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“Sospechosos habituales”

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No, no voy a escribir de cine. Este post no se trata de una tardía reseña o crítica sobre la película de Bryan SingerThe Usual Suspects” estrenada en 1995. Voy a relatar única y exclusivamente lo que los venezolanos vivimos cotidianamente en este país que ya cuenta los casi 14 años de “revolución bonita”.

En Venezuela nos hemos ido paulatinamente acostumbrando a dejar de ser ciudadanos para convertirnos en “sospechosos”, potenciales delincuentes, personas que tenemos que a diario demostrar ante el sistema de gobierno que somos inocentes, porque el lema en la Venezuela del Socialismo del Siglo XXI pareciera ser que todos somos culpables hasta que demostremos lo contrario, si es que podemos.

Así, el simple hecho de ir a comprar leche a un supermercado puede volverse en su contra. Si en lugar de comprar un paquete de leche usted pretende llevar 2, automáticamente, pasa a ser sospechoso de acaparamiento y especulación y al llegar a la caja, el sistema disparará una especie de alarma que le indicará al cajero que usted puede solo llevar un paquete. Nada de dos para después enriquecerse vendiendo el otro por el doble de su costo.

Lo de la leche es un ejemplo que cualquiera de nosotros puede haber sufrido en carne propia. Pero también está Cadivi yo diría que uno de los mayores generadores de sospechosos en el país.

Es tal la cantidad de normas y trabas que los venezolanos tenemos que sortear cuando vamos a viajar al exterior para tener derecho a 2 mil quinientos dólares para compra con tarjeta de crédito, 500 en efectivo y 400 para compras por internet que uno llega a dudar si en realidad no será que uno es un verdadero delincuente en estado de negación y es por eso que el Estado se ve obligado a ponerle un montón de conchitas de mango para ver en qué momento uno se resbala y comete el delito.

Las cantidades anteriores, como sabemos, son el monto máximo al que podemos aspirar y que Cadivi nos concederá como una “gracia” para viajes de un mes o más. Si el tiempo de estadía en el exterior es menor, igualmente lo serán las divisas otorgadas. Pero sea cual sea la cantidad que el régimen le “conceda”, siempre tendrá un lapso de unos 90 días para hacer una declaración jurada en la que explique que utilizó esas divisas para viajar y no para “enriquecerte” con ellas. Y el régimen siempre se reserva la posibilidad de llamarlo a comparecer ante la administración de las divisas para que demuestre, con todos los recibos y facturas en mano, que utilizó esas divisas de manera honesta, so pena de, si parece sospechoso, ser suspendido y bloqueado. O sea, olvídese de solicitar más divisas y espere a ver cuál será su castigo.

Pues bien. En este proceso de consolidación del socialismo y la revolución que nos iguala a todos (a unos más que a otros, en verdad) en la sospecha, el régimen se ideó un mecanismo para “controlar” el contrabando de gasolina en los estados fronterizos y es por lo cual, desde hace un año más o menos hemos empezado a hablar y escuchar del mal llamado “chip” de la gasolina cuya instalación se inició hace un tiempo en Táchira.

Bocazas hay en todos lados

Recuerdo que hace unos cuantos meses, cuando se oía acerca de las largas colas de carros que se estaban haciendo en San Cristóbal para la instalación del “Chip de la gasolina”, que en realidad se llama “Tag” y que no es más que un código de barras que instalan en el vidrio parabrisas frontal, muchos comentaban a través de las redes sociales que esos “gochos” si eran pendejos, que cómo iban cual mansos corderitos a hacer esa cola para que los  marcaran como reses, que por qué no se “arrechaban” y armaban un peo, que…

Mucho de eso lo leí en Twitter y lo escuché en la calle. Como sabemos, los maracuchos tienen fama de bocones, “farfullos”, habladores, bocazas, “vendo la jeta”. Por eso no era difícil encontrarse en la gasolineras o en las colas de los supermercados a los “valientes” que vociferaban que ellos incendiarían la ciudad antes que hacer esa cola para ser marcados.

Y así fue como, un buen día, me llegó por pin de blackberrry que en la parte de atrás del Cuartel Libertador estaban procediendo a la instalación del chip. El mensaje que me enviaron decía literalmente así:

“Ya están instalando el chip de la gasolina en los alrededores del Cuartel Libertador.  Hay poca gente porque aún no han pasado la información a los medios de comunicación. Parece que  lo están manejando con bajo perfil, con mensajes de boca en boca entre los chavistas, para que ellos vayan primero a instalarlo y que se eviten las largas colas que se formarán para obtener el código. A partir del lunes ya lo dirán por la prensa. Hay que llevar carné de circulación, la póliza de Responsabilidad Civil y la cédula de identidad. Corre a poner el tuyo”.

