tv y no puedes evitar comparar a esos militares que aplauden con el hombre sumiso y dependiente de la propaganda del viernes y al ver los trajes de militares y civiles que rodean al mandatario los comparas con el diputado de las corbatas Louis Vouitton y los zapatos Gucci. Apagas el televisor y piensas:

“Parece que el socialismo del siglo XXI logrará su cometido de llenar a Venezuela de esa plaga a la que llaman “hombres nuevos”.

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