Como yo conozco cómo es la cosa en Venezuela y con el tiempo he aprendido a diferenciar los mensajes verdaderos de los falsos de Messenger, y también sé que los venezolanos no parece que hayamos encontrado una forma efectiva de protestar contra este tipo de decisiones y medidas del gobierno que nos van quitando calidad de vida, con lo cual, a pesar de los bocazas, el “chip” terminará siendo una triste realidad también en el Zulia, sin enfurecerme más de la cuenta, agarré mis papeles y me fui al Cuartel Libertador.

En media hora estaba listo. Al nivel del espejo retrovisor hay una etiqueta con el código de barras que me indicará por medio del la lectura que harán los escáneres instalados en las estaciones de servicio, cuánto será mi cupo diario para poner gasolina.

Al día siguiente ya la noticia se había regado y quienes pensaban que era otro falso rumor transmitido en cadena, empezaron a engordar la línea de carros en los alrededores del Cuartel. Un amigo que fue ese día, tardó dos horas y media en obtener el código y, dos días después, conseguí un señor en el supermercado que me comentó que estuvo desde las 7 de la mañana hasta las 4 de la tarde, sin comer, en la cola para que le instalaran el bendito “chip”. Allá están llegando como corderitos a hacer su fila todos aquellos bocones que decían que no permitirían esa vaina. En un tiempo, todo campo automotor del Zulia contará con su etiqueta de racionamiento de combustible.

No todo acaba con tener el chip

Pero la cosa no termina allí. Si usted pensa que una vez pasada la incomodidad de la larga cola a pleno sol ya el mal trago ha terminado, le tengo malas noticias. Su calvario apenas empieza.

De acuerdo a la experiencia tachirense, una vez que el chip entra en funcionamiento, hay que acostumbrarse a que pasará mucho tiempo metido en una cola cada vez que quiera repostar el tanque de gasolina. Media hora, en el mejor de los casos, y hasta 3 horas para llenar el tanque.

El sistema funciona así:

Cuando el vehículo entra en la estación de servicio, un escáner ubicado en el techo le leerá el código de barras (Si no funciona, usted deberá introducir su número de cédula de identidad que, una vez más deja de ser un número de identificación ciudadana para convertirse en un mecanismo de control y racionamiento). En la pantalla le aparecerá el dato con la cantidad de litros de gasolina diaria que el sistema tiene a bien conceder como una “gracia” por la cual, de todas formas, tiene que pagar.

Mi sobrina Luzmary Santos, que ya está curtida en el Táchira con el funcionamiento del “chip”, me contaba que hace unos días llegó a poner gasolina y que al verificar en la máquina, la pantalla le decía que su cupo había sido bajado de 50 litros diarios a 20 litros, que si quería recuperar su cupo original, debía pasar por una “auditoría”. Sospechosa habitual.

Resulta que si a quienes manejan el sistema les parece “sospechoso” que usted reposte combustible todos los días o de manera frecuente, pues lo pueden castigar disminuyendo el cupo, llevándolo a cero litros incluso, y lo obligan a ir a la auditoría con los representantes del Instituto Nacional de Tránsito Terrestre, de PDVSA  y hasta del mismo CICPC  para que explique esa manera “sospechosa” de poner gasolina. Por supuesto, ese trámite de la auditoría implica una cola que puede durar cuatro o cinco horas.

-Lo mío se arregló porque después de las 3 horas de cola, en la auditoría me dijeron que no era por exceso de consumo sino porque habían anotado mal mi número de placa. Así que me reintegraron mi cupo de 50 litros –dice Luzmary-. Pero delante de mí estaba una señora que tiene un transporte escolar y que ha tenido que ir ya cuatro veces a auditoría porque es “sospechosa”. A algunos que no pasan la auditoría, les prohíben poner combustible por ocho días o por el tiempo que a los auditores les dé la gana.

El contrabando sigue igual

Pero los más triste del caso es que, como pasa con el racionamiento de los alimentos, con la fuga de divisas y el control cambiario y con los tantos otros controles que nos impone el régimen actual, las medidas no han servido para nada. Los buhoneros siguen vendiendo en las calles los productos alimenticios racionados al triple del precio estipulado por el gobierno mientras que en los supermercados no se consiguen y cuando los hay, tienes que mostrar tu cédula de identidad para poder comprar la cantidad que estipula el racionamiento como medida para evitar el acaparamiento y la especulación de los revendedores.

Cadivi, todo el mundo sabe que es una ratonera igual o peor que el tristemente célebre Recadi de la cuarta. En Colombia y Panamá la gente sigue “raspando” las tarjetas. Hasta en Estados Unidos hay quienes se encargan, previo pago de comisiones, de aprobar cupos de Cadivi sin que la gente tenga que estar en Venezuela o viajar y los jerarcas del régimen que son los que tienen dinero y más fácil acceso a los dólares preferenciales se llenan los bolsillos comprando dólares oficiales a bajo precio para revender una parte a casi 10 bolívares por dólar y poner la otra parte a buen resguardo en cuentas en el exterior, por si algún día hay devaluación o tiene que salir  huyendo del país.

Con el contrabando de gasolina pasa exactamente igual. La experiencia tachirense demuestra que la extracción ilegal de combustible no ha disminuido. Según comentan en los corrillos, ese es un negocio tutelalado, como muchos otros negocios ilegales, por los militares. Los “pimpineros” (quienes sacan gasolina en pimpinas por los caminos verdes) tienen sus bolsillos llenos de “chips” comprados a 200 bolívares cada uno a quienes administran la instalación del código. Al menos 200 era lo que pagaban inicialmente, posiblemente haya aumentado con la “inflación”.

Y, como con el cupo de Cadivi que se generó todo un mercado paralelo de divisas en el cual hay compradores y vendedores de cupos, con el control de la gasolina el gobierno está propiciando el nacimiento de un nuevo negocio ilegal: la venta del cupo del “chip”.

Si a mí me otorga la “gracia” el sistema de permitirme un cupo de 50 litros diarios y lo que consumo son sólo 10 o 15 litros de acuerdo a mis desplazamientos, pues tendré un excedente diario de entre 35 y 40 litros diarios que podré vender a los contrabandistas. La verdadera solución para acabar con el contrabando de gasolina todo el mundo sabe que es subir el precio del combustible y ponerlo a precios internacionales, así se acabaría el negocio. Pero eso tiene un costo político y social que un gobierno cobarde y populista como el que tenemos no está dispuesto a pagar.

En fin. Que lo del chip es otra medida más fracasada que, además, tendrán que terminar poniéndolo en todo el país pues quienes no puedan comprar la gasolina para el contrabando en Táchira o Zulia, lo harán en Trujillo o Lara al final de cuentas el negocio es tan lucrativo que, cuando mucho, aumentará un poco el precio del combustible por los “inconvenientes” causados por el control.

El chip es completamente inútil para limitar la extracción ilegal de combustible a Colombia, para lo que sí es absolutamente efectivo es para hacerte sentir controlado, humillado, sospechoso y, por supuesto,  impotente pues, las protestas generadas en Táchira no impidieron la implantación de la medida. Por unos pocos que hacen los negocios ilegales terminamos pagando todos los ciudadanos decentes y trabajadores porque el régimen, en su ineficiencia, es incapaz de controlar y meter en cintura a esos pocos al margen de la ley. Pagamos justos (y juntos) por pecadores, mientras que los verdaderos pecadores se cagan de la risa.

Explícame, ¿soy yo el culpable?

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Foto de Cristian Espinosa

A mi me van a tener que explicar, pero eso sí, una explicación como para idiotas, a ser posible con un video, qué carajo son, para qué coño sirven y qué debemos esperar los ciudadanos de a pie de los denominados “líderes” políticos y de las organizaciones que los agrupan a ellos y a sus seguidores, o sea, los partidos.

No puede ser que cada vez que uno pretenda, en cualquier sitio o por algún medio, exigirles a los políticos que cumplan con su papel de líderes (o con lo que uno cree, debe ser su papel) salga alguien que nos espete en la cara:

-¿Pero por qué le pide y echa la culpa a los políticos? Eso no es responsabilidad de ellos. Es responsabilidad de nosotros, que tenemos que salir a protestar y a exigir.

Y por ahí se van con una retahíla de comentarios con los que resulta que, al final, la situación de la inseguridad, del desempleo, del  pésimo estado de las vías públicas, del obsoleto funcionamiento de las instituciones públicas cada vez más sumidas en la burocracia, la inflación, la corrupción y ese largo etcétera que padecemos los ciudadanos que no hacemos otra cosa más que trabajar como negros esclavos –en casos como  el mío de domingo a domingo- para medio vivir y pagar la incalculable cantidad de impuestos que pagamos, somos los responsables del paupérrimo estado del país y sus ciudades.

YO, porque “no me organizo” como ciudadano o como vecino. YO, porque “no protesto” y “no exijo”, soy el culpable de que me quiten la electricidad a diario, me pongan un revólver en la frente para quitarme un Blackberry (con suerte si no lo disparan), se me espichen los cauchos porque las calles están llenas de huecos, me extorsionen desde la cárcel para cobrarme “vacuna”, me apunten en plena avenida con un arma para quitarme el carro, no consiga los medicamentos que debo tomar, no cuente con un sistema de salud mínimamente aceptable, no pueda acceder a los productos básicos de alimentación porque no se consiguen, tenga que pelearme con otro pendejo como yo en el supermercado para arrebatarle el último kilo de leche o litro de aceite, que mis hijos en plena etapa de crecimiento no puedan tener la leche indispensable para su desarrollo físico e intelectual. ¡YO SOY EL CULPABLE!

Como diría mi difunta madre y como tengo de hashtag en Twitter #VayaPalaMierda.

Vamos a ver. Yo no tengo ni madera ni ganas de ser líder. Conozco perfectamente mis limitaciones y dentro de mis capacidades sé muy bien que no se encuentran las de orientar a nadie y pretender dirigir sus destinos. Dentro del rebaño social, yo soy una oveja más que necesita ser encarrilada y dirigida, que necesita ser convocada y orientada por quienes se supone sí tienen ese espíritu y vocación de líder. Cada vez que me han convocado para una protesta, para un acto de votación, para colaborar con cualquier actividad política he acudido disciplinada y obedientemente. Pero líder, simplemente, no me interesa ser.

Se supone que las organizaciones políticas son estructuras diseñadas para cubrir esa necesidad de liderazgo en todas sus instancias. Los líderes políticos de base, supongo yo, son los líderes sociales dentro de sus comunidades. ¿O es que están separadas las dos categorías? ¿O, no es que los que son líderes en la urbanización, en el barrio, en el pueblo, a la larga, lo que están es tras la búsqueda de un cargo en un consejo comunal, en un concejo municipal, aspiran a ser alcaldes, diputados de legislativos regionales y Asamblea Nacional,  gobernadores y hasta presidentes?

¿Están completamente separados los unos de los otros o, por el contrario, terminan o deberían terminar fundiéndose en trabajo y en aspiraciones?

Es que incluso, si una persona que lidera en una comunidad no tiene aspiraciones políticas, se le hace imprescindible, si quiere tener éxito en sus objetivos, relacionarse con los líderes políticos. De lo contrario, a mi modo de ver, no es más que un Quijote más que no llegará muy lejos pues, el poder político lo anulará.

Ahora, en la explicación que pido, me gustaría que me aclaren si ser político es solo salir a pedir el voto de la gente para llegar a que lo pongan donde hay. No le pidan trabajo de liderazgo. No le exijan que salgan a la cabeza para protestar por el pésimo estado del país. No esperen que convoque a la gente para manifestar su protesta aireada. Ni se les ocurra aspirar a que se interese en enfrentar y buscarle solución a los problemas que nos aquejan. Todo eso es responsabilidad y culpa de los ciudadanos que no nos organizamos como sociedad.

¡Coño! ¿Pero ayudar a la organización de los ciudadanos como sociedad no es una función de los partidos y líderes políticos?

¿Cómo, para salir a pedir el voto de la gente, están tan organizaditos? Para eso sí tienen gente en todos lados que les organizan las giras y las visitas casa por casa para abrazar viejitas y besar niños. Para eso sí hay líderes comunitarios y organizaciones de base que les arman el tinglado y les montan el templete.

Yo solo pido una explicación que me diga claramente que no espere que un líder político, sea concejal, alcalde, diputado, gobernador o presidente salga a dar la cara y a protestar para que tu tengas una mejor calidad de vida. Ellos no están para eso. Eso es culpa y responsabilidad tuya y solo tuya. Organízate y no cuentes con políticos para eso.

Una vez que me digan, por todo el cañón, esa verdad que se esconde tras el “Eso no es responsabilidad solo de los políticos” ya yo tomaré la decisión de no ir ni una sola vez más a calarme horas eternas a la intemperie, con sol y lluvia, para votar por nadie.

Me quedaré en mi casa, viendo televisión y escribiendo pendejadas o jugando en la computadora porque,  mi dedo meñique pintado de morado como orgullosa muestra de que ejercí mi voto, para que solo sirva para que algún político llegue al cargo que quiera, que lo pongan donde “haiga”, sin que yo le pueda exigir a cambio que me cumpla porque eso es “mi responsabilidad”, no lo volvería a tener más.

“Por estas calles” – “A mi hermano lo mataron” – ‎#FuerzaOneChot

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Esta historia puede escribirse de atrás para adelante o de adelante para atrás. Puede empezar en 1992 con “Por estas calles”, la telenovela de RCTV original de Ibsen Martínez, que nos retrataba descarnadamente como país perfectamente resumida en la canción de Yordano, pasar por el video del presidente con el niño de dos años que en cadena nacional desnuda con dos frases una realidad

@Taru_Small: Aquí una imagen para la reflexión sobre el caso de #OneChot (Tomado del Twitter)

del país cuando dice (A mi hermano) “Lo mataron” y más adelante agrega: (Mi mamá) “No tiene casa” y terminar con la tragedia vivida por OneChot al ser víctima de un asalto.

Pero el orden puede ser inverso. Al final, el resultado va a ser el mismo: Una historia de violencia, dolor, impunidad, impotencia… ¿Resignación?

Hoy nos despertamos con la terrible noticia de que el creador Juan David Chacón, “OneChot”, se encuentra recluido en el área de cuidados intensivos de una clínica luego de que en la madrugada recibiera un disparo en la cabeza para robarlo.  La noticia rodó velozmente por las redes sociales y llegó a ser “trending topic” mundial en pocas horas. El país y el mundo se conmocionaron con lo sucedido. Su video “Rotten Town” con una importante carga de violencia pareció convertirse en una premonición.

Mientras tanto,  en los medios oficialistas pasan el 27 y 28 de febrero recordando los terribles sucesos del Caracazo. Programa tras programa se dedican a mostrar las violentas escenas de la locura que durante dos días invadió a la capital del país cuando la gente en una especie de arrebato colectivo se lanzó a las calles a saquear, robar, en un desenfreno nunca antes conocido y los medios policiales del Estado a reprimir de manera implacable y violenta, dejando como saldo innumerables muertos y heridos que al día de hoy claman por justicia, y cuantiosas pérdidas económicas para todos los sectores del país.

Todo lo que se ve en la pantalla oficial solo tiende de manera indirecta, algunas veces, y completamente explícita, en otras, a tratar de justificar el robo, el saqueo y la violencia, amparados en el hambruna que vivían los sectores más desposeídos del país. Es el discurso que hemos venido escuchando desde los altos estratos del poder desde hace 13 años. Abiertamente o entrelíneas nos dicen: “Si tienes hambre, roba”.

Allí vi a una Vanessa Davies que se ponía las manos en la cara para con gran dolor decir que lo del “Caracazo” son recuerdos que no quiere recordar. Y a un Mario Silva escandalizado porque a un compañero de trabajo suyo lo botaron porque se robó en ese entonces 20 kilos de carne y los escondió en el sótano del edificio de su lugar de labores.

Pero por ningún lado vi que se pusieran las manos en la cabeza en muestra de horror por la terrible historia del niño de dos años que desencaja por completo al presidente cuando le dice que a su hermano “lo mataron”. Para esos medios parece que no existió la historia. Chávez tartamudeó, perdió el hilo de lo que decía, evidentemente estaba en shock por lo que acababa de escuchar de la inocente boca infantil que comentaba que a su hermano lo mataron con la misma naturalidad que podría contar que se acababa de comer un caramelo.

Chávez trata de recomponerse. Sabe que está en cadena nacional y como buen showman, animando un evento electorero, debe cumplir a cabalidad la manida frase “El show debe continuar”. Endereza el capote y sale del trance, pero al país le quedo clavada en el alma la imagen de la criatura, que, no conforme, mas adelante complementa diciendo que su mamá “no tiene casa”.

Esto conmovió al país. Bueno, a parte del país porque para los medios oficiales la “anécdota” no sucedió. Como no sucedió el disparo dado en la cabeza  a “OneChot” para robarlo. Para estos medios solo existe por estos días el “Caracazo” y el cáncer de Chávez.

A la enfermedad del presidente le han dedicado incontables horas de programación, incluyendo cadenas de medios, y shows montados muy por el estilo del visto en televisión hace poco cuando murió el dictador Coreano. La despedida de Chávez para someterse a operación de la lesión en Cuba fue la única noticia importante para los medios del Estado.

Sin duda, el cáncer del presidente puede ser muy lamentable para muchos, pero ese es un hecho “natural”, inevitable. Es una enfermedad que debe ser tratada, nada más. La muerte del hermano del niño del video, el disparo en la cabeza del artista, el niño que asustado por disparos corre a esconderse en su rancho y allí, aterrorizado, lo alcanza una bala y lo mata, eso, no es “natural” aunque de tanto vivirlo pareciera serlo. Eso es responsabilidad del Estado. Un Estado que, al decir de algunos, propicia, alcahuetea y aúpa la violencia porque un pueblo sometido por el miedo es mucho más difícil que reaccione a la realidad que lo abate y más fácil de controlar.

La violencia se nos ha hecho tan cotidiana que ya deja de ser noticia. Los medios no se dan abasto para detallar los casos, los ciudadanos que mueren terminan siendo solo un guarismo que engrosa una cifra semanal. 50, 75, 83 muertes el fin de semana son los titulares habituales. Ya las víctimas de la violencia no tienen nombre, se hace imposible nombrarlas. Solo cuando sucede a alguien como al  cantante de reggae, a un personaje público o cuando la violencia del hecho traspasa los límites del realismo mágico o de lo real maravilloso, un caso particular es destacado.

En estos 20 años transcurridos desde que la telenovela “Por estas calles” nos diera una bofetada como país al mostrarnos la realidad de los barrios y de la pobreza en Venezuela, lo único que ha cambiado es el número de víctimas al mes que aumenta sin parar, el nivel de la agresividad con la que se acometen los hechos delictivos, la edad de quienes ejecutan los asesinatos y robos que cada vez son menores. Entonces, veo el video de OneChot, escucho la canción de Yordano que cada día tiene más vigencia y lo único que puedo hacer es mirar al cielo, rezar porque los míos lleguen salvos a casa cada tarde e implorar porque, algún día, algo pase…

El grito de 3.059.024 ciudadanos…

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En un principio, este video se realizó como una celebración por las elecciones Primarias que se hicieron en Venezuela el 12 de febrero de 2012 y de donde salió electo Henrique Capriles Radonski para enfrentar por la oposición al régimen de Hugo Chávez en las elecciones presidenciales del 07 de octubre.

También pretendía ser un homenaje al estudiante que fuera arrollado en Aragua durante las manifestaciones contra la pretensión del régimen de, con estratagemas judiciales, ponerle la mano a los cuadernos de votación, donde estaban registrados los nombres y números de cédula de identidad de los más de 3 millones de personas que acudimos a los comicios primarios.

Ya en nuestro país tenemos una larga historia de discriminación y segregación de ciudadanos que se han atrevido a manifestar su opinión en diversas oportunidades y cuyos nombres pasaron a formar parte de las llamadas “Lista Tascón” y “Lista Maisanta”. Razón por la cual en esta oportunidad, para defender el anonimato que quienes ejercimos el derecho al voto, los organizadores prometieron quemar los cuadernos, acto que el presidente cataloga como fascista, cuando lo que pretende es defender el secreto del voto y evitar la conformación de una nueva lista que discrimine a los venezolanos. Acto que sí es inconstitucional y que en las oportunidades anteriores se hizo bajo la mirada complaciente del mandatario, según se evidencia en la carta que aparece en la foto.

Pues bien. Como en Venezuela el derecho a informar y ser informado se encuentra tan disminuido pasaron más de 24 horas durante las cuales teníamos entendido que el arrollado por la grúa de la policía de Aragua era Arnaldo Espinoza, supuestamente estudiante de la UCV, y así lo tenía entendido yo al momento de realizar y publicar el video.

Resultó que a los pocos minutos de publicado “El grito…” me enteré que el fallecido se llamaba JULIO CÉSAR MACÍAS de 42 años y estudiante de la Univerisdad Bolivariana.

Cosas que pasan cuando en un país no hay acceso a la información y los medios se cuidan al extremo de mostrar imágenes y difundir informaciones que puedan ser catalogadas como “incitadoras a rebelión” o a la violencia.

Por este motivo, suprimí los titulos que hablaban del fallecido pues el nombre estaba errado. Sin embargo, sigue en pie el homenaje a la víctima y, aunque digan que no tiene que ver su muerte con la revuelta por los cuadernos de votación, de no haberse producido el abuso del régimen, no habrían tenido que proteger el anonimato de los votantes y esa muerte podría haberse evitado.

Que en paz descanse JULIO CÉSAR MACÍAS

Dos canciones, una verdad

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En estos días en que Catia se ha alzado en contra de los desalojos y expropiaciones del régimen de Chávez -¡Catia! No La Lagunita, ni Altamira, ni El Marqués. Catia, la de escasos recursos y populosa que se lanzó a la calle a defender lo que es suyo por trabajo y esfuerzo propio-, entro a youtube y me consigo un video montado con una canción de Alí Primera:

Yo vengo de donde usted no ha ido

Lo veo y lo escucho con detenimiento. En él se habla de cómo a a los turistas que llegan a Venezuela le muestran la parte bonita del país y acompañan la canción con imágenes de esos extranjeros defensores a ultranza del Socialismo del Siglo XXI del presidente venezolano a quienes los trae el régimen, los hospeda en hoteles cinco estrellas, los pasea, les muestra lo que les conviene que vean y de vuelta a Maiquetía para salir a dispersar por el mundo la “buena nueva” de la revolución bolivariana. 

Yo vengo de donde usted no ha ido
yo he visto las cosas que no ha visto
en mi Patria al turista
se le agrada la vista
con las cosas bonitas
la Venezuela rica
pero a los cerros
donde se rumia la miseria
y se aleja la esperanza
nadie los lleva
les esconden con vergüenza
a la otra Venezuela
la Venezuela del pobre
la Venezuela sin razón
sin razón para que exista
pero que existe señor

La verdad de Venezuela
no se ve en el Country club
la verdad se ve en los cerros
con su gente y su inquietud
venga, lo llevaré de la mano
allí vera a los niños
a esos niños terrosos
que son niños venezolanos
venga, antes de que usted se vaya
subiremos a los cerros
luego diremos con rabia
que está sufriendo mi pueblo

(recitado)
“Venezuela fue tuya, recupérala”

Yo vengo de donde usted no ha ido
yo he visto las cosas que no ha visto

Yo he visto a los hombres
de los que se dicen
“y que” tienen libertad
mas cuando busco
la verdad de lo dicho
concluyo diciendo
que tienen, que tienen libertad
libertad para sufrir

Oigo y veo el video y pienso en los habitantes de Catia que están peleando por lo suyo y, video y lucha, me devuelven 20 años. A 1991 en La Habana, conociendo el socialismo de la isla, comprobando que en una casa viven hasta cinco familias porque la revolución las expropió y, sin siquiera adecuarlas, metió en esas mansiones de los ricos exiliados a varias familias. Pero en Catia no son mansiones y los expropiados no son precisamente ricos. Más bien, ellos forman parte hasta cierto punto de esas cosas que no se le muestran a los turistas, la parte pobre de Venezuela que luego de 14 años de “proceso” sigue siendo tanto o más pobre que antes. Ellos no creo que estén dispuestos a que los hacinen de a cinco familia por casa. Por lo que se ve,  están dispuestos a pelear con uñas y dientes por lo que es suyo por derecho.

En todo esto pienso mientras veo el video con la canción de Alí Primera y salta a mi mente:

TROPICOLLAGE

La canción de Carlos Varela que conocí en mi viaje a Cuba y que con un ritmo más tropical y con diferentes imágenes nos cuenta, en el fondo, lo mismo que la del “Cantor del pueblo”. Oigo las canciones y recuerdo cuando Raul Castro dijo que Venezuela y Cuba eran lo mismo y se me eriza la piel al recordar lo visto y vivido en La Habana. 

Se fue en Habanautos

rumbo hasta Varadero

apanado en la arena

fumándose un Habano,

se tiró algunas fotos

recostado a una palma.

Volvió al Habana Libre

alquiló un Turistaxi

para ir a Tropicana

después al aeropuerto y

así se fue creyendo

que conoció La Habana.

Ese tipo pagó la cuenta

que me estaba sacando,

pero en la polaroid

y en su cabeza lleva

tropicollage, collage, collage…

No fue a la Habana Vieja

no conoció los barrios

de obreros y creyentes.

No se tiró unas fotos

sobre los arrecifes

donde hay un mar de gente.

No vió a los constructores

ladrillo y aguardiente

cementando el futuro.

No tropezó en la calle

con uno de esos tipos

que dan cinco por uno.

Eso también es mi país

y no puedo olvidarlo

y el que quiera negarlo

en su cabeza lleva tropicollage,

collage, collage…

Tropicollage, tropicollage,

collage, collage…

Y a los refutadores

que me están escuchando

piensen en lo que digo

yo sé que la divisa

hace la economía

como hace al pan el trigo.

Pero lo que no entiendo

es que por el dinero

confundan a la gente

si vas a los hoteles

por no ser extranjero

te tratan diferente.

Eso ya está pasando aquí

y yo quiero cambiarlo

cómo no, y el que quiera negarlo

en su cabeza lleva tropicollage.

collage, collage…

Tropicollage, collage,

tropicollage, collage…

Quieren llevarse a mi país

en una bolsa de Cubalse

de esas que dicen en inglés

que se compra fácil

esta ciudad no cabe en una foto

de almanaque de París.

La gente está inventando antenas

para ver Canal del Sol,

es que a tropicollage

le gusta salir en la televisión.

“Easy shopping”, tropicollage…

“Easy shopping”, tropicollage… 

Pienso en Alí Primera, con cuya música crecí, y me convenzo que, si viviera, sus canciones en la actualidad tendrían la misma composición y significado pues los motivos que las inspiraron están tan vigentes como cuando las compuso, a pesar de lo que sus hijos y viuda puedan decir. Yo prefiero pensar que Alí estaría de este lado de la acera, siempre en la lucha por la justicia y la igualdad,siempre cantando para denunciar el estado de las cosas.

Vuelvo a escuchar las dos canciones, diferentes ritmos, diferentes voces, una misma verdad… y escribo estas líneas.

#TwitterBlackOut mi TL sí estuvo apagado por 24 horas

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Reporteros sin fronteras califica de inaceptable los argumentación de twitter para censurar

Reporteros sin fronteras califica de "inaceptable" la argumentación de twitter para censurar

La protesta convocada para el sábado 28 de enero en respuesta al anuncio de que Twitter censurará tweets en algunos países donde estos puedan ser considerados ofensivos o ir en contra de la legislación vigente fue acatada parcialmente.

Si, parcialmente. Inmediatamente, salieron quienes no estaban de acuerdo con la convocatoria a esgrimir sus argumentos en contra. Algunos decían que era

La bloguera cubana, Yoani Sánchez también se sumó al #TwitterBlackOut

preferible tener un twitter censurado que no tenerlo en absoluto. Otros que era absurdo protestar contra la censura, cesurándose. O que los ciudadanos de países con regímenes autoritarios serían los que más perderían. No obstante, la bloquera cubana Yoani Sánchez anunció su apoyo a la medida de protesta. Y el presidente de la Asociación de Internautas dijo que “en Twitter parece que se aplican a sí mismos la ley Sinde“,  el artista disidente chino Ai Weiwei quien dijo: “Si Twitter censura, dejaré de “tuitear”. También el bloguero egipcio, Wael Abbas se pronunció recordándole a Twitter que “todos nuestros tweets están violando la ley”.

En fin que las excusas para no sumarse a la protesta fueron variada, cada quien fue justificando su no acatamiento a la protesta y haciendo presencia en la red social de los 140 caracteres.

Yo, como vivo en un país donde las protestas desde hace 14 años tienen pocos o casi ningún resultado, precisamente porque siempre sale alguien que no está de acuerdo con lo que sucede pero tampoco lo está con el tipo de protesta que se proponga, acaté la medida y, resistiendo y venciendo el síndrome de abstinencia cumplí con mi Black Out. Ni un solo tweet salió ese día de mis dedos. Me volqué desesperadamente al facebook como el fumador que quiere dejar el vicio y se aferra al caramelo. Tomé agua, respiré profundo, caminé en circulos pero vencí la debilidad y no dije ni pío en la red del microblogging.

Lo cumplí, principalmente, porque me parece que cuando se trata de protestar por algo que no nos gusta o nos amenaza debemos hacerlo sin ponerse a

buscarle “peros” a la forma de protesta. Así lo he hecho desde siempre. Cuando llamaban a “cacerolear” desde las casas, me paraba en el balcón a darle al fondo de la olla hasta abollarla sin importarme ser el único en varias cuadras a la redonda que lo hacía. Llamaban a una marcha y allí estaba yo sin importar la hora y el calor sofocante de Maracaibo -llegué a mantener en el carro el kit de marcha: bandana, pito, bandera, y en cuanta manifestación encontraba me paraba y me sumaba-. Cuando llamaron a cerrar los negocios, mi tienda no subía la santamaría…

¿Qué pasa cuando convocan a una protesta y la gente afectada se divide entre los que la acatan y los que no?

Que la gente, acciones, organismos o instituciones contra los que se protesta se dan cuenta de que la división los favorece y llega a no importales que se proteste porque siempre habrá personas a las qué llegar. Entonces el poder ciudadano se diluye, se minimiza.

Si decimos: no compremos más esta marca porque no cumple con los requisitos de calidad o vamos a dejar de ver por 24 horas tal canal de televisión en protesta por su programación y salen individuos que son afectados por la marca o por la cadena de tv y, con la excusa de que no les gusta esa protesta, compran la marca o ponen el canal, los propietarios dirán:

-¿Qué me importa que unos cuantos no me vean o no compren si siempre habrá quienes sí, aunque no les guste?

Y tendrán razón con lo cual ellos se harán más poderosos, sus faltas quedarán impunes y los ciudadanos o usuarios cada vez más desvalidos y las protestas cada vez más vacías y sin sentido. Igual sucede con los gobiernos, como el venezolano al que las protestas le resbalan y siempre termina volteando la tortilla a su favor, la subvalora, banaliza y, por supuesto, no las atiende.

Cuando los ciudadanos nos unimos en una protesta, hacemos sentir que tenemos aunque sea un poco de poder y a quienes les protestamos les podría importar y afectar, tomando alguna medida al respecto. Pero si la protesta se hace aisladamente, parcelada o por pequeños grupos, y algunos incluso salen a hacerle el favor al protestado de desmerecer de antemano la actividad, todo seguirá como está y nada mejorará.

Sí creo que es mejor un twitter a medias que nada de twitter pero, si puedo

Al pájaro ya le han hecho una jaula

hacer sentir mi voz para tratar de mantener un twitter completo y sin mordaza, lo haré.
Si se consigue el objetivo, tendremos un twitter completamente libre, si no, pues habrá que buscar la forma de sortear la censura y de decir lo que queremos, aunque sea como lo hacen los cubanos que tuitean a ciegas a través de mensajes de texto telefónicos o bloguean por medio de interpuestas personas en el exterior por las limitaciones que tienen. Siempre se conseguirá la manera de evadir la censura, pero mientras se pueda pelear por mantener a twitter libre de censura, creo que es nuestro deber hacerlo.

Habría que darle de nuevo sentido a la consigna “En la unión está la fuerza” que, de tan manida y mal utilizada se ha prostituido y parece que ya no nos dice nada, palabras huecas…

Febrero de Ayunos

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